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#Sevilla | إشبيليّة


Semana Santa en Sevilla

De todas las ciudades de Andalucía, e incluso de toda España, Sevilla es una de las que más importancia le da a la Semana Santa y a la vista está la gran cantidad de cofradías que desde el Domingo de Ramos y hasta el Domingo de Resurrección hacen su recorrido por las calles de la ciudad.

No es por no darles la debida importancia a otras ciudades como son Granada, Jaén, Málaga,… pero quizás Sevilla es la más conocida a nivel internacional, aunque no por ello mejor que la Semana Santa en otras ciudades.

En esencia, la Semana Santa en Sevilla, y en cualquier ciudad andaluza, es la escenificación de la vida y hechos de Jesucristo como son: la llegada a Belén, la última Cena, Jesús en el Huerto de los Olivos, la Crucifixión,…

Muchos de los pasos de Semana Santa están llevados por devotos de la cofradía, unos a hombros, otros a peso (se meten debajo y aguantan el peso entre sus espaldas (en realidad en su cuello, de ahí el nombre “a costal”). Sin embargo, hay algunos otros (en Sevilla y otras ciudades) que van a ruedas, lo que no quita importancia al trabajo que realizan.

El día más importante de la Semana Santa en Sevilla es la llamada “Madrugá”, que va de la noche del jueves a la mañana (mediodía) del viernes. Es en ese día (o mejor dicho noche) cuando las cofradías más importantes de Sevilla hacen su procesión (la Macarena, la Esperanza…).

Estas cofradías, y muchas otras podrán salir a partir del Domingo que viene, día 16 de marzo. Lo que hay que esperar es que el tiempo no sea muy malo y acompañe ya que, en caso contrario, muchas de las cofradías no saldrán debido a que las figuras que portan se deteriorarían en exceso si se vieran sometidas a la lluvia.


sevilla

A mediados del siglo IX los normandos iniciaron sus correrías y saqueos por España. Bajaron desde Galicia a lo largo del oceáno Atlántico hasta Lisboa, y desde allí pusieron rumbo a Sevilla, donde los musulmanes, al mando de Abderramán II, lograron derrotarlos en la Batalla de Tablada el 11 de noviembre del año 844.

Tras este intento de conquista por parte de las huestes vikingas, el propio Abderramán ordena para la defensa de Sevilla la construcción de un recinto fortificado. Así es como nace la fortaleza de los Reales Alcázares que, más adelante, va tomando forma de residencia real.

Tanto es así que, actualmente, al servir como residencia oficial de los Reyes de España cuando están en Sevilla, está considerado el Palacio Real con uso continuado como residencia real más antiguo del mundo.

La disposición original de fortaleza cambió cuando, tras la conquista cristiano de Fernando III el Santo en 1248, se construyeron diversos palacios y estancias en el interior. Los diferentes monarcas que vivieron en la fortaleza fueron reformándolo a su gusto, ampliando estancias o creando los jardines.

Alfonso X El Sabio construyó el Palacio Gótico, Dos Pedro I de Castilla realizó el palacio mudéjar y del siglo XVI datan las principales reformas de los patios y jardines, al colocarse los naranjos, las palmeras, los pabellones y los estanques.

La entrada a los Reales Alcázares tiene lugar a través de la Puerta del León que se halla en la Plaza del Triunfo, frente a la Catedral. Del interior las visitas imprescindibles serían al Patio de la Montería, el Palacio de Pedro I, el Patio de las Muñecas, el Patio de las Doncellas, el Cuarto del Almirante, el Salón de Embajadores, el Salón de Carlos V, el Salón del Emperador y los Apartamentos Reales.

En el Patio de la Montería se reunían los miembros de la corte antes de salir de caza. Este patio da al de las Doncellas y en el otro extremo al de las Muñecas. De los salones más hermosos hay que destacar el de Embajadores, de una riqueza ornamental impresionante, y el de Carlos V, con las dependencias, salones y capilla de este monarca.

Porque fue precisamente en los Reales Alcázares donde se casó Carlos V con Isabel de Portugal. No perderos tampoco los jardines, considerados de los más bellos de España, y que se sitúan en disposición triangular.

– Información adicional

Horarios: Los Reales Alcázares abren de lunes a domingo de 09.30 a 17.00 horas (de octubre a marzo) y hasta las 19.00 horas de abril a septiembre. Cierra los días 1 y 6 de enero, Viernes Santo y 25 de diciembre.

VISITA DE SEVILLA

Partiremos en minibús desde el punto de encuentro indicado para descubrir los monumentos más importantes de la ciudad de Sevilla como la Universidad, antigua Fabrica de Tabaco, Plaza de España, la obra más emblemática de la Exposición Iberoamericana de 1929, el Palacio de San Telmo, la Torre del Oro y el Puente de Isabel II.

A continuación iremos a descubrir el Barrio Santa Cruz*, antigua Judería en un laberinto formado por estrechas calles que desemboca en la famosa Plaza de los Venerables. Continuaremos nuestra visita a los Reales Alcázares, el Palacio Real en uso más antiguo de Europa y la Catedral de Sevilla, la más grande del mundo en estilo gótico donde reposan los restos de Cristóbal Colón. Tiempo libre.

Por la tarde, visitaremos la Real Maestranza de Caballería. Seguiremos con una linda panorámica por el famoso Barrio de Triana, antiguo barrio marinero y alfarero y visitaremos la Basílica de la Macarena terminando con un relajante Crucero en Barco por el río Guadalquivir.

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Sevilla, esa tierra tan querida por todos, una tierra de luz y color, con belleza única e inolvidable. Y es que la capital andaluza es de las ciudades más alegres y concurridas de España, que recibe miles de turistas en varias ocasiones al año.

viaje de sevilla

Y es que no sólo destaca por su hermoso paisaje, sino también por su alegría y su “salero” como dicen los andaluces. Los sevillanos están siempre dispuestos a atender a sus visitantes, ofreciendo todo tipo de actividades: desde un paseo a caballo de auténtica raza andaluza hasta visitas y exposiciones del flamenco tan típico de tierras andaluzas, sobre todo las famosas “sevillanas”, el baile típico del lugar, cuando los hombres y mujeres se visten de flamenco para bailar y cantar desde el amanecer hasta que anochece al sonido de la guitarra española.

Podemos visitar sus calles céntricas repletas de tiendas y comercio donde encontraremos tiendas de todo tipo: moda, complementos, souvenirs, informática, etc. Sus monumentos también son muy conocidos por todos, orgullo de todos los sevillanos, pudiendo incluirse la Giralda, la Torre del Oro que refleja su belleza a orillas del río Guadalquivir, la Catedral de Sevilla, la plaza de la Maestranza o el Barrio de Triana.

Y es que Sevilla no sólo nos regala bellas imágenes, es tierra donde podremos disfrutar de las famosas corridas de toros, de las alegres fiestas primaverales en la Feria de Abril y sobre todo, de la Semana Santa, ya que Sevilla es tierra cofrade, donde sus habitantes sienten la vida cofrade durante todo el año, siendo la Semana Santa Sevillana una de las más famosas de toda España y del mundo, donde podremos disfrutar de las hermosas imágenes de la Pasión de Cristo por las calles sevillanas desde el Viernes de Dolores hasta el Domingo de Resurrección.

Excursiones desde Sevilla

El rico patrimonio del casco histórico de Sevilla invita a un recorrido por sus callejuelas para así disfrutar de sus grandes monumentos y de la arquitectura típica de esta ciudad, con sus magníficos patios andaluces. Pero si te alojas en los hoteles de Sevilla también puedes iniciar un recorrido por las afueras de la ciudad para así descubrir nuevos lugares de interés turístico.

Uno de ellos es Santiponce, una ciudad histórica romana que se encuentra a tan sólo 8 kilómetros de Sevilla. Fue fundada en el año 206 a. C. y en ella nacieron los emperadores romanos Adriano y Trajano. Hoy sobreviven sus ruinas, las Ruinas Romanas de Itálica. En Santiponce también se encuentra el Monasterio de San Isidoro del Campo y el Museo Pickman, dedicado a la fábrica de loza y cerámica que allí funcionaba.

La brújula luego te lleva a Huelva, situada a una hora de coche. Allí se encuentra el Parque Nacional de Doñana, donde está la reserva de pájaros más importante de Europa. Carmona también invita a un paseo pues esta ciudad tiene un importante patrimonio histórico como la vieja muralla, sus puertas, el Alcázar y una necrópolis.

A 88 kilómetros de Sevilla se encuentra Ecija, también conocida como la “ciudad de las torres” debido a la gran presencia de torres. Esta ciudad es otra reliquia histórica en donde descansan monumentos como los baños moros, las puertas de la vieja muralla y un gran número de iglesias de estilo gótico-mudéjar.

Al sureste de Sevilla se encuentra Osuna, una ciudad de origen ibérico en la que se halló una antigua necrópolis con importantes obras de arte.


 

Parque Natural Sierra Norte de Sevilla

buitre-leonadoHoy voy a hablaros de uno de los seis Parques Naturales presentes en la Sierra Morena de Andalucía. Si la semana pasada os hablé del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche hoy es el turno para el vecino Parque Natural Sierra Norte de Sevilla, un territorio que atesora una naturaleza que estimula los sentidos y unos pueblos que presumen de su historia. Si me acompañas en esta visita te darás cuenta porqué la provincia de Sevilla luce con orgullo este gran patrimonio ecológico y etnográfico situado en las mismísimas entrañas de una Andalucía que tanto enamora al mundo.

Además del ya mencionado Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, los otros 4 Parques Naturales que conforman la Sierra Morena andaluza son: Parque Natural Sierra de Hornachuelos (Córdoba), Parque Natural Sierra de Cardeña y Montoro (Córdoba), Parque Natural Sierra de Andújar (Jaén) y Parque Natural Despeñaperros (Jaén). De ellos os hablaré en próximos posts.

Este Parque Natural lo recomiendo por el carácter acogedor de sus habitantes, la belleza y singularidad de sus pueblos, y sus valores geológicos y paisajísticos especialmente las Cascadas del Huesna y el Cerro del Hierro (ambos catalogados Monumentos Naturales de Andalucía).

El Parque Natural Sierra Norte de Sevilla junto al Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche y el Parque Natural Sierra de Hornachuelos configuran la Sierra Morena Occidental de Andalucía, habiendo sido declarada en 2002 Reserva de la Biosfera “Dehesas de Sierra Morena”.

Aún recuerdo mi asombro cuando me adentré por primera vez en estos parajes y descubrí los tesoros que esconden la Sierra Morena sevillana. Muchos de los paisajes del Parque Natural Sierra Norte de Sevilla parecen salir de un cuento de hadas. En sus extensas dehesas de encinas y alcornoques, que ocupan más de una tercera parte de la superficie del espacio natural, cerdos, vacas, ovejas y cabras se nutren en esta enorme despensa. También se dan zonas de matorral, formaciones boscosas de frondosas y bosques de ribera de gran interés ecológico con alisos, chopos, fresnos, olmos y sauces en los se parecen esconderse miles de duendecillos. Hermosos castañares, huertos y cultivos de vid y olivar completan la heterogeneidad característica de este enorme espacio fruto de la intervención del hombre a lo largo del tiempo y de la influencia de una importante red hidrográfica que atraviesa su territorio (ríos Huéznar, Viar y Retortillo).

Si decides viajar hasta aquí, ahora que ha llegado el otoño yo te recomiendo pasear por algunos de sus extraordinarios bosques de ribera ya que con la caída de las hojas de los árboles podras disfrutar de una sinfonía de colores realmente cautivadora que hará despertar nuestros cinco sentidos.

Este mosaico de paisajes ha proporcionado desde antaño multitud de recursos a sus habitantes como la ganadería, la saca del corcho, la extracción de madera y varas de castaño, la apicultura, la pesca y los cultivos de olivar y la vid. De entre todas ellas me encanta observar la extracción del corcho, ya que se lleva a cabo de manera tradicional, a mano y con cuidadosos golpes de hacha para no dañar al árbol tal y como se ha hecho desde siempre.

RIQUEZA ZOOLÓGICA

También recuerdo la emoción y el escalofrío que sentí aquellas mañanas en las que con las primeras luces del día divisaba en los cielos del Parque Natural Sierra Norte de Sevilla el majestuoso vuelo del águila imperial ibérica. Este endemismo de la Península Ibérica que cuenta aquí con algunas parejas reproductoras es para mí, junto a la tímida cigüeña negra, el águila perdicera, el buitre negro y el casi desaparecido alimoche, las mayores joyas de la fauna del Parque. Recuerdo igualmente la misteriosa llamada del búho real, autillos, mochuelos y cárabos al llegar la noche. Gatos monteses, comadrejas, meloncillos, zorros, tejones, nutrias, salamandras, tritones, azores, águilas reales y buitres leonados entre otras muchas especies completan el listado zoológico en este trozo de Sierra Morena en el que el lobo ibérico parece haberse extinguido en estos parajes.

Los ciervos y jabalíes son las especies cinegéticas que predominan en el paisaje de un Parque en el que el 95% de su superficie está acotada. Sin tener este aprovechamiento tanta relevancia internacional como en otros Parques de Sierra Morena (Hornachuelos o Andújar) el auge que aquí está adquiriendo la caza mayor está aportando importantes beneficios económicos por el reclamo que supone para muchos cazadores foráneos acercarse a estas recónditas tierras en busca de un buen trofeo.

¿Sabías que estamos en plena “berrea”? La berrea es uno de los fenómenos de la naturaleza que más me gusta ver en Sierra Morena. Consiste en que los ciervos, en su periodo de celo, realizan fuertes y constantes bramidos y luchas intentando imponer su poder frente a otros machos para conquistar o mantener a sus harenes de hembras. Sumergirte por las dehesas o bosques mediterráneos de Sierra Morena para contemplarla es todo un espectáculo, y ahora, es el mejor momento, pero eso sí, no te duermas en los laureles que ya mismo se acaba.

SENDEROS DE CUENTOS DE HADAS

Para adentrarte en las entrañas del Parque Natural Sierra Norte de Sevilla y disfrutar de sus idílicos paisajes y su fauna, no hay mejor manera que sumergirte por algunos senderos de su extensa red.

Unos de los espectáculos que no me canso de contemplar y que ningún visitante debe pasar por alto son Las Cascadas del Huéznar y el Cerro del Hierro. El primero de ellos es uno de los parajes más populares del Parque. Sus aguas discurren entre pozas, espectaculares cascadas y plácidas vegas ofreciendo un paisaje idílico rebosante de frescor y riqueza. En el segundo de los senderos que recomiendo, la actividad minera explotó durante siglos el mineral de hierro, lo que ha permitido descubrir un maravilloso paisaje Kárstico. Una tercera ruta que también recomiendo (muy adecuada para hacerla en bici) es la Vía Verde, un antiguo trazado ferroviario minero entre el antiguo poblado de Cerro del Hierro y la estación de tren Los Prados-Cazalla, y que pasa por el Monumento Natural Cascadas del Huéznar. La Rivera de Ciudadeja, un enclave situado en Las Navas de la Concepción, tiene un bosque en galería de los mejores conservados en toda Sierra Morena. Al ser muy desconocido por los turistas es mi cuarta recomendación.

Senderos ideales para viajar con niños

Los senderos del Parque Natural no entrañan dificultad ya que por lo general transcurren por suaves lomas y disponen de buen acondicionado del firme, además de ser de moderada longitud la mayoría de ellos.

Sierra Norte de Sevilla es una de las mejores zonas del mundo para ver las estrellas. Sierra Morena ha sido declarada Reserva y Destino Turístico Starlight, una certificación que acredita la calidad de sus cielos nocturnos para la observación del firmamento. Este galardón es otorgado por la Fundación Starlight y está avalado tanto por la UNESCO como por la Organización Mundial del Turismo. La empresa Dark Sky Advisors cuenta con guías especializados que podrán mostrarte lo mejor del cielo nocturno tanto en Sierra Norte de Sevilla como en el resto de Sierra Morena.

PUEBLOS QUE PRESUMEN DE HISTORIA

ciervos-dehesaLos pueblos de Sierra Norte son toda una maravilla, y no es de extrañar cuando presumen de tanta historia. Su patrimonio está compuesto por castillos árabes, iglesias y ermitas de tradición cristiana. Su territorio lo comparten diez municipios, Cazalla de la Sierra, Las Navas de la Concepción, San Nicolás del Puerto, El Real de la Jara, Alanís, Almadén de la Plata, Constantina, Guadalcanal, El Pedroso y La Puebla de los Infantes.

Me sorprendió hace tiempo conocer que aquí hay declarados 26 Bienes de Interés Cultural (BIC) y otros elementos patrimoniales de gran importancia histórico y cultural como minas y canteras antiguas, poblados y necrópolis prehistóricas, dólmenes, pinturas rupestres y villas romanas. A mí me gusta mucho algunos de sus castillos, que aquí en la comarca son once entre los que destacan los de Alanís, Almadén de la Plata, El Real de la Jara y el de La Puebla de los Infantes. Destacan las iglesias de Santa María de las Nieves en Alanís, Nuestra Señora de la Consolación en Cazalla, Santa María de la Encarnación en Constantina, Nuestra Señora de la Consolación en El Pedroso, Santa Ana y Santa María de la Asunción en Guadalcanal y también, por su importancia histórica, el monasterio de la Cartuja de Cazalla de la Sierra.

Y EN RESUMEN, POR QUÉ HE DE VENIR A SIERRA NORTE DE SEVILLA por la infinita belleza y serenidad de sus paisajes, por la diversidad de fauna y su flora, por sus increibles patrimonio cultural y gastronómico, pero sobre todo, por el carácter acogedor de sus habitantes. Todo ello en conjunto convierte al Parque Natural Sierra Norte de Sevilla en un lugar idóneo para disfrutar de las aves, practicar el senderismo, pasear a caballo o en bici de montaña, hacer escalada, regalarle lo mejor a tu paladar o simplemente para descansar inmerso en plena naturaleza. Fuente

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Existen muchas opciones a la hora de desplazarse por la capital andaluza, taxis, metro, autobús, coches de caballos, bicicletas… todo depende de nuestras preferencias. Vamos a ver un poco como funcionan los principales medios de transporte en Sevilla.

Si queremos movernos en autobús no tendremos mayor problema, ya que tendremos a nuestra disposición más de 50 líneas por la ciudad y alrededores, incluida la EA (Especial Aeropuerto) y que llega hasta el mismo centro de la ciudad. Además, en días de fiesta como en el caso de la Feria de Sevilla, hay un servicio de autobuses extra para eventos (la línea C).

También existe para los turistas una Tarjeta Turística (de 1 a 3 días de duración) con la que podremos realizar todos los viajes que deseemos (en autobuses de Tussam). El billete simple (1,30 euros) se puede adquirir en el mismo autobús, pero los abonos y tarjetas turísticas deberán comprarse en los puntos de información.

Otra buena opción es el tranvía, libre de las inclemencias del tráfico, que une la Plaza Nueva con el Prado de San Sebastián (punto de partida de numerosas líneas urbana e interurbanas.

Las paradas actuales del tranvía son la estación de trenes de San Bernardo, la del Prado de San Sebastián, la Puerta de Jerez, el Archivo de Indias y la de la Plaza Nueva. Los precios y las tarjetas de abono también son válidas para los autobuses de Tussam (es la misma empresa la que las gestiona), aunque en el caso del ticket sencillo tendremos que adquirirlo en las máquinas de las estaciones.

Si vamos a movernos en metro, podremos viajar entre los municipios de Dos Hermanas, Sevilla, San Juan de Aznalfarache y Mairena de Aznalfarache. También es posible aparcar nuestro vehículo durante 24 horas en algunas estaciones por un módico precio (siempre que compremos le billete de metro) y salvo en horas punta, también es posible transportar bicicletas.

Los horarios del metro son los siguientes:

• Lunes a jueves: entre las 6:30 y las 23:00 horas

• Viernes y vísperas de fiesta: desde las 6:30 hasta las 2:00 horas

• Sábados: entre las 7:30 y las 2:00 horas

• Domingos y días de fiesta: entre las 7:30 y las 23:00

En fechas señaladas como la Feria de Abril o la Semana Santa, los horarios y la cantidad de viajes aunmentan (debido al enorme tráfico de viajeros). El precio del billete simple es de 1,30 euros y también es posible hacerse con un abono o también con una tarjeta multiviajes.

Información práctica para viajar a Sevilla:

• Para conocer la ciudad: Viaje a Sevilla, Guia de Turismo

• Más información de la ciudad: Sevilla, capital cultural de Andalucía


 

La capital de Andalucía es una de las ciudades más fascinantes de la región, diseñada por el río Guadalquivir que la divide en dos, la parte más moderna por un lado y por otro el centro antiguo, con los barrios del Arenal y Santa Cruz, entre sus callejones estrechos y sinuosos y sus plazas sugestivas.

Monumentos de Sevilla. El patrimonio cultural y artístico de la ciudad es muy rico, debido a su importancia en la historia. Entre los monumentos fundamentales que no puedes perder están la Torre del Oro y las maravillas del Alcazar. Espectacular es el complejo de la Catedral, construida donde anteriormente surgía la mezquita, con su campanario, la Giralda, y el patio de los naranjos. Imprescindible es también una visita al Archivo de las Indias, que testimonia la importancia de Sevilla en la época colonial, después del descubrimiento de América.

Eventos. Cada año, hay dos momentos centrales en la vida de la ciudad. El primero es la celebración de la Semana Santa, probablemente la fiesta más importante de la ciudad, con las procesiones de cofradías y hermandades, punto de referencia de la tradición andaluza.

El otro momento es la Feria de Abril, que nació en 1847 como feria comercial, pero ha venido transformándose en los años y hoy es un evento fundamental, con sus “casetas” y atracciones en el barrio de los Remedios.

Para estar seguro de que no vas a perder ningún evento y organizar tu estancia de la manera mejor, puedes consultar la página web del Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla, donde se publica información acerca de festivales, exposiciones, programa de los teatros, y más. Esta ciudad no es famosa por ser barata y, sobre todo en la Semana Santa, que es la temporada más cara del año, una solución para ahorrar puede ser el alquiler de un piso en Sevilla.

El flamenco. Uno de los emblemas de la ciudad, que la hacen verdadera capital de Andalucía, es sin duda el flamenco, cuyos tres elementos – cante, toque y baile – desde finales del Ochocientos se difundieron por los cafés cantantes. Aunque no es cierto, probablemente su origen remonta al siglo XV, cuando los gitanos procedentes de India llegaron a las campiñas de Cádiz y Sevilla. Hoy puedes disfrutar de innumerables espectáculos de todo tipo y estilo.

De noche. Todo el centro está muy animado y se encuentran muchos bares, pubs y locales ideales para tapear, sobre todo en la zona de Plaza del Salvador, pero también en Arenal, Barrio de Santa Cruz y en el ambiente más alternativo de la zona de la Alameda. Durante la primavera y el verano se anima mucho la zona del río, desde el Parque de María Luisa hasta el Puente de la Barqueta.

Viajes a Sevilla

Sevilla para Musulmanes

restaurante Halal para musulmanes en Sevilla


 

La ruta de la tapa de los caracoles en Sevilla

Cada año, con el calor, la carta de muchos restaurantes y bares de Sevilla se amplía con la oferta de un plato más: la tapa de caracoles. La costumbre de comer estos moluscos está muy arraigada en la zona, hay restos arqueológicos que demuestran que tanto los tartesos como fenicios los consumían. También era un alimento muy apreciado por los romanos, incluso fueron los primeros que se especializaron en la construcción de granjas para su cría.

Su carne, baja en grasas, tiene casi las mismas calorías que el pescado; además contienen vitaminas B1, B2, B3 y E; y sales minerales como calcio, hierro, magnesio y zinc. Por sus propiedades y por su sabor, los caracoles, se convierten estos meses en el “rey de la tapa” de Sevilla. No hay zona ni barrio que no tenga un local especializado.

La clave radica en la limpieza y en el porcentaje de “bichos” que estén fuera al cocinarlos. Luego, cada local le añade su toque especial que guarda en secreto. Aunque generalmente se hacen con pimienta, cayena, cilantro, comino y clavo. El resultado final depende también de su alimentación y de la especie a la que pertenecen, siendo los más cotizados los Theba pisana.

El resto del año no se come porque, para protegerse del excesivo calor o humedad, estos animales tapan la abertura de la cáscara creando una costra con su propia baba. Al dejar de alimentarse pierden sus propiedades y el interés por su consumo.

Designar un local como el mejor es imposible. Aunque sí hay algunos que tienen una fama más que merecida. Los locales que los sirven suelen indicarlo en el exterior, incluyendo en su oferta también las cabrillas (Otala lactea), caracol de mayor tamaño que se suele cocinar en salsa de tomate.

La ruta comienza por la zona de Nervión. Hay cuatro, si uno está cerrado o lleno, se puede probar fortuna en alguno de los otros tres: Las Cabrillas ((0034) 954 53 36 15, calle Luis Montoto, 44). La Chicotá ((0034) 954 42 60 26, calle Luis Montoto esquina con Alberto Durero). El Kiki ((0034) 954 542 903, calle Juan Antonio Cabestany, 15). El Coli ((0034) 954 65 23 80, calle Padre Campelo, 4)

Dirección norte, hacia Santa Justa, en la calle Sinaí, 25 se encuentra el Bar El Cateto ((0034) 954 58 43 66). Y cruzando el río, en Triana, el Bar Casa Ruperto ((0034) 954 08 66 94, Avenida Santa Cecilia, 2). Donde hay que probar también sus famosas codornices.

En el casco histórico, se encuentra la Bodega Camacho ((0034) 954 37 10 27, Plaza Pumarejo,3) Hay quien dice que son de los mejores. Y por la zona del Tamarguillo, en Ciudad Jardín está Casa Protasio ((0034) 954 656 401, calle Cardenal Rodrigo de Castro, 29) y un poco mas al norte, en la ronda del Tamarguillo esquina Marqués de Pickman, el Bar César (calle Clemente Hidalgo, 132), que aunque se anuncie como bar El Caracol en realidad sólo se dedica a la venta de tarrinas para llevar.

En el extrarradio, en Santiponce, mención especial al bar Camino del Rocío ((0034) 955 99 77 95, Avda. Virgen del Rocío, 91). Este local sólo abre desde el 1 de mayo al 5 de agosto, el ciclo anual de los caracoles y de sus apasionados seguidores.


 

Nueve excursiones de un día desde Sevilla

La visita de la ciudad de Sevilla da para mucho. Pero cuando el viajero dispone de más de dos o tres días de estancia, también puede aprovechar y descubrir los muchos atractivos de sus alrededores. Se trata de dedicar algún día a hacer algo diferente que complete la escapada urbana y, al caer la noche, volver al hotel sevillano.

Estas son nueve propuestas por las que merece la pena alargar la visita a la capital andaluza:

Playa

Las costas de Huelva se encuentran a una hora y algo de Sevilla y las mejores de Cádiz a un poco más. Ambas tienen sus amantes y sus detractores. Para definirlas, las de Cádiz son más salvajes pero tienen el inconveniente del viento de Levante que a veces puede estropear la visita. Aunque si ese es el caso, las ciudades que hay desde Tarifa a Sanlúcar de Barrameda ofrecen al viajero un sinfín de atracciones visuales y gastronómicas dignas de visitar. Un truco si sopla el Levante es ir a la playa de Atlanterra, al final de Zahara de los Atunes; por su disposición, aquí el viento no afecta tanto al bañista.

Las playas de Huelva son más urbanas. La más famosa y visitada es la de Matalascañas, aunque hay otras menos concurridas. Por ejemplo la del Caño de la Culata en Cartaya, la de Isla Canela o toda la costa desde Matalascañas a Mazagón.

Los amantes del nudismo pueden encontrar arenales ideales para su afición en las dos provincias, las de Bolonia o Caños de Meca en Cádiz y Mata Negra o Mazagón en Huelva, entre otras.

Naturaleza

Al parque natural y nacional de Doñana se llega en una hora desde Sevilla por la A-49, salida hacia El Rocío por la A-483. Por su enclave privilegiado entre dos continentes, sus marismas, son lugar de paso, cría e invernada de infinidad de aves. Las rutas privadas sólo se pueden hacer con visitas guiadas tanto en 4×4 como a caballo. (Doñana Nature (0034) 630 978 216; Doñana Reservas (0034) 954 442 474).

Si queda tiempo, una visita muy interesante es el Palacio de El Acebrón (Carretera A-483. Almonte-Matalascañas, km. 2. (0034) 959 506 162). Una original casa-palacio construida en la segunda mitad del siglo pasado que alberga un centro de visitantes y etnográfico donde se expone la historia, usos y costumbres del entorno de Doñana.

Montaña

Curiosamente el parque natural de la Sierra de Grazalema destaca por ser el lugar donde se registra el mayor índice de pluviosidad de la Península Ibérica. Lo sorprendente radica en que está a una hora y media de Sevilla, que resalta precisamente por todo lo contrario. Otro de sus logros es que alberga uno de los bosques de pinsapos más importantes del sur de Europa. Por su altitud y configuración orográfica contiene un número muy importante de especies endémicas. El parque ofrece una serie de rutas que, junto a los pueblecitos que la ocupan como Grazalema, El bosque o Ubrique, con su oferta gastronómica, hacen que dedicar un día para su visita sea una delicia.

Animales en semilibertad

A una hora y cuarto de Sevilla se encuentra la Reserva Animal de El Castillo de las Guardas. Está ubicada en una antigua mina de cobre acondicionada para albergar a más de mil ejemplares de cien especies distintas. Es uno de los parques de animales más grandes de Europa donde viven en semilibertad en condiciones similares a su habitad natural (Carretera A-476 Kilómetro 6.820. El Castillo de las Guardas (0034) 955 952 568).

Aves

A media hora de Sevilla se encuentra la reserva natural Concertada de La Cañada de los Pájaros. Para los amantes de la ornitología este espacio ofrece un lugar donde estudiar y observar las aves. La reserva es el resultado del esfuerzo de dos parejas de biólogos que adaptaron una antigua escombrera en un lugar donde las aves pueden descansar en su procesos migratorios e incluso invernar y criar en libertad (Carretera de la Puebla del Río a Isla Mayor, A-8050, Km. 8. (0034) 955 772 184).

Espeleología

A través de una ruta por lugares que destilan sabor ibérico próximos a Jabugo, se encuentra el pueblo de Aracena. A una hora y cuarto de Sevilla, el cerro situado en pleno centro de la ciudad abre sus puertas al visitante a la Gruta de las Maravillas. Una cavidad freática de unos 2.130 metros (1.200 visitables) cuya belleza de lagos, espacios abiertos y formaciones de estalactitas y estalagmitas constituyen un conjunto excepcional (Calle Pozo de la Nieve, s/n. Aracena, Huelva. (0034) 663 937 8769).

Minería

Existen estudios que determinan que las minas de Río Tinto comenzaron a ser explotadas en la Edad del Cobre. Fenicios, tartesos y romanos se encargaron de trabajarlas, siendo estos últimos los que utilizaron técnicas más desarrolladas para extraer su preciado mineral. En la actualidad se encuentra prácticamente abandonada su explotación aunque se han transformado en un auténtico parque temático. A un poco más de una hora desde Sevilla, el tren turístico que recorre la comarca minera ofrece al viajero un paisaje marciano que incluso la NASA se ha interesado por estudiar (Parque Minero de Riotinto (0034) 959 590 025).

Cultura

Media hora separa Sevilla de Carmona, una ciudad que además de ser Conjunto Histórico desde 1963 y tener declarada zona arqueológica al Museo y la Necrópolis Romana, cuenta con 561 yacimientos arqueológicos localizados en su término municipal. Su posición estratégica, situada en lo alto de una colina, la convierte en una plaza fuerte natural que domina las principales vías de comunicación de la comarca. Por lo que numerosos pueblos han pasado por el municipio dejando su impronta en los espectaculares y bien conservados edificios que pueblan sus calles. Los amantes del mudéjar, románico, barroco o renacentista disfrutarán de la visita. Se accede desde Sevilla por la A-4.

Historia

A nueve kilómetros de Sevilla se encuentra Itálica, la primera ciudad romana fundada en Hispania. Está situada en el término municipal de Santiponce al que se accede por la A-49 y la N-630 (0034) 955 622 266). Trajano, muy posiblemente Adriano y Teodosio (existen dudas sobre el lugar de nacimiento de estos dos últimos) fueron los emperadores romanos que se cuentan entre sus más afamados hijos. Los restos de la ciudad con su anfiteatro, con capacidad para 25.000 espectadores, y el teatro aledaño se encuentran abiertos para las visitas.

Ruta del Andalus

Viajar al Andalus

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Rutas por Sevilla


En bicicleta

Gracias a que es una ciudad prácticamente llana, a que hace buen tiempo generalmente y a una red de carriles bici bastante decente, una de las formas más populares de moverse por Sevilla es usando una bicicleta. Y no hay que detenerse mucho tiempo en explicar las ventajas que tiene este medio de transporte. Ya saben, es más saludable, menos contaminante, más barato a largo plazo …

Sevilla tiene un servicio de alquiler público de bicicletas, pero hay que señalar que este servicio no está orientado para turistas sino para los ciudadanos de la ciudad.

Entonces, ¿qué hacemos los que somos de fuera o visitemos la ciudad de forma ocasional y queramos movernos sobre dos ruedas por ella? Pues por suerte hay alternativas, o sea, empresas que se dedican a ofrecer servicios de alquiler de bicicletas para turistas, junto con otras ofertas turísticas. ¿Las conocemos?

Comenzamos por Bici Bike, que ofrece alquileres de bicis tanto por horas como por días, así como la posiblidad de alquilar accesorios como el casco o un chaleco reflectante, que normalmente uno no lleva en la maleta. BiciBike ofrece distintas rutas guiadas a través de la ciudad, rutas temáticas además, y otro tipo de servicios, entre los que destacaría el servicio de transporte de equipaje, para que no te preocupes por cómo llevar las maletas hasta el hotel.

De una forma muy parecida, por no decir calcada, funciona Bici 4 City, otra empresa a tener en cuenta. La empresa tiene dos sedes, una en el Barrio del Arenal y otra en la Alameda de Hércules, y desde ahí podrás alquilar tus bicicletas para comenzar tus paseos por la ciudad. Ofrece también rutas que se pueden hacer con guía o con audioguía. De entre estas os destacaríamos una ruta por la Vía Verde de Itálica o una que incluye algunas visitas gastronómicas por la ciudad.


El Real Alcázar de Sevilla

Tiene Sevilla un lugar que te evocará rápidamente a la Alhambra de Granada, por muchos motivos además. Hablamos claro está del Real Alcázar de la ciudad, que se encuentra en pleno centro y corazón turístico de la capital hispalense, a sólo dos pasitos de la Catedral y de la Giralda.

Como decíamos, es inevitable el que nos recuerde a la Alhambra granadina, pues básicamente se tratan de lo mismo. Al igual que el gran monumento de la ciudad nazarí, esta Alcázar es una especie de ciudad fortificada, un conjunto de palacios y de jardines rodeados de muralla y que también fue construida durante la dominación islámica, concretamente en este caso desde que Sevilla fue conquistada por los árabes allá por el siglo VIII.

Tomada la ciudad por Fernando III en el siglo XIII, el Real Alcázar pasó a manos cristianas y sufrió a lo largo de la historia numerosas reformas y añadidos. Pronto se convirtió en lugar de residencia y descanso para los reyes españoles y en él se han vivido importantes momentos de la historia de la España, si bien desde la proclamación de la República, el conjunto monumental ya no pertenece a la Casa Real española sino al Ayuntamiento de Sevilla.

Declarado como Patrimonio de la Humanidad en el año 1987, es prácticamente un pecado marcharse de Sevilla sin antes haber la Puerta del León, puerta abierta sobre la muralla árabe del siglo XII en un tramo que aún se conserva, y conocer este bello Alcázar, con rincones como el Palacio de Pedro I, con su hermoso Patio de las Doncellas, el Palacio Gótico, o los diferentes Jardines.

Si habéis decidido reservar vuestros Vuelos a Sevilla, sabed que permanece abierto todos los días del año, excepto Año nuevo, Reyes Magos, Navidad y Viernes Santo, en horario ininterrumpido de 9:30 a 17:00 horas, ampliándose éste hasta las 19:00 horas durante los meses cálidos, de abril a septiembre. La entrada normal cuesta 8 euros, 2 euros para jubilados, pensionistas y estudiantes, y es gratis para menores de 16 años, discapacitados y para nacidos y residentes en la ciudad de Sevilla.

Si tenéis la oportunidad de encontrar Vuelos baratos y venir a visitar Sevilla, no os perdáis esta joya de la arquitectura árabe.

Sevilla halal

Bicicleta por Sevilla

Lujo en Sevilla

Uno de los balnearios más hermosos y conocidos de toda España es el “Aires de Sevilla” situado en el centro de la capital andaluza. Sevilla, ciudad entre árabe y romana con gran esplendor y hermosura en la que el trazado de sus calles y plazas demuestran y dejan huella de la cultura que llena de magia y reviste de dulzura la ciudad. En su casco antiguo, la judería es el mejor ejemplo que muestra el trazado de calles estrechas, las casas palacios y un sinfín de bellezas que hacen única a Sevilla.

En una de estas pequeñas y estrellas calles de la judería, de entre todos sus palacios, nos encontramos con uno especial, construido en el SXVI por un virrey de las indias. Una casa de casi aproximadamente unos 1.200metros que ha sido restaurada y recreada como lugar de relax en el que disfrutar de los beneficios de los baños árabes, baños públicos que antiguamente servían como elemento terapéutico y de mejora de salud, además de un placer incomparable para cada uno de los sentidos. Un elemento cultural que ha pervivido con el paso de los siglos y que a día de hoy, sigue siendo fuente de salud en nuestra cultura.

Un rincón de Sevilla

Este hermoso palacio destinado a crear un rincón en el que disfrutar y relajarse, sirve a día de hoy de relax y sitio de bienestar para todos sus visitantes. En él se puede disfrutar de toda una serie de tratamientos que ayudan a sentirse mejor a todo aquel que se adentre en este balneario en el corazón de Sevilla.

Basado en la relajación árabe a través del agua, este espacio ofrece un tratamiento completo y adecuado a cualquier necesidad, a través del agua, en salas decoradas al estilo árabe más exquisito. Esta estética se termina de conseguir gracias a la luz tenue y acogedora que iluminan las distintas salas. En estas podemos disfrutar de agua salada a través de una terma que purifica y regenera a todo aquel que la prueba, también nos encontramos con un Hamman y una sala de chorros, otro de los tratamientos más saludables y beneficiosos para realizar con el agua en cualquier parte de nuestro cuerpo, con distinta presión y temperatura que ayudará a nuestra circulación, huesos y musculatura a sentirse y mantenerse en plena forma. Pero la sala más especial y particular de todas ellas es una en la que se encuentran termas con aguas a muy distinta temperatura, para que el visitante pueda disfrutar de sus contrastes y de todos los beneficios de este sistema termal.

Este sería el recorrido básico del que puede disfrutarse en su visita, el cual en aproximadamente unos 90 minutos puede realizarse. Un recorrido tranquilo y especial realizado por grupos reducidos de persona para poder disfrutar del balneario y su visita al máximo.

Otros tratamientos

A día de hoy, los tratamientos que ofrecen los mejores balnearios son bien diversos y exquisitos. En el balneario de “Aires de Sevilla” podemos disfrutar de los mejores masajes realizados por grandes especialistas que se adecuaran a cada necesidad y circunstancia. Masajes variados, chocoterapia, aromaterapia, masajes relajantes, tratamiento exfoliante, fangoterapia, además de la hidratación facial. Todo ello combinado con el circuito termal básico que harán de esta estancia en el balneario un momento único y saludable. De entre todos ellos destaca el “ritual de Argán” como el tratamiento único y exclusivo del balneario compuesto de un circuito termal en el que se combinan baños por distintas salas a distinta temperatura, además de un fabuloso baño de sal. Todo ello combinado por un masaje corporal de aproximadamente una media hora, además de elegir entre mascarilla capilar, masaje craneal, exfoliación podal y un par de tratamientos más especiales exclusivos a los clientes del balneario de Aires de Sevilla.

Viajar a Sevilla

Estepa

Estepa en Sevilla, conocida en el mundo por sus famosos polvorones, mantecados y alfajores. Situada al noroeste de Sevilla, Estepa atesora mucha historia.

Restos arqueológicos prehistóricos se encontraron en el municipio. Hay restos romanos, visigodos, musulmanes. Declarada conjunto histórico artístico desde 1965. En Locuraviajes.com, Estepa en Sevilla.

Estepa está a 105 kilómetros de Sevilla a una altitud de 604 metros. En Estepa se producen gran parte de dulces navideños para consumo nacional y para la exportación.Esta industria es de gran importancia económica para todo el municipio.

Su origen proviene de 1858, cuando una habitante de Estepa Micaela Ruiz Téllez creo un negocio de mantecados con una receta propia que vendía de Estepa a Córdoba, aprovechando su marido era transportista y viajaba a Córdoba. Desde el 2009 los mantecados de Estepa tienen denominación de origen protegida así como su aceite de oliva.

Qué ver en Estepa

Estepa cuenta con restos arqueológico.Hay constancia de la existencia de una muralla en el Cerro de San Cristóbal alrededor del siglo VII antes de Cristo. Estepa posee monumentos de carácter civil y religioso. En 1965 fue declarada conjunto histórico artístico.

El Alcázar

Del siglo XV. Una antiguo recinto fortificado árabe que luego fue Palacio de los marqueses de Estepa. Hoy quedan restos de algunos aljibes y paredes.

La Torre del Homenaje

En casi todo los castillos y recintos fortificados, Las torres llamadas del Homenaje solía tener carácter defensivo y logístico ya que se podía ver a gran distancia. Esta torre mide 26 metros de alto por 13 de ancho. En días de cielo despejado se puede divisar Sierra Nevada. La construye Lorenzo Suárez de Figueroa. Tenía un almacén en su fachada que se destinaba a la intendencia.

Torre Victoria

La Iglesia se construye en el siglo XVIII en estilo barroco. La torre constituye el único resto visible de la iglesia que tuvo que ser demolida en 1939.

El convento de Santa Clara

Un convento de clausura fundado a comienzos del siglo XVI por los marqueses de Estepa. Situado en el cerro de San Cristóbal su portada está realizada en estilo barroco temprano. El convento posee una gran nave dividida en cinco tramos.

La Iglesia de Santa María

Una iglesia que se levantó sobre una antigua mezquita, en el cerro de San Cristóbal. Fue construida por la orden de Santiago entre los siglos XV y XVI. En el 2001 se la declara bien de interés cultural.

Casa Palacio Marqués de Cerverales

Un bonito edificio el más representativo de la arquitectura civil en Estepa, está realizado en estilo barroco. Fue construido por orden de Manuel Bejarano Fonseca, vicario mayor de Estepa. Fue su residencia hasta su muerte por lo que la casa se la llama casa del vicario.

Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios

Iglesia barroca del siglo XVIII, donde destaca el llamado camarín de la Virgen.

Mirador del Balcón de Andalucía

Un mirador natural situado junto a la iglesia de Santa María, en días despejados se puede llegar a ver Córdoba, Málaga, y Sevilla.

La Semana Santa en Estepa se viven con gran fervor y está declarada Fiesta de interés turístico Nacional. Además, siempre puedes visitar Sevilla y conocer todos sus monumentos disfrutando de ambas ciudades.

Ofertas en Estepa

 

Barrio de Santa Cruz en Sevilla

Sevilla tiene una luz, un aire, un señorío que la hacen especial. Sus avenidas y edificios históricos, parques y palacios, el río siempre presente y sus puentes retratados mil veces. La vida de Sevilla es famosa por su alegría, su ánimo festivo y, a la vez, profundamente ritual. Sus barrios tienen personalidad propia, y el que vamos a visitar hoy, es tal vez el más típicamente andaluz de la ciudad de Sevilla: el barrio de Santa Cruz.

Como decíamos, a simple vista, además de ser el mas visitado, es el que tiene el color y la fisonomía tradicionalmente andaluces. Calles laberínticas sombreadas por naranjos, ventanas enrejadas y patios floridos. Plazonetas y edificios en los que se encierra la historia, donde antes se agrupaba la comunidad judía y hoy pasean coches de caballos cargados de turistas.

En Santa Cruz nos encontramos hoy con el valor de su inmenso patrimonio histórico junto a cientos de bares de tapas, tiendas de souvenirs y tablaos flamencos para propios y extranjeros. Es un espectáculo sólo pasearse por sus calles y callejuelas, dejando caer la tarde con una charla entre amigos para esperar ver la Catedral iluminada, dueña absoluta de la perspectiva.

Qué ver en el Barrio de Santa Cruz, Sevilla

La Catedral gótica se levanta sobre el solar que ocupaba la gran mezquita almohade, de la que subsiste, cristianizada en estilo renacentista, su alminar, la Giralda. Es uno de los monumentos religiosos más visitados de España.

Los Reales Alcázares consisten en un complejo palaciego creado inicialmente por Pedro I el Cruel en 1364 sobre el antiguo Alcázar de los almohades, y después ampliado sucesivamente por los Reyes Católicos, el emperador Carlos V y Alfonso XIII. La Familia Real lo sigue usando como alojamiento cuando viaja a Sevilla.

El Archivo de Indias, construido por Juan de Herrera quien también “firmara“ El Escorial. Para levantarlo se aprovechó la estructura del mercado existente. Desde 1785, por orden de Carlos III, se convirtió en sede documental y testimonial de la tarea de España (y su poder) en América. En su fondo, encontramos 86 millones de manuscritos y 8.000 mapas, entre ellos piezas singulares utilizadas por Colón, Hernán Cortés y Cervantes.

La suntuosa Casa de Pilatos es actualmente propiedad de los duques de Medinaceli aunque fuera construido por deseo del marqués de Tarifa. Dicen que habiendo estado en Jerusalém, quiso reproducir la antigua casa de Pilatos en aquella ciudad, aunque otras versiones hablan de que esta casa se ubica donde antiguamente estaba una estación del Vía Crucis, precisamente la estación del juicio a Pilatos (quinta estación del Camino de la Cruz y relatado en Mt 27, 24-26).

El Ayuntamiento se erige en la plaza de San Francisco, sitio donde se practicaban los Autos de Fe de la Inquisición. Tiene dos fachadas, una plateresca del siglo XVI y otra neoclásica, fruto de una ampliación en 1891. En su interior podemos disfrutar de obras de grandes autores como Velázquez o Zurbarán.

El Hospital de Venerables era un asilo y enfermería para sacerdotes, ahora reconvertido en centro cultural. La iglesia barroca es digna de visitar por su elaborado interior y por las obras que presenta.

Lo dicho, que el Barrio de Santa Cruz es mucho mas que bares de tapas, flamenco y postales. Dedícale el tiempo que merece.

 

A la derecha del Guadalquivir y a la izquierda del casco histórico se encuentra uno de los barrios más emblemáticos de Sevilla. Triana es famosa por su marcada identidad, de trasfondo flamenco y típicamente andaluz. A diferencia de la ciudad de la que forma parte, ha vivido siempre vinculada al mar y a la profesión de marinero. Ha sido y es un rincón humilde y lleno de encanto, escenario de algunos de los episodios más destacados de la historia de Andalucía y de España.

Por todo ello, Triana es hoy una visita imprescindible en la ciudad. Incluso son muchos los que la tienen en cuenta a la hora de elegir entre los hoteles en Sevilla. Mientras que en el casco histórico de la ciudad encontraremos sus principales monumentos, como la Giralda, en Triana la mejor opción es pasear y perderse, disfrutando de su día a día. Triana no es una postal, es una esencia.

Al barrio se acceder a través del Puente de Triana (formalmente, Puente de Isabel II), construido a mediados del siglo XIX y considerado por los lugareños su emblema. Esta infraestructura ocupa el lugar del Puente de Barcas, que durante siglos conectó este barrio con la Sevilla señorial.

Tras el puente, la Plaza del Altozano nos da la bienvenida. En ella empezamos a encontrar las primeras referencias al cante y al toreo, pista indispensable de lo que es y significa Triana. Antaño convergían en este punto los viajeros que llegaban de localidades cercanas, y que hacían un alto en el camino antes de cruzar el puente y dirigirse a Sevilla. En ella encontramos varios edificios de principios del siglo XX, como la Farmacia Murillo o la capilla del Carmen.

Si seguimos avanzando, nos empezarán a sorprender los azulejos de las fachadas y el olor a pescado frito. De hecho, la alfarería y la gastronomía son otros de los puntos fuertes de Triana, cultivados con el cariño de siglos de historia. Es el momento perfecto para perderse por callejuelas peatonales, como la larga calle Betis, e incluso buscar algún que otro corral de vecinos. Patios generalmente con una fuente en el centro, plagados de plantas y árboles, y alrededor de los cuales se distribuyen los pisos de los vecinos.

El encanto de la zona solo queda interrumpido por las leyendas sobre la Inquisición. Muchas de sus aberraciones se llevaron a cabo en el Castillo de San Jorge, cuyos restos pueden visitarse hoy bajo el Mercado de Abastos. En sus alrededores se encuentra el Callejón de la Inquisición, durante siglos único testigo visible de la existencia y obra de este tribunal.

Sobran motivos para conocer Sevilla, y aún más para conocer Triana. Pero como apunte final, valga mencionar que múltiples celebridades españolas, sobre todo relacionadas con la copla, el flamenco y el folklore andaluz, han nacido en este lugar. Sirvan de ejemplo Chiquetete, Marifé de Triana, Antonio Canales, Isabel Pantoja, María Jiménez o Remedios Amaya.

 

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El ataque vikingo Sevilla

Margarita Torres Sevilla

A finales de agosto del 844 una flota de ochenta naves fue avistada en las costas de al Andalus. Se trataba de los Nordumâni, los temibles vikingos. Dos meses más tarde, Sevilla ardía en su fuego, sus habitantes eran pasados a cuchillo, violados y convertidos en esclavos.

La pregunta que todos se hicieron. ¿Quiénes eran los vikingos?

Estos temibles guerreros que llegaron por mar, eran un grupo étnico originario de Escandinavia. A su denominación más conocida se unían también las de varegos, rus o normandos. No obstante, la palabra vikingos proviene del vocablo «Wik» -posteriormente cambiado a Vik-, que significa «hombres del norte» u «hombres del mar». Sus ataques y aparición en la escena política europea, ya que hasta entonces no se tenía conocimiento de ellos, dieron inicio en el año 793 con el saqueo del monasterio de Lindisfarne. A partir de ese periodo sus incursiones fueron frecuentes y llegaron a ocupar amplias zonas en Inglaterra, Irlanda y Francia, donde el rey galo entregó el feudo de Normandía a un caudillo vikingo a fin de que mantuviese alejados de sus costas a otros grupos de la misma etnia. Ejercieron una gran influencia en la historio europea y en torno al año 1000 intentaron asentarse también en Norteamérica.

Distintos investigadores dan por extinguida la era vikinga con la caída del último reducto hostil que representaba el rey Horald III el despiadado, muerto el año 1066 en la batalla del puente de Stamford cuando intentaba hacerse con el control del territorio ocupado hoy por la actual Inglaterra.

A finales del año 229 de la hégira (agosto del 844), en las costas occidentales de al Andalus cincuenta y cuatro velas blancas fueron avistadas en el mar enfrente de la ciudad musulmana de Lisboa. Se trataba de los al-Urdumâniyyun, o Nordumâni. Los normandos, piratas vikingos de los que los andalusíes conocían historias, a través de los cristianos norteños y de los comerciantes, aparecían por primera vez ante sus ojos. Habían escuchado relatos que hablaban de ataques despiadados, muertes brutales, y un rastro de sangre a su paso, pero hasta entonces para todos ellos se trataba de cuentos que circulaban de boca en boca. Sin embargo, ahora la realidad se abría paso en Lisboa, donde una de sus escuadras se desplegaba en el puerto dispuesta al combate.

Los cronistas árabes que recogen el más terrible ataque normando contra al Andalus mencionan que el número de sus barcos rondaba los ochenta, de los que cincuenta y cuatro eran de grandes dimensiones y los otros restantes más ligeros. Conocedor de su mala fama, el gobernador de Lisboa, Ibn Hazm, luchó con ellos bravamente, rechazándole después de varios días de encarnizados choques. Apenas las velas desaparecieron en el horizonte, en dirección al sur, Ibn Hazm escribió una carta al emir de Córdoba ‘Abd al­Rahmân, en la que le informaba de estos sucesos y le advertía de la próxima aparición de las bestias del norte, si eran ciertas sus noticias y se disponían a golpear el sur.

En efecto, pasadas catorce noches del mes de Muharram del año 230 de la hégira (finales de septiembre de 844), los vikingos ya se habían apoderado de Qabpil, la Isla Menor, en Cádiz, y remontaban el Guadalquivir dispuestos a saquear y destruir Sevilla y aun la mismísima capital de al Andalus si sus fuerzas se lo permitían. Cuatro naves se separaron de la flota principal, para inspeccionar el territorio hasta la localidad de Coria del Río, donde desembarcaron y dieron muerte a todos sus habitantes a fin de impedir que tuvieran tiempo de advertir a los suyos. El camino hacia su fortuna estaba libre.

Apenas transcurridas tres jornadas desde su desembarco, los normandos decidieron remontar por fin el Guadalquivir hacia Sevilla, conocedores de las riquezas que era fama se albergaban en esta ciudad. Para entonces sus habitantes se disponían a la defensa solos, sin un caudillo militar claro que guiase su ejército, pues el gobernador de la ciudad les había abandonado a su suerte, huyendo a Carmona. Los musulmanes se encontraban, por tanto, a merced del peor de los enemigos.

Advertidos de esta deserción y de la escasa preparación militar de quienes se habían quedado a resistir su ataque, los hombres del norte marcharon con sus naves hasta los arrabales de la ciudad. Desde ellas, aprovechando su ventaja, dispararon sucesivas tandas de flechas contra los sevillanos, hasta romper su cohesión y provocarles el mayor desconcierto y miedo. Conseguido su propósito, abandonaron las embarcaciones para luchar cuerpo a cuerpo con ellos, seguros de su victoria.

La matanza y el saqueo duraron unos siete días. Una semana en la que los más fuertes huyeron, escapando cada uno por su lado, y los más débiles cayeron en las garras de los vikingos. Mujeres, niños y ancianos desvalidos fueron pasados a cuchillo y violados. A algunos de ellos se les perdonó la vida, aunque su destino era también estremecedor: la esclavitud. Sin respetar siquiera lo más sagrado, cargados con el botín y los prisioneros, regresaron a sus naves para volver al seguro campamento de Qabpîl.

No contentos, volvieron a Sevilla en una segunda ocasión, esperando aumentar el número de cautivos entre los desafortunados que regresaran a sus hogares al considerar que los ataques habían cesado. No encontraron más población que un puñado de viejos, que se habían reunido en una mezquita para rezar por los suyos y hacerse fuertes. De nada sirvieron sus oraciones: los normandos tomaron a la fuerza el lugar santo y su sangre bendijo la tierra de aquel lugar que, a partir de entonces, pasó a llamarse “la Mezquita de los Mártires”. Durante casi dos meses camparon totalmente a su antojo, desolando y sembrando el pánico entre los andalusíes. Hasta que, en noviembre, el emir ‘Abd al­Rahmán consiguió movilizar un ejército lo suficientemente fuerte para plantarles cara. Parte de esta tropa, al mando de Ibn Rustum y otros generales, pronto alcanzó la comarca del Aljarafe sevillano, donde en un fustigamiento conjunto de caballería e infantería, consiguieron desconcertar plenamente a sus enemigos. Coordinaba los esfuerzos musulmanes Nasr, favorito del príncipe omeya, quien dispuso una emboscada para terminar de una vez por todas con aquella amenaza.

Mientras algunos de los soldados provocaban con sus escaramuzas a los vikingos en los alrededores de la ciudad, el grueso del ejército andalusí esperaba a que aquellos valientes atrajeran a los normandos a un lugar llamado Tablada, al sur de Sevilla, donde hasta hace poco hubo un aeropuerto militar. Confiados en su notable superioridad numérica y como guerreros, los hombres del norte mordieron el anzuelo y descendieron con sus naves el río Guadalquivir en persecución de aquellos que habían osado provocarles. Al llegar a la aldea de Tejada desembarcaron y el cielo se abatió sobre ellos.

Allí les aguardaba emboscado Ibn Rustum, con el grueso de sus soldados. Apenas los normandos superaron su posición y le ofrecieron la espalda, les salió al encuentro mientras los perseguidos musulmanes detenían su huida para encararse con sus perseguidores. Atrapados entre dos fuegos, los vikingos no pudieron sino luchar por sus propias vidas contra hombres que buscaban venganza por la sangre de los suyos.

Aquella atroz derrota les supuso la mayor de las humillaciones que hasta entonces habían recibido. Sobre el campo de batalla quedaron más de mil cadáveres de normandos, y cerca de cuatrocientos fueron capturados para escarnio de todos. Mientras los supervivientes escapaban profundamente aterrorizados hacia sus naves, abandonando más de treinta embarcaciones en la huida, Ibn Rustum ordenó la decapitación ejemplar de los prisioneros supervivientes a la vista de sus camaradas. El fuego acabó sobre el Guadalquivir con las naves vacías mientras algunas de las cabezas cortadas eran enviadas al emir ‘Abd al-Rahmân y otras, clavadas en picas o en palmeras, permitieron saber a los sevillanos que su sufrimiento había llegado a su fin, que los asesinos de sus seres más queridos ahora les miraban desde las cuencas de sus ojos vacíos.

Ibn Rustum fue premiado, Nasr, favorito del príncipe, encumbrado a lo más alto. Se compusieron poemas en loor de aquella victoria sin igual.

El recuerdo de aquel oscuro episodio no terminó aquí. Las murallas de Sevilla fueron reforzadas y fortificadas, se repararon los daños causados por los normandos en las mezquitas, los baños y las casas. El puñado de hombres del norte que consiguió salvar la vida y escapó por tierra hasta Carmona y Morón, fue arrinconado por Ibn Rustum, que les forzó a rendirse y consiguió su conversión al Islam. Asentados en el valle del Guadalquivir, es fama que se especializaron en la cría de ganado y en la producción de leche y sus derivados y que sus quesos se convirtieron en más que famosos en aquellos tiempos. Años después, en el 859, Sevilla volvió a sufrir un nuevo ataque, que terminó con el incendio de la mezquita de Ibn ‘Addabâs (actual iglesia de San Salvador). La respuesta del emir de al Andalus fue dura y contundente: durante esos mismos años había ordenado la construcción de una flota de guerra capaz de frenar aquella amenaza y no dudaría en enfrentarla con los mejores marinos del Islam a quien se atreviera a atacar Sevilla. Cuentan las crónicas que juró arrasar sus bases y sus tierras del norte si osaban volver a derramar la sangre de un solo andalusí. Aquella advertencia parece que sí caló en el ánimo de los vikingos, pues durante largos años no se documentaron más strandhógg, como llamaban en su lengua a estas campañas de saqueo.

Mientras, al Andalus se poblaba de atalayas y fortalezas en la costa para vigilar el mar y los hijos de aquellos hombres del norte pasaban a engrosar las filas de los servidores de los Omeyas como soldados de élite destinados a proteger al príncipe. Tales medidas consiguieron su fruto, ya que los musulmanes hispanos lograron rechazar los ataques de los vikingos durante el siglo X.

Y al mismo tiempo que los grandes cronistas recogían estos éxitos de las armas musulmanas de Hispania, del valor de los sevillanos, el recuerdo de la derrota quedó en el fondo histórico de la nórdica saga de Ragnar y en el silencio de las restantes fuentes normandas.

UNA CRÓNICA EN VERSO

El ataque de los vikingos a Sevilla quedó reflejado en distintas crónicas de la época en las que se narraban los hechos de armas en los que los musulmanes resultaron vencedores. Entre ellos cabría destacar las descritas en los siguientes versos:

Dicen que han, llegado los normandos,

y yo digo: si quieren, me complace tengan a Nasr;

pues cierto está el lslorn de que sus espadas

protegerán su sagrado y arrancaran el descreimiento:

¡Cuánta víctima infiel fue inmolado por obra de su espada!

Pregunto por Tabladaan los osos y o los buitres.

El poema termina con el recuerdo del final de la batalla:

Su espada cortó las carnes de los normandos,

lo tarde que lo encontraron, como lobos y buitres,

llevándose cabezas enarbolados en lanzos.

¡Qué hermoso espectáculo o los ojos de la gente!

El espanto al escuadrón de Nosr despeja la tierra,

cuando en el dio del estrépito viste de polvo.

LA ERA DE LOS VIKINGOS

Entre los siglos octavo y decimoprimero, la historia de Europa occidental aparece marcada por la huella escandinava. Saqueadores, conquistadores, colonos campesinos, comerciantes de origen mayoritariamente danés y noruego, asolaron las costas, británicas, irlandesas, escocesas, al mismo tiempo que las del Imperio Carolingio o la península Ibérica, por mencionar algunos ejemplos.

La razón o razones que motivaron los primeros ataques otro continúan siendo discutidas por los especialistas, aunque la mayoría admite que el primero fue el del 793 contra el’ monasterio de Lindisfarne, en las costas de Northumberland (Reino Unido) y que su objetivo no era otro sino botín y esclavos.

En el siglo IX, cuando se produce el ataque a las tierras de al Andalus, los vikingos habían conquistado parte de las actuales Inglaterra, Escocia e Irlanda. Durante la décima centuria, los Faeroes,; Islandia y Groenlandia se sumaron a su cultura, pues fueron colonizadas por ellos. Incluso se mencionan en las Sagas, sus cantares de gesta, que algunos héroes llegaron a las costas de una desconocida Vinland, en la que muchos han pretendido reconocer América.

Los monarcas de la dinastía carolingio les cedieron una parte de Francia para que, a cambio de ella, respetasen la paz. Esa tierra se denominó Normandía, y de sus duques nació Guillermo, apodado el Bastardo, que en 1066 se apoderó de Inglaterra, coronándose su rey e’ iniciando una dinastía a la que pertenecieron soberanos tan conocidos corno Ricardo “Corazón de León”.

La presencia normanda alcanzó también Italia, pues en Sicilia y las tierras del sur de la península se creó otro estado, en manos de los descendientes de su conquistador, el aventurero noble Roberto Guiscardo, es decir: el astuto.

Mientras daneses y noruegos dominaban el mar de occidente, los suecos, llamados por los eslavos rus, establecían sus bases comerciales en lo que hoy es Rusia, que recibe su nombra de ellos, asentando unos enclaves a lo largo de esta tierra que unían el Mar Negro con el Báltico. Principados como Kiev o Novgorod nacieron así.

Durante el siglo XI, se convirtieron al cristianismo en su práctica totalidad, incorporándose a la dinámica europea de manera similar al resto de los estados. Pero hasta entonces, su nombre fue sinónimo de muerte y destrucción, hasta tal punto que un monje irlandés del siglo IX dejó para la posteridad escrito: “líbrenos Dios de la riada de enemigos extranjeros y paganos y de las tribulaciones que nos traen”.

LAS TÉCNICAS DE NAVEGACIÓN VIKINGAS

Mucho más que un medio de transporte, los barcos jugaban un papel significado en sus rituales de poder y prestigio. De hecho, reyes y nobles frecuentemente eran enterrados en ellos, tal y como han revelado, además de sus textos y crónicas, las excavaciones arqueológicas, como las emprendidas en Roskilde o en Oseberg.

Estos navíos, de guerra y de transporte, se diseñaban para sobrevivir en la navegación oceánica. Una reconstrucción de los restos del llamado barco de Gokstad, que se conserva en el museo de Bygdóy, cerca de Oslo, coetáneo de los ataques a Sevilla, consiguió superar modernamente la ruta Noruega-Norteamérica a través del Atlántico Norte.

Pero si el navío, con sus proa y popa curvadas, mástil con una sola vela cuadrada, manga ancha y no excesivo calado, se convirtió en el elemento fundamental por el que fueron conocidos los vikingos, la forma en que aprendieron a orientarse en el mar merece una explicación, pues aunque hasta el siglo XII se cree que no se introdujo el compás magnético, estos hombres eran capaces de encontrar su camino desde las brumosas tierras del norte hasta el Mediterráneo. En los últimos años, dos expertos daneses, el capitán de marina Thrislund y el arqueólogo Vebaek, han propuesto un sistema para conseguir tales fines basados en sus conocimientos, técnicos e históricos. Se trataría de un simple compás de sol. El camino seguido por el astro en el cielo, de este a oeste, depende de la latitud del observador y de la estación del año. La única dirección invariable es el cenit solar a mediodía, que llamaremos “sur”. Pues bien, con esta referencia no es complicado mantener el rumbo adecuado en una travesía de pocas jornadas, tal y como demostraron estos expertos.

En una excavación arqueológica en Groenlandia se halló la mitad de un disco de madera datado en el año 1000, que, por las muescas que presenta, estuvo originalmente dividido en treinta y dos marcas o puntos del compás y en cuyo centro se colocaba un gnomon vertical. Para encontrar el rumbo de navegación, el disco rotaba hasta que la sombra del gnomon tocaba la curva apropiada y la demora se asociaba con uno de los cortes. Este hallazgo parece confirmar la teoría de Vebaek y Thrislund.

MÁS INFORMACIÓN

GRAHAM-CAMPBELL, J. (Editor). Cultural Atlas of the Wiking World Oxford,1994.

IBN HAYYAN: Crónica de los emires Alhakam I y Abdarhman II entre los años 796 y 847 (Almugtabis 11 – 1). Zaragoza, 2001. a LEVI PROVENQAL, E.

España musulmana. Hasta la caída del Califato de Córdoba (711-1031) Historia de España, vals. IV y V. MENÉNDEZ PIDAL, R. (Director) Madrid, 1990.

Cabeza de guerrero descubierta en Sigtuna, ciudad fundada en el año 970 y que llegaría a ser sede episcopal. El cabello del hombre representado en la escultura está recogido en un catálogo. Museo Histórico Nacional, Estocolmo.

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Sevilla, es una ciudad maravillosa de Andalucía, que sin duda merece la pena visitar. En ella son muchos los lugares que debemos no perdernos, entre ellos:

La giralda: Que realmente es el alminar de una mezquita. La obra fue iniciada en 1184, y un terremoto en 1365 destrozó la parte superior de ésta y su arreglo duró hasta el siglo XVI.

La escultura que encontramos en ella, mide cuatro metros, más siete su pedestal, y puesto que ésta era una gran veleta y giraba, se quedó el nombré de giralda.

La catedral: La catedral es un templo, de 145 metros de largo, de obra gótica, recogiendo en ella numerosos elementos de interés. En ella podemos encontrar el sepulcro de Fernando III y el de Colón. Destacán también en ella númerosas capillas y salas con mucho valor, como la capitular.

Los Reales Alcázares: Las obras de los Reales Alcázares, fueron mandadas por los Reyes Católicos, y podemos encontrar tras sus maravillosos jardines, los palacios con procedencia tanto árabe como cristiana, quedando así un conjunto de culturas representadas con lujo y asombrosa belleza.

Parque de María Luisa: Estos jardines fueron cedidos por María Luisa de Orleans, dónde posteriormente se construyeron los magníficos edifiios de la exposición iberoamericana del 1929. Dentro de ellos podemos encontrar la Plaza de España , con forma semicircular que posee una poderosa porcelana y unos majestuosos edificios.

El barrio de Santa Cruz: Éste barrio esta formado por un entramado de calles, en forma de laberinto, dónde te irás encontrando con pequeñas fuentes y rincones con un romantisimo especial, impregnado con un olor característico a azahar.

Son muchos más los monumentos, y las zonas de interés que podemos encontrar en Sevilla, ésto es sólo una representación de lo que personalente a mi me gusta más de la ciudad, pero también está la famosa torre del Oro, El puente de Triana y su barrio, La Macarena, etc…, así que no os lo perdais.

 

 

Sevilla, la capital de Andalucía ubicado en España, es una de las ciudades españolas más apreciadas en el exterior. Lo más llamativo de esta hermosa ciudad es su influencia arquitectónica musulmana, ya que fue ocupada por los moros durante unos 800 años. En ella se registra la existencia, como primeros pobladores, de una muy alta cultura, la tartesa, un pueblo pacífico y culto del que se sabe gracias a las crónicas griegas y a restos arqueológicos.

No olvide cuando visite esta ciudad, que estará muy dentro del corazón de la cultura andaluza, centro importantísimo de la tauromaquia y del flamenco. Tómese el debido tiempo y, “sin agobios” como suelen hacer los andaluces, interrumpa su recorrido histórico para tomarse unas tapas y una copita de Jerez o Manzanilla en alguno de los múltiples bares de la ciudad, considerando algunos de los consejos de las páginas que siguen para hacer memorable su estancia en Sevilla.

Cada año se celebra una Feria de Abril por todo lo alto y la Semana Santa, donde todo el mundo se entrega al 100%. Ambas tradiciones coinciden en primavera, cuando las temperaturas son de lo más agradables. Evita el verano sevillano, ya que las temperaturas son abrasadoras y pueden llegar hasta los 50°C. Todo el mundo que viaja a Sevilla repite la experiencia, ¡no te la pierdas!

Ambas fiestas, tanto Semana Santa como la Feria de Abril, son muy famosas en España y especialmente en Andalucía. La Semana Santa es una celebración religiosa con más de cinco siglos de historia. La gente celebra la Pasión de Cristo con preciosas procesiones. Miles de turistas quedan fuertemente impresionados con estas marchas tan espectaculares.

La Feria de Abril es el momento ideal para pasar unas vacaciones divertidas. Se montan unas casetas donde, durante una semana entera y día y noche sin parar, la gente baila, bebe, come y disfruta. Estas casetas se decoran con farolillos de colores que dan un toque lúdico al recinto. Ya se ha convertido en toda una tradición que las mujeres se vistan de folclóricas y que los hombres hagan cabalgatas a caballo durante la gran Feria.

Pero Sevilla es mucho más que estas dos fiestas. Se trata de una de las ciudades más bonitas y con mayor afluencia turística de España. La ciudad descansa a orillas del río Guadalquivir y tiene un importante patrimonio histórico, así como edificios y monumentos impresionantes, como la catedral.

La catedral gótica de Sevilla es la tercera más grande del mundo y posee un minarete mundialmente conocido, la Giralda.

Los Reales Mudéjares (conocidos como el Alcázar)

la Torre del Oro

La Torre del Oro es una torre situada a orillas del río Guadalquivir, en la ciudad andaluza de Sevilla, que se encuentra en el paseo de Colón, junto a la plaza de toros la Real Maestranza.

Dirección de la Torre del Oro: Paseo de Cristóbal Colón, s/n, 41001 Sevilla

Este monumento tiene una altura total de 36 metros.

La torre recibe este nombre debido a su brillo dorado que se ve reflejado sobre el río (se aprecia sobre todo cuando hay bastante sol).

Durante las obras de restauración de 2005, se demostró que este brillo era debido a una mezcla de mortero, cal y paja prensada.

Información sobre la Torre del Oro

Fue construida entre 1220 y 1221 por orden del gobernador almohade de Sevilla, sobre una base dodecagonal.

La torre sirvió en la Edad Media como prisión, y en ocasiones de recinto para guardar los metales preciosos traídos por la flota de Indias.

Se encuentra en buen estado de conservación, aunque ha sido restaurada varias veces, una de ellas en el siglo XVI, pues presentaba una imagen bastante ruinosa.

La torre fue dañada gravemente por el terremoto de Lisboa de 1755, por lo que hubo que realizar otra restauración importante, aunque debido a este desastre se llegó a pensar en derribarla, pero al no contar con la aprobación del pueblo, finalmente se decidió reforzar la planta inferior de la torre con escombros y mortero. Ese mismo año se construyó el cuerpo cilíndrico superior.

Dichas obras han modificado el aspecto de la torre respecto al que puede observarse en grabados de los siglos XVI o XVII, donde la torre puede apreciarse más alta.

Actualmente alberga un Museo Naval que contiene grabados, cartas marinas, maquetas, instrumentos antiguos y documentos históricos que tratan sobre la ciudad de Sevilla.

Su visita es guiada, y está abierta al público, siendo una visita que no se puede perder si se viaja a esta fascinante ciudad, pues es uno de los más bellos monumentos de Sevilla.

 

Semana Santa de Sevilla” posiblemente solo me entiendan los sevillanos y los andaluces en general. Porque si algo caracteriza a esta fiesta, además de las procesiones, cofradías y pasos, son las clásicas bullas. Para que nos entendamos bien, una bulla es ese montón de gente que se forma en torno a las procesiones, especialmente en las calles más estrechas del centro histórico.

Salir de una es complicado, de ahí que para que vivamos bien la Semana Santa de Sevilla lo mejor es seguir algunos pequeños consejos. Realmente cuando me refiero a la Semana Santa sevillana podría hacerlo perfectamente a la de otras grandes ciudades que siguen el mismo cánon que esta. Mucha gente, algarabía, calles cortadas por la Carrera Oficial y mucha paciencia a la hora de ver pasar largas e interminables filas de nazarenos.

Hay dos maneras de ver las cofradías: una quedarse parados en algún lugar de la Carrera Oficial para ver pasar todas (con el consiguiente cansancio), y la segunda ir al encuentro de cada una de las hermandades. Quien lleva ya muchos años siguiendo la Semana Santa suele escoger casi siempre el mismo lugar para verlas, de ahí que os recomiendo echar un vistazo a los rincones que cada cofradía tiene como especiales. Eso sí, suele haber bastante gente, hay que ir con antelación.

La salida y la recogida de cada hermandad también suele ser un gran momento, por lo que allí se pueden formar las clásicas bullas. Nada mejor por tanto que esperar un poco y ver el paso de la hermandad por alguna de las calles cercanas al templo parroquial desde la que sale. Para la recogida o bien vamos con bastante antelación y cogemos sitio, o podemos cenar tranquilamente y ver la procesión en otra de las calles cercanas a la iglesia.

La Carrera Oficial es el tramo del centro histórico por el que pasan todas las hermandades en su estación penitencial hasta la Catedral. Es una zona que generalmente está cortada al paso de la gente, es decir, no se puede pasar por medio del cortejo de nazarenos, a excepción de en algunos puntos habilitados. No acostumbro yo precisamente a meterme a ver pasos por la Carrera Oficial, sobre todo si vamos en un grupo numeroso, ya que es más complicado moverse que en otras calles.

Por último, nada mejor que llevar con vosotros un horario de las cofradías. En él tenemos todos los detalles, e incluso el itinerario de las hermandades, para saber a qué hora pasan por tal o cual sitio. Suele haber puntualidad en todas ellas, así que con llegar con un poco de antelación cogeremos sitio.

La Semana Santa, tanto en Sevilla como en muchos otros puntos, es un espectáculo que no debemos perdernos. Un poco de paciencia para ver pasar los nazarenos y “sobrevivir” a las bullas, y poco más. Saber elegir bien los sitios para ver los pasos también hará que la vivamos de una forma mucho más agradable.

 

 

Junto con la Feria de Abril, la Semana Santa es una de las fechas más esperadas por los sevillanos. Fiesta grande que se puede respirar en cada una de sus calles y bares, y que además, atrae a una importante cantidad de turismo a nivel internacional.

La Semana Santa Sevillana escenifica los distintos episodios de la Pasión de Cristo. Comienza con el Domingo de Pasión y la exaltación del Pregón y termina el Domingo de Resurrección, jornadas que están impregnadas de pasos, nazarenos y mucha fe.

Tras el Domingo de Pasión, llega el Domingo de Ramos, momento en el que Sevilla sale a la calle y muestra al mundo entero lo en serio que se toman estas fechas. Numerosas hermandades acompañan a las imágenes en los famosos pasos. Estos se pueden dividir en tres tipos, el Misterio, donde se representa la Pasión de Cristo; el Crucificado que representaría a Jesús muerto en la cruz; y el Palio, que representa a la Virgen.

Antiguamente, las hermandades realizaban un recorrido por los alrededores de la iglesia desde la que salían. No obstante, allá por 1604, se establecería el llamado recorrido oficial, o lo que es lo mismo, la obligación de que todas las cofradías acudieran a la catedral en su recorrido, excepto aquellas que tuvieran su sede en Triana, que deberían dirigirse a la Iglesia de Santa Ana.

La carrera oficial que comenzó a fraguarse durante esas fechas comienza, a día de hoy, en la plaza de la Campana, pasando por la calle Sierpes, la Plaza de San Francisco y la avenida de la Constitución, todo ello para terminar en la catedral.

Al inicio del recorrido, en la Campana, podremos ver el palco con el Consejo de Cofradías. Este es el lugar en el que las hermandades deberán solicitar la venia para realizar el recorrido.

Son muchas las procesiones que podremos ver durante estos días. Así, será necesario seleccionar aquellas que más nos interesen. No será problema, puesto que la oficina de turismo suele habilitar planos y horarios para que tanto turistas como sevillanos puedan seguir de cerca las escogidas.

Lo mejor durante estos días es evitar aglomeraciones, evitar circular a contracorriente, utilizar calzado cómodo e ir provisto de una botellita de agua y algo de comida para recuperar fuerzas.

También es importante saber que el día más importante es la madrugada del Viernes Santo, momento en el que podremos ver procesiones como El Silencio, El Gran Poder, La Macarena, Trianera, El Calvario y el famoso Cristo de los Gitanos. Estas hermandades cuentan con una larga historia y han conseguido que esta jornada sea una de las más esperadas de la Semana Santa Sevillana.

 

En días tórridos de agosto cuando el mercurio alcanza los 45ºC o en jornadas que amanecen bajo un cielo plomizo, la antigua Hispalis irradia luz, color y alegría. Además esta ciudad histórica, universal y dispuesta a cautivar, ha sabido conservar sus fiestas y tradiciones como ninguna otra.

Sevilla es única, diferente, una ciudad de contrastes que no deja indiferente. Conquista con sus aromas a azahar, con el revuelo de sus calles o el encanto de sus parques y plazas. Lo sagrado y lo profano, lo antiguo y lo moderno se mezclan con la alegría de vivir y la sabiduría de quien sabe disfrutar del momento.

El barrio de Santa Cruz con sus magníficos catedral y alcázar; la Macarena, que mueve (y conmueve) a miles de devotos durante todo el año; o la Maestranza en el barrio del Arenal, uno de los cosos taurinos más relevantes de la península, son algunas de sus principales señas de identidad. Referencias que nos hablan de historias de amor, gestas de caballeros, leyendas de reyes, poesías y canciones.

Desde Ocholeguas.com le brindamos la oportunidad de realizar un viaje único a través de la pantalla de su ordenador, tableta o móvil por esta ciudad tan emblemática. Pinchando en la imagen principal podrá comprobar cómo se despliega ante sus ojos una panorámica interactiva de 360 grados.

Con la única ayuda del ratón, podrá meterse en la imagen, deambular a sus anchas, elegir qué quiere ver, a dónde quiere ir, si dirigir la mirada a la derecha, a la izquierda, hacia arriba…

Y desde esta panorámica principal podrá navegar por otros nueve pintorescos enclaves de Sevilla, pinchando en las miniaturas situadas en la parte inferior de su pantalla.

 

 

Qué visitar en Sevilla

Si nos preguntamos qué visitar en Sevilla la respuesta será muy ámplia, pues muchos son los lugares de interés de la capital andaluza. Pero hemos de tener en cuenta que Sevilla es la ciudad perfecta para caminar con calma, al ritmo de sus habitantes y sus costumbres. El clima soleado y la gran cantidad de recorridos peatonales que acompañan las estancias de los viajeros invitan a descubrir los rincones con más encanto siguiendo el instinto y el ritmo personal.

La Catedral de Sevilla

La Catedral de Sevilla es famosa en el mundo entero por ser la catedral gótica más grande del mundo, y que además ocupa el tercer puesto en el ranking de templos cristianos, después de la Basílica de San Pedro del Vaticano y la Iglesia de San Pablo de Londres. Es Patrimonio de la Humanidad desde 1.987 y uno de los 12 tesoros de España.

La Giralda de Sevilla

La Giralda, además de emblema de Sevilla, es en realidad la torre campanario de la Catedral de la ciudad hispalense. Desde lo alto de sus 76 metros se pueden contemplar unas magníficas vistas; eso sí, para ello hay que subir hasta 34 rampas inclinadas y unas escaleras finales que cuestan un poco de esfuerzo.

Los Reales Alcazares de Sevilla

Los Reales Alcázares de Sevillaes una de las visitas que más impresiona al turista que viaja a la capital hispalense, tanto por su belleza como su magnitud. Se trata de un enorme castillo con edificios palaciegos milenarios de diferentes épocas y estilos arquitectónicos, desde el islámico hasta el neoclásico, que albergó numerosos monarcas. Hoy en día es la residencia del Rey de España y dirigentes destacados cuando visitan Sevilla.

Museo de Bellas Artes de Sevilla

El Museo de Bellas Artes de Sevilla no sólo es el Museo más importantes de la ciudad, sino la segunda pinacoteca más importante de España, después del Museo del Prado de Madrid. La razón de este posicionamiento es la riqueza de su colección de pintores de autores españoles. Lo más significativo del museo es su colección de pintura sevillana del siglo XVII, con obras de los tan conocidos Murillo, Velázquez o Zurbarán.

Parque de Maria Luisa

El parque de María Luisa es el conjunto de jardines por excelencia de Sevilla, además del parque público más antiguo de la ciudad y al que acuden los sevillanos bien sea a hacer deporte, descansar, o disfrutar de los numerosos conciertos o actuaciones que se celebran a lo largo de todo el año, especialmente en verano.

 

Sevilla es un destino obligado en Andalucía por su valioso patrimonio cultural y arquitectónico. Su herencia musulmana, fruto del legado que dejaron lo moros luego de 8 siglos de conquista, está impregnada en cada uno de sus monumentos y edificios más importantes.

De los monumentos más representativos podemos destacar: la Catedral -es la tercera más grande del mundo-; la Giralda –un mítico mirador de la antigua mezquita desde cuya cima es posible apreciar una increíble panorámica de la ciudad-; los Reales Alcázares; etc.

El Palacio Arzobispal, conocido también como La Lonja, fue diseñado en estilo renacentista. El mismo alberga objetos y documentación que data de la época del descubrimiento de América. Otros lugares muy interesantes para visitar son: la Torre de Oro, y la Plaza de toros de la Real Maestranza.

La gastronomía regional es otro atractivo muy importante de su cultura. Se destacan las carnes de caza, los derivados del cerdo y los pescados y mariscos. El “tapeo” es una tradición ampliamente extendida en Andalucía y esto se vislumbra en la amplia oferta de bares, tabernas y “tascas” de la ciudad.

Hay una gran diversidad de hoteles en Sevilla a buen precio online, lo cual hace que los turistas puedan disfrutar de unas magníficas vacaciones por precios asequibles.

 

 

Sevilla es una ciudad andaluza que despierta emoción en todos los amantes del turismo cultural en España. Por su excelente ubicación, lindando con Huelva, Málaga, Cádiz, Córdoba y Badajoz, es ideal para quienes desean extender su itinerario y conocer otras ciudades llenas de encanto.

Sevilla está considerada como una ciudad muy alegre, de arraigadas tradiciones, con una pasión muy especial que se destella en sus fiestas típicas, como la Feria de Abril o Semana Santa. Los viajeros podrán visitar numerosos monumentos históricos, sentir a flor de piel el arte y la hospitalidad de su gente.

Se destacan muy especialmente los tablaos flamencos, pero también es posible visitar una gran diversidad de museos, teatros, centros comerciales y muchos lugares de interés.

Hay monumentos muy importantes, como por ejemplo La Giralda o la Torre del Oro, que son dos de los emblemas de esta ciudad.

Quienes desean disfrutar del ocio, tienen a su disposición preciosos parques y jardines, como el Parque de María Luisa o lugares como el mítico Puente de Triana, por el que se puede pasear y deleitarse con las más increíbles vistas del río Guadalquivir.

En cualquier momento del año puedes encontrar hoteles en Sevilla a buen precio online. La ciudad se recrea constantemente y nos sorprende con propuestas que no tienen desperdicios.

 

Fin de semana en Sevilla (o tres días cualesquiera) tenemos que tener claro qué ver y hacer para no perdernos nada.

La Catedral y La Giralda

Desde PlanesParaHoy os vamos a proponer, con la ayuda de nuestra lectora Mª Antonía (una enamorada de esta ciudad andaluza), una guía de fin de semana en Sevilla para sacarle el máximo partido a nuestro viaje. Lógicamente no estarán todos los lugares de la ciudad ya que solo tendremos 3 días, pero intentaremos abarcar lo más importante. En esta guía no pondremos horas ya que cada uno la hará a su ritmo y los días que proponemos pueden ser intercambiados a gusto de cada turista.

Fin de semana en Sevilla: Viernes

Comenzaremos nuestras andanzas sevillanas por el Parque María Luisa para pasear por este y ver la Plaza de España que en él se encuentra. Desde allí nos iremos caminando hasta “la antigua fábrica de tabaco“, actual sede de la Universidad de Sevilla y llegar hasta la Puerta de Jerez. Desde aquí iremos, también andando, a ver por fuera la Catedral de Sevilla y su Giralda insignia de la ciudad, el archivo de Indias y el Real Alcázar, todos monumentos emblemáticos de Sevilla y cerca unos de otros y, todos, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Desde aquí iremos a la Plaza Nueva a ver el bonito Ayuntamiento de la ciudad.

El Real Alcazar y sus jardines

Si lo deseamos (y queremos gastarnos entorno a unos 40€) podemos hacer el recorrido arriba descrito en una típica visita guiada por Sevilla en coche de caballos, en la que, además de ahorrar tiempo, el chófer nos irá explicando la historia de cada lugar y monumento y también pasaremos por La Torre del Oro y La Real Plaza de Toros de la Maestranza.

El Real Alcazar y sus jardines

Después de esto iremos paseando por la emblemática calle Sierpes hacia la Plaza de la Encarnación para ver “La Seta“. Como ya iremos teniendo hambre, desde aquí tomaremos un autobús rumbo al conocido barrio de Triana donde podremos encontrar numerosos bares baratos (no por ello malos) para cenar tapeando como “las columnas” o “la oliva” en la calle de San Jacinto. Si lo deseamos podemos quedarnos por este barrio ya que, a partir de media noche, podremos disfrutar de locales de flamenco como “la madrugá” o “la Anselma” donde suelen tener lugar actuaciones. De noche, y para ver actuaciones, también podemos asistir a la calle Pureza nº 1 o a la calle Betis 32.

Fin de semana en Sevilla: Sábado

Lo mejor es que el sábado nos levantemos temprano (no os quedéis hasta tarde viendo flamenco) para acudir a ver el interior de la Catedral con su Giralda y del Real Alcázar de Sevilla. Estos monumentos son los más visitados de la ciudad con lo cual es recomendable ir a primera hora para no esperar demasiadas colas. Esto nos llevará toda la mañana.

Para comer podemos ir al Barrio de Santa Cruz y sentarnos en alguno de los bares de Santa María La Blanca.

Por la tarde iremos (en autobús) hasta la Basílica de La Macarena donde, además de verla daremos un paseo por las calles colindantes hasta llegar a la Alameda de Hércules. Existen numerosos bares donde poder tomar una tapa y cenar aquí.

Por la noche podemos dirigirnos a “La Carbonería” situada en la C/ LEVÍES, 18. En este local podremos tomarnos una copa mientras disfrutamos de flamenco en directo además de visitar uno de los locales con más historia de la ciudad.

Fin de Semana en Sevilla: Domingo

Si decidimos no tomar el paseo en carro de caballos por Sevilla el domingo por la mañana es un buen momento para visitar La Torre del Oro y ver la Real Plaza de Toros de la Maestranza, además de entrar en sus museos si están abiertos.

Real Plaza de Toros de la Maestranza

Si tenemos tiempo y el clima acompaña, en un fin de semana en Sevilla no puede faltar un paseo en barco por el Guadalquivir. Si os decidís no olvidéis la cámara de fotos.

 

La bella Plaza de España

La ciudad de Sevilla es una de las más importantes, visitadas y coloridas de toda España y es siempre un excelente lugar para hacer una escapada corta en casi cualquier época del año ( hay que olvidar los meses de verano, son demasiado calurosos). Por otro lado, en una ciudad con tanta historia a sus espaldas como Sevilla, es normal que haya mucho que ver y visitar y que siempre la encontremos llena de grupos de turistas buscando el espíritu y la autenticidad de Andalucía. Hace poco hemos vuelto a estar en Sevilla con motivo de nuestro paso el Novotel Marqués de Nervión y nos ha cautivado una vez más. Como nos gusta resumir y ser prácticos, os vamos a dejar 25 razones para ir a Sevilla y disfrutarla como se merece ( hay muchas más, evidentemente, pero este artículo sería demasiado largo…). Espero que mis recomendaciones os sean de utilidad.

1. Catedral y Giralda: la Catedral de Sevilla, del siglo XV, es Patrimonio de la Humanidad y está construida sobre los restos de la antigua mezquita, de ahí que parte de la Giralda, la gran torre que la domina, fuera el minarete desde donde se llamaba a la oración en época almohade. Es uno de los templos cristianos más grandes de España y dentro podemos encontrar desde obras de arte de Murillo o Zurbarán hasta la tumba de Cristobal Colón ( una de ellas, porque varias ciudades se disputan este honor). Imprescindible su visita. http://www.catedraldesevilla.es/ precio: 8 euros. Reducida: 3 euros.

Catedral de Sevilla

2. Torre del Oro: Esta torre junto al río, emblema de la ciudad, parece que toma su nombre por el brillo dorado que sus azulejos reflejaban en el río Guadalquivir. Fue construida como parte del sistema defensivo de la ciudad y más tarde también ha sido utilizada como capilla y como prisión. Actualmente alberga el Museo Naval de Sevilla. Precio: 3 euros

3. Rio Gualdalquivir: Desde la época fenicia, al que bautizaron como rio Betis, pasando por romanos ( el río era navegable hasta córdoba) y musulmanes hasta llegar a nuestros días, este río ha sido y es una parte imprescindible e inseparable de la ciudad de Sevilla. Hoy día se puede dar un paseo en barco, tomar en sol en su ribera, hacer piragüismo o darse una caminata disfrutando del ambiente que hay alrededor. Parte de la belleza de Sevilla es gracias al Guadalquivir y hace a esta ciudad mucho más especial.

4. Casa Paco: comer en Sevilla es una auténtica maravilla y el complemento ideal a una visita perfecta. En el barrio de Nervión tenéis uno de los bares de tapas más auténticos y de más calidad de Sevilla. Yo hacía tiempo que no disfrutaba tanto comiendo. Aquí tenéis mi reseña sobre este sencillo pero impresionante bar de tapas, una joya oculta de esta ciudad andaluza. Es un local pequeño pero su cocina tiene muchos kilates.

Pulpo a la brasa en salsa de boletus. Casa Paco.

La Giralda

5. Barrio de Triana. Si hay un barrio popular y con solera en Sevilla ese es Triana. Al otro lado del Guadalquivir, se hace imprescindible cruzar el Puente de Triana y respirar el ambiente de sus calles y el arte de sus vecinos. Son dignas de ver, entre otros, la Plaza del Altozano, el callejón de la inquisición, el Mercado de Triana, la Iglesia de Nuestra Señora de la O y la calle Betis.

6. El costurero de la Reina: Este pequeño edificio con forma de castillo ubicado junto al parque de Maria Luisa es el primer edificio neomudejar de la ciudad y fue residencia del Duque de Montpensier, aunque es más famoso por su propia leyenda, que cuenta que la esposa del Rey Alfonso XII pasaba gran parte del día aquí cosiendo debido a su delicado estado de salud. Hoy día es oficina de información turística y uno de los edificios más queridos en la ciudad.

7. Convento de Santa Clara: El patrimonio sevillano es tan rico, que a veces, hay visitas que pasan desapercibidas para el visitante, como este interesantísimo convento que ofrece la oportunidad de descubrir una iglesia del siglo XVII, con su claustro mayor renacentista y todas las salas que conformaban este peculiar recinto religioso. Una visita diferente que seguro os encantará. Entrada gratuita.

8. Parque de Maria Luisa: el parque más famoso y pulmón verde la ciudad bien merece una visita pausada. Plazas como la de España o de América, elegantes paseos, museos, fuentes o jardines perfectamente cuidados son ideales para ver como los sevillanos disfrutan de este preciosa zona verde.

9. Plaza de toros de la Maestranza y Museo Taurino: Si te gusta la fiesta nacional o sientes curiosidad, no debes perderte una de las plazas más importantes y con más solera de España. Además es de los monumentos más visitados de la ciudad. Precio: 6,50 euros

La sevilla card es válida para 24 horas, 48, 72 y 120 horas, incluye transportes públicos y permite entrada a museos y diversas atracciones.

10. Isla de la Cartuja: Esta pequeña isla entre el rio Guadalquivir sufrió un cambio radical con motivo de la Exposición Universal de 1992 y actualmente hay en ella distintos complejos pero lo más llamativo es una excelente visita para niños y adolescentes, el Parque temático Isla Mágica, ambientado en el descubrimiento de América. Una visita ideal para toda la familia. Precio: 29 euros adultos y 21 euros niños mayores de 4 años. http://www.islamagica.es/

vista aérea de la Maestranza de Sevilla. www.ociogo.com

11. Plaza de España: ubicado en el Parque de Maria Luisa, este impresionante conjunto arquitectónico construido para la exposición iberoamericana de 1929 es uno de los lugares más emblemáticos de Sevilla y el lugar ideal para relajarse y admirar los bancos que representan a cada ciudad española. Sus cuatro puentes sobre el canal representan los antiguos 4 reinos de España y hay posibilidad de alquilar pequeñas barcas para dar un tranquilo paseo por los canales.

12. Barrio de Santa Cruz: el de Santa Cruz, ubicado en el corazón de la ciudad, es uno de los barrios más populares y con más encanto de la ciudad, repleto de callejuelas, bonitas plazas, bares donde tapear, patios repletos de flores y muchas muchas leyendas. La antigua judería sevillana en un barrio que no hay que perderse y que concentra todo el sabor de una ciudad. No os perdáis la Plaza de los verenables, donde se inica el drama de Don Juan Tenorio, el Callejón del Agua o la Plaza de doña Elvira, antiguo corral de comedias.

13. Rutas en familia: Si vas con la familia a Sevilla hay algunas actividades que os vendrán de perlas como son estas rutas pensadas para los más pequeños donde pondrán a prueba su ingenio además de aprender sobre la ciudad de una forma divertida y haciendo partícipes a los niños de la experiencia. Hay cuatro rutas para recorrer la ciudad de una manera cultural y lúdica que seguro les encantará. Aquí tenéis toda la información de esta completa guia para viajar a Sevilla con la familia. http://www.visitasevilla.es/es/que-hacer/en-familia

Barcas en la Plaza de España

Calle del barrio de Santa Cruz. foto de José Mazcona.

14. Bodeguita Romero: Sevilla es sinónimo de buen comer y una parada obligatoria en esta ciudad es este famoso y muy visitado local. Además me lo recomendó alguien que sabe mucho del tapeo de esta ciudad, Shawn Hennessey de Sevilla Tapas, así que lo tuvimos muy claro. Tenéis que probar su “montadito de pringá”, entre otras excelentes viandas.

15. Casa de Pilatos: Un palacio de estilos mudéjar y renacentista considerado como el mejor edificio nobiliario andaluz y donde actualmente viven los duques de Medinacelli. Un magnífico lugar para admirar la arquitectura andaluza. Precio: 8 euros

16. Archivo de Indias: Este archivo, también nombrado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, fue creado por el Rey Carlos III en 1785 para archivar toda la documentación referente a las colonias españolas. Conserva cientos de mapas, dibujos y documentos de varias épocas. Si os gusta la historia y los vestigios escritos este es vuestro sitio ya que es el centro de investigación absoluto sobre la historia de América. Entrada gratuita.

Montadito de pringá de Bodeguita Romero.

Casa de pilatos

Sevilla huele a azahar, a jazmín y a rosas. Olores que embriagan y hechizan al visitante. Sevilla huele a vida.

17. Palacio de la Condesa de Lebrija: en una de las calles más transitadas de la ciudad, la calle cuna, se encuentra un fascinante Palacio del siglo XVI que guarda una impresionante colección de mosaicos romanos. Dicen de él que es la casa- Palacio mejor pavimentada de Europa pero además está repleto de restos romanos, árabes e importantes obras pictóricas de importantes pintores como Van Dyck o Murillo. Precio: 5 euros planta baja. 8 euros palacio completo. http://www.palaciodelebrija.com/

18. Flamenco. Tablao El Arenal. Si quieres conocer el arte flamenco, la manifestación artistítica más popular de Andalucía y presenciar en directo de un espectáculo genuino, este es tu lugar. Habrá mucho visitante, si, pero disfrutaréis en directo de uno de los mejores espectáculos flamencos del mundo. http://www.tablaoelarenal.com/ Y si os quedáis con ganas, visitad el Museo del Baile Flamenco para conocer algo más sobre esta expresión artística que es parte de la cultura andaluza. Precio: 10 euros.

19. Museo de Bellas Artes: Sevilla ha sido cuna de grandes artistas como Bécquer, Velázquez, Murillo o Machado y es normal que haya grandes museos dignos de visitar. Uno de los más interesantes es este de bellas artes, repleto de importantes obras del barroco sevillano con obras de importantes artistas como Murillo o Zurbarán.

Tablao El Arenal. Imagen de tablaoelarenal.com

Tumba de colón

20. Plaza del Salvador. Las plazas de Sevilla son lugares donde la gente se reúne y disfruta del buen tiempo y esta del Salvador, ubicada en pleno casco histórico, es un espacio abierto que está lleno de vida. La iglesia del mismo nombre es la más grande de la ciudad, después de la catedral.

21. Reales Alcázares: Es imprescindible la visita al palacio real en uso más antiguo de Europa. En realidad consta de varios palacios y jardines rodeados de una muralla. Se construyó en la Edad Media y ha sido lugar de alojamiento de Reyes y mandatarios extranjeros que han visitado la ciudad. No hay que perderse el patio de las doncellas o el Palacio Mudéjar. Precio: 8,75 euros. Gratis menores de 16 años.

Reales Alcázares. Imagen en Flickr de Manuel Barragán

22. Compras: Si te gusta comprar, en Sevilla no te aburrirás ya que hay tres grandes zonas de compras ( Casco antiguo, Nervión y Triana) y muchos productos donde elegir: moda, productos artesanales, regalos, antigüedades, joyas, artículos de alimentación… Fundamentales las calles Sierpes y Feria en casco antiguo y las avenidas Eduardo Dato y Luis de Morales en Nervión.

23. Plaza Nueva: Viene a ser como la plaza mayor de algunas ciudades españolas y por tanto, es una de las plazas más céntricas y transitadas de Sevilla. Dominada por la estatua del rey Fernando III, su edificio más importante es el Ayuntamiento de Sevilla. Las calles de alrededor están llenas da ambiente y de buenísimos sitios para comer.

Planta baja del Palacio de Lebrija. Foto de Joaquin Camacho.

24. El Metropol Parasol. Se lo conoce popularmente como las Setas de Sevilla y es una ultramoderna estructura que alberga en su interior el museo arqueológico o Antiquarium, con importantes restos romanos y árabes. Si puedes, sube al mirador ( 1,35 euros ) para disfrutar de las mejores vistas de Sevilla. La plaza de la Encarnación, donde se ubica, es otra de las plazas más auténticas de Sevilla.

25. Fiestas de Sevilla. Sevilla es famosa también por sus tradiciones, enraizadas en el pueblo desde hace cientos de años. La Feria de Sevilla y la Semana Santa sevillana son dos de las fiestas que los ciudadanos y los visitantes deben marcar en el calendario. Por tradición y ambiente, son las fiestas de la ciudad y hay que intentar disfrutarlas para entender mejor a los sevillanos.

Las setas de Sevilla. Imagen de http://consejosdeunasevillana.wordpress.com/

Sé que hay mucho más que ver y hacer en Sevilla así que perdónenme los sevillanos y conocedores de esta encantadora ciudad. En un lugar tan repleto de tradiciones, historia y vestigios de antiguas civilizaciones se hace difícil resumir. Podéis aportar vuestras recomendaciones en los comentarios de este artículo, para así enriquecerlo y darle mayor utilidad si cabe. De cualquier manera, os recomiendo que visitéis la pagina oficial de Turismo de Sevilla, http://www.visitasevilla.es/ , donde encontrareis la mejor información de la ciudad, con noticas y eventos que tienen lugar en esta vibrante ciudad andaluza.

Sevilla alberga algunas de las mayores atracciones turísticas de España (la Torre del Oro, la Catedral, la Giralda…), pero desde hace unos años está comenzando a ser conocida también por el florecimiento de la cultura de la bicicleta que ha experimentado la capital andaluza.

La importancia que los políticos han dado a este medio de transporte urbano, así como la gran aceptación que ha tenido entre los ciudadanos sevillanos, han hecho posible que Sevilla alcance el cuarto lugar en el ranking anual de la revista especializada en bicicletas Copenhagenize.eu.

Esta publicación, centrada en diseños, infraestructuras y promoción de la bicicleta, otorga a Sevilla la cuarta posición en la clasificación de ciudades amigas de la bicicleta de 2013. En el número uno está Ámsterdam.

Actualmente, el transporte urbano en bicicleta en la capital de Andalucía representa el siete por ciento de los desplazamientos, un aumento considerable respecto al año 2006, cuando era sólo del 0,5%. Este porcentaje, claramente al alza, también ha sido valorado positivamente por la revista.

De todas las ciudades de Andalucía, e incluso de toda España, Sevilla es una de las que más importancia le da a la Semana Santa y a la vista está la gran cantidad de cofradías que desde el Domingo de Ramos y hasta el Domingo de Resurrección hacen su recorrido por las calles de la ciudad.

No es por no darles la debida importancia a otras ciudades como son Granada, Jaén, Málaga,… pero quizás Sevilla es la más conocida a nivel internacional, aunque no por ello mejor que la Semana Santa en otras ciudades.

En esencia, la Semana Santa en Sevilla, y en cualquier ciudad andaluza, es la escenificación de la vida y hechos de Jesucristo como son: la llegada a Belén, la última Cena, Jesús en el Huerto de los Olivos, la Crucifixión,…

Muchos de los pasos de Semana Santa están llevados por devotos de la cofradía, unos a hombros, otros a peso (se meten debajo y aguantan el peso entre sus espaldas (en realidad en su cuello, de ahí el nombre “a costal”). Sin embargo, hay algunos otros (en Sevilla y otras ciudades) que van a ruedas, lo que no quita importancia al trabajo que realizan.

El día más importante de la Semana Santa en Sevilla es la llamada “Madrugá”, que va de la noche del jueves a la mañana (mediodía) del viernes. Es en ese día (o mejor dicho noche) cuando las cofradías más importantes de Sevilla hacen su procesión (la Macarena, la Esperanza…).

Estas cofradías, y muchas otras podrán salir a partir del Domingo que viene, día 16 de marzo. Lo que hay que esperar es que el tiempo no sea muy malo y acompañe ya que, en caso contrario, muchas de las cofradías no saldrán debido a que las figuras que portan se deteriorarían en exceso si se vieran sometidas a la lluvia.

El barrio de Santa Cruz, tiene origen en la judería sevillana, en tiempos de Fernando III , que concentró en Sevilla la segunda comunidad judía más importante de España, tras la de Toledo, y tuvo este barrio un decaimiento total cuando fueron expulsados los judíos en 1483 de este barrio, hasta en el siglo XIX decidieron la reurbanización del barrio.

El nombre de este barrio se debe gracias a que en este lugar estaba ubicada la parroquia de Santa Cruz, derribada durante el gobierno de ocupación francés, y en su lugar se puso la Plaza de Santa Cruz.

El barrio de Santa Cruz es un laberinto formad por callejones y calles muy estrechas, algunas en las que incluso puedes tocar estirando los brazos las paredes enfrentadas de una misma calle. Fue construida así para librarse del abrasador sol del verano que suele haber en Sevilla, creando así corrientes de aire fresco, que terminan en pequeñas placitas llenas de tascas y terrazas donde disfrutar de este maravilloso ambiente.

Se cree que en una de estas plazas, pudo haber nacido Don Juan Tenorio, tal vez en la plaza de Santa Cruz en la que se encuentra en su centro una cruz de cerrajería del siglo XVII, podemos también encontrar la Plaza de las Cruces, con tres columnas que terminan en cruces, la Plaza de Doña Elvira, con bonitos naranjos y azulejos, y que anteriormente se utilizaba como Corral de Comedias, y donde se rumorea que nació el amor imposible de Don Juan Tenorio y Doña Inés de Ulloa, o al menos eso es lo que dice uno de sus azulejos.

Fue hospedaje de Washington Irving, muy cerca de los Reales Alcázares, hospedaje actual de la monarquía Española.

Saliendo de los callejones nos encontramos con los jardines de Murillo, de un encanto especial, y un lugar excepcional para descansar un rato, también se puede salir de este barrio, por el patio de Banderas, rodeado de naranjos y desde donde tendrás unas vistas privilegiadas de la catedral y la giralda de Sevilla.

LOS ‘ABBÂDÍES, REYES DE SEVILLA

‘Abbâdíes (Banû ‘Abbâd, en árabe) es el nombre de una dinastía que reinó durante la mayor parte del siglo XI en la parte sudoeste de al-Ándalus, con Sevilla como capital. Sevilla, que comenzó siendo uno más de los pequeños reinos en que se dividió al-Ándalus con la desintegración del califato omeya de Córdoba, pasó a convertirse en el centro de un intento, consciente o inconsciente, de reunificación.

El desmembramiento del califato cordobés y la fragmentación política del país en beneficio de los reyes de taifas (mulûk at-tawâif) -época de aventureros y de indudable esplendor cultural a pesar de las divisiones-, fueron aprovechados por el cadi (juez) de Sevilla Abû l-Qâsim Muhammad ibn ‘Abbâd para proclamarse en 1023 como máxima autoridad en la ciudad. Era hijo de un ilustre jurista andaluz, Ismâ‘îl ibn ‘Abbâd. Cuando se arrogó el poder, comenzó por reconocer la soberanía del rey hammûdi Yahyâ ibn ‘Ali de Málaga, pero pronto desechó esta marca de sujeción, que de todas maneras era meramente nominal. Hay poca información sobre su reino, que estuvo consagrado sobre todo a dirimir diferencias con la dinastía de los ÿahwaríes de Córdoba y otros pequeños señores del sur de Andalucía. Murió el año 1042.

Su hijo, Abû ‘Amr ‘Abbâd ibn Muhammad, fue, en el curso de su reinado de casi treinta años (1042-1069), quien agrandó considerablemente el territorio del principado de Sevilla, convirtiéndose en el campeón de la causa andaluza contra la influencia de los bereberes cuyo número había aumentado considerablemente en la época de al-Mansûr (Almanzor) y sus descendientes, quienes se habían apoyado en los africanos para sus campañas contra los cristianos y para mantenerse en el poder en Córdoba antes de la disolución del califato.

Cuando sucedió a su padre, el nuevo rey de Sevilla, que contaba entonces veintiséis años, tomó el título honorífico (láqab) de al-Mu‘tadid billâh, bajo el que es más conocido. Dotado de auténticas cualidades políticas, al-Mu‘tadid se propuso reunificar al-Ándalus. Desde su advenimiento, al-Mu‘tadid continuó la lucha empezada por su padre contra la pequeña dinastía bereber de Carmona. Al mismo tiempo, se preocupó por extender su reino hacia el oeste, entre Sevilla y el océano Atlántico: con este objetivo desafió y atacó a los señores de Mértola y Niebla. Ante los éxitos del rey de Sevilla, los otros mulûk at-tawâif formaron contra él una especie de liga enla que entraron los príncipes de Badajoz, Algeciras, Granada y Málaga. Se inició así una guerra entre la dinastía ‘abbâdí de Sevilla y la dinastía aftasí de Badajoz, que duró varios años a pesar de los intentos de mediación del príncipe ÿahwarí de Córdoba. Manteniendo su hostigamiento sobre las fronteras de Badajoz, al-Mu‘tadid desafió al señor de Huelva, de Saltes, de Silves y de Santa María del Algarbe, y acabó anexionándose sus principados.

Para justificar sus agresiones, al-Mu‘tadid afirmó estar defendiendo la causa del califa omeya Hishâm II, al que pretendía haber encontrado tras su oscura desaparición años antes. Pretendía restituir a ese seudo-Hishâm el califato cordobés, reunificado y pacificado. Para no atraerse la ira del rey sevillano, la mayor parte los jefes bereberes establecidos en las montañas del sur de Andalucía consintieron esa puesta en escena de un pretendido omeya y prestaron homenaje tanto al rey ‘abbâdí como al emir sacado a la luz por las necesidades de la causa de al-Mu‘tadid, pero al mismo tiempo cuidadosamente secuestrado por él. Pero la aceptación formal del príncipe omeya no bastaba a al-Mu‘tadid, que reunió en su palacio de Sevilla a los jefes bereberes y los hizo morir asfixiados en las termas cuyas oberturas hizo tapar. Así fue como se apropió de Arcos, Morón y Ronda.

Eso fue bastante para desatar el furor del más poderoso príncipe bereber de al-Ándalus, el zirí Bâdis ibn Habûs, rey de Granada, y que parecía el único capaz de hacer frente a al-Mu‘tadid. Abierta la guerra, la fortuna continuó favoreciendo al sevillano, que conquistó Algeciras a los hammûdíes de Málaga. Intentó apropiarse Córdoba y envió con ese objetivo una expedición confiada a su hijo Ismâ‘îl: éste quiso aprovecharse de la circunstancia para rebelarse y crear en su provecho un reino del que Algeciras sería la capital. Ese proyecto temerario le costó la vida. Y ese fue el comienzo de la carrera política de otro de los hijos de al-Mu‘tadid, Muhammad al-Mu‘tamid, que lo sucedería a su muerte: bajo las órdenes de su padre fue a prestar ayuda a los malagueños contra el rey de Granada, pero Bâdis derrotó al ejército sevillano y al-Mu‘tamid tuvo que refugiarse en Ronda desde la que solicitó y obtuvo el perdón de su padre. Hacía ya tiempo, el rey de Sevilla había repudiado la fábula del seudo-Hishâm, de la que ya no tenía necesidad: él era el rey más poderoso e incontestable de Andalucía. No tenía más enemigos que los reyezuelos que impedían la reunificación de al-Ándalus, que. si bien eran musulmanes como él, estaban tan alejados de su ideal como los cristianos del norte de la Península.

Cuando el poderoso soberano de Sevilla murió el año 1069, su hijo Muhammad ibn ‘Abbâd, más conocido bajo el láqab honorífico de al-Mu‘tamid billâh tomó posesión de un reino considerablemente engrandecido y que englobaba la mayor parte del sudoeste de la Península ibérica.

En el segundo año de su reino, al-Mu‘tamid pudo anexionar a su reino el principado de Córdoba sobre la que habían reinado los ÿahwaríes. Ello supuso un agravio para el rey de Toledo, al-Ma’mûn. Un joven príncipe, hijo de al-Mu‘tamid, fue nombrado gobernador de la antigua capital de los omeyas. Pero, a instigación del rey de Toledo, un aventurero, de nombre Ibn ‘Ukkâsha, pudo, en el 1075, apoderarse por sorpresa de Córdoba, donde dio muerte al príncipe ‘abbâdí y a su general Muhammad ibn Martîn. Al-Ma’mûn tomó posesión de la ciudad, en la que murió seis meses después. A la vez herido en su amor de padre y en su orgullo de soberano, durante tres años al-Mu‘tamid desplegó vanos esfuerzos por recuperar Córdoba. Lo logró en 1078, dando muerte a Ibn ‘Ukkâsha y consiguió que toda la parte del reino de Toledo situada entre el Guadalquivir y el Guadiana pasara a formar parte del reino de Sevilla. Pero hizo falta toda la habilidad de su visir Ibn ‘Ammâr (el Abenamar de las crónicas cristianas) para que una expedición de Alfonso VI de Castilla contra Sevilla acabase pacíficamente mediante la aceptación del pago de un doble tributo.

Los príncipes cristianos supieron sacar provecho de las luchas sangrantes que dividían a los musulmanes en tâifas -pequeños reinos independientes en continua pugna-, y la ofensiva contra Andalucía avanzó tras el retroceso que le había impuesto el califato omeya y la dictadura de al-Mansûr y sus descendientes (los ‘âmiríes). A mediados del siglo XI, muchas de las pequeñas dinastías que reinaban en al-Ándalus -enfrascadas en rivalidades- se vieron obligadas a a buscar, mediante el pago de pesados tributos, la neutralidad temporal de sus vecinos cristianos, que, paradójicamente, eran la verdadera amenaza para su supervivencia. Los cristianos supieron aprovechar la debilidad política de los musulmanes y sacarle beneficio económico a la vez que progresaban hacia el sur. Poco tiempo antes de la sonada conquista de Toledo por Alfonso VI, en el 1085, al-Mu‘tamid comenzó a debatirse en las peores dificultades. Bajo los consejos imprudentes de su visir Ibn ‘Ammâr, al-Mu‘tamid intentó anexionar a su reino, después de Córdoba, también Murcia donde reinaba Muhammad ibn Ahmad ibn Tâhir. En 1078, Ibn ‘Ammâr se presentó ante el conde de Barcelona -Ramón Berenguer II- y le pidió su ayuda para conquistar Murcia mediante el pago de diez mil dinares; a la espera del pago de esta suma, un hijo de al-Mu‘tamid, ar-Rashîd, serviría de rehén. Después de movidas peripecias que acabaron con el pago de una suma tres veces más importante, Ibn ‘Ammâr retomó su proyecto de conquista de Murcia y lo consiguió pronto gracias a la ayuda del señor del castillo de Bilÿ (la actual Vilches), Ibn Rashîq. Pero una vez en Murcia, Ibn ‘Ammâr, de personalidad excéntrica, no tardó en hacerse intolerable para el rey de Sevilla. Tuvo que huir de Murcia, y se refugió sucesivamente en León, Zaragoza y Lérida. De vuelta a Zaragoza, intentó ayudar al príncipe de la ciudad, al-Mûtamin ibn Hûd en su expedición contra Segura, pero finalmente fue hecho prisionero y entregado a al-Mu‘tamid, quien, a pesar de los lazos de amistad que durante mucho tiempo los habían unido, lo mató con sus propias manos.

Mientras tanto, Alfonso VI ya no ocultaba su intención de conquistar Toledo, que había comenzado a bloquear desde el año 1080. Por desacuerdos en torno al tributo que debía pagar anualmente al-Mu‘tamid, Alfonso VI hizo una incursión contra el reino de Sevilla, destruyó las florecientes aldeas del Aljarafe y avanzó, por el distrito de Sidona hasta Tarifa, donde se glorificó de haber alcanzado el límite de al-Andalus.

La conquista final de Toledo por Alfonso VI fue un duro golpe para el Islam en Andalucía, ya que habría las puertas para un avance efectivo de los cristianos hacia el sur de la península. El rey de Castilla no tardó en exigir a al-Mu‘tamid la devolución de las posesiones que habían formado parte del reino de Toledo: una parte de las provincias de la actual Ciudad Real y Cuenca. Simultáneamente, aumentaba su presión sobre los demás reinos musulmanes de al-Ándalus. En todas partes, el pueblo andalusí exigía a sus príncipes que demandaran la ayuda del sultán almorávide Yûsuf ibn Tâshfîn que, en una progresión irresistible, se había ido adueñando del Magreb reunificándolo y fortaleciéndolo. Se decidió enviarle una embajada compuesta por delegados de Sevilla, Badajoz, Córdoba y Granada. Yûsuf ibn Tâshfîn decidió ayudar a los andaluces y atravesó el Estrecho de Gibraltar. Inflingió a los ejércitos cristianos aliados contra él una gran derrota en octubre de 1086 en Zallâqa, no lejos de Badajoz. Requerido en África, Yûsuf volvió a su poderoso reino. Los príncipes andaluces, que seguían envueltos en sus querellas, no supieron sacar provecho a la victoria del almorávide. Su incapacidad aumentó su desprestigio.

Tras la partida de Yûsuf ibn Tâshfîn, las tropas cristianas comenzaron de nuevo a hostigar las fronteras de al-Ándalus, y los alfaquíes presionaron de nuevo para que se volviera a requerir el auxilio de los almorávides. Al-Mu‘tamid en persona se dirigió a Marrakech para pedir a Yûsuf que acudiera en ayuda de los musulmanes en Andalucía. El sultán almorávide cruzó por segunda vez el Estrecho en primavera del 1088 y comenzó el asedio de Aledo. Constató que la situación en Andalucía era irresoluble debido al egoísmo y avidez de sus príncipes. Estimulado por el sentimiento popular y los consejos de los alfaquíes, decidió reunificar al-Ándalus bajo su autoridad. En poco tiempo, consiguió decisivas y fáciles victorias en Tarifa, Córdoba, Carmona y Sevilla, que permitieron acabar con los reinos de taifas. Al-Mu‘tamid, hecho prisionero con sus mujeres e hijos, fue enviado primero a Tánger, después a Meknés y, por último, a Agmât, no lejos de Marrakech, donde llevó una existencia miserable durante varios años hasta que murió a la edad de cincuenta y cinco años, en el 1095. Con él acabó de la dinastía ‘abbâdí, que puede ser considerada, a pesar de las circunstancias de la época, como la más brillante del periodo de taifas y bajo la que las artes y las letras brillaron con un esplendor incluso superior a la de la Andalucía del siglo XI.

 

 

Si los andalusíes hubiesen compuesto cantares de gesta, su héroe indiscutible hubiese sido el rey al-Mu’tamid de Sevilla.

Vamos a bosquejar brevemente la vida de al-Mu’tamid, este enfoque se fundamenta en la convicción de que debemos decir: “además de poeta, fue rey”‘, y no viceversa. Por otra parte, no es de extrañar encontrar a un rey-poeta en el mundo islámico y mucho menos en al-Andalus, donde casi todos los soberanos versificaron. No obstante, la calidad literaria de las composiciones de al-Mu’tamid sobrepasa vertiginosamente la de otros, como se podrá comprobar.

De las numerosísimas anécdotas sobre la vida de al-Mu’tamid, rey-poeta de Sevilla, con las que se podría presentar al lector, se ha escogido la más conocida, por lo menos entre los estudiantes y aficionados a la literatura andalusí, porque da ejemplo perfecto de dos de sus cualidades más características como rey, como hombre y como poeta: la sensibilidad y la espontaneidad.

El príncipe Muhammad ibn ‘Abbad encontró en Silves a sus dos amores: a Ibn ‘Ammar y a Rumaykiyya. El encuentro con la mujer fue recreado por algún autor desconocido en una pequeña pieza literaria, que forma parte de la leyenda de al-Mu’tamid y que recordaremos aquí: el príncipe e Ibn ‘Ammar salieron un día disfrazados a pasear junto al rio -nunca se dice que fuese el Guadalquivir-, a un lugar llamado la pradera de plata. La brisa rizaba el agua y al-Mu’tamid improvisó un verso:

La brisa ha hecho del agua una cota de mallas.

Según la costumbre Ibn ‘Ammar debía continuar el poema, en el mismo metro y con idéntica rima, pero en aquel momento no le llegó la inspiración, pero una voz femenina recitó:

¡Qué loriga para el combate si se solidificase!

Sorprendido al-Mu’tamid se volvió hacia la mujer, que según una de las versiones estaba lavando en el río, y se encontró con un rostro bellísimo que le enamoró; le preguntó quién era y si estaba casada, y la muchacha contestó que era Rumaykiyya, que su oficio era ocuparse de las acémilas de su amo Rumayk ibn al-Haÿÿâÿ y que era soltera. Al-Mu’tamid se la llevó a su palacio y la desposó.

La historia es una creación literaria: los versos pertenecen a Ibn Wahbûn de Murcia y a Ibn Hamdîs de Siracusa, que los dijeron junto al Guadalquivir, pero el relato recrea un hecho histórico: el enamoramiento del príncipe ‘abbadí de una esclava llamada Rumaykiyya, a las orillad del río Silves, añorado en los versos de al-Mu’tamid, y en donde, tal vez, podamos identificar con Rumaykiyya, a la muchacha del brazalete curvado, cuyo recuerdo destacaba entre las demás.

Rumaykiyya se convertiría en la única esposa legítima del numeroso harén de al-Mu’tamid, con el título de as-Sayyida al-Kubrà, o gran señora y con el nombre de Umm Rabî’ I’timâd, de cuyas letras formaría al-Mu’tamid su propio nombre real.

El amor entre la pareja duró durante toda la vida de ambos. Al-Mu’tamid olvida su personalidad dominante y se vuelve sumiso ante el amor femenino, como perfecto enamorado cortés. El mismo se lo dice a I’timâd:

Me dominas, objetivo difícil de alcanzar:

has encontrado que mi amor, es fácil de llevar.

Y Rumaykiyya supo someter el corazón de su amante, mostrándose unas veces esquiva y otras veces entregada, en un juego que permitió que persistiese la llama juvenil encendida en Silves. Así al-Mu’tamid se queja de su desvío en este bello poema:

El corazón persiste y no cesa;

la pasión es grande y no se oculta;

las lágrimas corren como las gotas de lluvia,

el cuerpo se agosta con su color amarillo;

y esto sucede cuando la que amo, a mí me está unida:

¿Qué sería, si de mí se apartase?

Jamás en la historia de al-Andalus floreció tan brillante y genialmente la poesía como durante el reinado del tercer y último rey ‘abbádí de Sevilla, al-Mu’tamid ibn ‘Abbád.

La anterior anécdota, además de su fuerte sabor romántico, demuestra a cuántos niveles sociales penetró el sentimiento poético entre los sevillanos de la penúltima etapa de desarrollo cultural de lo andalusí, en suelo también andalusí. Ya constituye casi un lugar común hablar de la vida de al-Mu’tamid como “pura poesía en acción”, como dijo Emilio García Gómez. Desde luego, esa afirmación es cierta, pero no lo es menos el que el Reino de Sevilla y sus habitantes aportaran el ambiente fundamental para que la poesía floreciera de modo tan generalizado, desde la más humilde esclava hasta el mismo rey.

Fue una feliz y afortunada mezcla vital de poesía y pueblo, pueblo y poesía, que permitió una actuación de ambos tan compenetrada que apenas se distinguían. Todo esto cargó el mundo sevillano de dulce ensueño y un sentido, no siempre falso, de bienestar.

Cuando I’timâd ar-Rumaykiyya ya llevaba varios años como favorita de al-Mu’tamid, quien no sólo la amaba, sino que se dejaba arrastrar por su desenfrenada pasión hacia ella, se asomó un día por una ventana del palacio real y vio a algunas mujeres pisando barro para preparar ladrillos. Esto le recordó sus días de mozuela cuando solía hacer lo mismo y quebró en sollozos nostálgicos. Pidió a su marido, con gran demostración de enfado, que le dejara hacer lo mismo. Al-Mu’tamid hizo llenar una alberca, según D. Juán Manuel, de “azucar, canela, jenjibre, ámbar y algalia con otras especies y perfumes”. Luego dio orden que se mezclara todo con agua de rosas. En este barro permitió a I’timâd pisar alegremente en compañía de sus amigas e hijitas.

 

La pasión juvenil se convertiría con los años en un amor sereno, sólo perturbado por las obligadas ausencias de al-Mu’tamid que se despedía con bellos versos de amor. El famoso acróstico en el que cada verso comienza con una letra del nombre de I’timâd, es una de estas despedidas:

Invisible tu persona a mis ojos,

está presente en mi corazón;

Te envío mi adiós con la fuerza de la pasión,

con lágrimas de pena, con insomnio;

Indomable soy, y tú me dominas,

y encuentras la tarea fácil;

Mi deseo es estar contigo siempre

¡Ojalá pueda concederme ese deseo!

¡Asegúrame que el juramento que nos une,

no se romperá con la lejanía;

Dentro de los pliegues de este poema,

escondí tu dulce nombre I’timâd.

 

El Islam no condena el placer, pálido reflejo de las delicias del paraíso (ÿanna), pero sí su exceso. Este fue el error de al-Mu’tamid: su desmedida sensualidad. Ibn al-Abbâr, por ejemplo, alaba su carácter generoso e indulgente y poco proclive a derramar sangre, al contrario de su padre, el sanguinario al-Mu’tadid, pero afirma que la causa de su perdición, fue su excesiva entrega a los placeres, al vino y a la poltronería.

 

Las fuentes tardías, influidas por la historiografía literaria que rodea a al-Mu’tamid y a I’timâd, acusan a esta última de ser la causa de la decadencia moral del reino de Sevilla, por boca de los alfaquíes se dice que ella era la causa de la debilidad de las prácticas islámicas de la población. Este importante papel de corruptora de los sevillano, difícilmente podía ser desempeñado por I’timâd, a la que las fuentes contemporáneas a los hechos, no destacan de las otras concubinas que acompañan a al-Mu’tamid en el destierro, como madres de sus hijos. Es interesante señalar, por el contrario, que la única huella arqueológica que dejó la existencia de I’timâd, es una lápida que conmemora la construcción de un alminar de una mezquita en Sevilla, y que ella costeó, acto muy alejado de esa imagen anacrónica de corruptora del pueblo.

 

Lo cierto es que I’timâd siguió siempre a su esposo, tanto en los placeres como en sus desgracias. Con él fue al destierro y su presencia, como madre doliente, aún aparece en los versos del exilado.

 

La persona y el reinado de al-Mu’tamid aportaron mucho a la definitiva forja de algunos rasgos que hoy se identifican con “lo andaluz”. Por ejemplo, lo que podríamos llamar el “fatalismo feliz” en la siguiente historia:

Después de largo tiempo de estar aterrorizando los caminos de Sevilla, las autoridades lograron capturar al famoso bandido apodado “El Halcón Gris”‘, -y lo crucificaron en los alrededores de la ciudad. Mientras esperaba así la muerte, con su mujer e hijos al pie de la cruz, dando grandes lamentaciones, un mercader de trajes pasó por el camino. El Halcón Gris imploró al hombre que se acercase. Le explicó cómo había llegado a esa lastimosa situación y que quería terminar su vida con una obra en beneficio de los que estaban a punto de convertirse en viuda y huérfanos. Hacía poco, dijo, había robado una gran cantidad de dinero y, antes de su arresto, lo arrojó a un pozo que se encontraba a dos pasos de aquel sitio. Le indicó el camino rogándole recoger el dinero y entregarlo a su mujer. En cuanto el avaricioso mercader bajó al pozo por una soga el ladrón mandó a su mujer que la cortara. Siguiendo sus instrucciones llevó el burro del mercader y todos sus bultos al mercado de Sevilla y lo vendió todo por una importante suma de dinares. Cuando por fin los gritos lanzados desde el fondo seco del pozo fueron oídos y el hombre sacado de allí, las noticias de lo sucedido corrieron por Sevilla. Al-Mu’tamid, maravillado, mandó bajar al ladrón de la cruz y traerle a su presencia. Le preguntó cómo era posible que, balanceándose entre el Paraíso y el Infierno, se le hubiera ocurrido cometer un crimen más. El Halcón Gris le contestó que si el rey supiera lo delicioso que es engañar a la gente, dejaría su trono para dedicar su vida al bandidaje. Al-Mu’tamid le perdonó la vida y le dio un puesto en la guardia real.

 

Este cuento demuestra no sólo la generosidad de al-Mu’tamid y la astucia del ladrón sino, y esto es más importante, el aprecio que tuvieron los sevillanos por estas dos cualidades.

 

El tema de la generosidad en la poesía de al-Mu’tamid es una constante muy destacable a lo largo de su desarrollo poético. Le gustaba que el pueblo lo conociera así.

 

Incluso financió una especie de academia de poetas, fundada por su padre, en que los mejores versos fueron espléndidamente recompensados. Otros monarcas de estos tiempos, también dedicados a la poesía, reunían en sus cortes a poetas de menor talla ya que, como observaba Abu-1-‘Arab Mus’ab as-Siyilli, “(al-Mu’tamid) era uno de los maestros del arte (de la poesía), y muchas veces los poetas lo evitaban por eso, salvo que conocían su superioridad y tenían confianza en ella”.

 

En una ocasión ‘Abd al-Yalil ben Wahbún de Murcia expresaba en verso su duda acerca de un rey fabuloso que regaló mil pesos (mizqál) a un poeta cuyos versos fueron de su agrado. A1 oír esto al-Mu’tamid mandó darle en seguida dicha cantidad.

 

Sería interesante calcular en términos generales el dinero que al-Mu’tamid regaló a sus poetas y súbditos. Hay un sinfín de cuentos sobre esta prodigiosa generosidad del último rey ‘abbadí, algunos veraces, otros no tanto. Además de estos regalos tenía que abonar dinero, de “protección'” como diríamos ahora, a Alfonso VI, igual que hacía su padre a Fernando I. Incluso una vez pagó 30.000 pesos a Ramón Berenguer II para rescatar a su hijo torpemente entregado por Ibn ‘Ammar. E1 tesoro del reino sevillano parecía un pozo sin fondo.

 

Sobre todo, a al-Mu’tamid le gustaban sus brillantes tertulias (maÿlis) entre amigos poetas, esbeltos coperos y coquetonas esclavas cantoras. Para entrar en su círculo íntimo de confidentes había que mostrar no sólo una gran capacidad versificadora, sino también de improvisación. Después de la toma de Sicilia por los normandos en 1078 el poeta de Siracusa llamado Ibn Hamdis pasó a al-Andalus tras una corta estancia en Túnez. Intentó granjearse el favor de al-Mu’tamid, pero durante mucho tiempo éste no le hizo caso. Por fin, una noche el monarca ‘abbádí le llamó al palacio para poner a prueba su habilidad poética. Por una ventana se veía a lo lejos una fábrica de vidrio en la cual se observaban dos luces procedentes de sendos hornos. Al-Mu’tamid improvisó:

Míralos, como dos estrellas en la oscuridad.

Ibn Hamdis respondió:

Como 1a ronda entre sombras del león.

Dijo al-Mu’tamid cuando las puertas de los hornos se cerraban:

Abre los ojos, luego los cierra.

Ibn Hamdis:

Como los párpados de ojos inflamados.

Dijo al-Mu’tamid cuando vio que las puertas se abrieron de nuevo y entonces se cerró sólo una:

Mas el Destino vence la lumbre de uno.

Ilm Hamdis terminó así:

¿Quién se salva de sus garras?

 

En otra ocasión, le llamó la atención a al-Mu’tamid el paso sensual de una bella muchacha vestida con un traje tan ligero que casi era transparente. Llamó a la chica y le vertió un gran frasco de agua de rosas encima. Compuso entonces este verso:

Me enamoré de su fina cintura y paso seductor entre lanzas y espadas.

 

Lo mandó a Abu Walid al-Batalyausi, llamado al-Nahli, para que lo terminara. Éste le envió rápidamente unos hermosos versos que empiezan así:

Su belleza es seductora y su piel tan delicadísima que casi, se ve su interior por fuera.

Está mojada de agua rosal; de su hermoso cabello caen gotitas como el rocío del ala de un pájaro.

 

Sin embargo, no todos los poetas estaban satisfechos con la vida en la corte de al-Mu’tamid. Abu-l-Muzarrif ben al-Dabbag, por ejemplo había sido acusado de pintarse los dedos, cosa permitida únicamente a las mujeres. Compuso entonces estos versos:

Sevilla desdeña a los nobles, acusándoles de actos reprochables, mientras alaba a los imbéciles insulta a los de valor.

 

A esto respondió Ilm ‘Ammár:

Tu poema es ridículo, y tus acciones frívolas.

¿Cuándo Sevilla no honró a los nobles, o despreció más que viles criminales?

 

Pero el poeta con quien más contacto tuvo, y quien cambió su vida y la historia del reino, fue el poeta-aventurero Ibn ‘Ammár. Un día mientras paseaban juntos oyeron la lejana llamada de un almuédano. Al-Mu’tamid improvisó:

El almuédano comenzó su llamada.

 

A esto le respondió Ibn ‘Ammar:

Suplicando así el perdón de Allah.

 

Al-Mu’tamid:

Bendito sea el que da testimonio de la verdad.

 

Ibn ‘Ammár:

Sólo si su intención es tan veraz como su lengua.

 

Ni siquiera los contratiempos militares, que claramente pregonaban la inminente caída, podían refrenar la búsqueda de la perfecta metáfora o la más elegante y refinada expresión. Más bien al contrario, como suele ocurrir en el arte cuando las circunstancias parecen desesperadas.

 

Aún cuando sobrevino el desastre de 1091, siguió funcionando la mágica compenetración entre el rey y su reino. Al-Mu’tamid, desde su penoso destierro en el Norte de África, compuso los mejores poemas de su diwán utilizando con gran efecto uno de los elementos sentimentales más inherentes en la poesía árabe: la añoranza por el campamento abandonado.

 

De todos los poetas de la corte de al-Mu’tamid el más fiel fue sin duda, Ibn al-Labbâna. Compuso un largo poema lamentando la caída del poder de los ‘Abbadíes. Al final del mismo describía la última despedida de Sevilla de al-Mu’tamid, su querida I’timâd y algunos hijos que aún quedaban con vida, cuando se dirigían a su destierro africano:

Jamás olvidaré la amanecida

junto al Guadalquivir, cuando en las naves,

estaban como muertos en sus fosas.

La gente se apretaba en las riberas

mirando aquellas que flotaban

sobre los blancos lechos de la espuma.

Descuidadas las vírgenes, los velos

destapaban los rostros, que, cruelmente,

más que los mantos, el dolor rasgaba

Cuando llegó el momento ¡Qué tumulto

de adioses! ¡Qué clamor el que a porfía

las doncellas lanzaban y galanes!

Partieron, con sollozos, los bajeles,

como la caravana perezosa

que arrea con su canto el camellero

¡Ay, cuánto llanto se llevaba el agua!

¡Ay, cuántos corazones se iban rotos

en aquellas galeras insensibles!

 

Al-Mu’tamid vio morir a sus hijos más queridos, a los hijos nacidos de Rumaykiyya, y los lloró en su destierro. Lloró a al-Ma’mûn y ar-Râdî en el siguiente poema:

La tórtola llora al ver dos enamorados juntos en el nido,

al atardecer, porque ella ha perdido a su amado;

Llora sin lágrimas, mientras las mías

son más abundantes que las gotas de lluvia;

su zureo, la descubre y prefiere guardar su

secreto, sin emitir gemido;

más ¿por qué no voy a llorar yo? ¿Mi corazón es de

piedra?, pues aún de las piedras brotan los ríos.

Ella llora a un solo ser amado que ha perdido,

¡Yo lloro a muchos de los míos!,

a mi hijito pequeño, a mi amigo fiel,

a aquél le desgarra la miseria, a éste le ahogó el mar;

y a aquellas dos estrellas, ornato del mundo,

que reposan en sus tumbas, uno en Córdoba, el otro en

Ronda. Sería culpable si impidiese llorar a mis párpados,

pues sólo se cura el alma con la resignación;

Di a las brillantes estrellas que lloren conmigo

por ellos dos, que eran como estrellas, rutilantes astros.

 

La enfermedad de su esposa, aumentó la desesperación de al-Mu’tamid. El que amaba tanto la vida, dice al médico que cuidaba de I’timâd:

¿Acaso la muerte no es preferible a la vida,

para un desgraciado de desdicha larga?

Si cada uno desea encontrar su amor

yo no deseo sino hallar la muerte.

 

Muertas la esperanza e I’timâd, el prisionero languidece rápidamente. Sintiéndose morir, compones su propio epitafio en que describe, si no lo que fue, lo que quiso ser:

Mullan las nubes con perenne llanto

tu blanda tierra, oh tumba del exilio

que del rey Ibn ‘Abbad cubres los restos.

Guardas con él tres ínclitas virtudes

-ciencia, merced, clemencia, congregadas;

la fértil abundancia que las hambres

vino a extirpar, y el agua en la sequía.

Cobijas al que lides riñó invicto

con la espada, la lanza, y con el arco;

el que al fiero león fue dura muerte;

émulo del destino en las venganzas;

del océano en derramar favores;

de la luna en brillar entre sombras;

la cabecera del salón.

Si cierto:

no sin justicia, con rigor exacto,

un designio celeste vino a herirme.

Pero, hasta este cadáver, nunca supe

que una montaña altísima pudiese

caber en temblorosas parihuelas.

¿Qué quieres más, oh tumba? Sé piadosa

con tanto honor que a tu custodia fían.

El rugidor relámpago ceñudo,

cuando cruce veloz estos contornos,

por mí, su hermano -cuya eterna lluvia

de mercedes refrenas con tu laud-

llorará sin consuelo. Y las escarchas

en ti lágrimas suaves, gota a gota,

destilaran los ojos de los astros,

que darme no supieron mejor suerte.

¡Las bendiciones del Señor desciendan,

insumisas a número, incesantes,

sobre quien pudre tu caliente seno!

 

Tras el fallecimiento de I’timâd, al-Mu’tamid no tardó sino unos meses en seguirla (1095/488). Su mejor epitafio fue sin duda las palabras de Ibn al-Abbâr, tomadas seguramente de Ibn al-Labbâna:

Se ganó el amor y la compasión de las gentes: aún hoy le lloran.

F: musulmanes andaluces

El Real Alcázar de Sevilla, es uno de los Palacios en uso mas antiguos del mundo. Un palacio que ha vivido distintas etapas en el tiempo, desde finales del siglo XI hasta nuestros días y que desde sus muros ha contemplado la influencia de las distintas culturas que han pasado por Sevilla.

El Alcázar es fiel testigo de la historia de Sevilla, marcada por la diversidad de culturas y los legados que estas han dejado en nuestra ciudad. Pasear por sus veredas extendidas de naranjos y mirtos nos transporta a otro momento, a otra época, que sin duda han marcado la trayectoria de nuestra ciudad.

Esta web permite mirar al Alcázar a través de unas imágenes que extraen la esencia de este palacio invitando a todo aquel que lo desee a visitar sus jardines y sus salones, y a conocer las numerosas leyendas y anécdotas de lo acaecido en su interior.

Os invito a conocer los rincones de este conjunto arquitectónico de una belleza excepcional y hacer un recorrido por la historia. Disfrutar de esta belleza y los secretos de este palacio no es fácil tarea, pero estoy convencido de que a través de esta página podremos comprobar cómo el Alcázar ha servido de espejo para que la ciudad se reconozca en el tiempo.

El Alcázar hasta el siglo XIV

El conjunto del Real Alcázar de Sevilla tiene su origen en la evolución que la antigua Hispalis romana, la Spali de tiempo de los godos, experimentó durante la Alta Edad Media, cuando la ciudad pasó a denominarse Ixbilia. Y más concretamente a comienzos del siglo X, en el momento en que el Califa de Córdoba Abderrahmán III an-Násir ordenó, en el 913, el levantamiento de un nuevo recinto de gobierno, la Dar al-Imara, en el flanco meridional de la ciudad, según los testimonios más fidelignos. Antes la sede del poder omeya de al-Andalus estuvo dentro del espacio de la ciudad bajo-imperial romana, no lejos de la mezquita aljama hispalense, localizada en la actual Colegiata del Salvador. El espacio de poder más característico de Sevilla se encontró ya ligado al puerto de la ciudad, la sede más relevante de su actividad económica. El antiguo puerto de la ciudad, en los terrenos de la actual Plaza del Triunfo, la Explanada de los Banu Jaldún se llamaba entonces, fue desplazándose en dirección oeste hasta el curso principal del Guadalquivir, mientras el brazo secundario que discurría desde la actual Alameda de Hércules, atravesando por la calle Tetuán hasta la Plaza Nueva, desaparecía como vía fluvial del espacio urbano. Menos en los momentos en que las crecidas le devolvían su espacio.

Al palacio de gobierno omeya del siglo X se añadiría posteriormente el Alcázar Nuevo de los abbadíes, los gobernantes de Sevilla y su entorno durante el siglo X. Este Palacio de al-Mubarak, el Bendito, fue ya el centro de la vida oficial y literaria de la ciudad, con los poetas, como el soberano al-Mutamid, que sentaron las bases de otras actividades humanas, y sus leyendas que forman hoy parte de la historia de Sevilla. Posteriormente los almorávides cerrarían el espacio de gobierno extendiéndolo hasta el Guadalquivir. Los almohades, en el siglo XII, completarían las obras de época árabe con otras edificaciones de las que todavía nos quedan restos que constituyen una muestra única en el mundo. La Casa de la Contratación por ejemplo.

La conquista castellana del territorio en 1248-49 dotó al Real Alcázar de la condición que permanece hasta nuestros días: sede de la Corona y ámbito del poder municipal de la ciudad. Se levantaron entonces, sobre las bases anteriores, en una integración histórica de culturas que forma parte de la misma esencia de Sevilla, palacios como el Gótico, en el que Alfonso X plasma las concepciones del nuevo marco cultural en el que se ha integrado la ciudad. El Palacio Mudéjar de Pedro I, a mitad del siglo XIV, hace aparecer de nuevo antiguas concepciones mediterráneas en versión árabe, cuando al-Andalus ya era una entidad dominada por la Corona de Castilla

A este marco arquitectónico tienen que añadirse los elementos que dan vida al Real Alcázar de Sevilla en cada momento: los nuevos usos de los espacios, los jardines, el agua que aparece por todos los rincones, en una especie de compensación al Guadalquivir al que se le fue quitando el espacio. Y los colectivos y personas que le dieron vida a edificios y construcciones en cada momento y que poblaron el aire que todavía sigue fluyendo desde la Puerta del León a la de la Alcoba, sobre el arroyo Tagarete, oculto hoy en el paisaje que vio nacer el actual Real Alcázar hace once siglos.

Rafael Valencia

Alcázar de Sevilla desde el siglo XV hasta el presente

Desde comienzos de la Edad Moderna, la constante vinculación del Alcázar sevillano con la corona de España se constata en continuas transformaciones del edificio que intentaron acomodar su interior al gusto de los nuevos tiempos. Así, se reformó el piso alto del Patio de las Doncellas, que adquirió una fisonomía renacentista de gusto italiano. También se renovaron sus yeserías y se modificaron los arcos de la galería inferior. Igualmente, se construyeron a lo largo del siglo XVI espléndidos artesonados que aún mantenían la estética mudéjar y que no traicionan al primigenio espíritu del edificio; entre estos artesonados destacan especialmente el que cubre el amplio espacio del Salón de Embajadores.

Otros recintos del Alcázar tuvieron peor suerte, como el desdichado proceso de transformación del delicioso Patio de las Muñecas, que se encuentra muy modificado por restauraciones del siglo XIX que hicieron desaparecer su primitivo encanto. No obstante, se conservaron las columnas y capiteles antiguos, que mantienen parte de la original impronta de dicho patio.

Magníficas aportaciones renacentistas enriquecieron el acerbo artístico del Alcázar sevillano, como el admirable altar de azulejos realizado en 1504 por Francisco Niculoso Pisano y que se encuentra en el oratorio de los Reyes Católicos o el retablo pictórico que se conserva en el Cuarto del Almirante, dedicado a la Virgen de los Navegantes. Este retablo procede de la Casa de Contratación y fue realizado por Alejo Fernández en 1536.

El esplendor renacentista brilla también en los llamados Salones de Carlos V, que están precedidos por una monumental entrada realizado por el arquitecto van der Borch después del terremoto que sufrió Sevilla en 1755. En este pórtico se refleja ya el gusto clasicista que sucedió a la estética barroca a partir de mediados del siglo XVIII. En los salones interiores se guardan magníficas colecciones de tapices que narran la conquista de Túnez por Carlos V y que fueron realizadas en el siglo XVIII siguiendo el gusto flamenco. Estos tapices se acomodan perfectamente sobre excelentes zócalos de azulejos realizados por Cristóbal de Augusta a mediados del siglo XVI.

Los monarcas Borbones, en el siglo XIX, dejaron también una fuerte impronta en el Alcázar acomodando espacios en la planta alta del edificio, donde antiguas estancias fueron reformadas y realzadas por decoraciones decimonónicas con tapices, lámparas de cristal de la Granja, relojes, muebles y una notable colección de pinturas.

Finalmente, hay que señalar la importante transformación de los jardines a partir del renacimiento con la creación de nuevas fuentes y estanques, pabellones, portadas y galerías. Los parterres han sido permanentemente remodelados y, hasta mediados del siglo XIX, mejorados con importantes innovaciones que hacen de este ambiente ajardinado uno de los espacios más hermosos y bellos de España.

El Real Alcázar de Sevilla es un gran conjunto monumental de inmensa belleza. Sus palacios y jardines manifiestan la sabiduría, carácter y sensibilidad de una ciudad singularmente hermosa, resultado del devenir histórico, desde sus orígenes en las inmediaciones del antiguo puerto de la Hispalis romana hasta nuestros días. El primer recinto Abbadí se enriqueció con las sucesivas construcciones de los reyes cristianos, resultando un rico y variado patrimonio de primer orden en el que destaca la arquitectura mudéjar y renacentista.

Conscientes de este patrimonio, continuamente se hacen importantes esfuerzos para la restauración de su arquitectura, recuperando paulatinamente su fisonomía original, espacios y estructuras, con proyectos arquitectónicos fruto de amplio estudio e investigación, para recuperar la riqueza y las raíces de su identidad. Son prioritarias las manos que materializan, con el mimo, la precisión, el domino de su oficio y los materiales adecuados, descubriendo y conservando el alma incluso en aquellas pequeñas imperfecciones que le dan autenticidad y calidad artística.

Estos palacios, residencia real desde la Edad Media, no han cesado desde su fundación de acrecentar su patrimonio y variedad de estilos artísticos, pero en ocasiones, especialmente durante los siglos XIX y hasta bien entrado el XX, también han visto menoscabado su valor histórico por modificaciones arbitrarias según el cambiante gusto o sentido del decoro de aquellos momentos.

Desde 1995, le corresponde a este patronato promover la clarificación de este legado desde un enfoquemultidisciplinar, restaurarlo y conservarlo siguiendo los planteamientos que, al respecto, se articulan en las Leyes del Patrimonio Histórico Español y de Andalucía y en el corpus de las Cartas de Restauración internacionalmente aceptadas.

Desde la entrada –representando un león- hasta el último rincón, el alcázar se muestra como un extraordinario museo cerámico cuyas piezas recubren sus muros, pavimentos, fuentes y se exponen en espacios tan soberbios como las piezas que acogen –colección Carranza-

Los maestros mudéjares -con los espléndidos alicatados del palacio del rey Don Pedro- Niculoso Pisano con el altar de la Visitación ubicado en el oratorio del Cuarto Real Alto y Cristóbal de Augusta -con los zócalos del palacio Gótico- son el máximo exponente de la cerámica arquitectónica en el Alcázar.

La metodología aplicada en los tratamientos de conservación y restauración ejecutados hasta el momento, se ha basado principalmente en recuperar su integridad frente a las distintas alteraciones generadas por su propia historia material y el paso del tiempo.

En el 2003 el Patronato decide abordar la restauración de los restos conservados de yeserías policromadas almohades, teniendo en cuenta su relevancia histórica, arqueológica y artística. Esta pequeña área se corresponde con los únicos vestigios visibles de la trífora situada en el reverso del paramento norte del Patio del Yeso, de la que se ha conservado la mitad del arco inferior derecho,- el más antiguo-, situándose sobre éste otro más pequeño, en el ángulo izquierdo del alfiz, ambos de herradura, del tipo califal cordobés. A pesar de estar expuestos permanentemente a la intemperie, aún conservan abundantes vestigios de decoración pictórica, principalmente la albanega y dovelas del arco inferior. El objetivo de su intervención fue recuperar la visión de conjunto, la originalidad de las piezas compositivas, y la luminosidad de la decoración pictórica primitiva.

Los Jardines del Real Alcázar configuran un auténtico compendio de la historia de la jardinería, en una ciudad como Sevilla cuyo clima favorece la fertilidad de las plantas y las flores, haciendo brotar un mundo de luz, sentimientos y aromas variados.

Íntimos y silenciosos patios de delicada vegetación conforman los núcleos palaciegos. Las antiguas huertas, con el transcurrir del tiempo, se transformaron en exquisitos jardines gratificantes a los sentidos: flores para la vista y el olfato, fuentes y pájaros para el oído… siempre acompañados por el agua con su susurro, frescor, reflejos y movimiento. Esta naturaleza de incontables colores es un grandioso espectáculo, donde cabe lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande, la emoción.

Los postulados seguidos en la restauración y conservación de los jardines son la fidelidad al origen, el respeto del tiempo, la valoración de los aportes, la anulación de las disonancias y la aportación coherente de nuestra época.

En pleno centro de la provincia de Sevilla se encuentra la localidad de Carmona, una localidad de gran importancia histórica por su posición estratégica, situada en las alturas de la Vega y a medio camino entre dos importantes ciudades como Sevilla y Córdoba.

Por eso, por su posición a mitad de camino de estas dos capitales andaluzas, hace que este pueblo pase algo desapercibido, pero, si has reservado tus vuelos Sevilla y quieres hacer una excursión interesante, no dudes en visitarlo pues te sorprenderá su importante patrimonio histórico, herencia de tantos y tantos años de historia.

No en vano, estas tierras ya estaban habitadas durante la Edad del Bronce. Es más, en su término municipal hay más de medio millar de yacimientos, incluso una necrópolis romana, y su casco histórico está declarado como Conjunto Histórico-Artístico.

Los monumentos más importantes giran en torno a los restos de muralla que aún se conservan, aunque muy transformados eso sí. Así, encontramos la Puerta de Córdoba, cuya base original es del siglo I después de Cristo, o la Puerta de Sevilla, en la que además se levantó un Alcázar con una gran torre, conocida como la del Oro, desde donde se divisa una fantástica panorámica de la ciudad. Y este no es el único recinto fortificado de la ciudad, ya que también está el Alcázar del rey Don Pedro, donde se encuentra el Parador.

En la Avenida Jorge Bonsor, en la zona oeste de la ciudad, encontrarás la Necrópolis romana que antes citamos, con la Tumba del Elefante como probablemente su rincón más famoso, y también la zona del anfiteatro.

Y ahí no termina el patrimonio de esta localidad. Cuenta con numerosas iglesias y conventos, de entre los que os destacamos la Iglesia Parroquial de San Pedro, fácilmente reconocible por su torre hecha a imagen y semejanza de La Giralda de la Catedral de Sevilla, y el Convento de Las Descalzas, cuyo origen se remonta al siglo XVII. Sin olvidarnos de los numerosos palacios de la ciudad, a destacar, la Casa-Palacio de los Rueda.

En ese caso, Cazalla de la Sierra será la opción adecuada pues está situado dentro del Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla y se destaca por sus numerosas propuestas de senderismo, con recorridos por los alrededores que atraviesan ríos y valles, llegando a fuentes y hermosos miradores.

Una vez en el pueblo es posible dirigirse a la Oficina de Turismo para realizar consultas y conocer las rutas más importantes que se pueden realizar a pie o en coche. Algunas de ellas son:

Ruta 1: Constantina, Las navas de la Concepción y El Cerro del Hierro

Ruta 2: San Nicolás del Puerto, Alanís, Guadalcanal y Cazalla de la Sierra

Ruta 3: El Pedroso, Constantina y Cazalla

Ruta 4: Cazalla de la Sierra, El Real de la Jara y Almadén de la Plata.

La arquitectura del pueblo entremezcla el tradicional estilo andaluz con detalles renacentistas producto de la restauración que Cazalla de la Sierra sufrió en el siglo XVIII. La Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación es uno de los edificios más relevantes de este lugar y un ejemplo del estilo del pueblo.

Debido a la afluencia del turismo, el pueblo cuenta con numerosos bares y restaurantes en donde es posible degustar platos de la cocina tradicional como el cerdo ibérico, las carnes de caza o platos típicos como las migas, el gazpacho o los espárragos trigueros.

Viajes a Cazalla de la Sierra

Casa Rural en Cazalla de la Sierra

Écija, es un pueblo de la provincia de Sevilla, a 85 kilómetros de ésta, y a 54 kilómetros de la ciudad de Córdoba.

Es llamada la sartén de Andalucía, por ser el lugar donde se registra una mayor subida de la temperatura en verano, siendo constante superar los 40 grados, debido a su ubicación, en el valle del Genil, con una altitud muy por debajo del resto de pueblos de la provincia.

Écija también es conocida, por ser la ciudad de las torres, ya que un pueblo de poco más de 40 mil habitantes, tiene un total de doce torres, cada una de las cuales pertenece a una iglesia diferente.

Su origen, tiene lugar en el siglo VII antes de Cristo, y llegando su momento álgido en la época romana, hacia el año 200 antes de Cristo, momento en que se bautizó con el nombre de Astigi, y se convirtió en una de las capitales de la provincia de la Bética.

Hoy en día el pueblo de Écija, se asienta so cubre el antiguo pueblo romano, con lo cual es de gran facilidad el hecho de encontrarse restos romanos, cuando se hace cualquier tipo de obra, sin ir más lejos, no hace mucho se terminó el parking subterráneo en la plaza de España, que se ha visto en múltiples ocasiones aplazada, por el trabajo necesario de arqueólogos, que encontraron numerosos restos humanos, baños romanos, esculturas, etc..

Los monumentos que poder visitar en esta ciudad son numerosos y de gran interés, lleno de palacios, iglesias, capillas, restos romanos, murallas, etc..

Eso sí, si no eres amante del calor, te recomendamos que vengas en cualquier estación del año, menos en verano.

Écija, es un pueblo de la provincia de Sevilla, a 85 kilómetros de ésta, y a 54 kilómetros de la ciudad de Córdoba.

Es llamada la sartén de Andalucía, por ser el lugar donde se registra una mayor subida de la temperatura en verano, siendo constante superar los 40 grados, debido a su ubicación, en el valle del Genil, con una altitud muy por debajo del resto de pueblos de la provincia.

Écija también es conocida, por ser la ciudad de las torres, ya que un pueblo de poco más de 40 mil habitantes, tiene un total de doce torres, cada una de las cuales pertenece a una iglesia diferente.

Su origen, tiene lugar en el siglo VII antes de Cristo, y llegando su momento álgido en la época romana, hacia el año 200 antes de Cristo, momento en que se bautizó con el nombre de Astigi, y se convirtió en una de las capitales de la provincia de la Bética.

Hoy en día el pueblo de Écija, se asienta so cubre el antiguo pueblo romano, con lo cual es de gran facilidad el hecho de encontrarse restos romanos, cuando se hace cualquier tipo de obra, sin ir más lejos, no hace mucho se terminó el parking subterráneo en la plaza de España, que se ha visto en múltiples ocasiones aplazada, por el trabajo necesario de arqueólogos, que encontraron numerosos restos humanos, baños romanos, esculturas, etc..

Los monumentos que poder visitar en esta ciudad son numerosos y de gran interés, lleno de palacios, iglesias, capillas, restos romanos, murallas, etc..

Eso sí, si no eres amante del calor, te recomendamos que vengas en cualquier estación del año, menos en verano.

Osuna es un municipio español de la provincia de Sevilla, Andalucía. En el año 2008 contaba con 17.813 habitantes. Su extensión superficial es de 592 km² y tiene una densidad de 30,16 hab/km². Sus coordenadas geográficas son 37º 14′ N, 5º 06’ O. Se encuentra situada a una altitud de 328 metros y a 86 kilómetros de la capital de provincia, Sevilla.

 

El origen de Osuna se remonta hasta hace unos tres mil años, cuando los turdetanos habitan la ciudad que más adelante se conocería como Urso. En el año 44-43 a. C., cumpliendo una previsión anterior de Julio César, fue refundada por Marco Antonio con veteranos de las últimas guerras civiles, dándole el estatuto de colonia de ciudadanos romanos y el nombre oficial de Colonia Genetiva Iulia, también documentado en algunas inscripciones. Se conserva, aunque incompleta, su ley colonial fundacional, una importante inscripción de bronce en varias tablas, conocida como Lex Ursonensis [1] (aunque el nombre “Urso” no aparece en ella ni una vez), que se custodia en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Un siglo más tarde, Plinio el Viejo la cita como Colonia Genetiva Urbanorum Urso (NH, III.12).

 

En el periodo musulmán se denomina Oxona, siendo conquistada en 1.239 por los ejércitos castellanos de Fernando III el Santo. En 1.264 es entregada a la Orden de Calatrava, que crea la Encomienda de Osuna. Por su situación estratégica, se convierte en un punto crucial para la defensa de la línea fronteriza con el reino nazarí de Granada. En el siglo XV, los caballeros calatravos ceden la ciudad de Osuna a D. Pedro Téllez de Girón, cuyos descendientes reciben el título de Duques de Osuna durante el reinado de Felipe II.

 

Su término municipal consta de 59.142 hectáreas, repartidas en Campiña, tierras llanas y arcillosas, que se emplean para el cultivo de secano. Presenta una orografía más montañosa en la Sierra Sur (Penibética), espacio que se emplea para el cultivo del olivar.

 

Su clima viene caracterizado por inviernos fríos con heladas y veranos calurosos, con máximas que pueden alcanzar los 35 °C, aunque las mínimas son frescas, con temperaturas que pueden llegar a alcanzar los 9 °C. En invierno, las temperaturas son frías, con máximas en torno a 10 °C y mínimas que pueden llegar a -5 °C, presentando más de 40 días de heladas anuales con nevadas esporádicas. La primavera es suave, aunque con mínimas frías que pueden llegar a la helada. Aún en el mes de Mayo son habituales los 4 ó 5 °C, con grandes oscilaciones térmicas entre el día y la noche. La temperatura mínima absoluta registrada por la Estación Agroclimática de la Junta de Andalucía en el periodo 2000-2009 es de -11 °C, el 28 de enero de 2005, siendo una de las más frías jamás registradas en Andalucía. Durante ese mes, se produjeron 30 días de heladas consecutivas, en los que las máximas en varias ocasiones no llegaban a superar los 5 °C.

 

El Término municipal está atravesado por dos arroyos, el Salado y el Peinado, y al sureste está limitado por el Rio Blanco.

 

Osuna se encuentra ubicada en una situación privilegiada, en el centro de Andalucía, junto a las principales arterias que vertebran las más importantes zonas humanas y económicas de la comunidad, la A-92 y la Nacional IV a su paso por Écija. Esta privilegiada situación la coloca a tan solo 1 hora de Sevilla, Córdoba y Málaga, y a hora y media de Granada, Jaén, Jerez y Algeciras.

 

Debido a la variedad orográfica que significa dentro del mismo término municipal tipos de terreno tan diferentes como son las zonas de Sierra, la Campiña y Humedales, zona de la Laguna Calderón, los alrededores de Osuna presentan una interesante variedad de paisajes, vegetación y fauna, desde los típicos bosques-galería que encontramos en Rio Blanco a los olivares de la Campiña, de los flamencos y garzas de la Laguna Calderón a los petirrojos, zorros y gavilanes de Rio Blanco; y por todas partes caza menor, conejos, perdices, etc.

 

Colegio-Universidad de la Purísima Concepción

 

Artículo principal: Universidad de Osuna

 

La antigua Universidad de Osuna es un edificio de planta rectangular organizado en torno a un patio de planta cuadrada. Su esquema arquitectónico se caracteriza por la sencillez y severidad de sus líneas rectas, al que su singular perfil, flanqueado por cuatro torres en los ángulos, rematadas por chapiteles recubiertos de cerámica vidriada, lo hacen uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad.

 

Actualmente, la mayor parte de las dependencias originarias han sido adaptadas y transformadas en aulas modernas carentes de cualquier interés artístico y arquitectónico. Sólo conserva su estructura original el costado suroriental del inmueble, donde se ubican la entrada principal inmediata a la puerta de acceso, la capilla, la sala de la Girona, el patio central, la escalera que comunica con la planta superior y la antigua biblioteca.

 

A su interior se accede, desde la portada principal, a un recinto o vestíbulo de planta rectangular cubierto con alfarje de dos órdenes de vigas sobre ménsulas, decorado con labores de taracea. Esta estancia comunica, por su costado derecho con la capilla, al frente con el patio central y a la izquierda con la sala de la Girona.

 

Por Decreto 346/2004, de 18 de mayo, de la Junta de Andalucía se declaró bien de interés cultural, con la categoría de monumento.

 

Insigne Iglesia Colegial de Nuestra Señora de la Asunción (La Colegiata)

 

Fue fundada en el año 1535 por D. Juan Téllez Girón, IV Conde de Ureña, al conseguir una bula papal para que la que ya era Parroquia fuera al mismo tiempo Colegiata. El templo se construyó en el lugar que ocupó la Iglesia del Castillo, totalmente destruida por un incendio.

 

El exterior del templo sorprende por su severidad, La iglesia está construida con el sillar extraído de las canteras de Osuna. En la fachada principal cuatro contrafuertes cuadrangulares se alzan como elementos principales de su bella portada. En el lateral izquierdo, se levanta la torre, obra realizada a partir de 1914,y que aún se encuentra inacabada.

 

Tres puertas dan acceso a la Colegiata. Existen otras dos que se encuentran cegadas desde el siglo XVIII, las coincidentes con los pies de las naves laterales. La Puerta de la Cuesta, se abre frente al Monasterio de la Encarnación y permite la entrada directa a la nave del Evangelio. La que comunica con la nave de la Epístola es la llamada Puerta del Sol.

 

Se puede acceder al interior de la Colegiata a través del pequeño Patio del Panteón de los Duques de Osuna o Santo Sepulcro, que fue construido entre 1544 y 1555, y que es una de las muestras más bellas del Renacimiento español. Sobre columnas de piedra están labrados dos claustros, cuyos arcos escarzanos se apoyan en grandes ábacos decorados con grutescos. En el piso bajo, los arcos aparecen separados por pilastras jónicas de inspiración plateresca. En los paramentos se conservan pinturas del siglo XVI, con la Santa Cena como motivo central, cuya restauración está prevista para su realización. Pasado el patio, se accede a la Sacristía del Panteón, pequeño recinto elegantemente realizado con decoración plateresca y cubierto con un artesonado policromado en verde y oro. De la sacristía se accede a la Capilla de la Virgen de la Granada, obra atribuida a Guillén Ferrant, pieza excepcional del siglo XVI.

 

Los Panteones están construidos debajo de la Colegiata y de la Capilla del Santo Sepulcro. Constan de varias salas o capillas, llamadas de San Marcos, Nuestra Señora del Reposo o Belén, Galería y Capilla del Calvario o De Profundis.

 

A través de una magnífica portada de estilo plateresco pasamos del Panteón a la Iglesia Colegiata. Lo primero que vemos es la Capilla de la Inmaculada, cuyo principal ornato es un altar del Cristo de la Misericordia, que alberga una magnífica talla de Cristo en la Cruz, obra de Juan de Mesa, realizada en 1623. El retablo que preside la capilla está dedicado a la Inmaculada Concepción.

 

De la Capilla de la Inmaculada se accede al interior de la iglesia, que es de planta rectangular con tres naves y nueve capillas, Mayor, Sagrario, Virgen de la Antigua, Ánimas, San Pedro, Virgen de los Reyes, Bautismal y de Santa Ana. Contienen magníficos retablos, imágenes y cuadros de destacados artistas.

 

Se accede al Museo a través de una puerta, también de estilo plateresco, realizada a mediados del siglo XVI. Sus dependencias son la antigua sacristía y las salas que tenían adjuntas.

 

Conserva en el interior de sus cuatro salas obras de gran relevancia, como cuadros y ornamentos realizados por importantes artistas de los siglos XVI al XIX.

 

Entre los cuadros destacan San Jerónimo y el Ángel del Juicio, Martirio de San Sebastián y Martirio de San Bartolomé, todos ellos realizados por José de Ribera “el Españoleto” en el siglo XVII.

 

Uno de los Duques de Osuna fue protector de Zurbarán y sus discípulos, por lo que algunos cuadros de este grupo de artistas pueden ser visitados en el interior de la Colegiata. Como curiosidad se puede ver en la tumba de la ultima Marquesa de Osuna muerta, escrito a mano en un papel “aqui estan los restos mortales de DªPETRA que después de 20 años no le han puesto la lapida su familia

 

Historia de Osuna

 

Osuna entra en la Historia de la mano de los historiadores y geógrafos clásicos. Estrabón, Plinio o Ptolomeo hablan de la Urso romanizada. Con anterioridad, Apiano y Diodoro narran la presencia de tropas procedentes de Italia, que se instalan en este territorio turdetano para combatir a los cartagineses o a Viriato. Sin embargo, los asentamientos humanos en Osuna se rastrean muchos siglos antes. Existen vestigios de culturas prehistóricas más allá de un milenio antes de Cristo. Los más conocidos fueron descubiertos por Engel y Paris en 1903. El Toro y la serie de los Relieves de Osuna hablan de una antigua civilización ibérica, que dio lugar a una extraordinaria cultura donde convivieron las mejores tradiciones mediterráneas procedentes de Oriente y Grecia.

 

La irrupción de Roma va a suponer un cambio radical en todos los ámbitos. Tras la batalla de Munda, Urso se convierte en el último reducto pompeyano contra las tropas de César en la sangrienta Guerra Civil que enfrentó a los dos bandos que pretendían hacerse con la hegemonía de la República. Tomada tras un asedio, es convertida en Colonia Genetiva Iulia por César, recibiendo su propia ley colonial, cuyos fragmentos, los Bronces de Osuna, son documentos jurídicos excepcionales de aquel periodo.

 

La ciudad, incluida en el convento Astigitano, se transforma en uno de los centros más desarrollados de la Bética. Los restos del foro, el teatro o la necrópolis hipogea de las Cuevas atestiguan su pasado esplendor.

 

Poco queda de los siglos de dominación visigoda. La crisis del Bajo Imperio dio paso a dinastías bárbaras que dividieron en pequeños reinos el enorme territorio antes controlado por Roma. Un mundo cada vez más ruralizado se va imponiendo sobre la vieja civilización urbana latina.

 

El panorama cambiará bruscamente con la llegada de los musulmanes a comienzos del siglo VIII. Los nuevos señores no alteraron inicialmente la organización administrativa y territorial de Osuna vigente desde tiempos de Constantino. Será con el Califato, tras la revuelta de ben Hafsun, a comienzos del siglo X, cuando Ûsuna adquiera el rango de cora, dejando la dependencia anterior con Écija. Es el momento de apogeo del lugar. De enclave fortificado pasa a tener aspecto de ciudad. Con todo, los escasos restos conservados del periodo de dominio islámico proceden de la etapa final, bajo el control almohade. Se trata de restos del complejo defensivo de la población: la Torre del Agua y los Paredones de la antigua alcazaba. Su pervivencia se debe a las dos centurias de guerras fronterizas.

 

El desarrollo urbano posterior puede ayudar a explicar la parquedad de los restos de aquel periodo. En 1240, Fernando III toma pacíficamente la localidad. En una primera fase, este cambio de señor no supuso alteración de la población. Será tras la revuelta de mudéjares de 1264 cuando se produzcan transformaciones profundas. Se expulsa a los habitantes musulmanes y la fortaleza se pone en manos de la Orden de Calatrava, como un enclave importante, necesario para la defensa de un sector de la marca fronteriza que se ha denominado la “Banda morisca”.

 

Tras dos siglos de dura vida fronteriza, en los que la localidad se puebla con muchas dificultades, en 1464 se produce otro hecho trascendente. Osuna entra en la órbita de las posesiones que Pedro Girón logra acaparar en Andalucía, rigiéndose en capital del estado señorial que este personaje consigue consolidar para su hijo, Alfonso Téllez Girón, I conde de Ureña. Osuna ligará su destino a esta familia y su peculiar fisonomía será, en gran medida, producto de las actuaciones de este linaje aristocrático. Los Girones comienzan por poner en ejecución un elaborado programa constructivo tendente a dotar de un aparato simbólico, que refleje la imagen deseada por los señores. Dentro de lo que es característico en la época, Osuna se constituyen en un foco cortesano. Remodelan en clave palaciega la antigua alcazaba almohade a comienzos del XVI. La parroquia medieval de Santa María viene a ser reemplazada por la magnífica fábrica renacentista de la Colegiata de la Asunción, obra que se completa con el conjunto de la capilla del Sepulcro, uno de los ejemplos más interesantes del quinientos español. Para culminar estas empresas artísticas, los condes de Ureña –Juan, Pedro y Juan- contratan a los mejores artífices que se dan cita en la Sevilla del momento. Asociados al templo están los nombres de Diego de Riaño, Martín Gaínza, Hernando de Esturmio, Roque Balduque, Luis de Morales, Arnao de Vergara, Juan de Zamora, etc. Este despliegue ornamental se completa en el siglo XVII con la donación que realizó Catalina Enríquez de Ribera, consistente en cinco espléndidos lienzos de José de Ribera, o la talla del Cristo de la Misericordia que la familia Hontiveros encargó a Juan de Mesa.

 

El panorama monumental de la acrópolis ducal se completa con el edificio de la Universidad y el hospital de la Encarnación, ambas instituciones fundadas por el IV conde de Ureña, padre del I duque de Osuna, título otorgado por Felipe II a los Girones en 1562. Coincidente con esta elevación aristocrática, la Casa de Osuna tiende a vincularse a la corte real. Su presencia en la localidad es cada vez más esporádica. El tiempo de las fundaciones, ejemplificado por la tarea ingente de Juan Téllez Girón, quien transformó en clave religiosa la ciudad, parece llegado a su fin.

 

Paralelamente a este proceso constructivo, la ciudad en la primera mitad del siglo XVI ha saltado los límites marcados por la vieja muralla medieval y se extiende extramuros. Se define en esa centuria lo fundamental del entramado urbano y se fijan los distintos establecimientos religiosos: San Francisco, Santo domingo, San Agustín, La Victoria, El Carmen, Consolación, la Concepción, Santa Clara, San Pedro, el Espíritu Santo y Santa Catalina. Una nómina que se completará en el XVII con el convento de jesuitas – San Carlos el Real-, al Merced, las Descalzas y la ermita del patrón de la localidad, San Arcadio.

 

En el siglo XVII y sobre todo en el XVIII, se asiste a un ascenso de la nobleza local y los grandes propietarios. Ellos serán en gran medida los responsables del aire barroco que se respira en las calles, especialmente en las de San Pedro, Sevilla y la Huerta. Aunque existen algunos ejemplos palaciegos o de casas solariegas de época renacentista, serán las grandes mansiones dieciochescas las que marquen la pauta de la arquitectura civil ursaonense. Los Cepeda, Torres, Govantes, Rosso, Tamayo, etc. Se empeñarán en perpetuar con las decoradas portadas de piedra su elevación y poderío. El palacio del marqués de la Gomera es sin dada el mayor exponente. Su portada articulada en dos cuerpos columnados, sumamente movida, se remata con el escudo nobiliario: el perfil mixtilíneo de su cornisa queda roto en la esquina con la torre del mirador que flanquea la fachada. Es el Barroco con toda la carga de espectacular teatralidad.

 

El estamento religioso compite también, en esa loca carrera decorativa. Quizás las dos mejores muestras sean la Cilla del Cabildo de la Catedral de Sevilla y el convento de la Merced, ambos edificios debidos a las trazas de los Ruiz Florindo, en el último cuarto del XVIII. La imaginación se desborda en las fachadas y sobre todo en la torre mercedaria, dislocando los elementos de tradición clásica con una libertad sólo coartada por las posibilidades que ofrece la piedra.

 

En Osuna no se sufrió el impacto del desarrollismo de los años sesenta de nuestro siglo. La emigración sustituyó a la fiebre del montaje de fábricas y el casco urbano, con cierta despoblación, no se vio alterado en exceso. Se siguió dependiendo de una economía agrícola y esa circunstancia, si bien impuso condiciones más duras de vida, al menos permitió que ese patrimonio, atesorado durante siglos y expresión de las pasadas grandezas, llegase hasta nuestros días para disfrute de todo aquel que se sienta amante de la belleza y el arte.

Sevilla, es una ciudad maravillosa de Andalucía, que sin duda merece la pena visitar. En ella son muchos los lugares que debemos no perdernos, entre ellos:

La giralda: Que realmente es el alminar de una mezquita. La obra fue iniciada en 1184, y un terremoto en 1365 destrozó la parte superior de ésta y su arreglo duró hasta el siglo XVI.
La escultura que encontramos en ella, mide cuatro metros, más siete su pedestal, y puesto que ésta era una gran veleta y giraba, se quedó el nombré de giralda.

La catedral: La catedral es un templo, de 145 metros de largo, de obra gótica, recogiendo en ella numerosos elementos de interés. En ella podemos encontrar el sepulcro de Fernando III y el de Colón. Destacán también en ella númerosas capillas y salas con mucho valor, como la capitular.

Los Reales Alcázares: Las obras de los Reales Alcázares, fueron mandadas por los Reyes Católicos, y podemos encontrar tras sus maravillosos jardines, los palacios con procedencia tanto árabe como cristiana, quedando así un conjunto de culturas representadas con lujo y asombrosa belleza.

Parque de María Luisa: Estos jardines fueron cedidos por María Luisa de Orleans, dónde posteriormente se construyeron los magníficos edifiios de la exposición iberoamericana del 1929. Dentro de ellos podemos encontrar la Plaza de España , con forma semicircular que posee una poderosa porcelana y unos majestuosos edificios.

El barrio de Santa Cruz: Éste barrio esta formado por un entramado de calles, en forma de laberinto, dónde te irás encontrando con pequeñas fuentes y rincones con un romantisimo especial, impregnado con un olor característico a azahar.

Son muchos más los monumentos, y las zonas de interés que podemos encontrar en Sevilla, ésto es sólo una representación de lo que personalente a mi me gusta más de la ciudad, pero también está la famosa torre del Oro, El puente de Triana y su barrio, La Macarena, etc…, así que no os lo perdais.

Uno de los espacios más emblemáticos de Sevilla está de celebración este 2014: el Parque de María Luisa. Fue en 1914 cuando se abrieron a público estos hermosos jardines que atesoran gran valor ambiental y escultórico y que están catalogados como Bien de Interés Cultural.

Los jardines fueron donados a la ciudad por doña María Luisa de Borbón unos años antes, en 1893. Con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929 sufrieron una gran metamorfosis para convertirse en lo que conocemos hoy, uno de los parques más bonitos de España.

En concreto, se inauguró como parque público el 18 de abril de 1914 con el nombre de Parque Urbano Infanta María Luisa Fernanda. En principio formaban parte de los jardines privados del Palacio de San Telmo. Con motivo de su centenario queremos aprender un poquito más sobre él, un parque que tuve la oportunidad de recorrer hace pocas semanas.

Se necesita casi un día completo para introducirse en un escenario de película como el de la Plaza de España y recorrer las 34 hectáreas del Parque de María Luisa, descubriendo todos sus rincones y conociendo sus museos, antiguos pabellones de la Exposición Iberoamericana.

La Plaza de España en Sevilla

La llamada “área de Plaza de España” constituye un conjunto arquitectónico impresionante, uno de los espacios más espectaculares de la arquitectura regionalista. Se construyó como sede del edificio principal de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929.

No podemos dejar de buscar nuestra provincia de España en los bancos que “rodean” el edificio principal, así como fijarnos en los bustos de españoles ilustres en sus muros.

En la época en que se diseñó y construyó, hubo polémica por algunas cuestiones que sin duda vistas hoy nos parecen que sencillamente engrandecen su esplendor: la altura de las dos torres que rivalizan con la Giralda y la creación del canal y estanque artificial en una ciudad de escasez de agua como Sevilla.

Cuando hablamos de “escenario de cine” no lo decimos solo metafóricamente. Este espacio ha atraído la atención de los directores en varias ocasiones, algunas de ambiciosas producciones como la saga de La Guerra de las Galaxias.

En este majestuoso espacio podemos sentirnos pequeños protagonistas de nuestra propia película y, si lo deseamos (previo pago), recorrer parte del estanque en una barquita o tomar un coche de caballos que nos haga un recorrido por el Parque. Pero seguimos a pie para explorar…

Naturaleza y arquitectura

En el Parque propiamente dicho nos sorprenden otros señoriales edificios que en la actualidad acogen museos: el Museo Arqueológico (en el Pabellón Renacentista) y el Museo de Artes y Costumbres Populares (en el precioso Pabellón Mudéjar).

Otro de los rincones especiales del Parque es el denominado “Monte Gurugú” en homenaje al monte del mismo nombre de Melilla, al que podemos subir para obtener una panorámica de buena parte del parque junto a una cascada artificial.

En la Plaza de América nos esperan cientos de palomas, que, aunque a mí me hacen sentir un poco como en la película de Hitchcock, hacen las delicias de los niños. También hay una zona de parque infantil, muy cerca de la Plaza de España, para disfrute de los pequeños.

Hemos de buscar Glorietas como la de San Diego, Goya, Bécquer, Luca de Tena, el Estanque de los Lotos, la fuente de las Ranas, el jardín de los Leones… Entre las fuentes, los árboles y jardines, los rincones bucólicos, los paseos en coche de caballos o en barquito por el lago artificial de la Plaza de España, los museos… no necesitamos excusa para conocer este espacio.

A lo largo del año 2014 Sevilla celebra el centenario del Parque de María Luisa con actividades diversas: cine y conciertos, demostraciones de baile, exposiciones, rutas botánicas, presentaciones de libros, visitas teatralizadas…

Pero que el Parque de María Luisa de Sevilla celebre su centenario es una razón más para acercarnos a él en nuestra próxima visita a la ciudad hispalense, probablemente en Semana Santa. No olvidéis consultar la agenda de actividades previstas durante todo el año.

La población de Carmona ubicada en la provincia andaluza de Sevilla, se presenta con un destino ideal para descubrir durante un viaje corto de fin de semana, donde podremos disfrutar de paseos culturales admirando su patrimonio histórico legado de tiempos romanos y árabes.

Según parte de su historia territorial, por Carmona pasaba la Vía Augusta, usada y conocida durante la Edad Media con el nombre de El Arrecife, y de la cual aún se conservan algunos restos y un puente.

Su abundante y extraordinaria arquitectura religiosa, civil y militar hacen de Carmona una ciudad monumental y artística de gran interés para el turismo cultural en Sevilla.

Por ejemplo; de origen romano es el recinto amurallado al que pertenecen las puertas de Córdoba y Sevilla y el Anfiteatro. También lo es su Necrópolis emplazada en las afueras de la ciudad, que cuenta con centenares de tumbas y ricas cámaras sepulcrales excavadas en la roca.

Dentro de las antiguas murallas, el barrio viejo de Carmona ha sabido conservar su aspecto de medina árabe, con calles en las que aparecen bellas manifestaciones de arquitectura civil y religiosa.

Otros atractivos turísticos arquitectónicos son la Iglesia de Santa María la Mayor, construida en el siglo XV sobre una antigua mezquita árabe. Otras iglesias de interés son las de San Felipe que data del siglo XIV, de estilo mudéjar, y la de San Pedro de estilo barroco, cuya torre se asemeja a la Giralda sevillana.

A cada paso surgen casas de estilo mudéjar, construidas entre los siglos XV y XVII, edificios renacentistas y barrocos. Algunos edificios ilustres son el Palacio de los Aguilar, el de los Rueda o la Casa del Marqués de las Torres, actual sede del Museo Arqueológico y Etnográfico de la ciudad.

Durante una escapada por Carmona también podremos conocer el Convento de las Descalzas y el Alcázar de la Puerta de Sevilla, de origen cartaginés. También vale la pena pasear por el punto más alto de la ciudad, donde se levanta el Alcázar almohade del Rey Don Pedro, hoy convertido en Parador de Turismo.

Además de descubrir sus joyas históricas, Carmona nos ofrece la posibilidad de realizar otras actividades de ocio, como senderismo, montar a caballo, jugar al golf, etc.

La catedral es una de las visitas obligadas en tu viaje turístico a Sevilla, en Andalucía, y durante la misma tienes la posibilidad de subir al campanario de la Giralda, desde donde tienes las mejores vistas panorámicas de la capital andaluza.

A continuación tienes una galería de fotos de las vistas panorámicas de Sevilla desde la Giralda, tomadas durante una visita en invierno.

El Barrio de Santa Cruz va a ser una de las zonas que más vas a pasear durante tu viaje a Sevilla.

Teniendo como origen la antigua Judería, ocupa el centro histórico de la capital andaluza, y desde la catedral accederás al barrio por el Callejón de la Judería a la gran plaza conocida como Patio de Banderas.

Se trata del recinto de mayores dimensiones de este barrio de estrechas calles y numerosos rincones, al que sales cuando finalizas tu visita de los Reales Alcázares.

El Patio de Banderas tiene su origen en la remodelación realizada en 1919 con motivo de la Exposición Iberoamericana.

Esta plaza era conocida por dicho nombre pues se solían colocar muchas banderas para honrar a los visitantes destacados de los Reales Alcázares.

Desde el barrio de Triana, hasta el de Santa Cruz y pasando por el centro de la ciudad y la Macarena, Sevilla es una ciudad en la que se pueden hacer multitud de planes, culturales y de ocio, es decir, podemos desde visitar una exposición en un museo hasta, por ejemplo, hacer una despedida de soltero con Temptation en la ciudad hispalense. A continuación te mostramos algunos lugares que puedes visitar y cosas que hacer en la capital del Guadalquivir:

VISITAR LA FERIA DE ABRIL DE SEVILLA

Faltan menos de dos meses para que arranque la conocida Feria de Abril sevillana. Pasada la Semana Santa, la ciudad se prepara para la celebración de su fiesta más flamenca en los más de 250.000 metros cuadrados de superficie del Real de la Feria, que durante unos días se llena de multitud de casetas, donde no pueden faltar las coplas, las sevillanas, el rebujito y los platos tradicionales de la Feria y de la ciudad.

PASEAR POR EL BARRIO DE SANTA CRUZ

Santa Cruz es uno de los barrios con mayor encanto de Sevilla. Perderte por el laberinto de callejuelas empedradas, patios y plazas de este barrio puede ser un buen plan en una mañana de sol en la ciudad. Lo mejor es no utilizar mapa para caminar por las calles de este antiguo barrio judío.

La plaza de Santa Cruz y la de Santa Marta tienen un encanto especial, y de interés es pasear por la calle Mateos Gago, donde con un buen montadito de pringá y un vino de naranja, podrás descansar y reponer fuerzas.

VISITAR LA CATEDRAL Y SUBIR A LA GIRALDA

La catedral gótica cristiana de la ciudad Hispalense es la más grande del mundo en cuanto a superficie se refiere y, por supuesto, una de las más bonitas en la actualidad. Además desde la Giralda, a 104 metros de altura, podrás disfrutar de una maravillosa panorámica de la ciudad, además de las vistas al patio de Naranjos.

IRSE DE TAPAS POR LA CIUDAD

Si por el contrario, prefieres un plan más relajado, que no suponga andar mucho, disfrutar de las tapas de los distintos ¨barecitos¨ de Sevilla puede ser una buena opción. Entre ellas, las tortas de camarón, el ¨pescaito¨ frito y la merluza rebozada, acompañadas de un buen vino, te harán disfrutar de una experiencia gastronómica única.

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