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La comarca de Zaragoza en época islámica: 3 contribución a su estudio | JUAN A. SOUTO LASALA

La inclusión de capítulos históricos en un volumen sobre la comarca de Zaragoza permite tener una idea de su devenir a lo largo del tiempo. Devenir que fue y sigue siendo constante tanto desde el punto de vista conceptual como del geográfico. Lo conceptual es el entendimiento que los seres humanos tienen acerca de lo que es o debe ser la comarca en cuestión. Lo geográfico, cómo se relacionan esos seres humanos con el medio físico de esa comarca, adaptándose a él o adaptándolo a sus necesidades y en la medida de sus posibilidades.

La incorporación de la antigua Hispania al conjunto del Mundo Islámico a partir de 711 significó la formación de al-Andalus, los territorios (siempre cambiantes en extensión y límites) de la Península Ibérica bajo dominio político islámico. Esto implicó muy profundos cambios en todos los sentidos.

También, por supuesto, en lo conceptual y en lo geográfico en relación con las unidades en que el país se dividió. En este caso se trata de la comarca de Zaragoza desde 714, fecha en que contempló la llegada de las primeras expediciones de musulmanes, hasta su toma por el rey aragonés Alfonso I en 1118. Nuestros conocimientos de ella dependen de la información de que disponemos. Esa información procede de dos categorías de fuentes: las escritas y las no escritas.

La labor de recopilación, sistematización y análisis comparativo del conjunto de los pasajes geográficos e históricos concernientes a la Frontera Superior de al-Andalus (el valle del Ebro y sus aledaños) en época omeya (siglos VIII a X, ambos inclusive) y contenidos en las fuentes históricas y geográficas escritas en árabe permitió trazar en su momento unas líneas generales de lo que debió ser la comarca de Zaragoza, así como registrar más de medio centenar de topónimos vinculados a ella. Ineludibles razones de espacio impiden realizar aquí un análisis crítico de todos y cada uno de esos datos, los detalles acerca de la comarca en cuestión, los tipos de asentamientos documentados, las variantes gráficas con que se han transmitido sus topónimos y la crítica de autenticidad de cuanto sobre ellos se sabe a través de las mencionadas fuentes. Valga presentar en este volumen un simple esquema general de los resultados obtenidos y una serie de directrices para la investigación.

Zaragoza era la madína (ciudad) más importante de la Frontera Superior de alAndalus y la que llegó a ser capital de uno de los más importantes reinos de taifas, razón por la que constituye un caso privilegiado en cuanto a la cantidad y la calidad de los datos que acerca de ella transmiten los autores musulmanes medievales, algunos de los cuales la llaman “metrópoli” (umm) de esa Frontera.

Una de las características principales de toda madína es la posesión de una más o menos amplia comarca cuyos hábitats cumplen diversas funciones. Lo primero que llama la atención del investigador es la variedad de vocablos que las fuentes emplean para referirse a dicha comarca en el caso de Zaragoza: las versiones romances de ar-Rází (899-955), por ejemplo, utilizan la palabra termino, que creemos pudo ser ‘amal en el texto árabe perdido. Este vocablo, ‘amal, plural a‘mál, es usado constantemente por Ibn Hayyán (988-1076) en el volumen V de su crónica, al-Muqtabis. También el geógrafo oriental Yáqút (ca. 1179-1229) llama ‘amal a la comarca zaragozana. De igual modo, aunque con menor insistencia, hacen la Descripción Anónima (siglo XIV) y al-‘Udhrí (1002-1086). La palabra en cuestión es empleada por los mencionados autores tanto en singular como en plural: tan pronto se menciona tal localidad “del ‘amal de Zaragoza” como se dice que Zaragoza tiene numerosos a‘mál.

El único que habla claramente de una comarca amplia de Zaragoza, dividida a su vez en varios distritos que menciona y describe, es al-‘Udhrí. Para la “comarca” emplea el vocablo “cora” (kúra) y a los distritos los denomina iqlím, plural aqálím. La descripción de este autor es, con diferencia, la más precisa que tenemos hoy día, seguida por la conservada (en varias versiones romances) de ar-Rází. La obra llamada Descripción anónima dice que Zaragoza posee (la-há) cinco iqlímes, pero no aporta sus nombres. Al-Himyarí (ca. siglo XV) se limita a decir que el Huerva (Baltash) es un iqlím de Zaragoza.

Aparte de esos iqlímes zaragozanos mencionados y descritos por al-‘Udhrí, y en ocasiones coincidiendo con ellos o complementándolos, aparece la llamada náhiya, plural nawáhí, cuyo único mentor y descriptor es Yáqút. Una atenta lectura comparada de ambos geógrafos, unida a su confrontación sobre el mapa lleva a la conclusión de que tanto iqlímes como náhiyas no serían tanto (o no sólo) demarcaciones administrativas, sino territorios agrícolas de regadío, ya que su distribución coincide bastante bien con las zonas de huerta de Zaragoza y muchas veces con un río que incluso llega a ser su homónimo, fenómeno que los autores recogen y resaltan. En el caso de al-‘Udhrí hay una gran concomitancia entre lo que dice de Zaragoza y de la Alpujarra, por ejemplo, donde las circunscripciones administrativas, que llama juz’, plural ajzá’, están organizadas en torno a un hisn (fortaleza) cada una y no coinciden en absoluto con los iqlímes mencionados en esa misma región. Ese autor no menciona juz’ alguno en la cora de Zaragoza, silencio que comparte con las demás fuentes relativas a la Frontera Superior.

Es evidente que nos encontramos ante un tipo de organización diferente de las descritas en otros puntos de la Península Ibérica. No terminan aquí los vocablos que los diversos autores emplean para significar zonas o circunscripciones dependientes de Zaragoza. De entre los restantes, de significado a menudo vago y difícil de precisar, quizás el de más sencilla interpretación sea “alfoz” (hawz, plural ahwáz), que Ibn Hayyán usa cuando habla de Alcañiz: esta población, a la que califica de hisn (castillo), se encuentra en los alfoces (ahwáz) de Zaragoza. Otros vocablos son batn, habr y qutr, mencionados los tres por Yáqút. Se presenta a continuación una lista de los sustantivos utilizados por las distintas fuentes para referirse a la comarca de Zaragoza o a las zonas o distritos que en ella se incluyen. Se apuntan también, en su caso y entre paréntesis, los topónimos que como tales se consignan. Las palabras con un asterisco sólo se usan para significar la comarca: *‘Amal, plural a‘mál; *batn; jiha, plural jihát; *habr; hawz, plural ahwáz; iqlím, plural aqálím (Belchite, Cutanda, Las Fuentes, Gállego, Huerva, Jalón, Qasr ‘Abbád, Zaragoza (iqlím al-madína) y Zaydún; *kúra; náhiya, plural nawáhí (Alfambra, Belchite, Bigas (?), Gállego, Madínat Galwádha, Guadalope, Hatrúna, Jalón, Montañana (?), Villanueva (?), Zanata, Zaragoza (las de la ciudad)); *qutr; *termino. Parece ser, por lo que de aquí puede concluirse, que pocos autores se ponen de acuerdo a la hora de emplear un vocablo u otro para denominar lo que nosotros llamamos “comarca” de Zaragoza. En lo único que todos coinciden es en denominar a ésta madína. Creemos que está claro que las palabras usadas son otros tantos sinónimos significantes del territorio sobre el que Zaragoza, como madína, ejercía su jurisdicción. Lo que realmente importa no es tanto el vocablo utilizado como la condición de madína, el territorio y la autoridad ejercida. Son, insistimos, los únicos tres factores en que las fuentes son unánimes.

En cuanto a la tipología de los asentamientos documentados, es muy diversa: Zaragoza es llamada madína por todos los autores que la califican de alguna manera. La única excepción a esta regla es Yáqút, que le llama balda (“población”, sin especificidad de dimensiones ni de funciones administrativas), igual que a Cutanda. Habría varias madínas dependientes de Zaragoza: la Descripción anónima menciona cuatro, que son Gáfiq, Juráwa, Rueda de Jalón y Yárisha. Sólo la tercera está localizada. Al-‘Udhrí menciona dos, Galwádha y Rueda de Jalón. Al-Himyarí no atribuye categoría de madína sino a Ricla y a Zaragoza. No es probable que Ricla tuviese los rasgos físicos, institucionales, económicos y sociales propios de una madína. Su caso no es comparable con el de Rueda: el hecho de que ésta sea llamada madína por al-‘Udhrí y por la Descripción anónima se debe sin duda a que fue residencia voluntaria y recreativa al principio, forzosa a partir de 1110 (fecha de la toma de Zaragoza por los Almorávides), de la dinastía taifa de los Banú Húd, que la ocuparía hasta mediados del siglo XII. Es sintomático en este sentido el hecho de que ni ar-Rází ni su seguidor Ibn Hayyán, cronistas de los Omeyas, llamen a Rueda madína. En cuanto a Gáfiq, Galwádha, Juráwa y Yárisha, no hay más que una mención de cada una de ellas. Había que considerar prudentemente incluso la existencia de tales madínas siquiera fuese como asentamientos de cualquier otro tipo.

Como conclusión, parece poco probable que hubiese madínas propiamente dichas dependientes de Zaragoza. Antes bien, ésta era la madína rectora de su propia comarca. Menciones aisladas de la dependencia de Calatayud, Daroca, Huesca y Medinaceli respecto de ella han de leerse con cautela, pues no resisten un análisis comparativo con el resto de los datos aportados por las fuentes escritas que avalan su “independencia”.

Un caso distinto es el del hisn, plural husún, que la versión castellana de ar-Rází llama castillo: el número y la distribución de estos asentamientos, junto con los datos aportados por las fuentes históricas, son lo bastante reveladores como para que podamos hacernos una idea muy aproximada de su función, primordialmente bélica, y del mecanismo de defensa de la Zaragoza omeya. Los hisns nombrados como dependientes de Zaragoza por unos u otros autores son Alagón, Alcañiz, Burqulish (no localizado), Cadrete, Caspe, Hisn Almunastír o Hisn Baní Khattáb (Almonacid de la Cuba), Maluenda, María (de Huerva), Rueda de Jalón y la no localizada Warsha. Los casos cuya atribución a las dependencias de Zaragoza por algunas fuentes está suficientemente rebatida por las demás son Daroca, Jiloca y Somed. Hay que señalar que no todos los autores concuerdan a la hora de calificar determinadas poblaciones como hisn.

Sólo se conoce un caso de alcázar (qasr): se trata de Qasr ‘Abbád, uno de los iqlímes de Zaragoza. Elías Terés lo identificó “sin ninguna duda” con el despoblado de Cazarabet, citado por Asso en el partido judicial de Alcañiz.

La Descripción Anónima es la única fuente que habla de torres (burúj, singular burj) en la comarca de Zaragoza: dice que en todos sus iqlímes las hay en número incontable. Puesto que, como se ha visto, los llamados iqlím constiturían zonas fundamentalmente hortícolas, no debe sorprendder que en ellos hubiera torres: al hablar de las aldeas (diyá‘) de Lérida, al-Himyarí dice que tienen sus propios burjs, que sirven de defensa a los colonos (‘ámirún). Este hecho era relativamente normal en todo al-Andalus, hasta el punto de que el vocablo “torre” llegó a sufrir un cambio semántico en ciertas regiones españolas y concretamente en Aragón, donde significa a la vez un edificio defensivo, una casa de labor y una propiedad de regadío. Al-‘Udhrí habla también de Burj ar-Rúmí en los límites entre la comarca de Zaragoza y la de Huesca. El lugar ha sido identificado con Almudévar.

Otro asentamiento fortificado por definición es la atalaya (táli‘), de la que se conserva una sola mención: se trata de Táli‘ Quwart, a cuatro millas de Zaragoza y sobre el Huerva, según Ibn Hayyán. Corresponde al actual Cuarte de Huerva, en cuyos alrededores se conservan posibles restos de fortificaciones que convendría estudiar.

Una sukhayra, literalmente “peñita”, está atestiguada por su propio topónimo y documentada por al-‘Udhrí: se trata de Zuera. Asentamientos también militares son las mahallas de Muel y de as-Safsáf (no localizada, pero que se encontraría entre Encinacorba y Cariñena), consignadas en el volumen V del Muqtabis.

Tal y como su nomenclatura indica, se trata de campamentos más o menos provisionales. Una mahalla excepcionalmente bien documentada es la al-Jazíra, establecida por ‘Abdarrahmán III en 935 ante Zaragoza para sitiar al rebelde sáhib (“señor”) de ésta, Muhammad b. Háshim at-Tujíbí, y que hubo de mantenerse hasta la capitulación de la ciudad en 937. Hablan de ella Ibn Hayyán y al-‘Udhrí. El primero le llama ‘askar, dár muqám, hulúl, madína, mahalla, manzil y mu‘askar. El segundo, sólo mahalla y mu‘askar. No está localizada, pero su existencia no parece plantear dudas.

Los asentamientos que Yáqút llama thagr, plural thugúr, o “plaza fronteriza”, son alManára (que ha sido identificado con Almenaro Alto o Bajo, provincia de Lérida) y Chiprana. El primero, en caso de ser su identificación acertada, no pertenecería a la comarca de Zaragoza, dada su distancia respecto de la ciudad. En cuanto al segundo, el autor dice que está en el Sharq (Oriente de) al-Andalus, cerca de Tortosa. Al-Himyarí no hace sino nombrarlo, sin consignar su tipología. Parece claro que, al contrario de lo que ocurre con otras localidades, a Chiprana habría que englobarla necesariamente en la comarca de Zaragoza, aunque las fuentes no lo digan de forma explícita.

Pasemos a los asentamientos no militares: quizás los más fácilmente caracterizables sean las alquerías (qarya, plural qurà), que alguna fuente dice que Zaragoza posee en grandes cantidades. Sólo al-‘Udhrí hace mención de dos alquerías concretas: Cabañas y Muel, planteando problemas la inclusión de una tercera, Ricla, en este grupo, ya que nombra “la alquería de Cabañas y Ricla”, sin que pueda deslindarse muy bien la una de la otra. De hecho, Cabañas es hoy día un despoblado entre La Almunia de Doña Godina y Ricla. La escasez de “hechos históricos reseñables” en los asentamientos esencialmente agrícolas que son las alquerías debió llevar a los cronistas y geógrafos a no dar relaciones de ellas salvo en casos extremadamente necesarios, como son los de los ejemplos mencionados, que sólo se consignaron para servir de puntos de referencia. Hay que destacar que la toponimia de la zona apenas recoge el vocablo, prevaleciendo el de “almunia”, del que se acaba de citar un ejemplo.

Otros asentamientos no tan fácilmente tipificables, al menos hasta que se estudien desde el punto de vista material, son los documentados como balad y balda. Ambos figuran en la obra de Yáqút: balda es Cutanda y también lo es Zaragoza; balad sería Calanda, así como Huerva (Baltash). Al-‘Udhrí llama también balad a una presunta Villanueva (Balad Núba) situada en el iqlím Funtush (¿actual barrio de Las Fuentes?)

Hay constancia de un manzil (“parada”, “etapa”, pero también “morada”) documentado por al-‘Udhrí en el iqlím del Gállego: Manzil Hassán, que no ha de identificarse con Mozarrifar, pues éste deriva de Manzil Rifá‘a, siendo Rifá‘a el nombre de una importante tribu bereber. Yáqút documenta un mawdi‘ (lugar): se trata de Labata, que todas las demás fuentes atribuyen al término de Huesca. Por último, hay tres vocablos que no hacen referencia a ningún tipo de hábitat, los tres documentados por al-‘Udhrí: se trata de los empleados para referirse a Alfamén, Velilla de Ebro y Badhra. El primero se llamaba en árabe Fahs al-Ham[m] ám, “Llano del Baño” o “de las Palomas”, según se lea con dos emes o con una sola, respectivamente; el segundo, ‘Aqabat Malíla, “Cuesta de Malíla”, nombre de una tribu bereber; el tercero, Fajj Badhra o “Desfiladero de Badhra”, situado entre los nacimientos de los ríos Huerva y Aguasvivas.

De cuanto se ha expuesto hasta ahora puede deducirse que la comarca de Zaragoza en época islámica tuvo un poblamiento humano importante, con numerosos núcleos documentados y una clara diferencia de funciones tanto de los territorios como de las aglomeraciones sitas en ellos. La explotación agrícola y la defensa son las dos tareas más evidentes, y ambas han de vincularse estrechamente a los intereses de la madína rectora, esto es, de Zaragoza. La organización espacial de esta comarca zaragozana queda puesta de manifiesto en el mapa adjunto.

Al igual que en el texto de este trabajo, en él se han incluido en bloque y de forma esquemática los datos aportados por las fuentes consultadas (e identificados), es decir, todos los asentamientos (sin diferenciar tipológicamente) y todos los ríos. Se exceptúan las poblaciones vinculadas a Zaragoza según un solo autor cuando el resto de ellos es unánime a la hora de atribuirlas a otra circunscripción.

Al ver ese mapa es imposible no preguntarse si se pueden considerar pertenecientes a la comarca zaragozana lugares como Caspe, Calanda o Alfambra, distantes varias jornadas de la madína. ¿No las vincularía a Zaragoza el respectivo autor por el simple hecho de estar en la Frontera Superior? A nuestro entender, el radio de influencia más directa de Zaragoza y dentro del cual quedaría englobada su comarca no tendría en promedio más de unos cuarenta kilómetros, equivalentes a la distancia media a recorrer a pie en una jornada. En el mapa hay dibujada una circunferencia de trazo discontinuo y radio equivalente a cuarenta kilómetros. Puede verse que todas las poblaciones que están dentro del círculo resultante “pertenecen” a Zaragoza, según las fuentes (a excepción de Chiprana). Casos como Ricla, Velilla o as-Safsáf (ya se ha dicho que la localización de esta última, si bien no es precisable con exactitud, es fácilmente deducible) se encuentran en el límite de la comarca, tal como los textos señalan de forma explícita o implícita. A propósito de ello, al-‘Udhrí dice que los ríos de Zaragoza riegan unas cuarenta millas, veinte los menores.

La labor que realizamos en su día tuvo unos límites muy precisos, ya citados al comienzo de este trabajo. Hoy sigue pendiente el recoger los datos de las fuentes históricas relativas a los periodos de taifas y Almorávides (de comienzos del siglo XI a comienzos del XII), que podrían plantear aspectos de gran interés, como el cambio de funciones de los asentamientos, en especial de los fortificados, tanto a título individual como en cuanto sistemas defensivos complejos. Otras fuentes a estudiar de esta manera son los repertorios bio-bibliográficos, que no sólo aportan datos sobre asentamientos no documentados por otros textos, sino también noticias topográficas de conjunto y de detalle y datos en torno a la composición étnica de los habitantes de la comarca de Zaragoza, aspecto que las fuentes históricas abordan, pero en el que no entramos aquí. Una cuidadosa lectura sabrá tener todo esto en cuenta. Compendios poéticos tales como el diván de Ibn Darráj aportan datos de interés a la hora de estudiar asentamientos, como ya se ha demostrado en algún caso. Todas estas fuentes escritas en árabe tienen su perfecto complemento en la documentación cristiana inmediatamente posterior a la “reconquista”: fueros, cartas pueblas, concesiones, etc. constituyen magníficas “radiografías” del mundo rural andalusí recién caído en manos cristianas.

La toponimia ha de ser otra fuente inestimable de datos. Es muy posible que sólo la comarca de Zaragoza, límite espacial de esta aportación, encierre numerosos nombres de lugar árabes (e islámicos en general), sobre todo microtopónimos, no ducumentados por fuentes “oficiales” y de los que poco o nada se sabe. La confrontación de la toponimia subsistente con los datos de las fuentes islámicas y de las cristianas de primera época sería una labor sin duda interesante y reveladora.

Aquí han salido ya “Almunia (de Doña Godina)” y “Mozarrifar”, pero en un instante vienen a la memoria nombres tan sugerentes como “Alcalá (de Ebro)”, que deriva del árabe al-qal‘a, “la fortaleza”, y donde hay importantes restos de arquitectura militar, “Monzalbarba” (Manzil Barbar o “morada de bereberes”), “Fabara” (de la tribu bereber Hawára) o “Mequinenza” (de la tribu bereber Miknása), estas dos ya fuera de lo que sería la comarca de Zaragoza.

Por último, es necesario el estudio de los restos materiales disponibles: la sistematización de las características físicas y el establecimiento de tipologías es un paso ineludible para la localización y catalogación de asentamientos no documentados por otras fuentes. Resulta a todas luces llamativo, por ejemplo, el hecho de que para toda la superficie ocupada por territorios hortícolas (iqlímes y náhiyas) no haya referencias escritas sino de tres alquerías o asentamientos “puramente” agrarios.

En casos como éste es donde la arqueología ha de cumplir un papel esencial, evidenciando núcleos sobre los que las fuentes “oficiales” callan o echando luz sobre problemas que éstas no resuelven. Lo mismo cabe decir acerca de las fortificaciones: la “castellología” clásica ha tendido a considerar islámicos o cristianos edificios que habría que comprobar de manera fehaciente si son lo uno o lo otro, y en todo caso precisar su cronología dentro de cada período.

Sólo el conjunto de todas las aportaciones así logradas podrá dibujar con un mínimo de precisión lo que fue la comarca de Zaragoza en época islámica. Esta contribución no pretende sino presentar a vuelapluma unos logros obtenidos hace ya bastantes años y que desde entonces no han sido actualizados en su conjunto.

Por eso, también quiere servir de acicate a los investigadores preocupados por el problema, bien sea en éste, bien en otros contextos geográficos andalusíes.

DESTINOS ALTERNATIVOS EN ARAGÓN

1) Visitas guiadas a las pinturas rupestres del Somontano de Barbastro (Huesca), Patrimonio de la Humanidad. Un viaje a los orígenes del ser humano que no te puedes perder.

2) La Sima de San Pedro, se encuentra a 4 kilómetros de Oliete (Teruel). Esta sima es única en Europa por sus espectaculares dimensiones. Mide 86 metros y en su fondo existe un lago de 22 metros de profundidad cuya agua procede del río Martín.

3) Museo de Arte Sacro y Religioso del Prepirineo de Uncastillo (Zaragoza). Además de las obras que se exponen, el audiovisual que se proyecta te hará viajar a plena Edad Media y conocer como trabajaban los canteros. También te aconsejamos la visita a esta espléndida localidad cincovillesa.

4) La Plaza Mayor de Graus ( Huesca) quedó finalista en el concurso “El Mejor Rincón 2015. Guía Repsol”. ¿Aún no la conoces? Se trata de una plaza porticada de gran belleza, en la que se reúnen varios edificios de varias épocas cuyas fachadas están decoradas con pinturas de vivos colores.

5) Nuestro oro líquido, el aceite se elabora en las almazaras. ¿Quieres conocerlas?. En el Bajo Aragón turolense podrás visitar algunas almazaras tradicionales así como las instalaciones más modernas de algunos productores.

6) Las Hoces del río Mesa. Cercanos a Jaraba (Zaragoza) se encuentra este estrecho cañón de paredes verticales que superan los 100 metros de altura. Hábitat perfecto para aves rapaces como el buitre leonado. No te pierdas el sencillo sendero circular que te permite recorrer estas inmensas moles de piedra.

7) Desde varios puntos de Jaca (Huesca) , se puede observar en la lejanía, la silueta rocosa de Peña Oroel. A pie desde Jaca puedes subir hasta la misma cruz de Oroel desde donde podrás disfrutar de unas increíbles vistas del Pirineo,o la Canal de Berdún…

8) El Centro Buñuel de Calanda (Teruel) es una ventana donde asomarte al cautivador y enigmático pensamiento y obra del cineasta Luis Buñuel. Un centro de referencia, para conocer más sobre este genial artista y el entorno que tanto le marcó en su vida y en su obra.

9) El Acueducto Romano de Cella (Teruel) es una de las infraestructuras hidráulicas más impresionantes de la España romana, el acueducto que se extiende entre Albarracín, Gea y Cella tiene una serie de tramos visitables. Desde el Centro de Interpretación de Gea puedes recorrerlo en compañía de un experto. !No faltes a la cita!

10) Y para terminar ¿qué tal un paseo por el Parque Grande José Antonio Labordeta de Zaragoza?.Andando, en bicicleta, con patines, en tren… cualquier opción es perfecta para recorrerlo. Déjate seducir por este espacio natural urbano en cualquier época del año.

DISFRUTAR DE LA NIEVE

El frío y la nieve ya están aquí y con ello la temporada de esquí que tanto tiempo llevabas esperando. No pienses que en las estaciones de esquí aragonesas sólo se puede esquiar. Descubrirás las numerosas alternativas que existen para que te dejes envolver por el manto blanco de nuestras montañas aragonesas

Si lo tuyo es el esquí alpino, Aragón cuenta con 7 estaciones alpinas y 366 kilómetros esquiables para poder practicar el deporte de invierno por excelencia. Pero si te apetece probar algo diferente, te proponemos otros deportes y actividades relacionados con la nieve.
Seguro que conoces el Snowboard, practicable por ejemplo, en las estaciones del grupo Aramón y en Astún, donde te podrá entrenar Richard Fernández, uno de los gurús del snow. Además, si eres de los que te gusta sentir la velocidad, en Aramón Cerler y Aramón Javalambre-Valdelinares podrás demostrar tu destreza en el cronoslalom para medir tu tiempo de bajada esquiando. Los peraltes, dubies y saltos, de las estaciones del grupo Aramón son aptos si tienes un nivel medio de esquí. Si te gustan las emociones, prueba el Speed Riding, esquía con una mini vela de la mano de profesionales en zonas reservadas en la estación de Aramón Cerler. Si dejas los esquís y quieres ver el Pirineo en su esplendor invernal, acércate hasta lugares inaccesibles y admira parajes únicos; súbete a una moto de nieve en las estaciones de Aramón Cerler, o Candanchú, pasea en el telecabina de la estación Aramón Formigal-Panticosa (sector Panticosa) o déjate llevar en un trineo tirado por perros en Aramón Cerler. Si quieres pura diversión en compañía de amigos o familia coge un trineo en Aramón Javalambre-Valdelinares y en Aramón Formigal-Panticosa (sector Panticosa) o en Candanchú.

Otra alternativa para disfrutar de la nieve y la naturaleza en compañía de otros, es el esquí de fondo, también llamado nórdico. Aragón cuenta con 9 espacios de este tipo, enclavados en espacios naturales protegidos. 156 kilómetros repartidos en los valles del Pirineo y en la provincia de Teruel. Un entorno ideal para esta práctica o para realizar excursiones back-country o Telemark y paseos con raquetas de nieve. Para saber más www.espaciosnordicosdearagon.es

Además las estaciones Astún y Candanchú en el valle del Aragón de Huesca ofrecen esta temporada la tarjeta Skipass AStún & Candanchú para que disfrutes de 100 kilómetros esquiables con un forfait único.

¿Estás preparado? Aragón el reino de la nieve te está esperando

Monte Perdido

Cuando lleguéis a Cola de Caballo desde la Pradera de Ordesa, será ya por la tarde y os quedarán pocas horas de sol. En el post al que hacía referencia antes, os hablaba de volver por la ruta de las Cascadas o por la Senda de los Cazadores y hacer un círculo. Otra opción es seguir subiendo con el objetivo de alcanzar la cima del Monte Perdido.

Una buena opción al llegar a Cola de Caballo es pasar la noche en el refugio de Góriz, que está a un poco más de una hora de la majestuosa cascada. Saliendo desde allí, tendréis a vuestro alcance la interminable subida hasta el Monte Perdido, la tercera montaña más alta de los Pirineos.

Si optáis por pasar la noche en el refugio de Góriz, a unos 2200 metros de altura os tocará hacer una buena subida -de alrededor de 300 metros de desnivel- hasta alcanzar el refugio, con todos los kilómetros que llevabais encima, así que tomáoslo con calma.

Esta subida a Góriz es una ruta de senderismo que tampoco es nada fácil, ya que se trata de un camino muy duro con mucho desnivel y que ocasiona bastante desgaste. Desde el refugio tendréis una foto preciosa de todo el valle de Ordesa.

Sólo por las vistas desde allí ya merece la pena subir. En el refugio podréis dormir en cama (hay que pagar unos 20 euros) o en vuestra tienda de campaña si os la lleváis. Venden comida caliente y, lo más importante, tienen taquillas para que dejéis las mochilas con el objetivo de subir al Monte Perdido.

Al día siguiente hay que levantarse bien pronto y desayunar bien, porque la subida al Monte Perdido es muy dura. Se trata de 1200 metros de desnivel repartidos en tres horas o cuatro de subida. Aseguraos de tener unas buenas botas y de estar preparados físicamente para la subida.

También de que hay buen tiempo y de que no haya problemas de avalanchas en la zona. La primera etapa de la subida es bastante dura. Se trata de cuestas muy empinadas con ciertas partes que requieren bastante habilidad y fortaleza física. Desde Góriz no hay un valle lo suficientemente accesible como para hacer una subida más fácil.

Después habrá que atravesar una parte de rocas un poco desprendidas del suelo, en la que también necesitaréis algo de habilidad. Lo bueno de esta parte, de alrededor de una hora, es que no tiene tanto desnivel y la montaña os da un respiro. Termina cuando llegáis al Lago Helado, ya muy cerca de los 3000 metros de desnivel.

La última etapa de la subida es la más dura, pero merece la pena hacer el último esfuerzo. Para coronar el Monte Perdido hace falta subir por cuestas todavía más empinadas donde además la piedra se desprende con facilidad y ocurre eso de “subir un paso para bajar dos”.

Subid con precaución y mirad donde pisáis, porque es mejor ir despacio que intentar ir más deprisa, ya que un paso en falso en este tramo puede hacerte descender 20 pasos de subida.

Una vez en la cumbre tendréis toda la vista del Pirineo Aragonés para vosotros. Veréis glaciares, lagos, montañas altísimas, valles glaciares… No hay monte más alto en kilómetros a la redonda. Es una de las vistas más bonitas que recuerdo.

El camino de vuelta

La bajada es mucho más sencilla que la subida. Sólo necesitáis tener un poco de cuidado, especialmente en la primera y última etapa de la subida. Os llevará una hora menos que la subida.

Si tenéis las fuerzas y estáis por la zona, no dudéis intentar subir al Monte Perdido en el Parque Nacional de Ordesa. Tendréis una experiencia tan agradable como la que he tenido yo recordándolo al escribir esta entrada.

La Seo de Zaragoza y la mezquita aljama de Saraqusta

“Hanas ibn cAbd Allah as-Sancáni construyó la mezquita de la ciudad y levantó su mihrab. Cuando se hizo una ampliación de la mezquita-aljama, fue demolido el muro meridional, respetando el mihrab. Excavaron por debajo de él y lo levantaron sobre dos grandes vigas de madera bajo las cuales colocaron unas columnas tumbadas con el fin de trasladarlo de sitio. Tiraron luego de las dos vigas por medio de cables pero el mismo día en que se hizo comenzó a grietarse el mihrab. Al día siguiente lo aseguraron con cables y volvieron a correrlo hasta el lugar en que hoy sigue emplazado. Por encima de él y a sus lados construyeron el edificio que lo recubre”.(Ahmad ibn cumar al cudri, 393/1003 – 478/1085).

“En su mezquita hay un mihrab de un solo bloque de marmol blanco que no existe en la tierra otro como éste”. (Az-Zuhri).

Las fuentes árabes que hablan de la mezquita mayor de Zaragoza, destacan de ella su mihrab, debido a que se creía que su constructor fue el tabí Hanas as-Sanºáni, venerado personaje que había conocido al Profeta, y que enterrado en el cementerio de báb al-Qibla (junto a la actual iglesia de la Magdalena), era objeto de devoción en todo Al-Andalús. La tradición cuenta que la mezquita de Zaragoza era la mas antigua de Al­-Andalús, mandada construir por el tabí yemení citado.

A lo largo de sus cuatro siglos de existencia abierta al culto islámico, tenemos constancia de dos ampliaciones y de que fue construida de nueva planta; esto último lo sabemos por las excavaciones que han sacado a la luz los cimientos de edificaciones, tanto correspondientes a la mezquita como a otros edificios. Entre éstos se encuentra un templo romano, situado bajo la puerta de la Pabostria, y orientado según el viario de la ciudad, o sea, según los ejes de las calles Mayor y San Gil. Probablemente, este templo se reutilizaría para catedral visigoda, por lo que los excavados cimientos de la mezquita, girados con respecto a la trama viaria y al propio templo al que venía a sustituir, tuvo que ser edificada de nueva planta. ¿Pero, por qué no se aprovecharon las estructuras del edificio anterior, como es práctica habitual desde la antigüedad hasta nuestros días? La respuesta es simple: las mezquitas, o sea, su cerramiento del fondo o muro de la qibla, han de estar canónicamente orientadas hacia La Meca, y el templo romano no lo estaba. Hanas as-Sanºáni, tradicionalmente ligado a su fundación, debió ordenar la demolición del principal templo de la ciudad hispano-visigoda para permitir la erección de uno nuevo correctamente orientado, como símbolo del nuevo poder musulmán en contraposición del viejo régimen militar expulsado del gobierno.

Pero Zaragoza, una de las ciudades más alejadas de la capital andalusí, y gobernada al principio por una dinastía indígena, los Banu-Qasi, y posteriormente por otras de origen yemení, los Tuyibíes y los Hudíes, intentaba, y muchas veces lo conseguía, zafarse del centralismo cordobés. Su magnífico emplazamiento en la frontera con la Europa cristiana, y en el centro de un amplio y fértil valle que recordaba paisajes de Oriente, permitió un extraordinario desarrollo comercial y demográfico, que se veía acompañado, como se ha dichos cuando se podía, de una autonomía política. Además, los habitantes de este territorio, denominado en árabe Zagr al-Andalus, o sea, Marca o Frontera de España, tomaron conciencia de su diferenciación del resto de andalusíes, hasta el punto, que cuando fueron expulsados en 1610 a Túnez y Argelia, seguían conservando la conciencia de su naturaleza nacional de zagríes (o tagarenos) o sea, aragoneses musulmanes.

A principios del siglo XI, exactamente el año 1018, tras la fitna o guerra civil que desintegra el califato Omeya, aparece el primera entidad política independiente sobre el actual territorio aragonés: el reino de Saraqusta habitado por zagríes. Mundir I, su primer sultán, ordenó la segunda ampliación conocida de la mezquita que es la descrita por al-ºudri al principio del artículo.

En el año 856, siendo príncipe o emir de Córdoba Muhammad I, el fundador de la ciudad de Madrid y constructor en Calatayud del más antiguo complejo militar conservado en Alandalús, se tiene constancia de una ampliación de la mezquita. El descubrimiento durante las recientes obras de restauración de la Seo de la huella de un alminar cerca del actual campanario permite corroborar la primera hipótesis sobre la planta de la primitiva mezquita que publiqué en TURIASO VII en 1987. Este alminar era de planta cuadrada y modestas dimensiones, en correspondencia con el tamaño de la mezquita y la ciudad en los primeros siglos de gobierno musulmán. Formalmente estaba enlazado con la arquitectura cordobesa de los Omeyas, sobresaliendo la ventana geminada del cuerpo superior, resuelta con arcos de herradura y decorada con yeserías. Los alminares de La Seo

A lo largo del siglo XI, Saraqusta conoció el periodo de su historia de mayor crecimiento económico, cultural y demográfico, que se ve reflejado por el único monumento musulmán que la historiografía oficial admite: La Aljafería. Este desarrollo sin precedentes tendría que, necesariamente, venir acompañado de grandes construcciones que diesen respuesta a este esplendor. Por tanto, esta situación tuvo que alcanzar a la mezquita: ésta debió ampliarse hacia el sur y hacia el norte, lugares por donde aún asoman los cerramientos de la mezquita conservados, y el muro exterior y la cúpula de mocárabes de la Parroquieta. Ésta, de una altura muy superior al resto de la mezquita, hasta tal punto que sobrepasaba la del alminar viejo, debió ser una fundación real, quizás de Ahmad I Al-Muqtadir, el constructor de La Aljafería, destinada quizás a madrasa o centro de estudios, además de a mausoleo, a juzgar por las inscripciones de la cúpula y el posterior uso de tumba del arzobispo don Lope.

Cuando los Tuyibíes toman el poder en Zagr al-Andalús (Aragón andalusí), quizás movidos por el deseo de diferenciarse de las costumbres y arquitectura cordobesas, comienzan a adquirir gustos y costumbres traídos directamente del admirado próximo Oriente. Se conoce a ciencia cierta que la filosofía oriental llega a Zaragoza directamente desde allí. Pero, ¿de donde procede la arquitectura zagrí, es decir, edificios de ladrillo cogidos con yeso y con profusa decoración a base de lacerías del mismo material, con cerámica vidriada intercalada?. Lógicamente del mismo Oriente de donde procedían las clases dirigentes y el resto de sus manifestaciones culturales, incluida su religión. Además, esta tipología constructiva les venía que ni pintada para dar solución al medio natural aragonés: ausencia de piedra y abundancia de arcilla y especialmente de yeso y alabastro, materiales éstos, raros en el resto de Occidente. Los principales elementos estructurales, constructivos y ornamentales de esta arquitectura los encontramos en los edificios de Iraq e Irán, algunos -como las bóvedas enjarjadas y los arcos apuntados- en edificios tan antiguos como las tumbas de Ur, fechables hace 4.000 años. El imperio Sasánida, última entidad política existente en esos países antes de la llegada del Islam, transmitió estas técnicas a los nuevos edificios públicos que se construyeron a partir de entonces, y se sabe que se formaron tal cantidad de maestros de obras que hubieron de emigrar transmitiendo sus conocimientos. Y Aragón sería uno de sus destinos por la gran afinidad de su medio ambiente con el de su país de origen. Por eso, La Aljafería es la única fortaleza en llano de toda España (y gran parte de África), al contrario de Oriente, en donde es común. Y la desaparecida Torre Nueva, cuya singular planta estrellada tiene su antecedente en las torres selyuqíes de Irán, así proyectadas para ahuyentar a los malos espíritus.

Volviendo a la Seo zaragozana, la historiografía oficial siempre había considerado que tras la “Reconquista”, se construyó una catedral románica sobre el solar de la mezquita. “Inexplicablemente”, años después habría de ser demolida (como el resto de iglesias románicas del valle del Ebro, cosa que no ocurrió en el Viejo Aragón, donde casualmente si se conservan numerosísimos ejemplos del románico) para ser sustituida por una catedral gótica que finalmente fue ampliada a finales del s. XV y principios del s. XVI para adquirir su extraña fisonomía actual: la única catedral de Occidente, si exceptuamos la de Córdoba, con planta cuadrada en lugar de longitudinal. Y además, la única que tiene sus ábsides románicos orientados hacia el norte en lugar de hacia el este.

En la revista Turiaso antes citada publiqué estas consideraciones y llegaba a las siguientes conclusiones:

La conquista de Zaragoza por el rey Alfonso I supuso un descenso brusco de su población a la vez que el nivel de desarrollo cultural de los nuevos pobladores era muy inferior al de los anteriores. Por tanto, aquellos aprovecharían los edificios que se encontraron, evitando su derribo. En el caso de La Seo se limitaron -al cabo de 70 años­a construir tres ábsides románicos que se emplazaron al norte, lejos del venerado mihrab situado al este. El mihrab, convertido en capilla de la Virgen dentro del claustro que se construyó más adelante, aún era venerado por los moros zaragozanos en 1496, según relata Münzer en su libro de viajes.

En el siglo XIV, cuando “era muy antigua… y amas desto era baja y oscura…” o sea que seguía en pie la mezquita, se derriba en parte para construir en su interior la catedral mudéjar, que con las ampliaciones de los arzobispos de la Casa de Aragón llegarían a alcanzar el cerramiento exterior cuadrado de la mezquita.

En el mismo siglo XIV, el arzobispo Lope Fernández de Luna manda construir la capilla de San Miguel que le habría de servir de enterramiento, y que es conocida popularmente con el nombre de Parroquieta. Interiormente, la capilla, que tiene acceso directo desde el exterior, consta de una cabecera cubierta por una cúpula de madera decorada con epigrafía cúfica árabe y mocárabes, y a un lado se emplaza la tumba gótica del obispo enmarcada por dos ventanas góticas. Bajo la tumba se sitúa una escalera que accede a una cripta. Esta escalera, está cubierta como es habitual en los edificios zagríes y mudéjares, con bóvedas enjarjadas de ladrillo, pero se ven interrumpidas por una bóveda vahída de piedra sobre la que apoya la sepultura gótica, lo que obliga a agacharse para poder franquearla. La nave de la capilla es de dos tramos y cubierta por bóvedas de crucería e iluminadas por sendas ventanas góticas correctamente emplazadas en los ejes de cada uno de los tramos. El cerramiento exterior está resuelto según la técnica oriental de ocultar elementos estructurales –justo lo contrario de la arquitectura gótica, que los resalta- mediante dos muros paralelos trabados mediante bóvedas enjarjadas de ladrillo que acompañan a escaleras y corredores. Uno de estos pasillos se interrumpe violentamente al llegar a una de estas ventanas góticas. Exteriormente, la Parroquieta destaca por una exquisita decoración geométrica que queda violentada por la existencia de las cuatro ventanas góticas. Además, como hemos visto, los corredores del muro exterior quedan interrumpidos en mayor o menor medida por los elementos incuestionables datables en el s. XIV: sepultura y ventanas. Por tanto, don Lope no pudo construir de nueva planta sino que recicló una construcción preexistente.

La torre barroca envuelve y oculta el antiguo alminar de la mezquita, de planta octogonal. Ya el arquitecto don Francisco Íñiguez, que restauró la Aljafería cuando estaba oculta por un cuartel, había publicado en los años treinta la existencia de este alminar, encuadrando también dentro del periodo islámico otras torres como las de Tauste o Ateca. En los croquis preparatorios de la vista de Zaragoza, de Van der Wingaerde, aparece la torre de la Seo con planta octogonal (Los alminares de La Seo). Sin duda, este alminar de notables proporciones, vino a sustituir al primitivo de época emiral o califal, que se vio embutido por la fábrica de la Parroquieta, de mayor altura que éste.

En segundo lugar, el descubrimiento en 1992 del arquitecto autor del muro de la Parroquieta: Salama bin Galb. En ese año, Ignacio Gracia, Arquitecto Director de las obras de restauración, a quien previamente yo le había puesto al corriente de la posible evolución constructiva de la Seo, me invitó a visitar el exterior de la Parroquieta, entonces accesible mediante andamio. Me explicó que el inmediato ábside románico se apoyaba sobre el muro de la Parroquieta, por lo que éste debía ser más antiguo, y por tanto y posiblemente, musulmán. Durante esta visita reparé en una inscripción sobre el yeso del fondo de uno de los rombos curvilíneos del muro, el situado más hacia la derecha de la pared. La inscripción en caracteres cúficos (dejan de usarse en el siglo XII) dice : ºamal…. Salama bin Galb, que puede traducirse como el trabajo o la obra es de Salama bin Galb. Publicado en la prensa local a toda página días después, un silencio sepulcral por parte de los responsables científicos en materia de arte, ha acompañado a este hallazgo. Únicamente conozco una pequeña referencia suscrita por María Isabel Álvaro Zamora (Universidad de Zaragoza) que en un trabajo titulado “La decoración cerámica en las obras del Papa Luna” publicado por el CEB en 1994 en homenaje a Benedicto XIII, dice al respecto que “…al haber aparecido una inscripción cúfica, grabada sobre el enlucido de yeso, con el nombre que pudo ser su maestro de obras:… “Galí”. Nota 3: El hallazgo correspondió con las obras de restauración de la catedral y concretamente con las ya concluidas del muro de la Parroquieta, que se realizaron siendo arquitecto encargado Ignacio Gracia. Con ellas se han repuesto las piezas cerámicas perdidas y apareció la inscripción citada, que queda hoy bien visible (octubre de 1992)”. A tal fin debo aclarar que si Ignacio Gracia no me hubiese invitado a visitar las obras, probablemente hoy no tendríamos constancia de la existencia de dicha inscripción, puesto que ni el Arquitecto Director ni los trabajadores de la obra tenían, lógicamente, conocimientos de árabe. ¡Pensaba que era un garabato!, me comentó Ignacio tras el descubrimiento. Pero la señora Alvaro ha tenido un exquisito cuidado en ocultar la identidad del autor del hallazgo, cuestión no baladí porque ello implicaría un cierto reconocimiento de sus planteamientos críticos. Pero aún es mas importante la omisión del dato de que la inscripción no es tan extremadamente breve como Galí (apellido común mudéjar), sino ºamal …. Salama bin Galb. Éste es un nombre árabe, anterior al siglo XII, mientras que el primero es un nombre mudéjar, ya que los maestros moros del siglo XIV no hablaban árabe y firmaban su autoría en latín. En el mismo muro de la Parroquieta, en su parte inferior izquierda, y sobre mosaico, se ha restaurado una inscripción latina que traducida dice: edificada y bien fundada está sobre piedra firme. Pero aquí no aparece ningún autor. Como arquitecto restaurador he intervenido en dos iglesias de finales del siglo XIV o principios del XV, Santa María de Maluenda y San Juan Bautista de Chiprana, en las que en ambas firman sus autores con un Muza Abdelmalic me fecit y Farax de Galí me fecit acompañados en ambos casos con una profesión de fe de ambos autores, No hay mas dios que Dios… en este caso y como manda el Islam, en la lengua de Mahoma, y, por supuesto, en caracteres no cúficos.

En tercer y último lugar, en 1994 se efectuaron las excavaciones arqueológicas de la Seo, cuyos resultados no han visto la luz. Pero por las fotografías y gráficos publicados en Heraldo de Aragón conocemos algo:

l. Los cimientos de la mezquita aparecen justo debajo de los muros existentes de la catedral y a una cota sólo unos centímetros por debajo del actual pavimento. Por tanto no era en absoluto aventurado afirmar que parte de los cerramientos actuales son los de la mezquita.

2. No ha aparecido ni rastro de la supuesta catedral románica.

3. El primer emplazamiento de la mezquita propuesto por mí en 1987 se confirma con las excavaciones. Las ampliaciones propuestas también aparecen, al menos en parte, en las excavaciones.

4. No se ha excavado ni explorado en el interior de la torre barroca para averiguar si en su interior se conserva el alminar octogonal (aparte de la contratorre y escalera que obviamente pertenecían a él).

5. A pesar de que la DGA mandó fotografiar las inscripciones -también cúficas- de la bóveda de mocárabes, éstas siguen sin ser traducidas ni interpretadas por expertos. Tampoco se ha ordenado que se averigüe mediante Carbono 141a antigüedad de la madera de la bóveda.

CONCLUSIÓN

Desde hace años, en Toledo y Andalucía, principales focos de “arquitectura mudéjar”, se admite que una gran parte de estos edificios antes considerados mudéjares corresponden al periodo islámico. En Aragón, por desgracia, siguen imponiendose las tesis oficialistas contrarias de la Universidad, mientras que las tesis críticas se circuscriben, además de a quien esto suscribe, a mi amigo Agustín Sanmiguel, presidente del Centro de Estudios Bilbilitanos.

Aragón posee un tesoro incalculable, que debería ser Patrimonio de la Humanidad y foco de interés mundial, en un conjunto de edificios islámicos de ladrillo, la mayoría de ellos construidos en el siglo XI, y encabezados por la Parroquieta y la torre de la Magdalena de Zaragoza. Estos edificios, cuyo precedente hay que buscarlo en la arquitectura del mundo persa, darían origen, lógicamente a la arquitectura mudéjar, y también a la islámica del resto de Al-Andalús y del Magreb de los siglos XII y XIII, siendo ejemplos destacados la Giralda de Sevilla y la Kutubiyya de Marraquex.

Cuando durante tu visita de Tarazona, al norte de Aragón, recorras las estrechas calles de la antigua Judería y el barrio medieval de Cinto, entenderás por qué el poeta romántico Gustavo Adolfo Becquer la denominó la “pequeña Toledo” tras su estancia.

Seguramente habrás ido a Tarazona con la intención de visitar su remodelada catedral, una de las grandes joyas del arte mudéjar. Pero te aconsejo que no dejes de descubrir el centro histórico que se extiende desde lo alto de una colina.

Históricamente Tarazona ha sido siempre tierra fronteriza, ahora en las lindes de las comunidades de Aragón, Navarra y Castilla León. Y su mezcla de culturas se remonta a su creación por los celtíberos, y su colonización por los romanos en el siglo I, cuando la denominaron Turiaso.

Tarazona fue considerada sede episcopal ya en el siglo V, y de la importancia que ha tenido en la historia es buena muestra la construcción de una gran catedral, primero gótica y luego mudéjar.

Desde la orilla del río Queiles inicias tu paseo, primero, por las manzanas del antiguo barrio de la Judería, ahora perteneciente a la red Sefarad. Luego, tras pasar bajo las sorprendentes casas colgadas de Tarazona, llegas a la puerta de entrada del barrio medieval. junto a los edificios del Palacio Episcopal y la iglesia de la Magadalena.

En las estrechas calles del barrio de Cinto, junto con la Judería, en proceso de recuperación patrimonial, con sus diversos rincones, pórticos y paisajes, es fácil que te sientas trasladado a la época medieval, y desde el mirador que hay junto a la muralla tendrás las mejores vistas panorámicas de Tarazona.

Como anticipo de tu visita, aquí tienes una galería de fotos de la Tarazona medieval y su antigua Judería.

La ciudad de Zaragoza tiene muchos encantos. Uno de ellos es su ruta gótica y mujéjar, edificos emblemáticos que te atrapan como un imán. Unos de ellos es la iglesia de La Magdalena.

Enclavado en un barrio eminentemente cultural y activo, la iglesia de la Magdalena se abre ante nuestros ojos desde el Coso Bajo. Vemos el ábside y, detrás, asomándose, la bella torre.

La Magdalena, Zaragoza, Polidas chamineras

El nombre completo es iglesia de Santa María Magdalena. Erigida sobre otras edificaciones anteriores, se constata documentalmente desde el siglo XII (fuente: Guía Histórico-Artística de Zaragoza). La iglesia actual, en su mayor parte, se construye en el siglo XIV. El estilo es gótico-mudéjar, muy propio de nuestra tierra.

La Magdalena, Zaragoza, Polidas chamineras

Antiguamente se accedía a la iglesia, desde el Coso, atravesando la hoy desaparecida Puerta de Valencia o Porta Romana, abierta en la muralla de la ciudad. Hoy un fresco en el lateral de una vivienda recuerda la imagen que los zaragozanos veían a diario. Casas de la zona guardan bajo su piel las antiguas estructuras pétreas.

Porta Romana, Zaragoza, Polidas chamineras

Plaza de La Magdalena, Zaragoza, Polidas chamineras

El estilo mudéjar adorna la fachada de la iglesia, sus muros exteriores, bien con cerámicas de vivos colores o con ajedrezados. El ladrillo es el protagonista.

Ajedrezado de La Magdalena, Zaragoza, Polidas chamineras

En altura destaca la torre. Apunta al cielo zaragozano. Sigue el estilo de otras torres mudéjares que conocemos bien en Aragón, concretamente en la ciudad de Teruel: San Martín y El Salvador. Se caracteriza por su planta cuadrada imitando los alminares almohades.

Torre de La Magdalena, Zaragoza, Polidas chamineras

Las puertas apuntadas, ojivales, descubren el carácter gótico del edificio. Bellísimas.

Puerta ojival de La Magdalena, Zaragoza, Polidas chamineras

Un paseo por el exterior de la iglesia de La Magdalena nos descubre rincones del barrio.

Callejón cerca de La Magdalena, Zaragoza, Polidas chamineras

Graffiti cerca de La Magdalena, Zaragoza, Polidas chamineras

El mudéjar aragonés es un patrimonio universal. Si queréis conocer algo más sobre este estilo, os recomiendo visitar la guía del arte mudéjar en Aragón. Nos vemos pronto, aquí, en Polidas chamineras.

Visitas guiadas descubren la historia desconocida de la ciudad

La Fundación Amantes ha organizado a lo largo de esta semana, dentro de su actividad El claustro suena, visitas guiadas para mostrar aspectos desconocidos de la historia de Teruel, sus homenajes y leyendas y el sonido de los campanarios de las torres mudéjares.

Estas visitas se erigen en una manera distinta de recorrer la capital, de fijar la atención en los pequeños detalles que no aparecen en los folletos, según explicaron fuentes de la organización.

Se trata de unos recorridos culturales que disfrutan sobre todo los vecinos de Teruel y que se ofrecen como complemento a las actuaciones musicales programadas dentro de las actividades de verano de la fundación Amantes.

En esta edición, las dos visitas se han centrado en las leyendas de la ciudad y en la historia de los campanarios como un instrumento ya perdido de comunicación entre las gentes. “Los campanarios eran en la Edad Media un vehículo de comunicación”, comentó la promotora de la iniciativa, Beatriz Villagordo.

En declaraciones realizadas a Efe, la experta señaló que en aquellas fechas había hasta un centenar de toques que indicaban nacimientos, defunciones, el cierre de puertas, la guía para los perdidos o las horas canónicas.

Según aseguró, “había incluso un toque que era el de la agonía”, y todos los vecinos de Teruel sabían identificar cada sonido “porque lo vivían desde pequeños y hasta que morían”.

CAMPANARIOS

Hasta hoy han llegado cuatro campanarios medievales, que corresponden a las cuatro torres mudéjares, declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1996, “aunque la ciudad estaba dividida en nueve parroquias y por tanto, habría hasta nueve iglesias y campanarios”, relató Villagordo.

La ruta sobre las leyendas de la ciudad planteó numerosas preguntas sobre el Teruel más legendario, desde el origen del nombre de la localidad hasta el porqué del nombre de Portal de la Traición.

Las visitas tratan temáticas distintas cada edición y terminan siempre en los jardines del claustro de San Pedro, donde se representan, asimismo, las obras musicales.

Este año han propuesto el espectáculo Maríaconfussión: una habitación propia, y el de la compañía Desvarietés Orquestina, bajo el nombre Las lecciones de la señorita Consolación.

El ciclo El Claustro suena terminará la próxima semana con las actividades infantiles, los días 28 y 29, de los grupos turolenses Tobogán y Colibrí y Maricuela.

Iglesia de Maluenda, Antigua Mezquita

La villa de Maluenda, a orillas del río Jiloca, es la segunda localidad en número de habitantes de la Comunidad de Calatayud. Dentro de su casco urbano, dominado por los restos de un castillo musulmán en lo alto de la larga y estrecha muela a cuyos pies se extiende, destacan sus tres templos mudéjares, amén de algunos ejemplos de arquitectura civil de este estilo que todavía se conservan.

La parroquial, bajo la advocación de Santa María. se levanta en la Plaza de la Iglesia. Tal y como se conserva actualmente, y siguiendo a Javier Peña, arquitecto restaurador de la misma, la iglesia es producto de la adición y reforma de varias edificaciones, la más antigua un alminar musulmán desmochado que ha quedado empotrado en el muro sur; a la segunda mitad del siglo XIII o primeras décadas del XIV correspondería la fábrica de la iglesia primitiva, transformada en iglesia-fortaleza en 1400; la última intervención importante se hará en el siglo XVI cuando se levanta la torre campanario y se construye la sacristía.

Es de suponer que cuando Maluenda pasa a manos cristianas, tras la conquista de la zona por el rey Alfonso I, se consagrase la mezquita al culto cristiano eliminado los signos externos musulmanes (mirahb, inscripciones coránicas, mimbar, etc.) y añadiendo los cristianos (retablo, altar, imágenes, etc.), al igual que sucedía en buena parte de localidades, como por ejemplo en Zaragoza, donde incluso está documentada la consagración de su mezquita aljama como templo cristiano. De esta manera, la primitiva iglesia de Santa María de Maluenda bien pudo ser la antigua mezquita musulmana que se levantaría al sur del alminar, en el lugar que ahora ocupan los dos tramos de la nave correspondientes a la reforma del siglo XV.

Será en la segunda mitad del siglo XIII o principios del XIV cuando se modifique el edificio musulmán, que quedó convertido en uno longitudinal mediante la ampliación hacia el nordeste con un nuevo tramo y un ábside poligonal de siete lados. Se trata de una edificación típicamente mudéjar donde al exterior queda oculta su estructura mediante la construcción de gruesos muros de tapial, o tal vez con dos muros paralelos que oculten los contrafuertes.

Así, esta primera iglesia de Santa María tendría, tanto al exterior como al interior, el aspecto característico de otras iglesias aragonesas realizadas a partir de antiguas mezquitas, consistente en la yuxtaposición de dos volúmenes muy diferenciados, uno esbelto y bien iluminado en la cabecera que se corresponde con la ampliación cristiana, y otro bajo y oscuro a los pies en la zona de la mezquita. El alminar, que veremos con más detenimiento en la página siguiente, se habría reconvertido en la torre-campanario del templo.

Hacia 1400 se realiza la transformación más importante de la iglesia. La reforma consistió en derribar la parte correspondiente a la antigua mezquita, salvo el alminar, para levantar un edificio de nueva planta con similares características volumétricas que el ábside preexistente. Por una inscripción en la base del alfarje del coro sabemos que su constructor fue el maestro moro Yuçaf Adolmalih. Esta ampliación en forma de iglesia-fortaleza se tradujo en una nave de dos tramos circundada por una galería o corredor que mide 3,5 m. de anchura en los corredores laterales, y 2,5 m. en los de la fachada principal, incluidos los muros. En la planta baja los corredores laterales dan paso a cuatro capillas, mientras que en los pies se da paso a un corredor-escalera que permite el acceso a la falsa del tejadoz, además de a las dos torres laterales de disposición claramente islámica con la escalera en torno a un machón central. Estas torres sirven a su vez de comunicación entre los diversos corredores.

A ambos lados de este edificio principal se adosaron sendos cuerpos en cuya planta baja, cubierta por alfarjes, se emplazaron dos pórticos, mientras que la superior, que queda por debajo de los andadores laterales de la iglesia, sirvió para alojar dos grandes salas, una de ellas, la única conservada, recibe actualmente el nombre de Sala Capitular. En la restauración se recuperó el pórtico meridional en su totalidad, así como el arco apuntado de la fachada principal de acceso al norte. Si el primero se conserva íntegro, de este último únicamente se hallaron una jácena y las rozas de los restantes de su desaparecido alfarje, similar al del otro pórtico.

De igual manera, de los corredores que corrían por encima de las capillas laterales sólo se conserva el oriental en cuanto a su cerramiento exterior, también restaurado en 1984. Los dos corredores de la fachada principal, abiertos al exterior mediante miradores de arquetes apuntados, más un tercero ciego que se halló en un nivel inferior al de los otros dos, permitían una fácil comunicación de la iglesia en todos los niveles, dejando de manifiesto el posible uso militar con el que se proyectó esta parte de la iglesia. El corredor ciego tenía un acceso directo por debajo del coro a una altura del suelo de la nave de 6 metros. Es de suponer que para llegar a este acceso tuvo que haber una escalera, o más bien una galería debajo del coro que recorriese el hastial de la iglesia en su interior.

Siguiendo a Javier Peña, hay que hacer referencia a la escasa valoración que se ha hecho a esta iglesia de ser el origen inmediato del mirador de arquetes y del mirador adintelado característico de la arquitectura mudéjar civil aragonesa desde el siglo XV hasta el XVIII, honor compartido con las iglesias de Santas Justa y Rufina de esta misma localidad y San Juan Bautista de Herrera de los Navarros. En esta de Santa María encontramos las dos tipologías más antiguas de mirador: el de arquetes apuntados de una rosca en la fachada principal y el adintelado apeado por ménsula lucida de yeso, en la oriental.

En el siglo XVI tendría lugar la última intervención importante en el edificio, consistente en la construcción de la nueva torre campanario de ladrillo y de la sacristía. Con posterioridad se modificaron algunas de las capillas, se destruyó parcialmente el pórtico oriental, se tabicó el oriental y se fueron adosando edificios que llegaron a enmascarar en buena parte la fábrica de la iglesia.

La catedral de Tarazona la reconocerás gracias a su gran torre mudéjar y a su cimborrio del mismo estilo arquitectónico. Si pudieras ver el pórtico principal de entrada a la catedral (ahora cubierto por lonas, pues es la actuación que se está realizando en el proceso de reforma), te encontrarías con el estilo barroco.

Pero cuando accedes a la nave principal, te sorprenderá descubrir una imponente catedral…gótica.

Nave central de la Catedral de Tarazona en Aragón

Nave central de la Catedral de Tarazona en Aragón

Esto se explica porque, al sufrir graves desperfectos a mediados del siglo XIV, durante la conocida como Guerra de los Pedros, cuando se abordó su reconstrucción a finales del siglo XV, ya se adoptó el estilo mudéjar.

Para visitar la Catedral de Tarazona, entrarás por un moderno acceso que se ha habilitado en la parte norte del edificio.

Tras pasar por la zona donde se encuentran las taquillas, entras en primer lugar a una de las galerías del claustro. Has de tener en cuenta que éste se encuentra aún pendiente de remodelación, pero este espacio se ha aprovechado para instalar una exposición donde, por medio de grandes paneles informativos, se explica la historia de la catedral y del proceso de restauración.

Claustro mudéjar de la Catedral de Tarazona en Aragón

Claustro mudéjar de la Catedral de Tarazona en Aragón

Antes de acceder a la nave principal de la Catedral de Tarazona, te aconsejo que veas el audiovisual que con una sucesión de fotos te muestra en qué estado se encontraba la catedral antes de que en 1996 se abordara su reforma.

Asímismo, no dejes de salir al patio central del claustro. Fíjate en las grandes celosías realizadas en yeso, todas de diseño diferente. Se dice que algo similar sólo lo podrás ver en la India.

Y llega el momento de acceder a la nave principal de la catedral.

Te encontrarás una estructura inequívocamente gótica, en concreto en la cabecera, pero verás una decoración con una mezcla de estilos arquitectónicos. Desde el gótico, hasta el barroco, pasando por el mudéjar y el renacentista.

Decoración de la bóveda de la cabecera de la Catedral de Tarazona en Aragón

Decoración de la bóveda de la cabecera de la Catedral de Tarazona en Aragón

Sin duda es en la cabecera donde se concentra la mayor riqueza arquitectónica, hasta el punto de que la bóveda de la Capilla Mayor es conocida como la Capilla Sixtina de Aragón.

En el interior de la catedral se disponen tres naves, con la central de mayor altitud. Las grandes columnas góticas, al igual que los muros, están pintados con tono un gris claro. Pero también encontrarás rincones con pinturas góticas.

Los techos de la nave mayor y el transepto te llamarán la atención por sus bóvedas de crucería estrellada. Y la capilla mayor muestra un gran retablo escultórico de 1619, que sustituyó al original de estilo medieval.

Detalle decorativo del cimborrio de la Catedral de Tarazona en Aragón

Detalle decorativo del cimborrio de la Catedral de Tarazona en Aragón

En la zona de girola, a destacar el valor artístico del enorme retablo gótico pintado en 1408 por Juan de Levi, que verás en una de las capillas.

La Capilla de San Andrés, un añadido tras la girola, en el siglo XVII se cambió a estilo barroco con una decoración de paneles de estuco policromados imitando mármol y cuatro lienzos barrocos de grandes dimensiones, lo que produce un chocante contraste con el resto del edificio.

Por contra, el gran cimborrio mudéjar es uno de los elementos más destacados de la catedral. Se empezó a construir en 1543 para sustituir al antiguo lucernario que se encontraba en mal estado. No dejes de fijarte en su gran decoración interior de estilo renacentista, que incluye pinturas de 1580.

Retablo gótico de Juan de Levi en la Catedral de Tarazona en Aragón

Retablo gótico de Juan de Levi en la Catedral de Tarazona en Aragón

Otro rincón que te quiero destacar es el imponente púlpito situado en la nave central, frente al coro. Del siglo XVI, tiene una decoración con yeserías con formas vegetales.

Eso sí, en tu recorrido por la catedral comprobarás que la mayoría de las capillas que rodean la nave se encuentran cerradas en espera de su restauración. Por su parte, el coro y su sillería no va a ser un rincón que te vaya a llamar especialmente la atención.

Y en cuanto al trascoro, en el siglo XVII se llevó a cabo otro añadido con decoración barroca.

Decoración del púlpito de la Catedral de Tarazona en Aragón

Decoración del púlpito de la Catedral de Tarazona en Aragón

Los horarios de visita de la Catedral de Tarazona en temporada alta son, de martes a sábado, de 11 a 14 horas y de 16 a 19 horas. Los domingos se puede visitar de 10 a 14 horas y de 16 a 18 horas por la mañana.

Estos horarios se pueden ver afectados por celebraciones y actos litúrgicos, y también cambian en temporada baja, por lo que se aconseja consultar los horarios de apertura actualizados.

Los precios de las entradas son 4 euros, para el público general, y 3 euros, para niños de 12 a 18 años, carné joven, estudiantes, jubilados, minusválidos, familias numerosas y desempleados. La entrada es gratis para niños menores de 12 años.

Puedes también apuntarte a visitas guiadas de la Catedral de Tarazona, que se realizan a lo largo del día, con una duración de 45 minutos. Puedes alquilar un audioguía por 1,50 euros.

Te puedes apuntar a visitar guiadas de la catedral, con una duración de 45 minutos. El precio de las mismas es de 1,5o euros, y conviene que te apuntes con anterioridad (teléfono 976 640 271 ó correo electrónico catedral@tarazonamonumental.es).

España tiene mucho que enseñar. Por eso, no nos sorprende cuando recibimos noticias de que alguno de esos rincones maravillosos de nuestra geografía recibe algún premio.

Es lo que ha ocurrido recientemente con el Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara, ubicado en Aragón. En reconocimiento a sus esfuerzos por ofrecer actividades turísticas sostenibles y accesibles para todos, con infraestructuras adaptadas a las personas con discapacidad, ha recibido el galardón “Destinos Europeos de Excelencia” (EDEN por sus siglas en inglés) de manos de la Comisión Europea.

Igualdad de oportunidades

En esta edición del premio, el organismo europeo ha premiado a 19 destinos del continente en países como Francia, Grecia, Chipre y Croacia, entre los que figura el parque natural aragonés, como señal de apoyo al turismo accesible para personas de edad o con necesidades específicas, según ha señalado la Comisión Europea en un comunicado:

Con ello no solo apoyamos la igualdad de oportunidades y los Derechos Humanos, sino que mejoramos también la calidad media de los destinos turísticos y se ofrece la posibilidad de extender la temporada turística

El Parque Natural de la Sierra de Guara, premio europeo de turismo accesible

La Sierra y Cañones de Guara

La Sierra y Cañones de Guara es un territorio de más de 80.000 hectáreas donde los visitantes pueden participar en un amplio abanico de actividades al aire libre, incluidas rutas de senderismo y observación de aves adaptadas a las personas con discapacidad. La Comisión ha subrayado que esto ha comenzado a pasar desde 2006, cuando las autoridades del parque, el sector empresarial y las ONG se pusieron en marcha para mejorar constantemente la accesibilidad del lugar a los turistas.

Los otros premiados

Además del Parque Natural de Guara, también han sido premiados el de Kaunertal (Austria) y el de la región de Morvan (Francia). Asimismo han sido galardonados los municipios de Svetvincenat (Croacia), Ottignies-Louvain La Neuve (Bélgica), Polis Chrysochous (Chipre), Lipno (R. Checa), Haapsalu (Estonia), Marathon (Grecia), Kaposvár y Zselic (Hungria), Cavan Town (Irlanda), Pistoia (Italia), Liepaja (Letonia), Telsiai (Lituania), Horsterwold (Holanda), Przemysl (Polonia), Jurilovca (Rumanía), Lasko (Eslovenia) y Tarakli (Turquía).

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