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AVICENA | ابن سینا

Ibn Sina o Avicena (por su nombre latinizado) es el nombre por el que se conoce en la tradición occidental a Abū ‘Alī al-Husayn ibn ‘Abd Allāh ibn Sīnā (en persa: ابو علی الحسین ابن عبدالله ابن سینا; en árabe: أبو علي الحسین بن عبدالله بن سینا; Bujará, Gran Jorasán, c. 980 – Hamadán, 1037) fue un médico, filósofo, científico y polímata persa.1 Escribió cerca de trescientos libros sobre diferentes temas, predominantemente de filosofía y medicina.

Sus textos más famosos son El libro de la curación y El canon de medicina, también conocido como Canon de Avicena. Sus discípulos le llamaban Cheikh el-Raïs, es decir ‘príncipe de los sabios’, o el más grande de los médicos, el Maestro por excelencia, o en fin el tercer Maestro (después de Aristóteles y Al-Farabi).

Es asimismo uno de los principales médicos de todos los tiempos.

Su nombre completo es Abu Ali al-Husain ibn Abdullah ibn Sina, nacido el mes de agosto de 980 en Afchana (Havzana), provincia de Jorasán, actualmente en Uzbekistán. Desde niño fue considerado un genio ya que a los diez años mostró su facilidad y precocidad en las enseñanzas de un maestro de humanidades y Alcorán. Su padre le mandó aprender aritmética, geometría y problemas con un comerciante. Más tarde estudió filosofia con Abu Abd Allah al-Natili descubriendo grandes autores: Porfirio, Aristóteles, Euclides, Ptolomeo… Se cuenta como curiosidad que leyó cuarenta veces la Metafísica de Aristóteles. Avicena mezcló la doctrina aristotélica con el pensamiento neoplatónico, adaptando a su vez el resultado al mundo musulmán. Tuvo una gran influencia en pensadores posteriores de la talla de Tomás de Aquino, Buenaventura o Duns Escoto. Su ansia de saber lo llevó a los estudios de medicina. Conoció rápidamente los libros sobre la materia y puso especial atención en la observación de los pacientes con el objetivo de perfeccionar su diagnóstico y tratamiento. Sus esfuerzos fueron enormes, confiesa que durmió muy poco y: “Cuando me dormía- escribe en su autobiografía- soñaba con aquellas cuestiones ante mis ojos, de suerte que varias encontraron su solución en el soñar.” Es considerado uno de los médicos más grandes de todos los tiempos. Según afirma, llegó a dominar todas las ciencias hasta donde alcanza la capacidad humana. Escribió alrededor de 450 libros de distintas materias, fundamentalmente filosofía y medicina. Sus dos libros más famosos son El libo de la curación y El canon de medicina. Se hermanan el pensamiento de Avicena con el de Averroes (1126 – 1198) ya que ambos suponen el acercamiento del Islam (y del Cercano Oriente) a la filosofía griega.

Avicenna-miniaturUna de sus hazañas más conocidas fue en los tiempos en que Nuh ibn Manssur al Samani gobernaba Bujara . Éste enfermó y ninguno de los médicos de la corte le supo curar. Enterado de la fama de Avicena mandó llamarle. Avicena fue su médico y su amigo. Y fue gracias a esa amistad que pudo acceder a la biblioteca del gobernador. Allí se perdió días y días de su vida, entre libros y manuales, leyó y pidió, memorizó y clasificó. A los dieciocho años consideró que había adquirido cuantos conocimientos teóricos podían alcanzarse entonces. Y con tan solo veinte años escribió el Kitab al Machmu (Libro del Compendio). Dos años más tarde su padre murió, eso le llevó a marcharse de la ciudad. Viajó por muchas ciudades: Nisa, Abiward, Tus, Chiqqam, Churchan. Conoció a Abu Ubayd al Chuzachani, su discípulo y mejor biógrafo. Avicena estuvo al servicio de muchos gobernadores y hasta pasó algunas semanas encarcelado. Su destino final fue Ispahán, en esta ciudad terminó y escribió sus obras más importantes. El príncipe le profesó gran aprecio y lo acompañó en todos sus viajes. Según Al-Chuzachani (su discípulo y biógrafo), Avicena era un hombre de constitución fuerte, un trabajador incansable y de extraordinaria inclinación sexual. Le gustaba gozar de la vida, amaba la música y era aficionado a las bebidas alcohólicas.

Su salud se vio afectada con la aparición de un fuerte cólico que se convirtió en disentería, la medicación le produjo una ulceración intestinal. La disentería se le hizo crónica y durante uno de sus viajes, el farmacéutico encargado de subministrarle la medicación puso una dosis quince veces mayor que la prescrita. Desde entonces la disentería empeoró y sufría dolores continuamente. Pero a pesar de eso siguió trabajando en sus obras y realizando conferencias. Fue acompañando a Ala al-Dawla, de vuelta a Ispahán, cuando le sobrevino un último cólico. Llegó muy débil a la ciudad y murió en julio de 1037, a la edad de cincuenta y ocho años. Antes de morir explicó; “El principio que rige mi cuerpo ya no es capaz de dirigirlo y ni los mismos remedios servirán para nada”.

Gilbert Sinoué se aventura a la escritura de una novela biográfica de Avicena. Titula la obra “Avicena o la ruta de Isfahán. La lucha contra la muerte”. Esta biografía se fundamenta en los manuscritos que dejó Al-Chuzachani, compañero, discípulo y biógrafo del Príncipe de los Médicos. Esta vida novelada se sitúa en la Persia de los siglos X y XI.

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