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La sierra que comunicó al-Ándalus y el norte de España

Hallan el paso de la sierra que comunicó al-Ándalus y el norte de España durante 10 siglos

Investigadores españoles han logrado localizar el antiguo paso de la Sierra de Guadarrama, que conectaba al-Ándalus y el norte de España entre los siglos VIII y XVIII.

sierra de guadarrama

Ricardo Fanjul, que encabezó el equipo de científicos de la Sociedad Geográfica del Guadarrama y la Sociedad Caminera de Manzanares, explicó a la agencia Europa Press que fue “el paso más importante” de la zona centro, superaba incluso la calzada romana (el modelo de camino usado por Roma para la vertebración de su Imperio) y tenía el nombre árabe de Balat Humayd, el cual poco a poco se fue castellanizando convirtiéndose en Balathome. Acorde al investigador, el paso fue “una auténtica autopista medieval”, que se podría comparar, por ejemplo, con la actual Autopista de A Coruña.

El equipo ha localizado un tramo de casi 30 kilometros entre el apeadero de Tablada, en Guadarrama, y el municipio segoviano de Coca. “Hay tramos en los que se aprecia que es una auténtica autopista de la edad media, aunque hay otros tramos de 10 y 20 metros en los que el desuso y las inclemencias del tiempo han provocado cierta erosión, pero el camino es fácilmente identificable. Es espectacular por su belleza y apasionante por su historia”, relató Fanjul.

Según el investigador, el camino fue utilizado generalmente por viajantes, comerciantes y guerreros. Además, fue “el mismo camino por el que los cristianos fueron reconquistando siglos más tarde el territorio de Segovia y de Madrid”, puntualizó el científico. Sin embargo, los investigadores ven la importancia de Balat Humayd no solo en las continuas campañas militares, sino en las repoblaciones posteriores que se realizaron en Castilla la Nueva a través del histórico paso.

Fuente: europapress y RT

PATIO DE LOS LEONES DE LA ALHAMBRA

PATIO DE LOS LEONES DE LA ALHAMBRA

Cuenta la leyenda que hubo una vez, hace ya bastantes años, una princesa árabe llamada Zaira. Era bella, inteligente y sensible; pero su padre, el rey, era todo lo contrario: frío, cruel, malvado, tacaño. La princesa, junto a su padre, viajó a Al-Andalus, y se alojó en la Alhambra de Granada. La princesa estaba tan encantada con pisar Granada, que todo le parecía un sueño. En cambio,a su padre se le revolvía el estómago con cada paso. Al rey, solo con pisar Granada, le entraban nauseas; mientras que a la princesa cada paso que daba le parecía un sueño.

Patio de los Leones en la Alhambra, Granada.

Zaira se sentía más granadina que africana, ya que su país le parecía un infierno. El rey prohibía a Zaira salir a la calle y relacionarse con la gente. Sólo tenía la compañía de un talisman que le colgaba del cuello. Solía pasar la mayor parte del tiempo en un patio muy iluminado. Un día se vio sorprendida por un muchacho que saltó la valla, y que le dijo que la había visto desde afuera y que la quería mucho. Ella le instó a que se fuera, porque si se enteraba su padre, no dudaría en cortarle la cabeza, él o uno de sus 11 hombres de confianza. Entonces se fue el muchacho, llamado Arturo, con la promesa de volver.

El día en el que volvió Arturo, el rey lo vio y lo encerró en las mazmorras. Poco después la princesa, abatida, porque su amado podía morir, encontró en una habitación, el diario de su padre. Pensó que no debía leerlo, pero algo en su interior la impulsó a abrirlo. Lo hizo y en una de las páginas, escrita cuando ella tenía tan solo un año de edad, leyó lo siguiente: “Ya he matado al rey y a la reina. De la princesa Zaira me he apiadado. Gracias a mis 11 hombres, he conseguido ocupar el trono. Ahora creerá que yo soy su padre. Espero que la princesa no se entere nunca del maleficio de su talismán.”

Zaira, confusa, llamó al rey y a sus 11 hombres y los reunió en el patio donde ella solía estar. Llorando, le preguntó al rey si aquello era verdad. El rey, convencido de que con sus 11 hombres al lado, Zaira no podía ni tan siquiera tocarlo, le dijo que era verdad. En ese mismo instante, Zaira recordó que su madre, le había echado un maleficio a su talisman: el día que Zaira supiera la verdad, al rey y a sus 11 hombres, les pasaría algo terrible. En ese momento el amuleto se activó. Zaira, sentía la rabia de un león, y eso dio lugar a que el talismán convirtiera al rey y a sus 11 hombres, en leones de piedra.

Desde entonces, a ese patio se le llama el “Patio de los Leones” y su fuente tiene 12 leones alrededor que son el rey, y sus 11 hombres, que al ser convertidos en leones de piedra llevan ahí desde entonces. Como no podía ser de otro modo, Zaira rescató a Arturo y vivieron felices para siempre.

Al Andalus huye de Tombuctú

El Fondo Kati, guardado en baúles en Malí y acosado por el extremismo, viajará a Tarifa, Jerez y Toledo

En 1467, Ali Ben Ziyad al-Quti partía de la ciudad de Toledo con su familia rumbo al exilio. No se iba con las manos vacías. Este noble musulmán, que finalmente se instaló en Tombuctú, se llevó una escogida selección de documentos escritos en hebreo, castellano y árabe, su biblioteca particular. Con los siglos y las generaciones, esta original colección en la que se recoge una parte de la historia de Al Andalus ha vivido numerosos avatares, uniéndose y disgregándose según soplara el viento de la historia, y aumentando de tamaño hasta llegar a los 12.714 manuscritos de los que se compone en la actualidad. Escondidos en baúles para escapar del extremismo religioso y de la violencia que sigue golpeando al norte de Malí, los papeles del Fondo Kati se preparan para un histórico viaje. A partir de este año y en lotes de varias decenas, los manuscritos harán un circuito entre Tombuctú, Jerez, Tarifa y Toledo, donde serán digitalizados con el objetivo de poder ser estudiados por los investigadores en España, para finalmente volver a su sede en África.

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Tarde del 2 de abril de 2012. Hace más de 24 horas que la histórica ciudad de Tombuctú, en el norte de Malí, ha caído en manos de varios grupos armados, entre ellos los islamistas radicales de Ansar Dine (Defensores de la Fe). Comercios, bancos, sedes de la Administración, farmacias, todo es pasto de robos y saqueos. Ismael Diadié Haidara, propietario del Fondo Kati, está sentado bajo un árbol con un amigo justo enfrente de la sede de la Biblioteca Andalusí cuando pasa por allí una pick up con cinco integristas a bordo. El coche para justo en la puerta y uno de los radicales se interesa por el edificio. “¿Qué hay ahí dentro?”, pregunta. “Libros y papeles, nada de valor”, responden los dos amigos. “¿Qué tipo de libros?”, insiste el recién llegado. “De historia, de religión, de todo”.

Aparentemente satisfechos con la respuesta, siguen su camino. Cincuenta metros más adelante frenan y dan marcha atrás. “¿Dónde está el propietario?”, preguntan. Diadié se queda callado. Entonces su amigo les responde que ha huido a Bamako y los integristas, tras mirarse unos a otros, hacen a ambos responsables de la Biblioteca. “Que nadie toque ni un solo papel de los que se guardan ahí dentro”, les dicen para luego continuar su marcha hacia el campo militar. Diadié respira aliviado. Ha logrado esquivar el primer golpe, pero sabe que vendrán más. “Tienes que irte de Tombuctú”, le dice su amigo. Pensativo, entra en la sede de la biblioteca. Para ese entonces, una parte de los papeles están ya guardados en baúles. El plan para salvar el Fondo Kati está en marcha.

“Tenemos 546 años de experiencia, 546 años huyendo y escondiendo esta biblioteca de fanatismos de todo tipo, dispersando y reunificando los manuscritos, algo de olfato genético ha ido pasando de generación en generación”, asegura Diadié, quien tres meses antes de la caída de Tombuctú en manos de estos grupos armados ya había convocado una reunión con notables de su gran familia para que todo estuviera dispuesto. “Sabíamos que algo podía ocurrir, la inestabilidad era enorme”. Una vez más, el fondo Kati debía desaparecer. Esfumarse.

Dos días después de su primera visita, Ansar Dine volvió. En esta ocasión eran cinco vehículos, una quincena de hombres armados. Querían ver el interior de la biblioteca, un pequeño inmueble de color salmón construido a principios de la década pasada con financiación de la Junta de Andalucía. Nadie pudo impedirles el paso. Diadié había decidido cortar la electricidad para evitar que pudieran ver bien, pero allí estaban todavía los manuscritos y aquellos misteriosos baúles. Con linternas, inspeccionaron todo. Recorrieron las dos plantas del edificio, husmearon en cada rincón y cuando todos se temían lo peor, el que parecía el jefe volvió a dar la misma instrucción: “Que nadie toque nada”. Y se fueron.

Media hora después, el teléfono de Diadié echaba humo. “Me llamaron de Bamako, de Francia, de España, de todos sitios, para decirme que me tenía que ir de Tombuctú”. Pero el dueño del Fondo Kati necesitaba aún un poco de tiempo más para hacer desaparecer los manuscritos, lo que ocurrió en los dos días siguientes. “Todo se llevó a cabo en pocas horas, protegidos de miradas indiscretas”, dice. Los baúles, una veintena aproximadamente, fueron sacados a escondidas y se llevaron a otras casas de la ciudad, “todo gente conocida, era la primera fase de la operación”, explica el propietario. En las semanas y meses posteriores, algunos baúles fueron alejados aún más y llevados en secreto a otros pueblos de la región e incluso, más allá, pero todos siguen en Malí. “Están en manos de miembros de la familia. Sé perfectamente dónde se encuentra cada baúl y cada día hablo con alguno de sus guardianes”, explica.

Durante casi dos años los viejos papeles han permanecido a salvo, dispersos, escondidos y guardados en baúles con plantas y hojas de tabaco que ahuyentan a las termitas. Todos, salvo una pequeña muestra que quedó en la sede de Tombuctú para dar la apariencia de que todo seguía igual. A su cargo quedó Baba Pascal Camara, chófer y amigo personal de Ismael Diadié, quien recibió la visita de los radicales hasta en cuatro ocasiones. Buscaban la “biblioteca judía”, así la llamaban, y tenían intención de causarle daño, como hicieron con 14 mausoleos de la ciudad y con varios miles de manuscritos del centro Ahmed Baba, a los que prendieron fuego. En cada ocasión, el chófer logró disuadir a los extremistas con evasivas y proteger la biblioteca, aunque el grueso de los papeles andalusíes ya no estaba allí.

Durante todo ese tiempo, Diadié, que se instaló unos meses en Bamako, previó incluso la salida de los manuscritos hacia otros países si las cosas se ponían aún peor. “Tenía preparada una red internacional de apoyo entre Burkina Faso, España, Sudáfrica y Francia”, añade. Aunque esto no fue necesario, tampoco se dan ahora las condiciones de seguridad para su regreso a Tombuctú. “Hay una enorme presencia militar en la ciudad, muchas armas circulando. Sigue habiendo riesgo de ataques en toda la Curva del Níger. Aún no es el momento”.

Ahora, todo está listo para hacer volver los manuscritos a España a tres años del 550º aniversario de la salida del Fondo Kati de Toledo. “No vienen para quedarse”, advierte Diadié, “porque la base principal de la biblioteca seguirá siendo Tombuctú, pero hemos alcanzado un acuerdo con tres ciudades, Toledo, Jerez y Tarifa, para que existan en ellas sedes en las que exponer una parte de los documentos, que irán circulando entre Malí y España”. El proyecto, que cuenta con la colaboración de DKV Seguros, que ha estado apoyando el mantenimiento del Fondo Kati desde 2012, y el impulso de Amparo Ferrando, diputada por Alicante, incluye la digitalización de los manuscritos. De esta manera se garantizaría la perdurabilidad de su contenido. El Fondo Kati, una vez más, se resiste a morir.

F: http://cultura.elpais.com/

SAYYIDA AL-HURRA

SAYYIDA AL-HURRA, MUJER MARROQUÍ DE ORIGEN ANDALUSÍ

La figura de Sitt al-~urra —Sayyida al-Hurra bint Mawláy ‘AlT ibn Ra~Td— es,
tanto por sí misma como por lo que vino a significar en la historia del norte de

Marruecos, la de una de las más importantes personalidades femeninas del occidente islámico en la Edad Moderna, a la que en cierta medida, la vinculada al Estrecho de Gibraltar, resume dentro de los complicados cambios y trasvases de intereses, que se producen en los finales del siglo XV y comienzos del XVI en esta zona. Sitt al-Hurra pasa a ser una singularidad, una mezcla, un eje, en tomo a los cuales puede moverse nuestra reflexión cuando la centramos sobre aquella complicada sociedad, que existió por entonces a los dos lados del Estrecho.

En 1453, los turcos osmanlíes conquistan Constantinopla, con lo que se termina el Imperio Bizantino, heredero del Imperio Romano de Oriente, y comienza el Imperio Osmanlí u Otomano, que durará hasta comienzos del siglo pasado. Es un largo periodo de la Historia el que se acaba con el mutis de Constantinopla y el estreno de Istambul; toda unaparte de la Edad Antigua y toda la Edad Media completa. Y, sobre todo, un cambio de actitudes, de medios y de inversiones económicas, una alteración del equilibrio político, cultural y comercial, que había existido hasta entonces.

A partir de 1487, los portugueses, que ya habían explorado la costa occidental de África y se habían asentado en el litoral marroquí, descubren el camino marítimo a la India, contorneando el Cabo de Buena Esperanza, y abren la nueva vía mercantil de las riquezas de levante, que hasta entonces había discurrido por el camino de los monzones, el Mar Rojo, Arabia y Medio Oriente. La alteración del equilibrio anterior sufre en aquel momento un vuelco total. Puede decirse que es el período en el que empieza Europa e, incluso, en el que comienzan la expansión y el ideario coloniales modernos.

El camino oriental de las especias —y evidentemente el de otras muchas mercancías, bienes e influencias— transcurrió durante muchos siglos a través de la vía regular de los vientos monzones entre la India, y su entorno, y el Golfo Arábigo, sur de Arabia, y el Creciente Fértil (es decir, Mesopotamia, Palestina, Siria y Egipto), desde donde proseguía hacia Europa. Roma controló en parte esta vía y el Imperio Romano de Oriente, o Imperio bizantino, continuaron fiscalizúndola en lucha contra los sasánidas, hasta la aparición del Islam, cuyos califatos y estados absorbieron la mayor parte del Imperio bizantino, el Imperio sasánida y la propia vía en sí, que pasó a ser su columna vertebral económica.

Pero además del camino oriental de las especias, existía otro, de bastante
menor intensidad aunque muy importante, que era el camino occidental del oro y de la sal, y que iba desde el Golfo de Guinea a los reinos subsaharianos, Marruecos y AI-Andalus; y de aquí a Europa. Era un mercado del oro, el marfil, A ;íuquel de Estudios A ‘o/ns- II-2cm>312 Rodolfo Gil Grimau las plumas de avestruz y los esclavos, fundamentalmente, a cambio de sal y de productos manufacturados. La vía discurría por tierra, mediante caravanas.

Ambas vías, ambos mercados, sufren el colapso causado por los descubrimientos marítimos portugueses y naturalmente por el descubrimiento de América. Se produce un vuelco, como acabo de decir, al comprobarse que los doscaminos se pueden hacer completos navegando, en régimen de monopolio (durante bastante tiempo el monopolio es portugués) y a menor coste, es decircon mayores beneficios, puesto queel número de intermediarios disminuye considerablemente.

Los estados y territorios que habían sido los intermediarios habituales en ambas vías experimentan unos deterioros notables, tanto en sus haciendas como en sus culturas, sociedad y política, llegando varios de ellos perder la independencia. Este es el caso de Egipto y el caso de Granada, por ejemplo; uno en la vía oriental y la otra en la occidental. Egipto pasa a pertenecer al Imperio Otomano y Granada es conquistada por Castilla y Aragón.

Más adelante, algo más adelante, el descubrimiento de América y la prolongación hacia ella del imperio iransmarino portugués, así como la formación del imperio español, crean una nueva vía, la del Nuevo Mundo, y provocan que varios estados europeos hagan todo lo posible por controlar alguna de esas vías, los territorios en las que se asientan y sus materias primas, para pasar a las conquistas y a los colonialismos.

En estas circunstancias históricas y económicas, Marruecos, que, durante los imperios almorávide y almohade había sido el gran exponente del Islam occidental, sufre de todos los estímulos negativos exteriores e interiores, y el imperio meriní, implicado en la política granadina -y—ewtadeios rejitas- cristianos europeos durante la Guerra de los Cien Años, ve mermar su capacidad política y su empuje; incluso su justificación como potencia islámica. En otro de mis trabajos he dicho, entre otras cosas, que: “Ser los defensores del Ls/am andaluz, no teniendo la colaboración entusiasta de los propios andalusíes, obligó a los meriníes a toda clase de compromisos tácticos y, en estas componendas, se vio el deseo de los granadinos por manejar ci reino meriní, y la atención de Castilla Portugal por controlar el comercio africano procedente de Marruecos. No debemos olvidar también que, en esa época, los árabes Banu filIal y Maqil, procedentes de oriente, habían invadido el campo marroquí; obligando, entre otros cosas, a que las estructuras bereberes se cerraran en sí mismas por reacción y defensa, poniendo así de manifiesto la debilidad interna del majzen meriní. Este acentuó su carácter urbano, reducido a unas ciudades en donde la influencia administrativa, cultural ymilitar, de los granadinos, o de los andalusíes e hispanos en general, cobró mayor importancia (…) En medio de la descomposición fueron los burócratas del majzen, especialmente los visiresSayyida al-Hurra 313 wattasíes, los que acabaron porgobernar el reino sustituyendo a los meriníes”’.

Bajo los visires wattasies laintervención política granadina disminuyó mucho, en tanto que los avances portugueses en las costas marroquíes progresaron, y así siguió la cosa hasta que, en 1471, los portugueses terminaron por apoderarse de Arcila —hay que recordar que ya tenían Ceuta desde 1415, aunque habían fracasado en Tánger en 1437— y el hasta hacia poco señor de Arcila se transformó en el primero de los sultanes wattasíes, inaugurando así una dinastía que prolongaba la inestabilidad interior. En estascircunstancias, es cuando se producen las primeras resultas específicas de la toma de Constantinopla y de las navegaciones portuguesas, y será poco después cuando los reinos de Castilla y Aragón, unidos, emprendan la conquista del reino de Granada.

Los reinos marroquí y granadino habían pasado a ser “más que nada, unos avisperos de luchas internas y de debilidades”2 y los wattasíes no vinieron en ayuda de los granadinos cuando el último estado andalusí fue “siendo devoradopor fsabel de Castilla y Fernando de Aragón. Mientras tanto, las plazas expugnadas por los portugueses se mantuvieron en un equilibrio cómodo, gracias a sus treguas, paces y tributos con el entorno, hasta que los jefes de guerra musulmanes —como el granadino Sidi al-Mandri, en Tetuán, o su suegro Mawlay Ah ibn Rashíd, en Chefchauen— no empezaron un hostigamiento en serio contra ellas. El anterior empeño de los meriníes de pasar por campeones del Islam, unido a la anquilosada herencia wattasí y a la posterior debilidad saadí, fue lo que potenció ypermitió el fenómeno de los jefes de guerra y el impulso de los morabitos. Hubo un abandono de lasfronteras por parte de los sultanes wattas íes.

Las plazas expugnadas por los cristianos peninsulares persistieron en su estado, no sólo por la debilidad de wattasíes y saadíes, sino también porque los soberanos de estas dinastías mantuvieron ese statu-quo de ocupación, con elfin de tenerlas como puntos de apoyo y ayuda para sus problemas sucesorios internos. La reconquista, el hostigamiento y la presión se los dejaron a los periféricos; periféricos que eran, en buena parte, andalusíes fuertemente influenciados por el último Al-A ndalus: AI-Mandrifue, como todo el mundo sabe, un alcaide granadino inmigrado a Tetuán, junto con otrospatriotas, antes de la caída de Granada. Ellosfueron los que repoblaron y reconstruyeron la ciudad y AI-Mandri se casó con Sayyida al-Horra, hija de Mawlay > Ah ibn Ras/id y de La/la Zuhra, una mudéjar de Vejer de la Frontera. Los tres habrían de ser los campeones de la resistencia en el norte, en forma casi independiente del poder wattasí central”3.

El sistema de acrobacias y presiones múltiples de los estados, tanto islámicos como cristianos, de la Baja Edad Media, se altera en beneficio de un GIL GRIMAU, Rodolfo, “Ceuta y Meliiia en los sigios XV y XVI”, Cuadernos del Archivo Municipal. Ceuta, La frontera sur de AI-Andatus, Estudios de africanismo español y el Mogrib, Madrid, ¡LEí, en prensa. 2 Ibtd Ibid. Hago unas pequeñas conecciones al texto citado.314 Rodolfo Gil Grimau enfrentamiento ideológico y económico de dos grandes bloques, uno de ellos el otomano y otro el español imperial, en principio, ambos expansivos. Marruecos va a ser apetencia de ambos y terreno de disputa de los dos, y de los portugueses, sin que ninguna de estas fuerzas extrañas al país consiga apoderarse de él. Y aquí entra la figura de Sayyida al-Hurra como la de uno de los protagonistas de la resistencia y de la mezcla de culturas de la época, y sus formas de actuar.

En realidad, es poco lo que se sabe de la Noble Dama aunque haya bastantes
referencias históricas respecto a ella, algunas europeas. Aquí, yo no pretendo aportar nada nuevo a su estudio, sino sólo unas reflexiones estimativas. Su historia ha sido estudiada, en lo que ha sido posible hasta cada momento, por tetuaníes e investigadores muy próximos a Tetuán y a Chefchauen como Sidi MuhammadDawud, Abderrahim Yebbur Oddi, Sidi Muhammad Ibo ‘Azzúz Hakím y Guillermo Gozálbes Busto4, independientemente de otros como Chantal de la Veronne o Roben Ricard, por ejemplo.

Conocida en la Historia como Sayyida al-Hurra, o Sitt al-Hurra, la Noble Dama pudo haber tenido o no el nombre propio de ‘Ay~a, ajuicio o no de Dawud y de Ibn ‘Azzúz, en cuyo caso lo de al-Hurra —la libre— sería un apelativo que le fue dado cuando tomó el gobierno de Tetuán. “In 1515, upon the death of her husband, though already confirmed prefect of Tetouan, gained the title of al-Hurra, that is, a woman wielding sovereign powe?”, dice un texto actual trasladando esa opinión, aunque el apelativo de Sayyida al-Hurra viene a significar Noble Dama y lo han llevado varias notables mujeres musulmanas. Lo cierto es que fue hija de MawlAy ‘AlT ibn Ra~id, ~ar~descendientede Sidi ‘Abd al-Salám Ibn Ma~i~, y de Lalla Zuhra Fernández, una mudéjar o morisca de Vejer de la Frontera, cerca de Cádiz, o tal vez una elche.

El nombre propio de ‘Ay~a, que a veces se le atribuye, puede venir de una identificación de nuestra Sitt al-Hurra con otra piadosa y Noble Dama de ese nombre y tiempo, que fue la madre del cronista lbn Mkar. El padre de la nuestra, que seguramente habta combatido en las últimas guerras de Granada a favor o en contra de los reinos cristianos peninsulares, se había convertido en un príncipe prácticamente independiente de los wattasíes de Fez, formando un mini-estado en Beni ‘Arús, Beni Husmar y eiebála, con capital en Chauen, ciudad que fundó poblándola con gente de lacomarca y con andalusíes, especialmente los emigrados granadinos que escapaban del avance de los Reyes Católicos.

De su madre sabemos que tenía un hermano, Martín Fernández, que islamizó igualmente, si es que no era ya musulmán, tomando el nombre de ‘AlT Fernando; 4MUHAMMADDAWUD, Tar,jTiswon, Titwan, 1959-1379. IBN ‘AZZUZI-IAKÍM. Muhanimad, ‘Silta al-Hurra, princesa de Chafchauen”, Cuadernos de la BibliotecaEspañola de Tetu,ln, 15, Tetuán, 97-i15. YEBBUR 0DDi. Abden’ahim, “Los Ben-Raehed de Chefchauen y su significación en la Historia de Man-uccos septentrional”, Tetuán, 1953. GOZÁLBES BUSTOS (sic.), Guilienno, “Su al Hurra, gobernadora de Tetuán (sigio XVI)”, .4aas delCongreso Internacional El Estrecho de Gibraltar 1987, UNED. 1988, Madrid.

www.ottoman-traderscomlBio2htmlSayyida al-Hurra 315

persona que debió tener puestos de responsabilidad en Tetuán y en la cora de Arcila.

“Del matrimonio Ben Rasid Zuhra hubo doshijos. Un varón Mawlay Ibrahim una hembra Sit al Hurra. El primero, probablemente el primogénito, alcanzó las más a/tas cimas de lajáma ydel poder entre sus contemporáneos. Sucesor de su padre en los dominios de la montaña, fue además, va/ido del sultán de Fez, el cual, por añadidura le debía el trono (…) Su hermana, Sit al Hurra, no queda atrás en cuanto a fama y carácter Debió casarla su padre siendo aún una tierna adolescente con el ex alcaide granadino, Ah al-Mandan, e/fundador de Tetuán”6 ‘Alt al-Manzar?, probablemente con una ..W osca ~ de una localidad granadina llamada >kz.iI, fonéticamente transformado en ~.>.ázJ > Al-Mandan> AI-Mandrí, apellido que aparece en documentos granadinos como AI-Manzarí o AI-Manzirí, con • , y en documentos referentes a moriscos granadinos transcrito como Mandan, era procedente del Reino nazaní de Granada, con cuya familia real estaba emparentado por su matrimonio con Lalla Fátima, de quien seguramente tuvo hijos que debieron formar parte de la arisiocracia tetuanu.

Cabe la posibilidad de que haya conocido a lbn Raátd en las guerras de Granada, cuando él era alcaide de Piñar, una fortaleza granadina que al parecer rindió a los Reyes Católicos, quizás a instigación de Boabdil, y que se haya venido a GebAla por invitación de aquél, asentándose en la zona de Tetuán para establecer una ciudad fortificada, inmediata al río, que entonces era navegable y útil para el corso, muy próxima a Ceuta, a la que podía controlar puesto que era plaza fuerte portuguesa. A los mugáhidín, como he dicho antes, competía vigilar y luchar contra la intervención extranjera, ya que el poder central wattasí era débil, y eso era lo que se habían propuesto hacer Mawlay ‘Alt ibn Ra~id y sus aliados; tanto más los granadinos inmigrantes, que esta manera continuaban su guerra.

Tetuán fue reconstruida por los granadinos en 1485 o 1486 y cabe suponer, también, que en ese momento, AI-Mandrí estaría entre los treinta y los cuarenta años, dada su vida adulta anterior, las responsabilidades que había desempeñado, la emigración y el tiempo que tardóen construirse el blad, o núcleo urbano inicial de la ciudad reedificada.

De 1485 a 1510, o 1512, año en el que Sayyida al-Hurra se hizo cargo del poder, en Tetuán, en nombre de su marido y tal vez por incapacidad de éste, que se había ido quedando progresivamente ciego tal vez por una herida de guerra, hay unos veinticinco años en los que deben haberse producido el nacimiento de la misma Sayyida al-Hurra, su matrimonio, el nacimiento de sus hijos y su propio aprendizaje político. Es posible, sin embargo, que no se haya hecho cargo del poder en l5l0-1512, en nombre de su marido sino que haya habido un reparto de funciones, por decirlo de algún modo: el gobierno interno de la ciudad para ella e GOZÁLBES BUSTO, op. cli, 463.316 Rodo/fo Gil Grimau y el campo de batalla para él, hasta que el guerrero se ve obligado a quedarse en casa alrededor de 1520.

Podríamos pensar que nuestra Noble Dama nació en torno a 1485, algo después que su hermano Mawláy Ibráh¡m, al mismo tiempo que nacía Tetuán, y una vez que su padre estaba ya firmemente asentado en su estado de Chauen y de toda la región. Podríamos pensar, también, que se casó con AI-Mandri en torno a 1500, con una diferencia de edad de unos treinta o cuarenta años entre ambos, lo que no parece haber afectado su entendimiento mutuo, puesto que ella aprendió a su lado y estuvo colaborando con él y, luego, representándolo y cuidándolo hasta su muerte; cosa que no se hubiera producido de no existir un consenso en la pareja y una adaptación de sus caracteres, indudablemente recios.

Ciertamente que hay otras posibilidades. Una, la expuesta por Dawd y otros autores marroquíes, de que no fue ‘Alt AI-Mandá el marido de Sayyida al-Hurra, sino un sucesor suyo del mismo nombre, tal vez un nieto. Otras, las que presumen una ocupación del poder por un hecho defacto: “She came into power, managing herhusband’s affairs in andaround 916/1510. Shoríly after she got heneifnomed governor of that city-state”7. El académico Gozálbes Busto piensa, por el contrario, que: “La Noble Dama estuvo casada con el genuino Mandan, el fundador de Tetuán, Y no hubo másguerreros ni dirigentes con ese nombre en la historia tetuaní’8 Y dice que: “En el niomento de su muerte Sidi Ah Al Mandan llevaba muchos años inactivo delcampo de batalla y, probablemente, como rector de los asuntos de la ciudad por élfundada. Su mujer, Sit Al Hurra bent RaSid soportaba desde hacía tiempo el peso de aquellos asuntos internos que no requerían una especial técnica o distinto saber del habitual Ú.) Por lo demás, ella no figuró nominalmente como dirigente, sino cuando su marido, impotente por la edad y la ceguera, quedó prácticamente arrinconado en su propia senilidad’9 Lo cierto es que, en lomo a 1510-1520, la pareja casó a una hija de ambos con un hijo de Hasan Hásim o quizás Há~im, granadino inmigrado procedente de Baza y tal vez rival de AI-Mandrt en el gobierno de la ciudad, y Sayyida al-Hurra estuvo apoyándose más o menos verbalmente en su yerno Ahmad para regir Tetuán, aunque su sostén fundamental lo haya tenido, a partir de 1527, en su hermano MawlAy Ibráhtm, que gobernaba en Fez como valido del sultán Ahmad al-Wattast. Acaso fue en esos años cuando otra hija de la pareja se casó con un tal Abu ‘Alt o Bu’alT, asimismo de origen granadino, vinculado a una familia que más tarde intervendría activamente en la sucesión de Al-Mandil y de la propia Sayyida al-Hurra. Y debió de ser igualmente en esa década cuando AI-Mandñ tuvo que dejar los campos de batalla para cuidar de su salud, y Sayyida al-Hurra se ocupó mucho más de todo lo referente a la ciudad, a su política y a su wwwotton,an-traderscom/Bio2l,tml ‘~z~[~E~5 BUSTO, op. cit. 468.

Ibid 468-89.Sayyida al-Hurra 317 economía, seguramente sostenida por la presencia física y los consejos expertos de su marido.

La inmigración granadina, como buena parte de la andalusí y de la morisca posterior, se dedicaba de modo muy activo al corso, actividad oficialmente permitida y alentada por los Estados, con la que sacaba riqueza y mermaba la capacidad comercial, humana y militar de sus enemigos, en este caso los cristianos peninsulares. AI-Mandñ y Sayyida al-Hurra sostuvieron y financiaron la navegación corsaria, o la controlaron y abastecieron cuando no era propia, aprovechando el excelente caladero del río, que estaba resguardado. “She then made contact with the Turkish corsair Barbarosa, and assembled a fieet, then launched intoprivateering in the western Mediterranean, becoming the undisputed Queen of the Pirates in that region””0. El empeño que puso Sayyida al-Hurra en proteger esta actividad concitó en contra de ella muchas enemistades, tanto extranjeras como marroquíes, que empezaron a pesar en su perjuicio, y en el del sultán, que lo consentía a pesar de los acuerdos internacionales. No pareció importarle verdaderamente hasta 1539-1540.

En 1539 murió Mawláy Ibráhim, el hermano uterino de Sayyida al-Hurra y su protector, y se hizo cargo del gobierno de Chauen su hermanastro Sidi Muhammad, con quien no se llevaba bien y que, a partir de esa fecha, intentó intervenir en Tetuán. Gozálbes Busto cree que Al-Mandil continuó en vida hasta 1540: “Todavía suspiraba por España el viejo caudillo”’1, dice siguiendo un testimonio contemporáneo; pero, de todas formas, murió en ese año.

Muerto su marido, ella continuó rigiendo la ciudad con un asociado más o menos ficticio, que fue su mismo yerno Ahmad, probablemente con menoscabo para sta otro yerno Bu ‘Al?, lo que habría creado rivalidades entre sus dos hijas.

Sin embargo, dadas las dificultades que se le fueron acumulando, en 1541 dio un vuelco a la situación, logrando que el propio sultán Ahmad al-Wattas¡ se casara con ella. Con lo cual “prescinde evidentemente de todos los prejuicios y maneja a su antojo los asuntos de la región”’2 “Afier the death of her husband, she married the King ofMorocco, Ahmed a/-Wattasi. in order to show him that shehad no intention ofgiving up herpolitical role in the north, she requestedthat he leave his capitol of Fez and come to Tetouanbr the ceremony. it was the onlytime in the history of Morocco that a king was married awayfrom the capitol”’3 En esta boda real debemos ver, casi con toda seguridad, un interés para ambas partes. El beneficio para Sayyida al-Hurra parece evidente: conseguir un nuevo mantenedor político, el máximo, si no el mejor tal vez. El dividendo para el sultán, independientementede la amistad que tuviera por su valido muerto, debe haber sido muy importante como para ir a casarse a otra ciudad, que no era la www.ííon,an-tirados -corn/Bio2-html

‘‘Ibid 469, 2 Ibid. 470,a, -itorna n-tradcrs cornil)io2- híml318 Rodolfo Gil Grimau capital, con una súbdita suya; un dividendo político y el mantenimiento de una prosapia que le garantizaba el orden y el vigor en el norte del país, dentro del modernismo representado por los andalusíes.

Sin embargo, en 1451, el gobernador portugués de Ceuta cerró el puerto al comercio de Tetuán, por causa del excesivo celo de la gobernadora en la protección del corso y por el incumplimiento de los acuerdos. No sólo muchos tetuanies, portugueses, españoles y otros se sintieron perjudicados con este cierre, sino que el propio sultán se quejó y trató de intervenir diplomáticamente. Esto, unido a las banderías interiores y a la mistna personalidad de al-Hurra, tal vez muy exeluyente, precipitaron un final brusco.

El 22 de octubre de 1542, Hasan Hásim o HA~im, el consuegro de Sayyida al-Hurra, viniendo de Fez con un grupo de jinetes y en connivencia con su hijo Ahmad, y las facciones contrarias a la gobernadora, entró en Tetuán y dio un golpe de poder destituyendo a Sayyida al-Hurra, expulsándola de la ciudad y arrebatándole los bienes. “Sometime It wasn‘t until 949/1542 that she was deposed, holding power in the region from Tetouan jor over thirtv years”’4. Efectivamente, fue “Citalforra alcaidesa y senhora de dicha ciudad’ —como dicen los Anais portugueses— durante más o menos treinta años. “Al-Hurra ibn Banu Rashid al-Mandri al-Wattasi Hakima Taiwan was a Moroccan of Andalusian Origin. The last one in Islam‘s History lo bear the tule al-Hurra”’5, resume su vida el texto en inglés con el que aparece en las bases de datos informáticas actuales.

Este ‘golpe de Estado’ queda muy oscuro. Parece ser que Há~im el viejo salió de Fez porque había sido ofendido por el sultán, marido entonces de Sayyida al-Hurra, aunque había ido con él después de la boda y era tratado como alcaide; parece incluso que el sultán avisó a la Noble Dama, pero desconocemos por qué ella no le hizo caso, y no sabemos en qué medida conspiraron las propias hijas de ésta en contra de su madre y en favor de sus esposos, si bien parece que lo hicieron. Ni sabemos si el sultán quedó hasta cierto punto complacido con este final, puesto que tal vez contara con que los sucesores de la Noble Dama iban a ser más fáciles que ella misma.

¿Qué fue de Sayyida al-Hurra después? No lo sabemos.

Parece del mismo modo que haya regresado a la casa paterna en Chauen, en donde se aisló y en donde probablemente falleció, ignoramos en qué fecha. Está enterrada cerca de esa casa, en la zñwiyya raisaniyya.

Una vez desaparecida de Tetuán, la ciudad fue gobernada por su yerno Ahmad, y puede que por un hijo de éste, o sea un nieto de al-Mandrí y de Sayyida al-Hurra, que tal vez adoptó el apellido AI-Mandrí, y en tal tiempo hubo luchas entre los Hasim o Há~im y los Abíl ‘AlT, o sea guerras internas familiares que implicaban a los grupos granadinos, hasta que un nuevo sultán hizo ocupar ‘ Ibid Ibid.Sayyida al-Hurra 319 la ciudad por tropas en buena parte de origen morisco, en 1562.

¿Cuáles pueden ser las reflexiones que tengamos, y la valoración que hagamos, acerca de esta mujer —la Noble Dama de cultura mixta— de su personalidad, su carácter, sus acciones y su circunstancia? Resulta muy difícil meterse en la interpretación de una persona como ésta así de contrastada entre luces y sombras— tanto más cuanto que no disponemos, por ahora, de más material histórico que el analizado por los historiadores antes dichos, ni de más fuentes. Tal vez convenga, no obstante, repasar los datos que tenemos desde dentro, subjetivamente, empezando por la circunstancia, que por supuesto es la de la etapa en la que vivió y fue protagonista de cosas.

Aquella fue una época en la que se re-equilibró prácticamente todo: las vías comerciales, el concepto y la anchura del mundo, el concepto del Estado, la ciencia y la invención, el ten con ten de las religiones, los bloques expansivos, la emigración, el saber, los indices demográficos, la alimentación, los ejércitos, el arte… y cuántos factores más! La gente que participó, dentro del área siempre sensible y compleja del Estrecho de Gibraltar, lo hizo adecuándose a las nuevas medidas sobre un tejido social muchas veces antiguo o pasado, no pudiendo mantenerse en pie de cara a la ola por falta de un suelo estable. Es lo que probablemente ocurrió con Sitt al-Hurra. Sin embargo, ella tuvo el coraje y la inteligencia de ser una protagonista de la circunstancia.

Sus acciones fueron seguramente las adecuadas dentro de su entorno político y social, dentro de su paisaje. Gobernó porque procedía de una familia de gobernantes y estaba casada con un caudillo; el gobierno y la dirección eran su ambiente desde niña y, en cuanto tuvo que hacerlo, o su marido le propuso que lo hiciera, lo hizo, quizás con un endurecimiento y un exclusivismo progresivos que terminaron por perjudicarle. No supo continuar siendo una mujer extraordinaria apoyada en un hombre, en una sociedad de hombres, y quiso ser ella misma el hombre con un comportamiento de tal y con desafio; lo cual, en aquella época, era imposible de imponer y de mantener. El hecho de que nadie se opusiera abiertamente a su caída, lo prueba.

Que tuvo un carácter serio, acaso minucioso y atento a todo, pero recio, parecen probarlo su vida y sus acciones. Que utilizó a las personas que la rodeaban, no dándoles la suficiente autonomía, posiblemente. Que amó la libertad y la eficacia, también, y no sólo por sus hechos y por su lucha en contra de los invasores enemigos, sino por un más que probable combate interior en contra de la gente versátil, acomodaticia, vanamente ambiciosa o cerril que la debió rodear.

Y podemos suponer que sintió afectos fuertes: la amistad y la confianza con su hermano uterino, y la deferencia, quizá la admiración y en todo caso la colaboración respecto a su marido, pueden ser un testimonio.

Su personalidad parece haber estado muy marcada por la de su madre, una mujer de otra cultura, o de cultura mixta, seguramente voluntariosa y adaptable.

Indudablemente lo estuvo por su padre, un constructor de Estados, un jefe. Y, sin duda, por AI-Mandñ, su marido, tan parecido a su padre por la ocupación pero también a su madre por el origen. No debió ser una mujer altiva, aunque si320 Rodolfo Gil Grimau convencida de poder superar a todos, por lo que terminó pecando de confiada. Y, por lo tanto, es posible que haya creído mucho en sí misma, siendo también una buena creyente en Dios, que debió aceptar, sobre todo en la etapa silenciosa y última de su vida, lo que el Altísimo le fue dando.
SAYYIDA AL-HURRA, MUJER MARROQUÍ DE ORIGEN ANDALUSÍ
Rodolfo GIL GRíMAU

Instituto Cervantes de Lisboa

La figura de Sitt al-~urra —Sayyida al-Hurra bint Mawláy ‘AlT ibn Ra~Td— es, tanto por sí misma como por lo que vino a significar en la historia del norte de Marruecos, la de una de las más importantes personalidades femeninas del occidente islámico en la Edad Moderna, a la que en cierta medida, la vinculada al Estrecho de Gibraltar, resume dentro de los complicados cambios y trasvases de intereses, que se producen en los finales del siglo XV y comienzos del XVI en esta zona. Sitt al-Hurra pasa a ser una singularidad, una mezcla, un eje, en tomo a los cuales puede moverse nuestra reflexión cuando la centramos sobre aquella complicada sociedad, que existió por entonces a los dos lados del Estrecho.

En 1453, los turcos osmanlíes conquistan Constantinopla, con lo que se termina el Imperio Bizantino, heredero del Imperio Romano de Oriente, y comienza el Imperio Osmanlí u Otomano, que durará hasta comienzos del siglo pasado. Es un largo periodo de la Historia el que se acaba con el mutis de Constantinopla y el estreno de Istambul; toda unaparte de la Edad Antigua y toda la Edad Media completa. Y, sobre todo, un cambio de actitudes, de medios y de inversiones económicas, una alteración del equilibrio político, cultural y comercial, que había existido hasta entonces.

A partir de 1487, los portugueses, que ya habían explorado la costa occidental de África y se habían asentado en el litoral marroquí, descubren el camino marítimo a la India, contorneando el Cabo de Buena Esperanza, y abren la nueva vía mercantil de las riquezas de levante, que hasta entonces había discurrido por el camino de los monzones, el Mar Rojo, Arabia y Medio Oriente. La alteración del equilibrio anterior sufre en aquel momento un vuelco total. Puede decirse que es el período en el que empieza Europa e, incluso, en el que comienzan la expansión y el ideario coloniales modernos.

El camino oriental de las especias —y evidentemente el de otras muchas mercancías, bienes e influencias— transcurrió durante muchos siglos a través de la vía regular de los vientos monzones entre la India, y su entorno, y el Golfo Arábigo, sur de Arabia, y el Creciente Fértil (es decir, Mesopotamia, Palestina, Siria y Egipto), desde donde proseguía hacia Europa. Roma controló en parte esta vía y el Imperio Romano de Oriente, o Imperio bizantino, continuaron fiscalizúndola en lucha contra los sasánidas, hasta la aparición del Islam, cuyos califatos y estados absorbieron la mayor parte del Imperio bizantino, el Imperio sasánida y la propia vía en sí, que pasó a ser su columna vertebral económica.

Pero además del camino oriental de las especias, existía otro, de bastante menor intensidad aunque muy importante, que era el camino occidental del oro y de la sal, y que iba desde el Golfo de Guinea a los reinos subsaharianos, Marruecos y AI-Andalus; y de aquí a Europa. Era un mercado del oro, el marfil, A ;íuquel de Estudios A ‘o/ns- II-2cm>312 Rodolfo Gil Grimau las plumas de avestruz y los esclavos, fundamentalmente, a cambio de sal y de productos manufacturados. La vía discurría por tierra, mediante caravanas.

Ambas vías, ambos mercados, sufren el colapso causado por los descubrimientos marítimos portugueses y naturalmente por el descubrimiento de América. Se produce un vuelco, como acabo de decir, al comprobarse que los dos caminos se pueden hacer completos navegando, en régimen de monopolio (durante bastante tiempo el monopolio es portugués) y a menor coste, es decircon mayores beneficios, puesto queel número de intermediarios disminuye considerablemente.

Los estados y territorios que habían sido los intermediarios habituales en ambas vías experimentan unos deterioros notables, tanto en sus haciendas como en sus culturas, sociedad y política, llegando varios de ellos perder la independencia. Este es el caso de Egipto y el caso de Granada, por ejemplo; uno en la vía oriental y la otra en la occidental. Egipto pasa a pertenecer al Imperio Otomano y Granada es conquistada por Castilla y Aragón.

Más adelante, algo más adelante, el descubrimiento de América y la prolongación hacia ella del imperio iransmarino portugués, así como la formación del imperio español, crean una nueva vía, la del Nuevo Mundo, y provocan que varios estados europeos hagan todo lo posible por controlar alguna de esas vías, los territorios en las que se asientan y sus materias primas, para pasar a las conquistas y a los colonialismos.

En estas circunstancias históricas y económicas, Marruecos, que, durante los imperios almorávide y almohade había sido el gran exponente del Islam occidental, sufre de todos los estímulos negativos exteriores e interiores, y el imperio meriní, implicado en la política granadina -y—ewtadeios rejitas- cristianos europeos durante la Guerra de los Cien Años, ve mermar su capacidad política y su empuje; incluso su justificación como potencia islámica. En otro de mis trabajos he dicho, entre otras cosas, que: “Ser los defensores del Ls/am andaluz, no teniendo la colaboración entusiasta de los propios andalusíes, obligó a los meriníes a toda clase de compromisos tácticos y, en estas componendas, se vio el deseo de los granadinos por manejar ci reino meriní, y la atención de Castilla y Portugal por controlar el comercio africano procedente de Marruecos. No debemos olvidar también que, en esa época, los árabes Banu filIal y Maqil, procedentes de oriente, habían invadido el campo marroquí; obligando, entre otros cosas, a que las estructuras bereberes se cerraran en sí mismas por reacción y defensa, poniendo así de manifiesto la debilidad interna del majzen meriní. Este acentuó su carácter urbano, reducido a unas ciudades en donde la influencia administrativa, cultural ymilitar, de los granadinos, o de los andalusíes e hispanos en general, cobró mayor importancia (…) En medio de la descomposición fueron los burócratas del majzen, especialmente los visiresSayyida al-Hurra 313 wattasíes, los que acabaron porgobernar el reino sustituyendo a los meriníes”’.

Bajo los visires wattasies laintervención política granadina disminuyó mucho, en tanto que los avances portugueses en las costas marroquíes progresaron, y así siguió la cosa hasta que, en 1471, los portugueses terminaron por apoderarse de Arcila —hay que recordar que ya tenían Ceuta desde 1415, aunque habían fracasado en Tánger en 1437— y el hasta hacia poco señor de Arcila se transformó en el primero de los sultanes wattasíes, inaugurando así una dinastía que prolongaba la inestabilidad interior. En estascircunstancias, es cuando se producen las primeras resultas específicas de la toma de Constantinopla y de las navegaciones portuguesas, y será poco después cuando los reinos de Castilla y Aragón, unidos, emprendan la conquista del reino de Granada.

Los reinos marroquí y granadino habían pasado a ser “más que nada, unos avisperos de luchas internas y de debilidades”2 y los wattasíes no vinieron en ayuda de los granadinos cuando el último estado andalusí fue “siendo devorado por fsabel de Castilla y Fernando de Aragón. Mientras tanto, las plazas expugnadas por los portugueses se mantuvieron en un equilibrio cómodo, gracias a sus treguas, paces y tributos con el entorno, hasta que los jefes de guerra musulmanes —como el granadino Sidi al-Mandri, en Tetuán, o su suegro Mawlay Ah ibn Rashíd, en Chefchauen— no empezaron un hostigamiento en serio contra ellas. El anterior empeño de los meriníes de pasar por campeones del Islam, unido a la anquilosada herencia wattasí y a la posterior debilidad saadí, fue lo que potenció ypermitió el fenómeno de los jefes de guerra y el impulso de los morabitos. Hubo un abandono de lasfronteras por parte de los sultanes wattas íes.

Las plazas expugnadas por los cristianos peninsulares persistieron en su estado,
no sólo por la debilidad de wattasíes y saadíes, sino también porque los
soberanos de estas dinastías mantuvieron ese statu-quo de ocupación, con elfin
de tenerlas como puntos de apoyo y ayuda para sus problemas sucesorios
internos. La reconquista, el hostigamiento y la presión se los dejaron a los
periféricos; periféricos que eran, en buena parte, andalusíes fuertemente
influenciados por el último Al-A ndalus: AI-Mandrifue, como todo el mundo sabe,
un alcaide granadino inmigrado a Tetuán, junto con otrospatriotas, antes de la
caída de Granada. Ellosfueron los que repoblaron y reconstruyeron la ciudad y
AI-Mandri se casó con Sayyida al-Horra, hija de Mawlay > Ah ibn Ras/id y de
La/la Zuhra, una mudéjar de Vejer de la Frontera. Los tres habrían de ser los
campeones de la resistencia en el norte, en forma casi independiente del poder
wattasí central”3.
El sistema de acrobacias y presiones múltiples de los estados, tanto islámicos
como cristianos, de la Baja Edad Media, se altera en beneficio de un
GIL GRIMAU, Rodolfo, “Ceuta y Meliiia en los sigios XV y XVI”, Cuadernos del Archivo
Municipal. Ceuta, La frontera sur de AI-Andatus, Estudios de africanismo español y el Mogrib,
Madrid, ¡LEí, en prensa.
2 Ibtd
Ibid. Hago unas pequeñas conecciones al texto citado.314 Rodolfo Gil Grimau
enfrentamiento ideológico y económico de dos grandes bloques, uno de ellos el
otomano y otro el español imperial, en principio, ambos expansivos. Marruecos
va a ser apetencia de ambos y terreno de disputa de los dos, y de los portugueses,
sin que ninguna de estas fuerzas extrañas al país consiga apoderarse de él. Y aquí
entra la figura de Sayyida al-Hurra como la de uno de los protagonistas de la
resistencia y de la mezcla de culturas de la época, y sus formas de actuar.
En realidad, es poco lo que se sabe de la Noble Dama aunque haya bastantes
referencias históricas respecto a ella, algunas europeas. Aquí, yo no pretendo
aportar nada nuevo a su estudio, sino sólo unas reflexiones estimativas. Su historia
ha sido estudiada, en lo que ha sido posible hasta cada momento, por tetuaníes e
investigadores muy próximos a Tetuán y a Chefchauen como Sidi Muhammad
Dawud, Abderrahim Yebbur Oddi, Sidi Muhammad Ibo ‘Azzúz Hakím y
Guillermo Gozálbes Busto4, independientemente de otros como Chantal de la
Veronne o Roben Ricard, por ejemplo.
Conocida en la Historia como Sayyida al-Hurra, o Sitt al-Hurra, la Noble
Dama pudo haber tenido o no el nombre propio de ‘Ay~a, ajuicio o no de Dawud
y de Ibn ‘Azzúz, en cuyo caso lo de al-Hurra —la libre— sería un apelativo que le
fue dado cuando tomó el gobierno de Tetuán. “In 1515, upon the death of her
husband, though already confirmed prefect of Tetouan, gained the title of
al-Hurra, that is, a woman wielding sovereign powe?”, dice un texto actual
trasladando esa opinión, aunque el apelativo de Sayyida al-Hurra viene a significar
Noble Dama y lo han llevado varias notables mujeres musulmanas. Lo cierto es
que fue hija de MawlAy ‘AlT ibn Ra~id, ~ar~descendientede Sidi ‘Abd al-Salám
Ibn Ma~i~, y de Lalla Zuhra Fernández, una mudéjar o morisca de Vejer de la
Frontera, cerca de Cádiz, o tal vez una elche.
El nombre propio de ‘Ay~a, que a veces se le atribuye, puede venir de una
identificación de nuestra Sitt al-Hurra con otra piadosa y Noble Dama de ese
nombre y tiempo, que fue la madre del cronista lbn Mkar. El padre de la nuestra,
que seguramente habta combatido en las últimas guerras de Granada a favor o en
contra de los reinos cristianos peninsulares, se había convertido en un príncipe
prácticamente independiente de los wattasíes de Fez, formando un mini-estado en
Beni ‘Arús, Beni Husmar y eiebála, con capital en Chauen, ciudad que fundó
poblándola con gente de lacomarca y con andalusíes, especialmente los emigrados
granadinos que escapaban del avance de los Reyes Católicos.
De su madre sabemos que tenía un hermano, Martín Fernández, que islamizó
igualmente, si es que no era ya musulmán, tomando el nombre de ‘AlT Fernando;
4MUHAMMADDAWUD, Tar,jTiswon, Titwan, 1959-1379. IBN ‘AZZUZI-IAKÍM. Muhanimad,
‘Silta al-Hurra, princesa de Chafchauen”, Cuadernos de la BibliotecaEspañola de Tetu,ln, 15, Tetuán,
97-i15. YEBBUR 0DDi. Abden’ahim, “Los Ben-Raehed de Chefchauen y su significación en la
Historia de Man-uccos septentrional”, Tetuán, 1953. GOZÁLBES BUSTOS (sic.), Guilienno, “Su al
Hurra, gobernadora de Tetuán (sigio XVI)”, .4aas delCongreso Internacional El Estrecho de Gibraltar
1987, UNED. 1988, Madrid.
– www.ottoman-traderscomlBio2htmlSayyida al-Hurra 315
persona que debió tener puestos de responsabilidad en Tetuán y en la cora de
Arcila.
“Del matrimonio Ben Rasid Zuhra hubo doshijos. Un varón Mawlay Ibrahim
una hembra Sit al Hurra. El primero, probablemente el primogénito, alcanzó las
más a/tas cimas de lajáma ydel poder entre sus contemporáneos. Sucesor de su
padre en los dominios de la montaña, fue además, va/ido del sultán de Fez, el
cual, por añadidura le debía el trono (…) Su hermana, Sit al Hurra, no queda
atrás en cuanto a fama y carácter Debió casarla su padre siendo aún una tierna
adolescente con el ex alcaide granadino, Ah al-Mandan, e/fundador de Tetuán”6
‘Alt al-Manzar?, probablemente con una ..W osca ~ de una localidad
granadina llamada >kz.iI, fonéticamente transformado en ~.>.ázJ >
Al-Mandan> AI-Mandrí, apellido que aparece en documentos granadinos como
AI-Manzarí o AI-Manzirí, con • , y en documentos referentes a moriscos
granadinos transcrito como Mandan, era procedente del Reino nazaní de Granada,
con cuya familia real estaba emparentado por su matrimonio con Lalla Fátima,
de quien seguramente tuvo hijos que debieron formar parte de la arisiocracia
tetuanu.
Cabe la posibilidad de que haya conocido a lbn Raátd en las guerras de
Granada, cuando él era alcaide de Piñar, una fortaleza granadina que al parecer
rindió a los Reyes Católicos, quizás a instigación de Boabdil, y que se haya
venido a GebAla por invitación de aquél, asentándose en la zona de Tetuán para
establecer una ciudad fortificada, inmediata al río, que entonces era navegable y
útil para el corso, muy próxima a Ceuta, a la que podía controlar puesto que era
plaza fuerte portuguesa. A los mugáhidín, como he dicho antes, competía vigilar
y luchar contra la intervención extranjera, ya que el poder central wattasí era
débil, y eso era lo que se habían propuesto hacer Mawlay ‘Alt ibn Ra~id y sus
aliados; tanto más los granadinos inmigrantes, que esta manera continuaban su
guerra.
Tetuán fue reconstruida por los granadinos en 1485 o 1486 y cabe suponer,
también, que en ese momento, AI-Mandrí estaría entre los treinta y los cuarenta
años, dada su vida adulta anterior, las responsabilidades que había desempeñado,
la emigración y el tiempo que tardóen construirse el blad, o núcleo urbano inicial
de la ciudad reedificada.
De 1485 a 1510, o 1512, año en el que Sayyida al-Hurra se hizo cargo del
poder, en Tetuán, en nombre de su marido y tal vez por incapacidad de éste, que
se había ido quedando progresivamente ciego tal vez por una herida de guerra, hay
unos veinticinco años en los que deben haberse producido el nacimiento de la
misma Sayyida al-Hurra, su matrimonio, el nacimiento de sus hijos y su propio
aprendizaje político. Es posible, sin embargo, que no se haya hecho cargo del
poder en l5l0-1512, en nombre de su marido sino que haya habido un reparto
de funciones, por decirlo de algún modo: el gobierno interno de la ciudad para ella
e GOZÁLBES BUSTO, op. cli, 463.316 Rodo/fo Gil Grimau
y el campo de batalla para él, hasta que el guerrero se ve obligado a quedarse en
casa alrededor de 1520.
Podríamos pensar que nuestra Noble Dama nació en torno a 1485, algo
después que su hermano Mawláy Ibráh¡m, al mismo tiempo que nacía Tetuán, y
una vez que su padre estaba ya firmemente asentado en su estado de Chauen y de
toda la región. Podríamos pensar, también, que se casó con AI-Mandri en torno
a 1500, con una diferencia de edad de unos treinta o cuarenta años entre ambos,
lo que no parece haber afectado su entendimiento mutuo, puesto que ella aprendió
a su lado y estuvo colaborando con él y, luego, representándolo y cuidándolo
hasta su muerte; cosa que no se hubiera producido de no existir un consenso en
la pareja y una adaptación de sus caracteres, indudablemente recios.
Ciertamente que hay otras posibilidades. Una, la expuesta por Dawd y otros
autores marroquíes, de que no fue ‘Alt AI-Mandá el marido de Sayyida al-Hurra,
sino un sucesor suyo del mismo nombre, tal vez un nieto. Otras, las que presumen
una ocupación del poder por un hecho defacto: “She came into power, managing
herhusband’s affairs in andaround 916/1510. Shoríly after she got heneifnomed
governor of that city-state”7. El académico Gozálbes Busto piensa, por el
contrario, que: “La Noble Dama estuvo casada con el genuino Mandan, el
fundador de Tetuán, Y no hubo másguerreros ni dirigentes con ese nombre en la
historia tetuaní’8 Y dice que: “En el niomento de su muerte Sidi Ah Al Mandan
llevaba muchos años inactivo delcampo de batalla y, probablemente, como rector
de los asuntos de la ciudad por élfundada. Su mujer, Sit Al Hurra bent RaSid
soportaba desde hacía tiempo el peso de aquellos asuntos internos que no
requerían una especial técnica o distinto saber del habitual Ú.) Por lo demás,
ella no figuró nominalmente como dirigente, sino cuando su marido, impotente
por la edad y la ceguera, quedó prácticamente arrinconado en su propia
senilidad’9
Lo cierto es que, en lomo a 1510-1520, la pareja casó a una hija de ambos
con un hijo de Hasan Hásim o quizás Há~im, granadino inmigrado procedente de
Baza y tal vez rival de AI-Mandrt en el gobierno de la ciudad, y Sayyida al-Hurra
estuvo apoyándose más o menos verbalmente en su yerno Ahmad para regir
Tetuán, aunque su sostén fundamental lo haya tenido, a partir de 1527, en su
hermano MawlAy Ibráhtm, que gobernaba en Fez como valido del sultán Ahmad
al-Wattast. Acaso fue en esos años cuando otra hija de la pareja se casó con un
tal Abu ‘Alt o Bu’alT, asimismo de origen granadino, vinculado a una familia que
más tarde intervendría activamente en la sucesión de Al-Mandil y de la propia
Sayyida al-Hurra. Y debió de ser igualmente en esa década cuando AI-Mandñ
tuvo que dejar los campos de batalla para cuidar de su salud, y Sayyida al-Hurra
se ocupó mucho más de todo lo referente a la ciudad, a su política y a su
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‘~z~[~E~5 BUSTO, op. cit. 468.
‘ Ibid 468-89.Sayyida al-Hurra 317
economía, seguramente sostenida por la presencia física y los consejos expertos
de su marido.
La inmigración granadina, como buena parte de la andalusí y de la morisca
posterior, se dedicaba de modo muy activo al corso, actividad oficialmente
permitida y alentada por los Estados, con la que sacaba riqueza y mermaba la
capacidad comercial, humana y militar de sus enemigos, en este caso los cristianos
peninsulares. AI-Mandñ y Sayyida al-Hurra sostuvieron y financiaron la
navegación corsaria, o la controlaron y abastecieron cuando no era propia,
aprovechando el excelente caladero del río, que estaba resguardado. “She then
made contact with the Turkish corsair Barbarosa, and assembled a fieet, then
launched intoprivateering in the western Mediterranean, becoming the undisputed
Queen of the Pirates in that region””0.
El empeño que puso Sayyida al-Hurra en proteger esta actividad concitó en
contra de ella muchas enemistades, tanto extranjeras como marroquíes, que
empezaron a pesar en su perjuicio, y en el del sultán, que lo consentía a pesar de
los acuerdos internacionales. No pareció importarle verdaderamente hasta 1539-
1540.
En 1539 murió Mawláy Ibráhim, el hermano uterino de Sayyida al-Hurra y
su protector, y se hizo cargo del gobierno de Chauen su hermanastro Sidi
Muhammad, con quien no se llevaba bien y que, a partir de esa fecha, intentó
intervenir en Tetuán. Gozálbes Busto cree que Al-Mandil continuó en vida hasta
1540: “Todavía suspiraba por España el viejo caudillo”’1, dice siguiendo un
testimonio contemporáneo; pero, de todas formas, murió en ese ano.
Muerto su marido, ella continuó rigiendo la ciudad con un asociado más o
menos ficticio, que fue su mismo yerno Ahmad, probablemente con menoscabo
para sta otro yerno Bu ‘Al?, lo que habría creado rivalidades entre sus dos hijas.
Sin embargo, dadas las dificultades que se le fueron acumulando, en 1541 dio un
vuelco a la situación, logrando que el propio sultán Ahmad al-Wattas¡ se casara
con ella. Con lo cual “prescinde evidentemente de todos los prejuicios y maneja
a su antojo los asuntos de la región”’2 “Afier the death of her husband, she
married the King ofMorocco, Ahmed a/-Wattasi. in order to show him that she
had no intention ofgiving up herpolitical role in the north, she requestedthat he
leave his capitol of Fez and come to Tetouanbr the ceremony. it was the only
time in the history of Morocco that a king was married awayfrom the capitol”’3
En esta boda real debemos ver, casi con toda seguridad, un interés para
ambas partes. El beneficio para Sayyida al-Hurra parece evidente: conseguir un
nuevo mantenedor político, el máximo, si no el mejor tal vez. El dividendo para
el sultán, independientementede la amistad que tuviera por su valido muerto, debe
haber sido muy importante como para ir a casarse a otra ciudad, que no era la
ww w-
,ííon,an-tirados –
corn/Bio2-html
‘‘Ibid 469,
‘2 Ibid. 470,
a, –
itorna n-tradcrs cornil)io2-
híml318 Rodolfo Gil Grimau
capital, con una súbdita suya; un dividendo político y el mantenimiento de una
prosapia que le garantizaba el orden y el vigor en el norte del país, dentro del
modernismo representado por los andalusíes.
Sin embargo, en 1451, el gobernador portugués de Ceuta cerró el puerto al
comercio de Tetuán, por causa del excesivo celo de la gobernadora en la
protección del corso y por el incumplimiento de los acuerdos. No sólo muchos
tetuanies, portugueses, españoles y otros se sintieron perjudicados con este cierre,
sino que el propio sultán se quejó y trató de intervenir diplomáticamente. Esto,
unido a las banderías interiores y a la mistna personalidad de al-Hurra, tal vez
muy exeluyente, precipitaron un final brusco.
El 22 de octubre de 1542, Hasan Hásim o HA~im, el consuegro de Sayyida
al-Hurra, viniendo de Fez con un grupo de jinetes y en connivencia con su hijo
Ahmad, y las facciones contrarias a la gobernadora, entró en Tetuán y dio un
golpe de poder destituyendo a Sayyida al-Hurra, expulsándola de la ciudad y
arrebatándole los bienes. “Sometime It wasn‘t until 949/1542 that she was
deposed, holding power in the region from Tetouan jor over thirtv years”’4.
Efectivamente, fue “Citalforra alcaidesa y senhora de dicha ciudad’ —como dicen
los Anais portugueses— durante más o menos treinta años. “Al-Hurra ibn Banu
Rashid al-Mandri al-Wattasi Hakima Taiwan was a Moroccan of Andalusian
Origin. The last one in Islam‘s History lo bear the tule al-Hurra”’5, resume su
vida el texto en inglés con el que aparece en las bases de datos informáticas
actuales.
Este ‘golpe de Estado’ queda muy oscuro. Parece ser que Há~im el viejo
salió de Fez porque había sido ofendido por el sultán, marido entonces de Sayyida
al-Hurra, aunque había ido con él después de la boda y era tratado como alcaide;
parece incluso que el sultán avisó a la Noble Dama, pero desconocemos por qué
ella no le hizo caso, y no sabemos en qué medida conspiraron las propias hijas de
ésta en contra de su madre y en favor de sus esposos, si bien parece que lo
hicieron. Ni sabemos si el sultán quedó hasta cierto punto complacido con este
final, puesto que tal vez contara con que los sucesores de la Noble Dama iban a
ser más fáciles que ella misma.
¿Qué fue de Sayyida al-Hurra después? No lo sabemos.
Parece del mismo modo que haya regresado a la casa paterna en Chauen, en
donde se aisló y en donde probablemente falleció, ignoramos en qué fecha. Está
enterrada cerca de esa casa, en la zñwiyya raisaniyya.
Una vez desaparecida de Tetuán, la ciudad fue gobernada por su yerno
Ahmad, y puede que por un hijo de éste, o sea un nieto de al-Mandrí y de
Sayyida al-Hurra, que tal vez adoptó el apellido AI-Mandrí, y en tal tiempo hubo
luchas entre los Hasim o Há~im y los Abíl ‘AlT, o sea guerras internas familiares
que implicaban a los grupos granadinos, hasta que un nuevo sultán hizo ocupar
‘ Ibid
Ibid.Sayyida al-Hurra 319
la ciudad por tropas en buena parte de origen morisco, en 1562.
¿Cuáles pueden ser las reflexiones que tengamos, y la valoración que
hagamos, acerca de esta mujer —la Noble Dama de cultura mixta— de su
personalidad, su carácter, sus acciones y su circunstancia?
Resulta muy difícil meterse en la interpretación de una persona como ésta
—así de contrastada entre luces y sombras— tanto más cuanto que no disponemos,
por ahora, de más material histórico que el analizado por los historiadores antes
dichos, ni de más fuentes. Tal vez convenga, no obstante, repasar los datos que
tenemos desde dentro, subjetivamente, empezando por la circunstancia, que por
supuesto es la de la etapa en la que vivió y fue protagonista de cosas.
Aquella fue una época en la que se re-equilibró prácticamente todo: las vías
comerciales, el concepto y la anchura del mundo, el concepto del Estado, la
ciencia y la invención, el ten con ten de las religiones, los bloques expansivos, la
emigración, el saber, los indices demográficos, la alimentación, los ejércitos, el
arte… y cuántos factores más! La gente que participó, dentro del área siempre
sensible y compleja del Estrecho de Gibraltar, lo hizo adecuándose a las nuevas
medidas sobre un tejido social muchas veces antiguo o pasado, no pudiendo
mantenerse en pie de cara a la ola por falta de un suelo estable. Es lo que
probablemente ocurrió con Sitt al-Hurra. Sin embargo, ella tuvo el coraje y la
inteligencia de ser una protagonista de la circunstancia.
Sus acciones fueron seguramente las adecuadas dentro de su entorno político
y social, dentro de su paisaje. Gobernó porque procedía de una familia de
gobernantes y estaba casada con un caudillo; el gobierno y la dirección eran su
ambiente desde niña y, en cuanto tuvo que hacerlo, o su marido le propuso que
lo hiciera, lo hizo, quizás con un endurecimiento y un exclusivismo progresivos
que terminaron por perjudicarle. No supo continuar siendo una mujer
extraordinaria apoyada en un hombre, en una sociedad de hombres, y quiso ser
ella misma el hombre con un comportamiento de tal y con desafio; lo cual, en
aquella época, era imposible de imponer y de mantener. El hecho de que nadie se
opusiera abiertamente a su caída, lo prueba.
Que tuvo un carácter serio, acaso minucioso y atento a todo, pero recio,
parecen probarlo su vida y sus acciones. Que utilizó a las personas que la
rodeaban, no dándoles la suficiente autonomía, posiblemente. Que amó la libertad
y la eficacia, también, y no sólo por sus hechos y por su lucha en contra de los
invasores enemigos, sino por un más que probable combate interior en contra de
la gente versátil, acomodaticia, vanamente ambiciosa o cerril que la debió rodear.
Y podemos suponer que sintió afectos fuertes: la amistad y la confianza con su
hermano uterino, y la deferencia, quizá la admiración y en todo caso la
colaboración respecto a su marido, pueden ser un testimonio.
Su personalidad parece haber estado muy marcada por la de su madre, una
mujer de otra cultura, o de cultura mixta, seguramente voluntariosa y adaptable.
Indudablemente lo estuvo por su padre, un constructor de Estados, un jefe. Y, sin
duda, por AI-Mandñ, su marido, tan parecido a su padre por la ocupación pero
también a su madre por el origen. No debió ser una mujer altiva, aunque si320 Rodolfo Gil Grimau
convencida de poder superar a todos, por lo que terminó pecando de confiada. Y,
por lo tanto, es posible que haya creído mucho en sí misma, siendo también una
buena creyente en Dios, que debió aceptar, sobre todo en la etapa silenciosa y
última de su vida, lo que el Altísimo le fue dando.

Rodolfo GIL GRíMAU
Instituto Cervantes de Lisboa

IBN AL-ABBÂR | ابن العبار

Aunque tolerantes con las religiones y costumbres de su población, esta dinastía siempre miró con el máximo recelo a cuantos intelectuales procedentes de Oriente pudiesen inculcar a los andalusíes sus ideas más o menos heréticas: alíes, jariyíes u otras. 

Los omeyas orientales no habían reconocido a ‘Alî y tampoco lo hicieron los de al-Andalus, aunque la conciencia del pueblo, y sobre todo de los ulemas y alfaquíes, ya le reverenciaba como compañero dilecto del Profeta.

Las personas que viajaban a Oriente por motivos de peregrinación, comerciales u otros, frecuentemente volvían impregnados de una cultura superior, transmitiendo conocimientos científicos, costumbres o ideas políticas y filosóficas exóticas, como las de la shi’a.
Con ´Abd al-Rahmán II (822-852) entraron en al-Andalus la música, la administración y las modas cortesanas de Bagdad, pero siguió el silencio sobre los alíes.

Abd al-Rahmán III, sin embargo, se encontró con una situación nueva para el emirato de Córdoba: la doctrina shi’í, hasta entonces minoritaria aunque con oleadas de reclutamiento cada vez mayores, se había materializado por fin en un Estado: el de los fatimíes de Túnez, quienes a partir del año 909 someterían además amplias zonas del Magreb central y occidental. Anteriormente habían surgido en Bahreyn y el sur de Iraq los qármatas, grupo mas reducido y de ideas extremistas que sería desautorizado y combatido por los fatimíes. Estos últimos también intentaron infiltrarse en al-Andalus enviando propagandistas.
Tan grave amenaza llevó a Abd al-Rahmán a proclamarse heredero del califato omeya de Oriente (!!), y a iniciar una política expansiva en el norte de África, donde las campañas entre omeyas y fatimíes, apoyándose en las tribus interpuestas, se sucedieron sin fin durante todo su reinado. Pero al final de éste sólo Tánger y Ceuta le obedecían: la ofensiva de Ramiro II de León había desviado su atención. Entre tanto la dinastía oriental de los abbasíes era tutelada por los príncipes “buyíes”, shi’itas duodecimanos, que se apoderaron de Bagdad en 945 y controlaron la zona hasta 1055. Se trata de un siglo, pues, prácticamente tomado por el shi’ismo.

La salida de Túnez del cuarto califa Fatimí, y el desplazamiento de su capital a El Cairo, permitió a al-Hakam II retomar la iniciativa en el Magreb. Este califa ilustrado se dedicó a escribir sobre la shia para negar la legitimidad de la dinastía fatimí, al tiempo que se intensificaba la campaña contra la real o supuesta propaganda: en esta época se condena a muerte a Abû l-Jayr, un predicador heterodoxo supuestamente fatimí, sin darle opción a “ì´dâr” o autodefensa, lo que suscitó las protestas de algunos alfaquíes.
Al mismo tiempo los andalusíes pro-fatimíes optaban por abandonar al-Andalus; este es el caso de Ibn al-Hâni de Elvira, que se convirtió en el vate oficial del califa fatimí al Mu’îzz (m.975).
Tras la dictadura de Almanzor y el hundimiento de la dinastía omeya el año 1016, algunos grupos alíes como los beréberes hammûdíes toman el poder en Córdoba y otras provincias. En torno a ellos, poetas como Ibn Darraÿ al-Qashrallî expresan una oportunista devoción a la familia del Profeta, mientras los omeyas caen en la infamia más espantosa: citemos al poeta Ayyûb b. Sulaymân al-Suhayli, al que Avempace aconseja huir del país por ser de estirpe omeya.
Con los almorávides (1090-1145) y sobre todo con los almohades (1130-1223), que imitaron algunos principios y comportamientos shî ‘itas, se consolida y desarrolla esta línea literaria. La filosofía, la ciencia y la mística viven su mayor esplendor.
El poeta murciano Safwân b. Idris (1165-1201) cuenta cómo pasó de la alabanza a los príncipes a la de la familia del Profeta: el califa almohade, que le había negado la mano de su hija tuyo un sueño en el cual el Profeta le ordenaba concedérsela. (1) Nâhid al-Wâdi Âshi, (de Guadix, m. 1218) es autor de una casida muy afligida sobre Husayn:

“¡Ay del pueblo que le abandonó enrojecido por la sangre, extenuado y abatido; manchado de polvo, le dejaron los miembros cercenados, con cada espada india asesina.(a Yazid): ¿Acaso anhelas, desdichado de ti, la intercesión de su abuelo?
¡Quita allá! ¡No, por El que hace girar los cielos!” (2).

Paralelamente, tanto en al-Andalus como en el Magreb se desarrolla desde el siglo XIII el género de las mu’ashsharât o décimas en alabanza del Profeta, sus nombres y sus objetos, en las que el comienzo del verso ha de coincidir con el final, género que adquiere cada vez más complicación y amaneramiento. El famoso místico andalusí Muhyi l-din Ibn al-´Arabî (1164-1240) compuso una colección de poemas de este tipo, aunque no demuestra el dominio técnico que este género requiere. La poesía era para estos poetas un medio de lograr los favores divinos (3).
Muhammad ibn Faraÿ de Ceuta (segunda mitad del siglo XIII), además de componer, recogió los poemas del mismo estilo de Abû l-Rabî’ b. Sâlim al-Kilâ´i (m. 1237), discípulo de Safwân b. Idris y principal maestro de Ibn al-Abbâr, al que pudo transmitir las casidas husayníes de Safwân.

IBN AL-ABBAR

Abû ‘Abdallâh Muhammad ibn ‘Abdallâh (…) b. Abi Bakr al Qudâ ‘i, conocido por Ibn al-Abbâr, nació en Valencia en enero o febrero del año 1199. Al-Abbâr era el laqab o sobrenombre de su antepasado, acaso indicativo de su oficio: “fabricante de agujas”.
Los qudâ’íes constituían una familia yemení establecida desde antiguo en Onda, ciudad de la región de Valencia. El padre de nuestro autor era uno de esos poetas alfaquíes que entonces componían la élite de Valencia. Refiere Ibn al-Abbâr que recibió de él la mejor educación, y que le llevaba a las tertulias literarias a las que asistía. De Abû l-Rabí b. Sâlim y de Abû l-Jattâb b. W. aÿib al-Qaysi obtuvo su sólida formación de historiador, que le hizo uno de los más importantes de al-Andalus.
Según parece no tuvo hermanos varones, pues no los cita al hablar de su padre, ni al referir que heredó de él “todos sus libros”.
Tuvo una juventud alegre, cultivando la poesia e iniciando pronto la carrera administrativa. Viajó por todo al-Andalus para ampliar sus conocimientos del hadiz. Encontrándose en Badajoz en 1222, supo de la muerte de su padre, por lo que volvió a Valencia y quedó bajo la tutela de su maestro Abû l-Rabî b. Sâlim. Entonces entró al servicio del gobernador Abú Zayd como secretario. Por esa época debió unirse en matrimonio a la familia valenciana de Ibn al-Wazîr, originaria de Paterna.
En 1229, Abû Yamil b. Zayyân Mardânish, hijo del héroe local que se alzó contra los almorávides, protagoniza ahora el mismo papel contra los almohades. Abu Zayd huye con su secretario a tierras cristianas y se acoge a la protección de Jaime I de Aragón para que le ayude a recuperar Valencia. Como acabase haciéndose cristiano, Ibn al-Abbâr decidió abandonarle y volver a al Andalus. Tras una serie de peripecias lo hallamos de nuevo en Valencia en 1231, reconciliado con Ibn Mardânish, que en la época almohade había sido amigo y colaborador suyo y ahora le nombra su visir.
Tras la derrota de Las Navas de Tolosa en 1212 al-Andalus se había dividido en unas nuevas taifas, las terceras de su historia. El caudillo hispano-árabe Ibn Hûd fue aclamado en Murcia y casi toda Andalucía, e Ibn Mahfûz se apoderó de Niebla, pero nadie pudo impedir que Fernando III conquistase Córdoba en 1236.
Jaime I derrotó a los musulmanes en Pueyo de Cebolla en 1237, y un año después inicia el asedio de Valencia. Abû Yamil decidió enviar una embajada marítima a pedir socorro al emir hafsî de Túnez, poniendo al frente de ella a Ibn al-Abbâr. Allí recito su famosa casida en la que describe las trágicas circunstancias que atravesaba al-Andalus:
“Tabernas donde antes hubo lugares sagrados,
iglesias donde antes hubo mezquitas”.

Emocionado, el sultán resolvió ayudarles enviando doce naves con armas, pertrechos y dinero; pero al llegar a Valencia se encontraron el puerto bloqueado y tuvieron que desviarse a Denia. Cuando Ibn al-Abbâr llega a Valencia sus habitantes va se disponen a rendirse. El emir le elige mediador en las negociaciones y el 29 de septiembre de 1238 firman el acta de entrega.
De Valencia fueron a Denia, desde donde se les volvió a ex pulsar más tarde. Habiendo vuelto a acudir a Túnez en 1239, el qudâ’í regresó a Murcia con Abû Yamil en 1240, para poco después emigrar con su familia a Túnez, donde permanecería el resto de su vida.
El emir lo acogió excelentemente, haciéndole su panegirista y el escriba de su divisa en los documentos oficiales. Pero el hecho de ser sustituido en esta última función por un escriba oriental parece que fue la causa de que expresara sus protestas y el emir le desterrara a Bugía en 1248. Lo cierto es que Jbn al-Abbâr tenía ya algunos enemigos en la corte, como el envidioso visir Ibn Abi l-Husayn.
En Túnez había terminado de escribir su “Takmila li-Kitâb al Shia”, sobre biografías de sabios de al-Andalus . En Bugía terminará “al-Hullà l-siyarâ”, biografías de los príncipes-poetas que hubo en el Islam. Allí mismo escribe “I’tâb al-kurrâb” (Disculpa de los secretarios), en cuya introducción pide al emir y a su heredero que le perdonen.
Fue perdonado por Abû Zakariyyâ, pero éste murió poco después y le sucedió su hijo Abdallâh, más tarde llamado al-Mustansír bi l-Lâh, monarca cruel que durante su vida habría de sofocar constantes revueltas. Ibn al-Abbâr pasó a ser su consejero.
Los historiadores posteriores tienden a describir a nuestro autor como orgulloso y antipático, señalando que solía irritar al emir con su erudición y sus elogios a al Andalus. Es muy probable que su carácter se hubiera degradado desde que se exiliara de al Andalus, al perder amigos y recuerdos. Por otra parte la emigración andalusí había ido a parar mayoritariamente a Bugía y Túnez, en cuya administración se colocaron muchos de ellos, lo que provocó la hostilidad de los tunecinos.
No se sabe por qué, en 1252 al-Mustansir le destierra a Bugía como hiciera su padre antes, y allí escribe su “Durar al-simt fi ja bar al-sibt”; escribiendo además una obra análoga en verso hoy perdida.
Al extinguirse definitivamente el califato de Bagdad en 1258, al-Mustansir se proclamó califa, y las mismas Medina y La Meca le dieron su reconocimiento.
En 1259 Ibn al-Abbâr recibió una carta en la que se le comunicaba que había sido perdonado, pero un año más tarde sus enemigos urdieron contra él el peor complot, que desembocó en su condena a muerte. Se desconoce la causa exacta de su ejecución. pero se barajan varias: que hizo un horóscopo al príncipe heredero al-Wâthiq que desagradó a su padre, que se le acusé de practicar la astrología y de ser shiíta (¿acaso por su “Durar al-simt “?. que había hablado o escrito mal de su emir o que estaba implicado en una gran conspiración. El resultado es que el califa mandóhacer un registro de su casa a sus peores enemigos, que encontraron allí un verso en el que insultaba así a al-Mustansir:

“En Túnez reina un tirano
al que neciamente llaman califa”.

Ibn al-Abbâr murió alanceado el 6 de enero de 1260, y su cadáver y sus libros fueron quemados. Sin embargo hoy es famoso en todo el mundo árabe y recibe elogios de los historiadores europeos, sobre todo en su calidad de historiador.
Sabemos que tuvo hijas pues habla de ellas en una casida, y en otra de sus “niños” en general, pero no sabemos si dejó hijos varones. Conocemos siete u ocho de sus discípulos, entre ellos a Ibn Sâlih al-Kinâni, de Játiva (m. 1299), que transmitió su libro “Durar al-simt” al historiador y místico al-´Abdarî y a otros. Fue maestro de Abû l-Muhaymân al-Hadramî ; de Abû Isháq b. Abi l-Qâsim al-Tuÿinî (m. 1262), funcionario tunecino que le defendió entre sus compatriotas, y su hijo Abû l-Hasan b. ´Ali que recibió de Ibn Sâlih el “Durar al-simt”. Obra clave de el shi´ismo en Al-Andalus.

F: http://www.islamtimes.org/vdcao0n6.49ney1ghk4.html

La #Alpujarra, Andalucia

La Alpujarra se encuentra situada entre Sierra Nevada, la sierra de Lújar y la sierra de Gádor, abriéndose al Mediterráneo desde el Mulhacén, el pico más alto de la Península Ibérica. De paisaje abrupto y colorido, su orografía esta surcada de barrancos, desfiladeros y valles, donde descansan, y a veces escalan, los pueblos de esta comarca.

alpujarra

Habitada por fenicios y romanos, fueron los ocho siglos de dominación árabe los que le dieron su arquitectura escalonada, su sistema de regadíos, su gastronomía y hasta su nombre. Aislada y de difícil acceso durante siglos, este escarpado territorio se ha mantenido casi virgen, como si en la Alpujarra se hubiese detenido el tiempo. Los pueblos de la Alpujarra, con sus casas encaladas de blanco, se derraman por las laderas entre el verde de los bosques.

La belleza de estos pueblos es sólo uno de sus muchos atractivos. Lanjarón, ciudad balneario famosa por la longevidad y buena salud de sus habitantes, es la puerta a las maravillas alpujarreñas. Trevélez, el municipio más alto de Europa, es conocido sobre todo por sus exquisitos jamones. Otro de los principales destinos turísticos es el barranco de Poqueira, donde se encuentran los pueblos de Pampaneira, Bubión y Capileira. Cuentan que es esta una zona de duendes y hechiceras, además de olor a olivo y de truchas con jamón.

El río Guadalfeo parte longitudinalmente la Alpujarra en dos, dando lugar a la Alpujarra Alta y la Alpujarra Baja. La Alta cae en la parte meridional de Sierra Nevada donde se encuentran bellos pueblos como Bérchules, Busquístar, Bubión, Juviles o Yegen. La Alpujarra Baja está constituida por La Contraviesa, donde encontramos peculiares pueblos como Lújar, Sorvilán y Albondón entre otros.

Pueblos que con su encanto han maravillado a propios y extraños. Pedro Antonio de Alarcón les dedicó el primer libro de viajes en lengua castellana y Gerald Brenan cantó sus excelencias en Al sur de Granada. Para Federico García Lorca fue “el país de ninguna parte”. La danza, el baile y las canciones constituyen una parte importante de un rico folclore y una tradición ancestral. Las fiestas de Moros y Cristianos se celebran en un buen número de poblaciones, pero una de las manifestaciones más originales de la comarca son los trovos alpujarreños. En ellos, dos troveros cantan a turnos improvisando sobre la marcha la replica de lo que ha cantado el otro.

Junto a la Alpujarra se encuentra el fértil Valle de Lecrín donde las plantaciones de naranjos y limoneros perfuman, en primavera, el aire de un embriagante aroma a azahar. Antiguos molinos de harina, castillos musulmanes y cortijos con encanto salpican esta tranquila y luminosa comarca.

El Valle de Lecrín, o “Valle de la Alegría” está situado en un enclave privilegiado, en la puerta de la Alpujarra, entre la costa granadina y Sierra Nevada, a pocos minutos de Granada capital.

La gastronomía del Valle es un fiel reflejo de nuestra historia, de nuestra riqueza multicultural y de nuestro entorno. Tenemos platos como el “REMOJÓN DEL VALLE”, basado en sus orígenes en una refrescante ensalada de naranja y aceite al que, con el paso del tiempo, se han añadido elementos como el bacalao, los tomates secos, o las aceitunas, que definen a esta comarca que huele a flor de azahar, pintada de verde olivo, con el sonido del agua de fondo. Las habas, los hinojos, el cordero. La miel, las almendras, el pan. Nuestra gastronomía está además enriquecida por la influencia de la Alpujarra, la cercanía del mar, y por numerosas culturas que, cada vez más, y desde tiempos remotos, han decidido vivir en nuestro Valle, enriqueciéndonos todos de tal abundancia multicultural.

El Valle de Lecrín, además de gastronómico, tiene interés arqueológico (se han encontrado varios restos de mamuts, homo-sapiens, etc), deportivo (poseemos infinidad de rutas de senderismo, escalada, excursiones, puenting…). Cabe destacar la paz y la tranquilidad del Valle, ideal para pernoctar en él y gozar del sano clima que nos acompaña todo el año, así como de la belleza de su entorno y la amplia posibilidad de visitas, paseos, rutas, platos a degustar, reportajes fotográficos que realizar… Un lugar que se ha ganado el sobrenombre de “Valle de la Alegría” por su riqueza a todos los niveles y su capacidad de hacer inolvidable la experiencia del visitante. Aquí se vive muy bien.

¡Conócenos!

¡Conoce el Valle!

Restaurantes participantes:

Casa de Lino

D’amilia

El Molino del Puente

El Padul Hostal Rural

El Zahor

Hacienda Señorío de Nevada

Maryeling

Mesón Despensa del Valle

Las Albercas de Cónchar

Loma del Valle

Los Naranjos

Ubicada en el centro de Alpujarras,en la vertiente sur de Nevada( Granda,España), esta casa rural ofrece una de las mejores atenciones de todas aquellas existentes en España. Siendo unan típica casa rural, la misma posee no solo cómodas habitaciones sino la mejor comida casera y un inigulable paisaje digno de admirar en cuanto la visites. Aunque también puedes viajar hasta Valencia y disfrutar de sus maravillosos hoteles rurales (conoce más sobre los hoteles en Valencia).

Casa Rural El Paraje. Alojamiento rural en Berchules. Trekking por las Alpujarras Sierra Nevada

La casa posee cuatro habitaciones, un apartamento y un inmenso parque para disfrutar de barbacoas y solarium.Todas sus habitaciones tienen vista hacia afuera, otorgando al huésped unos amaneceres y atardeceres inolvidables que podrá disfrutar desde su alcoba.

Debtro de la casa rural los dueños han construido y cuidado amorosamente una espectacular huerta de la cual extraen sus verduras para cocinar a los huespeds.Ademàs, posee una finca con los mejore frutos de los cuales podrás disfrutar cuando visites El Paraje.

El Paraje prepara los mejores desayunos para que disfrutes junto a tus seres queridos. Son su especialidad y realmente un verdadero espectáculo. Puedes disfrutar de un exquisito café con lo que gustes mirando el hermoso paisaje que rodea a la casa rural ya que los dueños dan la posibilidad de que sus huéspedes desayunen en el hermoso patio de la casa o dentro de ella, según uno prefiera.

#Almeria | المرية

El nombre de Almería se origina en la palabra árabe que significa espejo, y esto se dio gracias a que el paisaje del lugar refleja la calma del mar Mediterráneo en la zona.

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#Granada | غرناطة

Tanto si quieres dedicar un fin de semana entero a relajarte lejos de la ciudad, como si eres un amante de los domingos en familia, te proponemos cinco de esas bonitas localidades para ponértelo más fácil a la hora de escoger tu próxima escapada. Continue Reading

محمد بن عباد المعتمد | Al-Mu’tamid

محمد بن عباد المعتمد | Al-Mu’tamid

Segundo hijo de al-Mutadid, se convirtió en heredero cuando su hermano mayor fue mandado ejecutar por su padre por supuesta traición. A los doce años, su padre lo envió a Silves, en el Algarve, para ser educado por el poeta Abu Bakr ibn Ammar (Ibn Ammar de Silves, el Abenámar de los cristianos), el cual se convertiría posteriormente en su favorito.

En el segundo año de su reino, al-Mutamid anexionó la taifa de Córdoba, a cuyo frente puso a uno de sus hijos. Esta anexión supuso una amenaza para la taifa de Toledo, cuyo rey, Al-Mamun apoyó a un aventurero, Ibn Ukkasha, que en 1075 se apoderó de la ciudad y ejecutó al joven príncipe. Al-Mamún de Toledo tomó posesión de la ciudad, en la que murió seis meses después. Durante tres años al-Mutamid trató de reconquistar Córdoba, lo cual consiguió en 1078, al tiempo que todas las posesiones del reino de Toledo situadas entre el Guadalquivir y el Guadiana pasaron a formar parte del reino de Sevilla.

Fado Al-Mu’tamid

Al llegar al trono, al-Mutamid nombró visir a su amigo y antiguo mentor Ibn Ammar. Su relación fue excelente durante los primeros años de reinado. Por ejemplo, se atribuye a su habilidad que una expedición de Alfonso VI de León contra Sevilla acabase pacíficamente mediante la aceptación del pago de un doble tributo (1078).

En cualquier caso, Ibn Ammar cayó en desgracia como resultado de su desastrosa gestión de la anexión de la taifa de Murcia. En 1078 Ibn Ammar acudió a Ramón Berenguer II, conde de Barcelona, y le pidió su ayuda para conquistar Murcia mediante el pago de diez mil dinares. Como prenda del pago del tributo, un hijo de al-Mutamid, al-Rashid, serviría de rehén, parece que sin el conocimiento de su padre. Cuando al-Mutamid descubrió el pacto, quiso recuperar a su hijo, cosa que sólo pudo conseguir mediante el pago de una suma tres veces mayor. Una vez conquistada la taifa de Murcia, Ibn Ammar fue nombrado gobernador, pero poco después conspiró para independizarse de la taifa de Sevilla. Descubiertas sus pretensiones tuvo que huir de Murcia. Refugiado en Zaragoza, intentó ayudar a los tuyibíes en una expedición contra la fortaleza de Segura, pero finalmente fue hecho prisionero y entregado a al-Mu‘tamid, quien, a pesar de los lazos de amistad que durante mucho tiempo los habían unido, lo mató con sus propias manos.

Al-Mu'tamid

Sintiéndose amenazado por León después de la conquista de la Toledo por Alfonso VI de León (1085), decidió pedir auxilio a los almorávides, a los que ayudó, junto con tropas de las taifas de Granada y Badajoz, a derrotar a los cristianos en Zalaca (1086). Sin embargo, el emir almorávide Yusuf ibn Tasufin, requerido en África, volvió a su reino. La ausencia almorávide contribuyó a que los reyes musulmanes siguiesen envueltos en sus disensiones, de forma que no pudieron evitar nuevos ataques cristianos. El rey Alfonso VI tomó el castillo de Aledo (en Murcia) en 1087, bloqueando las rutas entre Sevilla y las provincias orientales de al-Ándalus. Al-Mu‘tamid en persona se dirigió de nuevo a Marrakech para pedir a Yúsuf que acudiera en ayuda de los musulmanes en al-Ándalus. Los almorávides volvieron a la península (1088), pero esta vez no sólo combatieron a los cristianos, sino que fueron conquistando uno a uno todos los reinos de taifas. Al-Mu‘tamid fue depuesto por el emir almorávide en 1090 y desterrado a África, donde murió (Agmat, en las inmediaciones de Marrakech).

Al-Mu‘tamid fue un notable poeta y, durante su reinado, la cultura floreció en Sevilla. En su corte gozaron de favor los poetas y literatos, como el siciliano Ibn Hamdis, Ibn al-Labbana de Denia, Ibn Zaydún o el propio visir y poeta Ibn Ammar de Silves (1031-1086).

También la visitaron intelectuales como Ibn Hazm (994-1063), una de las figuras centrales de la cultura andalusí, el geógrafo Al-Bakrí y al astrónomo Azarquiel (Al-Zarkali).

Ibn Arabi

Naturaleza y función del Mundo Imaginal

En la tarde del 8 de marzo (2013) y dentro del II Simposio Internacional Ibn Arabí de Murcia, la linvestigadora libanesa Suad Hakim leyó su ponencia “Encuentros reales en el Mundo Imaginal” en el salón de actos del Museo Arqueológico de Murcia, ponencia dividida en dos secciones de la que transcribimos la parte primera (de la segunda sección haremos referencia en Soriaymas.com, donde estamos publicando una reseña de cada una de las ponencias).

La Doctora Suad Hakim , es hoy día Directora de Tesis en la Escuela Doctoral de la Universidad Libanesa de Beirut y Profesora de Pensamiento Islámico y Sufismo en la Universidad de Saint Joseph. Decana de la Escuela Doctoral desde 2007 hasta 2010 en la Universidad Libanesa, ha participado en numerosos coloquios y talleres por todo el mundo. Entre otras muchas publicaciones cabe destacar sus libros al-Mu‘yam al-sufi (El léxico sufí), Ibn ‘Arabî wa-mawlid lûga yadîda, (Ibn Arabi y el nacimiento de un nuevo lenguaje), ‘Awdat al-wâsil – dirâsat hawl al-insân al-sûfî (El retorno del caminante – Estudios sobre el hombre en el sufismo),Tâj al-‘ârifîn –al-Junayd al-Bagdâdî- al-A‘mâl al-kâmila (La corona de los gnósticos: al-Junayd al-Bagdadi, obras completas), Ihyâ’ ‘ulûm al-dîn fî l-qarn al-wâhid wa-l-‘ishrîn (La vivificación de las ciencias religiosas de Gazali en el siglo XXI), Ibdâ’ al-kitâba wa-kitâbat al-ibdâ’: sharh mu‘âsir li-qasîdat ‘Abd al-Karîm al-Jîlî al-‘Ayniyya (El genio de la escritura y la escritura del genio – Comentario contemporáneo de la casida ‘Ayniyya de Abd al-Karim al-Jili) y, en español, la edición y traducción, en colaboración con P. Beneito, de Las contemplaciones de los misterios de Ibn Arabi.

La naturaleza y la función
del Mundo Imaginal

Suad Hakim

Para hablar de las ideas de Ibn Arabi (560 H. – 638 H. / 1165-1240) acerca de la divinidad, los mundos y el hombre, hay que recorrer su vida interior y su trayecto espiritual, ya que todas las ideas dentro de su obra marcan un momento existencial en su vida. Son fruto de una inspiración divina, de un discurso sacro, de la ascensión de su espíritu, o bien, de una manifestación divina que ha dado lugar a una escena visible, pero no tangible, en la que los espíritus de los profetas y de los santos anteriores a él toman formas corpóreas.
El descubrimiento del “mundo imaginal”
Ibn Arabi terminó sus estudios islámicos (1) cuando aún era un joven de entre 15 y 16 años. Quiso enseguida continuar sus estudios adquiriendo las enseñanzas de los sufís, en ese momento, entró en su “primer retiro”. Resulta sorprendente que desde su primer retiro ya tuviera una apertura espiritual (iluminación divina) (2). Por eso solía repetir: “mi iluminación ha sido anterior a mi disciplina iniciática (3)”. Esta anterioridad de la iluminación con respecto a los ejercicios espirituales no es algo común entre los sufís, entre los que la develación a menudo es “fruto” de un largo camino de disciplina iniciática y de esfuerzos espirituales.
Ibn Arabi no se conformó con esta develación, no se contentó con ella, no se consideró un “aventajado” en comparación con los caminantes a los que todavía nada ha sido revelado. Era consciente de que esta revelación no era más que el principio del recorrido, la linde del valle que recorre el monte de la sabiduría, que se debe escalar a base de ejercicios, combate y esfuerzos espirituales para alcanzar la cima de la perfección humana infinita. Ibn Arabi ha cambiado el pensamiento común sufí, al considerar el “fruto” de los precedentes [=iluminación] como una “semilla” que necesita la atención y el cuidado de ejercicios y de esfuerzo para poder echar raíces, para que su tronco se enderece y sus ramas se extiendan.
Para hacer crecer la “semilla” de la gracia divina [=iluminación], Ibn Arabi quiso conocer y frecuentar a los grandes maestros sufís de Al-Andalus y del Magreb en general, para aprender y crecer en su sabiduría.
Habiendo experimentado la iluminación, el gran sheij no quiso conocer a los maestros sufís para alcanzar estas iluminaciones, sino para saber cuál era la actitud que debía tomar frente a los mensajes del mundo invisible y cómo hacer que las iluminaciones fueran una facultad permanente en vez de un suceso accidental que le sorprendiera de vez en cuando.
Quince años después del primer retiro, tuvo lugar un acontecimiento mayor. Por primera vez, vemos como Ibn Arabi vive estando despierto “la separación del espíritu del cuerpo”, como ocurre con una persona que está dormida. Nos cuenta que en el año 590 H., mientras estaba en Túnez haciendo la oración junto al imam, entro en la Morada de la Enorme Tierra (el Mundo Imaginal), inconscientemente lanzó un grito, todo el que lo oyó también se quedó inconsciente. Las mujeres que se encontraban en las terrazas cercanas se desmayaron, algunas cayeron al patio, pero no se hicieron daño alguno.
Ibn Arabi fue el primero en recuperar la consciencia y encontrar a todo el mundo inconsciente, tras un rato fueron recuperando sus espíritus y él les preguntó: “¿Qué os ha ocurrido?”. Y ellos le respondieron: “¡Eres tú el que nos tienes que contar qué te ha pasado! Has lanzado un gritó que ha provocado lo que está ante tus ojos”. Él les dijo: “Por Dios, no me he dado cuenta de que he lanzado un grito (3)”.
De esta forma, tras su primer retiro, Ibn Arabi siguió contemplando manifestaciones del mundo imaginal con el ojo del corazón mientras que él se encontraba en este mundo material. Cuando alcanzó la edad de treinta años, su espíritu se desprendió de su cuerpo, guardando un lazo etéreo, y entró en el mundo imaginal. Este mundo se convirtió en parte de su vida y los tres mundos (4) se abrieron uno sobre otro a través del mundo imaginal.
La naturaleza del mundo imaginal
El “mundo imaginal” está presente en casi toda la obra de Ibn Arabi, sobre todo, tras el año 590 H. Para ilustrar esto, debemos decir que su enciclopedia sufí “Al Futûhât al makkiyya” comienza con un sermón (6) que relata los detalles de un sueño sublime que tuvo lugar en el mundo imaginal manifestado en el mundo invisible. Dedica decenas de páginas en sus escritos, además de su obra “Al Isra Ila Maqam al Asra” (escrita en el 594 H., a sus 34 años), a hablar de sus viajes terrestres y de sus ascensiones celestes que tuvieron lugar en el mundo imaginal. Además de todo esto, dedica el capítulo octavo de las Futûhât (7) para presentar el mundo imaginal, su naturaleza, su localización, su entrada y sus formas de entrar, sus habitantes, sus ciudades, etc.
Explicaremos de forma breve lo expuesto anteriormente:
· ¿Qué es el mundo imaginal?

Palmera en San Baudelio de Berlanga (Soria)
El mundo imaginal es un mundo distinto, un mundo de imágenes visibles, pero no tangibles, que se encuentra entre los dos mundos que constituyen la existencia universal y a los que se parece: el mundo visible y el mundo invisible.
Según los textos de Ibn Arabi, ese mundo intangible fue formado a partir de la arcilla del tamaño de un grano de sésamo que sobró de la arcilla de la palmera que fue creada a su vez de los restos de la arcilla de Adán (paz sobre él). A partir de ese grano, Dios, a Él la gloria, extendió una Enorme Tierra, donde metió toda la creación: el Trono y lo que contiene, el Kursi (pedestal), los cielos y la tierra y lo que hay bajo la tierra, los paraísos y los infiernos, y todo es como un anillo en el desierto (8).
· ¿Dónde se encuentra el mundo imaginal?
El mundo imaginal es un mundo ístmico (barzaji), existente e inexistente al mismo tiempo. Esto quiere decir que es un mundo que no tiene localización exacta en el mapa del universo. Como contrapartida, puede manifestarse en lugares de los otros dos mundos, es decir, en el mundo invisible y en el mundo visible.
· ¿Cómo entra el hombre en este mundo sin espacio, ni lugar?
El hombre entra en él con su espíritu o con su cuerpo etéreo, no con su cuerpo natural, ya sea despierto o dormido. El sueño es una experiencia común a todos los hombres, durante el sueño el espíritu se separa del cuerpo natural manteniéndose unido a él por un lazo etéreo flexible. Entonces, comienza sus viajes a través del mundo imaginal que se asimila a todas las imágenes de cosas abstractas y tangibles, móviles e inmóviles. En ese momento ve todo lo que se le permite ver, después vuelve a través de ese lazo a su cuerpo, despertándolo.
Sin embargo, la entrada en el mundo imaginal estando despierto es una experiencia excepcional. Cedemos la palabra a Ibn Arabi para que nos cuente qué ocurre: “Esta tierra [=el mundo imaginal] no acepta ningún cuerpo humano natural hecho de arcilla. Cuando los conocedores entran en ella, lo hacen con sus espíritus y no con sus cuerpos. Abandonan sus cuerpos en el mundo de abajo. En esta tierra, formas extraordinarias de belleza inaudita vigilan las vías de entrada a nuestro mundo de tierra y de cielo, de paraíso y de infierno. Cuando alguno de los conocedores, sea humano, genio, ángel o habitante del paraíso, quiere entrar para adquirir conocimiento despojándose de su cuerpo, se encuentra con estas formas encargadas de la vigilancia en la entrada de las vías. Ellas se le acercan y le ofrecen un hábito conveniente a su estación, lo toman y le pasean por esta tierra para que tome asiento donde le plazca… (9)”. Este extracto nos muestra que este mundo imaginal tiene cuatro puertas, cada una de ellas abierta a un lado del universo. Los humanos, los genios, los ángeles y los habitantes del paraíso entran por esas puertas: una se abre a la tierra, otra al cielo, otra al paraíso y otra al infierno. Los guardianes del mundo imaginal son los responsables de cada puerta y de cada persona que entra.
En cuanto a la razón que llevaría a un humano a entrar en el mundo imaginal, se estudiará en la siguiente sección del texto.

La función del mundo imaginal

La creación divina es una operación determinada, no absurda. En efecto, cada criatura tiene un papel y una función en este universo. Además, el mundo imaginal no es un lujo existencial, cumple un papel en la vida de las personas y varias funciones, cuatro de ellas nos interesan de forma especial en el contexto de nuestro estudio.
a. El mundo imaginal ofrece una sabiduría inspirada a través de un sistema de símbolos.
El mundo imaginal es un campo visible para cualquier persona que entra en él, despierta o en sueños, también se le llama “Tierra de la Verdad” (10). Este campo no es un espacio pasivo, sino un colaborador activo en la operación reveladora, ofrece a quien contempla imágenes que representan las nociones abstractas.
Por ejemplo, la «ciencia», noción abstracta y sin forma, en el contexto de una visión profética se revestirá de diferentes formas simbólicas que necesitarán la interpretación de un experto. Por esta razón, cuando el Profeta (paz sobre él) bebió de la leche en un sueño y le dio el resto a Omar (que Dios se complazca en él), el Profeta (paz sobre él) interpretó la leche como el símbolo de la ciencia. José (paz sobre él) también interpretó el sueño del rey egipcio, que había visto siete vacas flacas que devoraban a siete vacas gordas, como siete años de abundancia seguidos de siete años de hambruna (11).
Este rey supo que aquel sueño no era una imaginación psíquica, sino que se trataba de una visión real que llevaba un mensaje profético referido al futuro. Por este motivo, buscó a alguien que descifrase los símbolos del sueño para poder actuar de la forma más conveniente. He ahí una clara prueba de que la buena recepción del saber que procede del mundo invisible a través de un sueño cambia la vida de una persona, o incluso la de una sociedad o de toda una región.
Ibn Arabi cuenta centenares de visiones y de sueños, la más conocida tuvo lugar en el 597 H., en Bugía durante el mes de Ramadán (antes de su partida definitiva a Oriente). En efecto, se vio unido en matrimonio con todas las estrellas del cielo y con todas las letras del alfabeto. Un experto en interpretación de sueños declaró que el sueño de Ibn Arabi anunciaba que la persona que lo ha tenido recibiría una parte de las ciencias celestes, de las ciencias ocultas y de los misterios de los astros y de las letras como persona alguna recibiría en su época.
Otro ejemplo es su entrada en el mundo imaginal, durante su estancia en la Meca, o su encuentro con un grupo de personas, momento en el que la tierra y los edificios temblaron fuertemente, al parar de temblar, le dieron sus condolencias por la muerte de su hija Fátima. Le informaron de que un temblor en presencia de un visitante indica su muerte o la muerte de algún familiar, y que ese temblor era por la muerte de su hija (12).
b. El mundo imaginal facilita un espacio virtual para los encuentros espirituales a través del tiempo.
Cuando el espíritu humano se desprende del cuerpo natural a causa de la muerte, pasa al mundo ístmico (barzaj) a la espera de la resurrección. Los conocedores aseguran que los espíritus de los hombres en el mundo ístmico no tienen la misma libertad de movimiento. Unos pocos de entre ellos que podrían dejar el barzaj para viajar a través de los mundos y del tiempo, pueden entrar en contacto con el mundo de los vivos a través del mundo imaginal, ese otro mundo que los une, ya sea en sueños o despiertos. Ibn Arabi relató varios encuentros reales, que tuvo mientras se encontraba dentro del mundo imaginal, con profetas y grandes maestros sufís que habían muerto siglos antes.
c. El mundo imaginal ayuda a la ascensión del hombre que pasa de un conocimiento teórico al conocimiento experimentado.
Los grandes maestros sufís afirman la existencia de varios niveles de certitud: el nivel más bajo es la certeza teórica (Ilm Al Yaqin), que es la aceptación intelectual de un sujeto por medio de pruebas. Por ejemplo, cuando una persona tiene la certeza, en base a sus lecturas, de la posibilidad teórica de ir a la luna y del hecho de que una persona haya aterrizado en la luna con un cohete espacial. El segundo nivel sería la “visión” de la certeza (Ayn Al Yaqin), que es cuando una persona ve con sus propios ojos el objeto de conocimiento. Si seguimos con el mismo ejemplo, diríamos que equivale a ver con tus propios ojos las fotos de la luna, del cohete espacial, de la persona que anda por la luna y de todo lo que sea visible de este acontecimiento mundial. El tercer nivel es la certeza vivida (Haqq Al Yaqin), cuando la persona experimenta el objeto de conocimiento y lo vive, no se contenta con verlo. Es decir, cuando toma el cohete espacial, va a la luna y camina sobre ella, atravesando así distancias en el espacio, experimentando la diferencia de presión atmosférica, etc.
Por lo tanto, este mundo imaginal, existente e inexistente, visible e intangible, facilita un espacio “virtual” que permite que el caminante viva y experimente el objeto de su certeza teórica (la presencia de ángeles, la resurrección, el juicio, el paraíso y el infierno).
d. La entrada en la “Tierra de la Verdad” abre la puerta a la aceptación intelectual de una posibilidad que superaría toda lógica formal
La entrada en el mundo imaginal constituye un momento crucial en la vida de un maestro sufí, pues esta experiencia le hace ver que la lógica formal sólo es eficaz para la comprensión del mundo físico y material, y que resulta deficiente para conocer los mundos etéreos y para conocer a Dios, a Él la gloria. La persona que entre en el mundo imaginal (Tierra de la Verdad) comprobará que todo lo que el intelecto consideró imposible en ese mundo terreno es posible en esta tierra. Que Dios, a Él la gloria, puede reunir a los contrarios, puede hacer que dos cuerpos estén presentes en dos lugares, que el accidente exista por sí mismo sin necesidad de esencia (13) y que el pequeño contenga al grande sin que el grande mengüe, ni el pequeño crezca.

NOTAS

(1) La enseñanza islámica de aquella época incluía la memorización del Corán, el Hadiz, las ciencias del Corán, las recitaciones del Corán, El Fiqh y sus reglas y la lengua árabe, entre otras cosas.
2) El develamiento o levantamiento del velo es la capacidad de ver los significados invisibles y la verdad de las cosas por su existencia o su ausencia tras el velo.
Al Jurjani, At Ta’rifat, Dar Al Kitab Al Arabi, Beyrouth, p. 277.
Suad Al Hakim, Al Mo’jam As Sufi, Dar Dandara, Beyrouth, 1981, p. 662 y siguientes.
3) Al Futûhât al makkiyya, Tomo 1, p. 616.
4) Al Futûhât al makkiyya, Tomo 1, p. 173, traducción de Claude Addas in Claude Addas, Ibn ‘Arabi, ou la quête du soufre rouge, Paris, Gallimard 1989, p. 149.
5) Los tres mundos son el mundo material, el mundo invisible y el mundo imaginal.
6) F, 1/2, p. 6.
7) F, 1/126-131.
8) Al Futûhât al makkiyya, Tomo 1, p. 126.
9) Al Futûhât al makkiyya, Tomo 1, p. 127.
10) Al Futûhât al makkiyya, Tomo 1, p. 126.
11) Alusión al versículo 43 de la sura de José: «El rey dijo: “He visto [en sueños] siete vacas gordas siendo devoradas por siete vacas flacas, y siete espigas verdes y otras tantas secas. ¡Dignatarios! ¡Aclaradme mi sueño, si es que sois capaces de interpretar sueños!”».
12) Al Futûhât al makkiyya, Tomo 1, p. 129
13) Al Futûhât al makkiyya, Tomo 1, p. 130

Fuente