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Fortaleza nazarí en #Málaga

Se trata de estructuras militares compuestas por tapiales de cal y canto de la época nazarí (siglos XIV-XV) que se corresponderían con la denominada Torre Gorda que fue demolida a principios del S. XIX. La Málaga musulmana estuvo protagonizada por una extensa muralla jalonada por puertas, un foso y torres defensivas. Era una ciudad totalmente inexpugnable frente a los ataques de las tropas cristianas. Continue Reading

Los #viajes de Marco Polo

En 1271, un joven veneciano de tan solo 17 años emprendió un viaje que duraría más de 20 años, por el Lejano Oriente. Su nombre: Marco Polo. Con los relatos de su libro Il milione (El millón) el mundo occidental del siglo XIV supo, a detalle, de territorios hasta entonces desconocidos. Marco era hijo de una familia de comerciantes que construyó una fortuna por medio de los intercambios con el Cercano Oriente. Nació hacia 1254, en la isla de Korcula —en esa época dependiente de Venecia; hoy Croacia.

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La mezquita de #Antequera S. IX, Málaga

Los investigadores fechan en el S. IX la construcción de la mezquita rural de Antequera (Málaga)

El templo destaca por sus características histórico-artísticas y por el buen estado de conservación que tiene, “embutido y enmascarado en las ruinas de un moderno cortijo”. El edificio ha permanecido en el anonimato hasta el 2006 y en diciembre de 2008 fue declarado BIC, con la categoría de Monumento, por la Junta de Andalucía. Continue Reading

La judería de #Lucena

En un responsum del rabí Natronai ben Hilai, gaón de Sura, correspondiente al año 853, se documenta que, aunque por aquellos años en Córdoba los árabes no permitían el crecimiento de la comunidad judía, la vecina Lucena era una ciudad de muchos judíos: Continue Reading

Al-Mu’tamid

LOS ‘ABBÂDÍES, REYES DE SEVILLA

Abbâdíes (Banû ‘Abbâd, en árabe) es el nombre de una dinastía que reinó durante la mayor parte del siglo XI en la parte sudoeste de al-Ándalus, con Sevilla como capital. Sevilla, que comenzó siendo uno más de los pequeños reinos en que se dividió al-Ándalus con la desintegración del califato omeya de Córdoba, pasó a convertirse en el centro de un intento, consciente o inconsciente, de reunificación. Continue Reading

La Ruta de Blas Infante

XP_blasEl Premio Joven Blas Infante y otras citas como jornadas gastronómicas o el Foro Infantiano completarán en 2016 una mayor oferta turística y cultural

La Ruta de Blas Infante continúa creciendo en torno a la figura del Padre de la Patria Andaluza. El próximo año 2016 verá llegar así nuevas propuestas resueltas tras la reunión mantenida en el Ayuntamiento de Coria del Río por los alcaldes de Coria, Archidona, Cantillana y Casares, además de concejales de Isla Cristina, Manilva y Peñaflor. Es el caso del Premio Joven Blas Infante o jornadas gastronómicas y culturales que, unidas, completarán el itinerario infantiano.

El cónclave sirve para retomar los trabajos de desarrollo de la Ruta Turística-Cultural de Blas Infante y ha servido para que la alcaldesa de Archidona, Mercedes Montero, tome la presidencia semestral de la propia Red de Municipios. En los próximos días, habrá una petición oficial de cita con el nuevo consejero de Turismo de la Junta de Andalucía, Francisco Javier Fernández. En la reunión mantenida en el Salón de Plenos del Ayuntamiento coriano también han estado presentes miembros de la cooperativa Atrapasueños.

El diseño del programa de actividades e iniciativas para el ejercicio 2016 ha centrado el trabajo a desarrollar. De este modo, en febrero se lanzará el Premio Joven Blas Infante. El reconocimiento será coordinado por el Ayuntamiento de Archidona y sus bases y jurado serán establecidos antes de que finalice el presente año.

Entre las citas programadas destaca el lanzamiento de unas jornadas técnicas para el sector hostelero y cultural de los municipios de la ruta. La idea es activar pronto una estrategia común de oferta turística y cultural que tiene como fecha prevista de arranque el mes de mayo en la localidad de Cantillana. La recuperación del Foro Infantiano es otra de las decisiones tomadas, con el que volverán a debatirse temas actuales de Andalucía. Será en Castro del Río, en octubre.

Se ha actualizado además la información para los ayuntamientos con nuevos equipos de Gobierno, en los que destaca la pluralidad política de los mismos, todos unidos con la idea de reivindicar la figura y obra de Blas Infante, ligado a un acercamiento cultural y turístico por los pueblos donde vivió. A finales del próximo año, una nueva reunión en Casares continuará con el trabajo de dinamización y proyección de la Ruta de Blas Infante. (Fuente)

Todo indica que Blas Infante es menos conocido de lo que debiera, sobre todo considerando el peso creciente que el sentimiento nacional –contranacional, o sea contra el supremacismo de la España una y no veintiuna- en Andalucía. Por supuesto hay biografías y un buen surtido de artículos que se pueden encontrar en la Red. Pero quizás sea más asequible hablar de su vida y de su obra a través de una película cuanto menos correcta, me refiero a Una pasión singular dirigida por Antonio Gonzalo y protagonizada por Daniel Freire, Marisol Membrillo, Juan Diego, María Galiana, Manuel Morón, que encarna al doctor Pedro Vallina, destacado anarquista andaluz. La película fue producida en 2003 por la Junta de Andalucía, pero ha sido mucho más olvida que lo fue, por citar un ejemplo, Companys, un procés a Catalunya (Josep Mª Forn, 1978) que, aunque ya olvidada, fue en su momento proyectada por los más variados y apartados pueblos catalanes.

Estábamos pues hablando de una película que contó con varios premios, con diversas ayudase de la Junta y de TV Sur, dirigida por el cineasta con un cierto historial, interpretada por lo más granado de los actores andaluces, aunque el rostro de Blas infante lo puso un buen actor argentino Daniel Freire. Fue rodada en espacios y escenarios familiares con un cierto presupuesto, y lo que es más importante: con un resultado bastante digno. Es sabido que el “biopic” es un general repleto de trampas, sobre todo cuando tiene que ser hagiográfico por narices, y que muy poco directores consiguen salvar el producto (Abraham Lincoln ha sido el más afortunado con John Ford y John Cromwell), pero hasta el mismísimo Roberto Rossellini la “cagó” literalmente cuando aceptó a realizar un film laudatorio de De Gaspari, el principal líder del partido más corrupto que recuerdan los anales: la Democracia Cristiana italiana.

Creo que Gonzalo ha aprendido la lección y su Blas Infante (magníficamente interpretado por Daniel Freire), es tan buena persona y tan bienintencionada como lo pudo ser en la realidad, pero no se ahorra las debidas pinceladas sobre su innegable ingenuidad mostrada por ejemplo cuando Vallina le comunica que Ramón Franco les tomó el pelo en la controvertida sublevación de Tablada. Gonzalo tampoco dice más de lo necesario sobre sus últimos momentos, cuando ya agonizando llama a la puerta de un convento cuya madre superiora le niega hasta el agua al tiempo que recuerda que en Osuna los franquistas han matado a un cura por corroer a los rojos.

La película es históricamente irreprochable, no hay ni un solo momento que no responda a los hechos, y en cuanto a la interpretación, pues está claro: los sublevados tenían como objetivo imponerse mediante el terror sin límites…

Es posible que sea esto lo que explique que la película haya sido ningueada hasta por la Junta de Andalucía. No estamos acostumbrados a que se diga la verdad sobre el holocausto español, y mucho menos que se escenifiquen la responsabilidades criminales con nombre y apellidos, todo lo contrario. Ya he explicado en alguna ocasión la cautela que el ayuntamiento socialista de Granada reclamó a un Congreso de historiadores reunidos en 1986 para debatir sobre la vida y la muerte de García Lorca. En este sentido, vale la pena citar la nota aparecida en El País (21-01-03), sobre la película: “Es agosto de 1936. Los españoles se dedican a matarse. Franquistas y republicanos culminan con un baño de sangre un largo enfrentamiento marcado por la intolerancia y el cerrilismo. Blas Infante (Casares, 1885-Sevilla, 1936) ha caído en poder de los rebeldes y va de prisión en prisión en un amargo recorrido que concluirá con su fusilamiento. Durante su dramático peregrinaje el notario que sentó las bases del andalucismo recuerda episodios de su vida…”

O sea tanto monta monta tanto. El gacetillero estaba perfectamente al tanto de cual era la línea de periódico, y habría memorizado los artículos de Santos Juliá y compañía, y vaya por dios., la película no dice ni sugiere nada parecido. A Blas Infante no le pudieron juzgar ni por matar una mosca, o mejor dicho lo mataron por eso, porque sabía demasiado y porque creía que la reforma agraria era una necesidad humana, social, económica, e incluso cristiana, o así al menos lo pensó hasta un ministro de la CEDA que se atrevió a citar un Encíclica a unos terratenientes, a lo que esto le respondieron: “Oiga, sí usted nos quiere quitar las tierras con Encíclicas, nos hacemos todos cismático”, lo que demuestra que por sí hacía falta que no pudo haber ni un solo cristiano de obras (o sea en la práctica, algo que no tiene nada que ver con las liturgias) entre los franquistas dispuestos a matar a sus parientes “que se lo habían buscado” por ponerse al lado de los pobres.

Hay un buen argumento y buen trabajo del guionista (no en vano el guión lo firma Antonio Onetti, un excelente escritor y autor de Padre Coraje, una película totalmente recomendable aunque imposible para un cineforum), esto por más que no se puede negar que la película encuentra dificultades para conectar coherentemente lo personal y lo histórico, quizás porque un proyecto tan ambicioso necesitaría otro formato más amplio. Se le puede objetar igualmente una excesiva pulcritud, una obsesión por subrayar las escenas, y los encadenados no siempre funcionan…Pero no es menos cierto que la ambientación es más que notable, que el elenco de actores brilla con fuerza a pesar de que muchos papeles no acaban por tener su tiempo para darse a conocer, y lo que no hay que olvidar, que estas es una película para verla más de una vez, para memorizarla porque Blas Infante es un trozo de nuestra historia, una película que la Junta de Andalucía tendría que llevar a las escuelas.

Es una apuesta por la verdad y por la recuperación de una historia sepultada por una montaña de cadáveres y por una maraña de mentiras.

No es de recibo que los catalanes de procedencia andaluza consienta que Blas Infante continúe siendo casi un “maldito”, un personaje al que se le otorga el título de “padre” de la patria andaluza, concepto aceptado hasta por el Partido Popular, aunque dicha aceptación sea todo lo profundamente hipócrita. La gente del pueblo no puede consentir esto y tendría que hacer todo lo posible por recuperar su propia historia. (Fuente)

La sierra que comunicó al-Ándalus y el norte de España

Hallan el paso de la sierra que comunicó al-Ándalus y el norte de España durante 10 siglos

Investigadores españoles han logrado localizar el antiguo paso de la Sierra de Guadarrama, que conectaba al-Ándalus y el norte de España entre los siglos VIII y XVIII.

sierra de guadarrama

Ricardo Fanjul, que encabezó el equipo de científicos de la Sociedad Geográfica del Guadarrama y la Sociedad Caminera de Manzanares, explicó a la agencia Europa Press que fue “el paso más importante” de la zona centro, superaba incluso la calzada romana (el modelo de camino usado por Roma para la vertebración de su Imperio) y tenía el nombre árabe de Balat Humayd, el cual poco a poco se fue castellanizando convirtiéndose en Balathome. Acorde al investigador, el paso fue “una auténtica autopista medieval”, que se podría comparar, por ejemplo, con la actual Autopista de A Coruña.

El equipo ha localizado un tramo de casi 30 kilometros entre el apeadero de Tablada, en Guadarrama, y el municipio segoviano de Coca. “Hay tramos en los que se aprecia que es una auténtica autopista de la edad media, aunque hay otros tramos de 10 y 20 metros en los que el desuso y las inclemencias del tiempo han provocado cierta erosión, pero el camino es fácilmente identificable. Es espectacular por su belleza y apasionante por su historia”, relató Fanjul.

Según el investigador, el camino fue utilizado generalmente por viajantes, comerciantes y guerreros. Además, fue “el mismo camino por el que los cristianos fueron reconquistando siglos más tarde el territorio de Segovia y de Madrid”, puntualizó el científico. Sin embargo, los investigadores ven la importancia de Balat Humayd no solo en las continuas campañas militares, sino en las repoblaciones posteriores que se realizaron en Castilla la Nueva a través del histórico paso.

Fuente: europapress y RT

SAYYIDA AL-HURRA

SAYYIDA AL-HURRA, MUJER MARROQUÍ DE ORIGEN ANDALUSÍ

La figura de Sitt al-~urra —Sayyida al-Hurra bint Mawláy ‘AlT ibn Ra~Td— es,
tanto por sí misma como por lo que vino a significar en la historia del norte de

Marruecos, la de una de las más importantes personalidades femeninas del occidente islámico en la Edad Moderna, a la que en cierta medida, la vinculada al Estrecho de Gibraltar, resume dentro de los complicados cambios y trasvases de intereses, que se producen en los finales del siglo XV y comienzos del XVI en esta zona. Sitt al-Hurra pasa a ser una singularidad, una mezcla, un eje, en tomo a los cuales puede moverse nuestra reflexión cuando la centramos sobre aquella complicada sociedad, que existió por entonces a los dos lados del Estrecho.

En 1453, los turcos osmanlíes conquistan Constantinopla, con lo que se termina el Imperio Bizantino, heredero del Imperio Romano de Oriente, y comienza el Imperio Osmanlí u Otomano, que durará hasta comienzos del siglo pasado. Es un largo periodo de la Historia el que se acaba con el mutis de Constantinopla y el estreno de Istambul; toda unaparte de la Edad Antigua y toda la Edad Media completa. Y, sobre todo, un cambio de actitudes, de medios y de inversiones económicas, una alteración del equilibrio político, cultural y comercial, que había existido hasta entonces.

A partir de 1487, los portugueses, que ya habían explorado la costa occidental de África y se habían asentado en el litoral marroquí, descubren el camino marítimo a la India, contorneando el Cabo de Buena Esperanza, y abren la nueva vía mercantil de las riquezas de levante, que hasta entonces había discurrido por el camino de los monzones, el Mar Rojo, Arabia y Medio Oriente. La alteración del equilibrio anterior sufre en aquel momento un vuelco total. Puede decirse que es el período en el que empieza Europa e, incluso, en el que comienzan la expansión y el ideario coloniales modernos.

El camino oriental de las especias —y evidentemente el de otras muchas mercancías, bienes e influencias— transcurrió durante muchos siglos a través de la vía regular de los vientos monzones entre la India, y su entorno, y el Golfo Arábigo, sur de Arabia, y el Creciente Fértil (es decir, Mesopotamia, Palestina, Siria y Egipto), desde donde proseguía hacia Europa. Roma controló en parte esta vía y el Imperio Romano de Oriente, o Imperio bizantino, continuaron fiscalizúndola en lucha contra los sasánidas, hasta la aparición del Islam, cuyos califatos y estados absorbieron la mayor parte del Imperio bizantino, el Imperio sasánida y la propia vía en sí, que pasó a ser su columna vertebral económica.

Pero además del camino oriental de las especias, existía otro, de bastante
menor intensidad aunque muy importante, que era el camino occidental del oro y de la sal, y que iba desde el Golfo de Guinea a los reinos subsaharianos, Marruecos y AI-Andalus; y de aquí a Europa. Era un mercado del oro, el marfil, A ;íuquel de Estudios A ‘o/ns- II-2cm>312 Rodolfo Gil Grimau las plumas de avestruz y los esclavos, fundamentalmente, a cambio de sal y de productos manufacturados. La vía discurría por tierra, mediante caravanas.

Ambas vías, ambos mercados, sufren el colapso causado por los descubrimientos marítimos portugueses y naturalmente por el descubrimiento de América. Se produce un vuelco, como acabo de decir, al comprobarse que los doscaminos se pueden hacer completos navegando, en régimen de monopolio (durante bastante tiempo el monopolio es portugués) y a menor coste, es decircon mayores beneficios, puesto queel número de intermediarios disminuye considerablemente.

Los estados y territorios que habían sido los intermediarios habituales en ambas vías experimentan unos deterioros notables, tanto en sus haciendas como en sus culturas, sociedad y política, llegando varios de ellos perder la independencia. Este es el caso de Egipto y el caso de Granada, por ejemplo; uno en la vía oriental y la otra en la occidental. Egipto pasa a pertenecer al Imperio Otomano y Granada es conquistada por Castilla y Aragón.

Más adelante, algo más adelante, el descubrimiento de América y la prolongación hacia ella del imperio iransmarino portugués, así como la formación del imperio español, crean una nueva vía, la del Nuevo Mundo, y provocan que varios estados europeos hagan todo lo posible por controlar alguna de esas vías, los territorios en las que se asientan y sus materias primas, para pasar a las conquistas y a los colonialismos.

En estas circunstancias históricas y económicas, Marruecos, que, durante los imperios almorávide y almohade había sido el gran exponente del Islam occidental, sufre de todos los estímulos negativos exteriores e interiores, y el imperio meriní, implicado en la política granadina -y—ewtadeios rejitas- cristianos europeos durante la Guerra de los Cien Años, ve mermar su capacidad política y su empuje; incluso su justificación como potencia islámica. En otro de mis trabajos he dicho, entre otras cosas, que: “Ser los defensores del Ls/am andaluz, no teniendo la colaboración entusiasta de los propios andalusíes, obligó a los meriníes a toda clase de compromisos tácticos y, en estas componendas, se vio el deseo de los granadinos por manejar ci reino meriní, y la atención de Castilla Portugal por controlar el comercio africano procedente de Marruecos. No debemos olvidar también que, en esa época, los árabes Banu filIal y Maqil, procedentes de oriente, habían invadido el campo marroquí; obligando, entre otros cosas, a que las estructuras bereberes se cerraran en sí mismas por reacción y defensa, poniendo así de manifiesto la debilidad interna del majzen meriní. Este acentuó su carácter urbano, reducido a unas ciudades en donde la influencia administrativa, cultural ymilitar, de los granadinos, o de los andalusíes e hispanos en general, cobró mayor importancia (…) En medio de la descomposición fueron los burócratas del majzen, especialmente los visiresSayyida al-Hurra 313 wattasíes, los que acabaron porgobernar el reino sustituyendo a los meriníes”’.

Bajo los visires wattasies laintervención política granadina disminuyó mucho, en tanto que los avances portugueses en las costas marroquíes progresaron, y así siguió la cosa hasta que, en 1471, los portugueses terminaron por apoderarse de Arcila —hay que recordar que ya tenían Ceuta desde 1415, aunque habían fracasado en Tánger en 1437— y el hasta hacia poco señor de Arcila se transformó en el primero de los sultanes wattasíes, inaugurando así una dinastía que prolongaba la inestabilidad interior. En estascircunstancias, es cuando se producen las primeras resultas específicas de la toma de Constantinopla y de las navegaciones portuguesas, y será poco después cuando los reinos de Castilla y Aragón, unidos, emprendan la conquista del reino de Granada.

Los reinos marroquí y granadino habían pasado a ser “más que nada, unos avisperos de luchas internas y de debilidades”2 y los wattasíes no vinieron en ayuda de los granadinos cuando el último estado andalusí fue “siendo devoradopor fsabel de Castilla y Fernando de Aragón. Mientras tanto, las plazas expugnadas por los portugueses se mantuvieron en un equilibrio cómodo, gracias a sus treguas, paces y tributos con el entorno, hasta que los jefes de guerra musulmanes —como el granadino Sidi al-Mandri, en Tetuán, o su suegro Mawlay Ah ibn Rashíd, en Chefchauen— no empezaron un hostigamiento en serio contra ellas. El anterior empeño de los meriníes de pasar por campeones del Islam, unido a la anquilosada herencia wattasí y a la posterior debilidad saadí, fue lo que potenció ypermitió el fenómeno de los jefes de guerra y el impulso de los morabitos. Hubo un abandono de lasfronteras por parte de los sultanes wattas íes.

Las plazas expugnadas por los cristianos peninsulares persistieron en su estado, no sólo por la debilidad de wattasíes y saadíes, sino también porque los soberanos de estas dinastías mantuvieron ese statu-quo de ocupación, con elfin de tenerlas como puntos de apoyo y ayuda para sus problemas sucesorios internos. La reconquista, el hostigamiento y la presión se los dejaron a los periféricos; periféricos que eran, en buena parte, andalusíes fuertemente influenciados por el último Al-A ndalus: AI-Mandrifue, como todo el mundo sabe, un alcaide granadino inmigrado a Tetuán, junto con otrospatriotas, antes de la caída de Granada. Ellosfueron los que repoblaron y reconstruyeron la ciudad y AI-Mandri se casó con Sayyida al-Horra, hija de Mawlay > Ah ibn Ras/id y de La/la Zuhra, una mudéjar de Vejer de la Frontera. Los tres habrían de ser los campeones de la resistencia en el norte, en forma casi independiente del poder wattasí central”3.

El sistema de acrobacias y presiones múltiples de los estados, tanto islámicos como cristianos, de la Baja Edad Media, se altera en beneficio de un GIL GRIMAU, Rodolfo, “Ceuta y Meliiia en los sigios XV y XVI”, Cuadernos del Archivo Municipal. Ceuta, La frontera sur de AI-Andatus, Estudios de africanismo español y el Mogrib, Madrid, ¡LEí, en prensa. 2 Ibtd Ibid. Hago unas pequeñas conecciones al texto citado.314 Rodolfo Gil Grimau enfrentamiento ideológico y económico de dos grandes bloques, uno de ellos el otomano y otro el español imperial, en principio, ambos expansivos. Marruecos va a ser apetencia de ambos y terreno de disputa de los dos, y de los portugueses, sin que ninguna de estas fuerzas extrañas al país consiga apoderarse de él. Y aquí entra la figura de Sayyida al-Hurra como la de uno de los protagonistas de la resistencia y de la mezcla de culturas de la época, y sus formas de actuar.

En realidad, es poco lo que se sabe de la Noble Dama aunque haya bastantes
referencias históricas respecto a ella, algunas europeas. Aquí, yo no pretendo aportar nada nuevo a su estudio, sino sólo unas reflexiones estimativas. Su historia ha sido estudiada, en lo que ha sido posible hasta cada momento, por tetuaníes e investigadores muy próximos a Tetuán y a Chefchauen como Sidi MuhammadDawud, Abderrahim Yebbur Oddi, Sidi Muhammad Ibo ‘Azzúz Hakím y Guillermo Gozálbes Busto4, independientemente de otros como Chantal de la Veronne o Roben Ricard, por ejemplo.

Conocida en la Historia como Sayyida al-Hurra, o Sitt al-Hurra, la Noble Dama pudo haber tenido o no el nombre propio de ‘Ay~a, ajuicio o no de Dawud y de Ibn ‘Azzúz, en cuyo caso lo de al-Hurra —la libre— sería un apelativo que le fue dado cuando tomó el gobierno de Tetuán. “In 1515, upon the death of her husband, though already confirmed prefect of Tetouan, gained the title of al-Hurra, that is, a woman wielding sovereign powe?”, dice un texto actual trasladando esa opinión, aunque el apelativo de Sayyida al-Hurra viene a significar Noble Dama y lo han llevado varias notables mujeres musulmanas. Lo cierto es que fue hija de MawlAy ‘AlT ibn Ra~id, ~ar~descendientede Sidi ‘Abd al-Salám Ibn Ma~i~, y de Lalla Zuhra Fernández, una mudéjar o morisca de Vejer de la Frontera, cerca de Cádiz, o tal vez una elche.

El nombre propio de ‘Ay~a, que a veces se le atribuye, puede venir de una identificación de nuestra Sitt al-Hurra con otra piadosa y Noble Dama de ese nombre y tiempo, que fue la madre del cronista lbn Mkar. El padre de la nuestra, que seguramente habta combatido en las últimas guerras de Granada a favor o en contra de los reinos cristianos peninsulares, se había convertido en un príncipe prácticamente independiente de los wattasíes de Fez, formando un mini-estado en Beni ‘Arús, Beni Husmar y eiebála, con capital en Chauen, ciudad que fundó poblándola con gente de lacomarca y con andalusíes, especialmente los emigrados granadinos que escapaban del avance de los Reyes Católicos.

De su madre sabemos que tenía un hermano, Martín Fernández, que islamizó igualmente, si es que no era ya musulmán, tomando el nombre de ‘AlT Fernando; 4MUHAMMADDAWUD, Tar,jTiswon, Titwan, 1959-1379. IBN ‘AZZUZI-IAKÍM. Muhanimad, ‘Silta al-Hurra, princesa de Chafchauen”, Cuadernos de la BibliotecaEspañola de Tetu,ln, 15, Tetuán, 97-i15. YEBBUR 0DDi. Abden’ahim, “Los Ben-Raehed de Chefchauen y su significación en la Historia de Man-uccos septentrional”, Tetuán, 1953. GOZÁLBES BUSTOS (sic.), Guilienno, “Su al Hurra, gobernadora de Tetuán (sigio XVI)”, .4aas delCongreso Internacional El Estrecho de Gibraltar 1987, UNED. 1988, Madrid.

www.ottoman-traderscomlBio2htmlSayyida al-Hurra 315

persona que debió tener puestos de responsabilidad en Tetuán y en la cora de Arcila.

“Del matrimonio Ben Rasid Zuhra hubo doshijos. Un varón Mawlay Ibrahim una hembra Sit al Hurra. El primero, probablemente el primogénito, alcanzó las más a/tas cimas de lajáma ydel poder entre sus contemporáneos. Sucesor de su padre en los dominios de la montaña, fue además, va/ido del sultán de Fez, el cual, por añadidura le debía el trono (…) Su hermana, Sit al Hurra, no queda atrás en cuanto a fama y carácter Debió casarla su padre siendo aún una tierna adolescente con el ex alcaide granadino, Ah al-Mandan, e/fundador de Tetuán”6 ‘Alt al-Manzar?, probablemente con una ..W osca ~ de una localidad granadina llamada >kz.iI, fonéticamente transformado en ~.>.ázJ > Al-Mandan> AI-Mandrí, apellido que aparece en documentos granadinos como AI-Manzarí o AI-Manzirí, con • , y en documentos referentes a moriscos granadinos transcrito como Mandan, era procedente del Reino nazaní de Granada, con cuya familia real estaba emparentado por su matrimonio con Lalla Fátima, de quien seguramente tuvo hijos que debieron formar parte de la arisiocracia tetuanu.

Cabe la posibilidad de que haya conocido a lbn Raátd en las guerras de Granada, cuando él era alcaide de Piñar, una fortaleza granadina que al parecer rindió a los Reyes Católicos, quizás a instigación de Boabdil, y que se haya venido a GebAla por invitación de aquél, asentándose en la zona de Tetuán para establecer una ciudad fortificada, inmediata al río, que entonces era navegable y útil para el corso, muy próxima a Ceuta, a la que podía controlar puesto que era plaza fuerte portuguesa. A los mugáhidín, como he dicho antes, competía vigilar y luchar contra la intervención extranjera, ya que el poder central wattasí era débil, y eso era lo que se habían propuesto hacer Mawlay ‘Alt ibn Ra~id y sus aliados; tanto más los granadinos inmigrantes, que esta manera continuaban su guerra.

Tetuán fue reconstruida por los granadinos en 1485 o 1486 y cabe suponer, también, que en ese momento, AI-Mandrí estaría entre los treinta y los cuarenta años, dada su vida adulta anterior, las responsabilidades que había desempeñado, la emigración y el tiempo que tardóen construirse el blad, o núcleo urbano inicial de la ciudad reedificada.

De 1485 a 1510, o 1512, año en el que Sayyida al-Hurra se hizo cargo del poder, en Tetuán, en nombre de su marido y tal vez por incapacidad de éste, que se había ido quedando progresivamente ciego tal vez por una herida de guerra, hay unos veinticinco años en los que deben haberse producido el nacimiento de la misma Sayyida al-Hurra, su matrimonio, el nacimiento de sus hijos y su propio aprendizaje político. Es posible, sin embargo, que no se haya hecho cargo del poder en l5l0-1512, en nombre de su marido sino que haya habido un reparto de funciones, por decirlo de algún modo: el gobierno interno de la ciudad para ella e GOZÁLBES BUSTO, op. cli, 463.316 Rodo/fo Gil Grimau y el campo de batalla para él, hasta que el guerrero se ve obligado a quedarse en casa alrededor de 1520.

Podríamos pensar que nuestra Noble Dama nació en torno a 1485, algo después que su hermano Mawláy Ibráh¡m, al mismo tiempo que nacía Tetuán, y una vez que su padre estaba ya firmemente asentado en su estado de Chauen y de toda la región. Podríamos pensar, también, que se casó con AI-Mandri en torno a 1500, con una diferencia de edad de unos treinta o cuarenta años entre ambos, lo que no parece haber afectado su entendimiento mutuo, puesto que ella aprendió a su lado y estuvo colaborando con él y, luego, representándolo y cuidándolo hasta su muerte; cosa que no se hubiera producido de no existir un consenso en la pareja y una adaptación de sus caracteres, indudablemente recios.

Ciertamente que hay otras posibilidades. Una, la expuesta por Dawd y otros autores marroquíes, de que no fue ‘Alt AI-Mandá el marido de Sayyida al-Hurra, sino un sucesor suyo del mismo nombre, tal vez un nieto. Otras, las que presumen una ocupación del poder por un hecho defacto: “She came into power, managing herhusband’s affairs in andaround 916/1510. Shoríly after she got heneifnomed governor of that city-state”7. El académico Gozálbes Busto piensa, por el contrario, que: “La Noble Dama estuvo casada con el genuino Mandan, el fundador de Tetuán, Y no hubo másguerreros ni dirigentes con ese nombre en la historia tetuaní’8 Y dice que: “En el niomento de su muerte Sidi Ah Al Mandan llevaba muchos años inactivo delcampo de batalla y, probablemente, como rector de los asuntos de la ciudad por élfundada. Su mujer, Sit Al Hurra bent RaSid soportaba desde hacía tiempo el peso de aquellos asuntos internos que no requerían una especial técnica o distinto saber del habitual Ú.) Por lo demás, ella no figuró nominalmente como dirigente, sino cuando su marido, impotente por la edad y la ceguera, quedó prácticamente arrinconado en su propia senilidad’9 Lo cierto es que, en lomo a 1510-1520, la pareja casó a una hija de ambos con un hijo de Hasan Hásim o quizás Há~im, granadino inmigrado procedente de Baza y tal vez rival de AI-Mandrt en el gobierno de la ciudad, y Sayyida al-Hurra estuvo apoyándose más o menos verbalmente en su yerno Ahmad para regir Tetuán, aunque su sostén fundamental lo haya tenido, a partir de 1527, en su hermano MawlAy Ibráhtm, que gobernaba en Fez como valido del sultán Ahmad al-Wattast. Acaso fue en esos años cuando otra hija de la pareja se casó con un tal Abu ‘Alt o Bu’alT, asimismo de origen granadino, vinculado a una familia que más tarde intervendría activamente en la sucesión de Al-Mandil y de la propia Sayyida al-Hurra. Y debió de ser igualmente en esa década cuando AI-Mandñ tuvo que dejar los campos de batalla para cuidar de su salud, y Sayyida al-Hurra se ocupó mucho más de todo lo referente a la ciudad, a su política y a su wwwotton,an-traderscom/Bio2l,tml ‘~z~[~E~5 BUSTO, op. cit. 468.

Ibid 468-89.Sayyida al-Hurra 317 economía, seguramente sostenida por la presencia física y los consejos expertos de su marido.

La inmigración granadina, como buena parte de la andalusí y de la morisca posterior, se dedicaba de modo muy activo al corso, actividad oficialmente permitida y alentada por los Estados, con la que sacaba riqueza y mermaba la capacidad comercial, humana y militar de sus enemigos, en este caso los cristianos peninsulares. AI-Mandñ y Sayyida al-Hurra sostuvieron y financiaron la navegación corsaria, o la controlaron y abastecieron cuando no era propia, aprovechando el excelente caladero del río, que estaba resguardado. “She then made contact with the Turkish corsair Barbarosa, and assembled a fieet, then launched intoprivateering in the western Mediterranean, becoming the undisputed Queen of the Pirates in that region””0. El empeño que puso Sayyida al-Hurra en proteger esta actividad concitó en contra de ella muchas enemistades, tanto extranjeras como marroquíes, que empezaron a pesar en su perjuicio, y en el del sultán, que lo consentía a pesar de los acuerdos internacionales. No pareció importarle verdaderamente hasta 1539-1540.

En 1539 murió Mawláy Ibráhim, el hermano uterino de Sayyida al-Hurra y su protector, y se hizo cargo del gobierno de Chauen su hermanastro Sidi Muhammad, con quien no se llevaba bien y que, a partir de esa fecha, intentó intervenir en Tetuán. Gozálbes Busto cree que Al-Mandil continuó en vida hasta 1540: “Todavía suspiraba por España el viejo caudillo”’1, dice siguiendo un testimonio contemporáneo; pero, de todas formas, murió en ese año.

Muerto su marido, ella continuó rigiendo la ciudad con un asociado más o menos ficticio, que fue su mismo yerno Ahmad, probablemente con menoscabo para sta otro yerno Bu ‘Al?, lo que habría creado rivalidades entre sus dos hijas.

Sin embargo, dadas las dificultades que se le fueron acumulando, en 1541 dio un vuelco a la situación, logrando que el propio sultán Ahmad al-Wattas¡ se casara con ella. Con lo cual “prescinde evidentemente de todos los prejuicios y maneja a su antojo los asuntos de la región”’2 “Afier the death of her husband, she married the King ofMorocco, Ahmed a/-Wattasi. in order to show him that shehad no intention ofgiving up herpolitical role in the north, she requestedthat he leave his capitol of Fez and come to Tetouanbr the ceremony. it was the onlytime in the history of Morocco that a king was married awayfrom the capitol”’3 En esta boda real debemos ver, casi con toda seguridad, un interés para ambas partes. El beneficio para Sayyida al-Hurra parece evidente: conseguir un nuevo mantenedor político, el máximo, si no el mejor tal vez. El dividendo para el sultán, independientementede la amistad que tuviera por su valido muerto, debe haber sido muy importante como para ir a casarse a otra ciudad, que no era la www.ííon,an-tirados -corn/Bio2-html

‘‘Ibid 469, 2 Ibid. 470,a, -itorna n-tradcrs cornil)io2- híml318 Rodolfo Gil Grimau capital, con una súbdita suya; un dividendo político y el mantenimiento de una prosapia que le garantizaba el orden y el vigor en el norte del país, dentro del modernismo representado por los andalusíes.

Sin embargo, en 1451, el gobernador portugués de Ceuta cerró el puerto al comercio de Tetuán, por causa del excesivo celo de la gobernadora en la protección del corso y por el incumplimiento de los acuerdos. No sólo muchos tetuanies, portugueses, españoles y otros se sintieron perjudicados con este cierre, sino que el propio sultán se quejó y trató de intervenir diplomáticamente. Esto, unido a las banderías interiores y a la mistna personalidad de al-Hurra, tal vez muy exeluyente, precipitaron un final brusco.

El 22 de octubre de 1542, Hasan Hásim o HA~im, el consuegro de Sayyida al-Hurra, viniendo de Fez con un grupo de jinetes y en connivencia con su hijo Ahmad, y las facciones contrarias a la gobernadora, entró en Tetuán y dio un golpe de poder destituyendo a Sayyida al-Hurra, expulsándola de la ciudad y arrebatándole los bienes. “Sometime It wasn‘t until 949/1542 that she was deposed, holding power in the region from Tetouan jor over thirtv years”’4. Efectivamente, fue “Citalforra alcaidesa y senhora de dicha ciudad’ —como dicen los Anais portugueses— durante más o menos treinta años. “Al-Hurra ibn Banu Rashid al-Mandri al-Wattasi Hakima Taiwan was a Moroccan of Andalusian Origin. The last one in Islam‘s History lo bear the tule al-Hurra”’5, resume su vida el texto en inglés con el que aparece en las bases de datos informáticas actuales.

Este ‘golpe de Estado’ queda muy oscuro. Parece ser que Há~im el viejo salió de Fez porque había sido ofendido por el sultán, marido entonces de Sayyida al-Hurra, aunque había ido con él después de la boda y era tratado como alcaide; parece incluso que el sultán avisó a la Noble Dama, pero desconocemos por qué ella no le hizo caso, y no sabemos en qué medida conspiraron las propias hijas de ésta en contra de su madre y en favor de sus esposos, si bien parece que lo hicieron. Ni sabemos si el sultán quedó hasta cierto punto complacido con este final, puesto que tal vez contara con que los sucesores de la Noble Dama iban a ser más fáciles que ella misma.

¿Qué fue de Sayyida al-Hurra después? No lo sabemos.

Parece del mismo modo que haya regresado a la casa paterna en Chauen, en donde se aisló y en donde probablemente falleció, ignoramos en qué fecha. Está enterrada cerca de esa casa, en la zñwiyya raisaniyya.

Una vez desaparecida de Tetuán, la ciudad fue gobernada por su yerno Ahmad, y puede que por un hijo de éste, o sea un nieto de al-Mandrí y de Sayyida al-Hurra, que tal vez adoptó el apellido AI-Mandrí, y en tal tiempo hubo luchas entre los Hasim o Há~im y los Abíl ‘AlT, o sea guerras internas familiares que implicaban a los grupos granadinos, hasta que un nuevo sultán hizo ocupar ‘ Ibid Ibid.Sayyida al-Hurra 319 la ciudad por tropas en buena parte de origen morisco, en 1562.

¿Cuáles pueden ser las reflexiones que tengamos, y la valoración que hagamos, acerca de esta mujer —la Noble Dama de cultura mixta— de su personalidad, su carácter, sus acciones y su circunstancia? Resulta muy difícil meterse en la interpretación de una persona como ésta así de contrastada entre luces y sombras— tanto más cuanto que no disponemos, por ahora, de más material histórico que el analizado por los historiadores antes dichos, ni de más fuentes. Tal vez convenga, no obstante, repasar los datos que tenemos desde dentro, subjetivamente, empezando por la circunstancia, que por supuesto es la de la etapa en la que vivió y fue protagonista de cosas.

Aquella fue una época en la que se re-equilibró prácticamente todo: las vías comerciales, el concepto y la anchura del mundo, el concepto del Estado, la ciencia y la invención, el ten con ten de las religiones, los bloques expansivos, la emigración, el saber, los indices demográficos, la alimentación, los ejércitos, el arte… y cuántos factores más! La gente que participó, dentro del área siempre sensible y compleja del Estrecho de Gibraltar, lo hizo adecuándose a las nuevas medidas sobre un tejido social muchas veces antiguo o pasado, no pudiendo mantenerse en pie de cara a la ola por falta de un suelo estable. Es lo que probablemente ocurrió con Sitt al-Hurra. Sin embargo, ella tuvo el coraje y la inteligencia de ser una protagonista de la circunstancia.

Sus acciones fueron seguramente las adecuadas dentro de su entorno político y social, dentro de su paisaje. Gobernó porque procedía de una familia de gobernantes y estaba casada con un caudillo; el gobierno y la dirección eran su ambiente desde niña y, en cuanto tuvo que hacerlo, o su marido le propuso que lo hiciera, lo hizo, quizás con un endurecimiento y un exclusivismo progresivos que terminaron por perjudicarle. No supo continuar siendo una mujer extraordinaria apoyada en un hombre, en una sociedad de hombres, y quiso ser ella misma el hombre con un comportamiento de tal y con desafio; lo cual, en aquella época, era imposible de imponer y de mantener. El hecho de que nadie se opusiera abiertamente a su caída, lo prueba.

Que tuvo un carácter serio, acaso minucioso y atento a todo, pero recio, parecen probarlo su vida y sus acciones. Que utilizó a las personas que la rodeaban, no dándoles la suficiente autonomía, posiblemente. Que amó la libertad y la eficacia, también, y no sólo por sus hechos y por su lucha en contra de los invasores enemigos, sino por un más que probable combate interior en contra de la gente versátil, acomodaticia, vanamente ambiciosa o cerril que la debió rodear.

Y podemos suponer que sintió afectos fuertes: la amistad y la confianza con su hermano uterino, y la deferencia, quizá la admiración y en todo caso la colaboración respecto a su marido, pueden ser un testimonio.

Su personalidad parece haber estado muy marcada por la de su madre, una mujer de otra cultura, o de cultura mixta, seguramente voluntariosa y adaptable.

Indudablemente lo estuvo por su padre, un constructor de Estados, un jefe. Y, sin duda, por AI-Mandñ, su marido, tan parecido a su padre por la ocupación pero también a su madre por el origen. No debió ser una mujer altiva, aunque si320 Rodolfo Gil Grimau convencida de poder superar a todos, por lo que terminó pecando de confiada. Y, por lo tanto, es posible que haya creído mucho en sí misma, siendo también una buena creyente en Dios, que debió aceptar, sobre todo en la etapa silenciosa y última de su vida, lo que el Altísimo le fue dando.
SAYYIDA AL-HURRA, MUJER MARROQUÍ DE ORIGEN ANDALUSÍ
Rodolfo GIL GRíMAU

Instituto Cervantes de Lisboa

La figura de Sitt al-~urra —Sayyida al-Hurra bint Mawláy ‘AlT ibn Ra~Td— es, tanto por sí misma como por lo que vino a significar en la historia del norte de Marruecos, la de una de las más importantes personalidades femeninas del occidente islámico en la Edad Moderna, a la que en cierta medida, la vinculada al Estrecho de Gibraltar, resume dentro de los complicados cambios y trasvases de intereses, que se producen en los finales del siglo XV y comienzos del XVI en esta zona. Sitt al-Hurra pasa a ser una singularidad, una mezcla, un eje, en tomo a los cuales puede moverse nuestra reflexión cuando la centramos sobre aquella complicada sociedad, que existió por entonces a los dos lados del Estrecho.

En 1453, los turcos osmanlíes conquistan Constantinopla, con lo que se termina el Imperio Bizantino, heredero del Imperio Romano de Oriente, y comienza el Imperio Osmanlí u Otomano, que durará hasta comienzos del siglo pasado. Es un largo periodo de la Historia el que se acaba con el mutis de Constantinopla y el estreno de Istambul; toda unaparte de la Edad Antigua y toda la Edad Media completa. Y, sobre todo, un cambio de actitudes, de medios y de inversiones económicas, una alteración del equilibrio político, cultural y comercial, que había existido hasta entonces.

A partir de 1487, los portugueses, que ya habían explorado la costa occidental de África y se habían asentado en el litoral marroquí, descubren el camino marítimo a la India, contorneando el Cabo de Buena Esperanza, y abren la nueva vía mercantil de las riquezas de levante, que hasta entonces había discurrido por el camino de los monzones, el Mar Rojo, Arabia y Medio Oriente. La alteración del equilibrio anterior sufre en aquel momento un vuelco total. Puede decirse que es el período en el que empieza Europa e, incluso, en el que comienzan la expansión y el ideario coloniales modernos.

El camino oriental de las especias —y evidentemente el de otras muchas mercancías, bienes e influencias— transcurrió durante muchos siglos a través de la vía regular de los vientos monzones entre la India, y su entorno, y el Golfo Arábigo, sur de Arabia, y el Creciente Fértil (es decir, Mesopotamia, Palestina, Siria y Egipto), desde donde proseguía hacia Europa. Roma controló en parte esta vía y el Imperio Romano de Oriente, o Imperio bizantino, continuaron fiscalizúndola en lucha contra los sasánidas, hasta la aparición del Islam, cuyos califatos y estados absorbieron la mayor parte del Imperio bizantino, el Imperio sasánida y la propia vía en sí, que pasó a ser su columna vertebral económica.

Pero además del camino oriental de las especias, existía otro, de bastante menor intensidad aunque muy importante, que era el camino occidental del oro y de la sal, y que iba desde el Golfo de Guinea a los reinos subsaharianos, Marruecos y AI-Andalus; y de aquí a Europa. Era un mercado del oro, el marfil, A ;íuquel de Estudios A ‘o/ns- II-2cm>312 Rodolfo Gil Grimau las plumas de avestruz y los esclavos, fundamentalmente, a cambio de sal y de productos manufacturados. La vía discurría por tierra, mediante caravanas.

Ambas vías, ambos mercados, sufren el colapso causado por los descubrimientos marítimos portugueses y naturalmente por el descubrimiento de América. Se produce un vuelco, como acabo de decir, al comprobarse que los dos caminos se pueden hacer completos navegando, en régimen de monopolio (durante bastante tiempo el monopolio es portugués) y a menor coste, es decircon mayores beneficios, puesto queel número de intermediarios disminuye considerablemente.

Los estados y territorios que habían sido los intermediarios habituales en ambas vías experimentan unos deterioros notables, tanto en sus haciendas como en sus culturas, sociedad y política, llegando varios de ellos perder la independencia. Este es el caso de Egipto y el caso de Granada, por ejemplo; uno en la vía oriental y la otra en la occidental. Egipto pasa a pertenecer al Imperio Otomano y Granada es conquistada por Castilla y Aragón.

Más adelante, algo más adelante, el descubrimiento de América y la prolongación hacia ella del imperio iransmarino portugués, así como la formación del imperio español, crean una nueva vía, la del Nuevo Mundo, y provocan que varios estados europeos hagan todo lo posible por controlar alguna de esas vías, los territorios en las que se asientan y sus materias primas, para pasar a las conquistas y a los colonialismos.

En estas circunstancias históricas y económicas, Marruecos, que, durante los imperios almorávide y almohade había sido el gran exponente del Islam occidental, sufre de todos los estímulos negativos exteriores e interiores, y el imperio meriní, implicado en la política granadina -y—ewtadeios rejitas- cristianos europeos durante la Guerra de los Cien Años, ve mermar su capacidad política y su empuje; incluso su justificación como potencia islámica. En otro de mis trabajos he dicho, entre otras cosas, que: “Ser los defensores del Ls/am andaluz, no teniendo la colaboración entusiasta de los propios andalusíes, obligó a los meriníes a toda clase de compromisos tácticos y, en estas componendas, se vio el deseo de los granadinos por manejar ci reino meriní, y la atención de Castilla y Portugal por controlar el comercio africano procedente de Marruecos. No debemos olvidar también que, en esa época, los árabes Banu filIal y Maqil, procedentes de oriente, habían invadido el campo marroquí; obligando, entre otros cosas, a que las estructuras bereberes se cerraran en sí mismas por reacción y defensa, poniendo así de manifiesto la debilidad interna del majzen meriní. Este acentuó su carácter urbano, reducido a unas ciudades en donde la influencia administrativa, cultural ymilitar, de los granadinos, o de los andalusíes e hispanos en general, cobró mayor importancia (…) En medio de la descomposición fueron los burócratas del majzen, especialmente los visiresSayyida al-Hurra 313 wattasíes, los que acabaron porgobernar el reino sustituyendo a los meriníes”’.

Bajo los visires wattasies laintervención política granadina disminuyó mucho, en tanto que los avances portugueses en las costas marroquíes progresaron, y así siguió la cosa hasta que, en 1471, los portugueses terminaron por apoderarse de Arcila —hay que recordar que ya tenían Ceuta desde 1415, aunque habían fracasado en Tánger en 1437— y el hasta hacia poco señor de Arcila se transformó en el primero de los sultanes wattasíes, inaugurando así una dinastía que prolongaba la inestabilidad interior. En estascircunstancias, es cuando se producen las primeras resultas específicas de la toma de Constantinopla y de las navegaciones portuguesas, y será poco después cuando los reinos de Castilla y Aragón, unidos, emprendan la conquista del reino de Granada.

Los reinos marroquí y granadino habían pasado a ser “más que nada, unos avisperos de luchas internas y de debilidades”2 y los wattasíes no vinieron en ayuda de los granadinos cuando el último estado andalusí fue “siendo devorado por fsabel de Castilla y Fernando de Aragón. Mientras tanto, las plazas expugnadas por los portugueses se mantuvieron en un equilibrio cómodo, gracias a sus treguas, paces y tributos con el entorno, hasta que los jefes de guerra musulmanes —como el granadino Sidi al-Mandri, en Tetuán, o su suegro Mawlay Ah ibn Rashíd, en Chefchauen— no empezaron un hostigamiento en serio contra ellas. El anterior empeño de los meriníes de pasar por campeones del Islam, unido a la anquilosada herencia wattasí y a la posterior debilidad saadí, fue lo que potenció ypermitió el fenómeno de los jefes de guerra y el impulso de los morabitos. Hubo un abandono de lasfronteras por parte de los sultanes wattas íes.

Las plazas expugnadas por los cristianos peninsulares persistieron en su estado,
no sólo por la debilidad de wattasíes y saadíes, sino también porque los
soberanos de estas dinastías mantuvieron ese statu-quo de ocupación, con elfin
de tenerlas como puntos de apoyo y ayuda para sus problemas sucesorios
internos. La reconquista, el hostigamiento y la presión se los dejaron a los
periféricos; periféricos que eran, en buena parte, andalusíes fuertemente
influenciados por el último Al-A ndalus: AI-Mandrifue, como todo el mundo sabe,
un alcaide granadino inmigrado a Tetuán, junto con otrospatriotas, antes de la
caída de Granada. Ellosfueron los que repoblaron y reconstruyeron la ciudad y
AI-Mandri se casó con Sayyida al-Horra, hija de Mawlay > Ah ibn Ras/id y de
La/la Zuhra, una mudéjar de Vejer de la Frontera. Los tres habrían de ser los
campeones de la resistencia en el norte, en forma casi independiente del poder
wattasí central”3.
El sistema de acrobacias y presiones múltiples de los estados, tanto islámicos
como cristianos, de la Baja Edad Media, se altera en beneficio de un
GIL GRIMAU, Rodolfo, “Ceuta y Meliiia en los sigios XV y XVI”, Cuadernos del Archivo
Municipal. Ceuta, La frontera sur de AI-Andatus, Estudios de africanismo español y el Mogrib,
Madrid, ¡LEí, en prensa.
2 Ibtd
Ibid. Hago unas pequeñas conecciones al texto citado.314 Rodolfo Gil Grimau
enfrentamiento ideológico y económico de dos grandes bloques, uno de ellos el
otomano y otro el español imperial, en principio, ambos expansivos. Marruecos
va a ser apetencia de ambos y terreno de disputa de los dos, y de los portugueses,
sin que ninguna de estas fuerzas extrañas al país consiga apoderarse de él. Y aquí
entra la figura de Sayyida al-Hurra como la de uno de los protagonistas de la
resistencia y de la mezcla de culturas de la época, y sus formas de actuar.
En realidad, es poco lo que se sabe de la Noble Dama aunque haya bastantes
referencias históricas respecto a ella, algunas europeas. Aquí, yo no pretendo
aportar nada nuevo a su estudio, sino sólo unas reflexiones estimativas. Su historia
ha sido estudiada, en lo que ha sido posible hasta cada momento, por tetuaníes e
investigadores muy próximos a Tetuán y a Chefchauen como Sidi Muhammad
Dawud, Abderrahim Yebbur Oddi, Sidi Muhammad Ibo ‘Azzúz Hakím y
Guillermo Gozálbes Busto4, independientemente de otros como Chantal de la
Veronne o Roben Ricard, por ejemplo.
Conocida en la Historia como Sayyida al-Hurra, o Sitt al-Hurra, la Noble
Dama pudo haber tenido o no el nombre propio de ‘Ay~a, ajuicio o no de Dawud
y de Ibn ‘Azzúz, en cuyo caso lo de al-Hurra —la libre— sería un apelativo que le
fue dado cuando tomó el gobierno de Tetuán. “In 1515, upon the death of her
husband, though already confirmed prefect of Tetouan, gained the title of
al-Hurra, that is, a woman wielding sovereign powe?”, dice un texto actual
trasladando esa opinión, aunque el apelativo de Sayyida al-Hurra viene a significar
Noble Dama y lo han llevado varias notables mujeres musulmanas. Lo cierto es
que fue hija de MawlAy ‘AlT ibn Ra~id, ~ar~descendientede Sidi ‘Abd al-Salám
Ibn Ma~i~, y de Lalla Zuhra Fernández, una mudéjar o morisca de Vejer de la
Frontera, cerca de Cádiz, o tal vez una elche.
El nombre propio de ‘Ay~a, que a veces se le atribuye, puede venir de una
identificación de nuestra Sitt al-Hurra con otra piadosa y Noble Dama de ese
nombre y tiempo, que fue la madre del cronista lbn Mkar. El padre de la nuestra,
que seguramente habta combatido en las últimas guerras de Granada a favor o en
contra de los reinos cristianos peninsulares, se había convertido en un príncipe
prácticamente independiente de los wattasíes de Fez, formando un mini-estado en
Beni ‘Arús, Beni Husmar y eiebála, con capital en Chauen, ciudad que fundó
poblándola con gente de lacomarca y con andalusíes, especialmente los emigrados
granadinos que escapaban del avance de los Reyes Católicos.
De su madre sabemos que tenía un hermano, Martín Fernández, que islamizó
igualmente, si es que no era ya musulmán, tomando el nombre de ‘AlT Fernando;
4MUHAMMADDAWUD, Tar,jTiswon, Titwan, 1959-1379. IBN ‘AZZUZI-IAKÍM. Muhanimad,
‘Silta al-Hurra, princesa de Chafchauen”, Cuadernos de la BibliotecaEspañola de Tetu,ln, 15, Tetuán,
97-i15. YEBBUR 0DDi. Abden’ahim, “Los Ben-Raehed de Chefchauen y su significación en la
Historia de Man-uccos septentrional”, Tetuán, 1953. GOZÁLBES BUSTOS (sic.), Guilienno, “Su al
Hurra, gobernadora de Tetuán (sigio XVI)”, .4aas delCongreso Internacional El Estrecho de Gibraltar
1987, UNED. 1988, Madrid.
– www.ottoman-traderscomlBio2htmlSayyida al-Hurra 315
persona que debió tener puestos de responsabilidad en Tetuán y en la cora de
Arcila.
“Del matrimonio Ben Rasid Zuhra hubo doshijos. Un varón Mawlay Ibrahim
una hembra Sit al Hurra. El primero, probablemente el primogénito, alcanzó las
más a/tas cimas de lajáma ydel poder entre sus contemporáneos. Sucesor de su
padre en los dominios de la montaña, fue además, va/ido del sultán de Fez, el
cual, por añadidura le debía el trono (…) Su hermana, Sit al Hurra, no queda
atrás en cuanto a fama y carácter Debió casarla su padre siendo aún una tierna
adolescente con el ex alcaide granadino, Ah al-Mandan, e/fundador de Tetuán”6
‘Alt al-Manzar?, probablemente con una ..W osca ~ de una localidad
granadina llamada >kz.iI, fonéticamente transformado en ~.>.ázJ >
Al-Mandan> AI-Mandrí, apellido que aparece en documentos granadinos como
AI-Manzarí o AI-Manzirí, con • , y en documentos referentes a moriscos
granadinos transcrito como Mandan, era procedente del Reino nazaní de Granada,
con cuya familia real estaba emparentado por su matrimonio con Lalla Fátima,
de quien seguramente tuvo hijos que debieron formar parte de la arisiocracia
tetuanu.
Cabe la posibilidad de que haya conocido a lbn Raátd en las guerras de
Granada, cuando él era alcaide de Piñar, una fortaleza granadina que al parecer
rindió a los Reyes Católicos, quizás a instigación de Boabdil, y que se haya
venido a GebAla por invitación de aquél, asentándose en la zona de Tetuán para
establecer una ciudad fortificada, inmediata al río, que entonces era navegable y
útil para el corso, muy próxima a Ceuta, a la que podía controlar puesto que era
plaza fuerte portuguesa. A los mugáhidín, como he dicho antes, competía vigilar
y luchar contra la intervención extranjera, ya que el poder central wattasí era
débil, y eso era lo que se habían propuesto hacer Mawlay ‘Alt ibn Ra~id y sus
aliados; tanto más los granadinos inmigrantes, que esta manera continuaban su
guerra.
Tetuán fue reconstruida por los granadinos en 1485 o 1486 y cabe suponer,
también, que en ese momento, AI-Mandrí estaría entre los treinta y los cuarenta
años, dada su vida adulta anterior, las responsabilidades que había desempeñado,
la emigración y el tiempo que tardóen construirse el blad, o núcleo urbano inicial
de la ciudad reedificada.
De 1485 a 1510, o 1512, año en el que Sayyida al-Hurra se hizo cargo del
poder, en Tetuán, en nombre de su marido y tal vez por incapacidad de éste, que
se había ido quedando progresivamente ciego tal vez por una herida de guerra, hay
unos veinticinco años en los que deben haberse producido el nacimiento de la
misma Sayyida al-Hurra, su matrimonio, el nacimiento de sus hijos y su propio
aprendizaje político. Es posible, sin embargo, que no se haya hecho cargo del
poder en l5l0-1512, en nombre de su marido sino que haya habido un reparto
de funciones, por decirlo de algún modo: el gobierno interno de la ciudad para ella
e GOZÁLBES BUSTO, op. cli, 463.316 Rodo/fo Gil Grimau
y el campo de batalla para él, hasta que el guerrero se ve obligado a quedarse en
casa alrededor de 1520.
Podríamos pensar que nuestra Noble Dama nació en torno a 1485, algo
después que su hermano Mawláy Ibráh¡m, al mismo tiempo que nacía Tetuán, y
una vez que su padre estaba ya firmemente asentado en su estado de Chauen y de
toda la región. Podríamos pensar, también, que se casó con AI-Mandri en torno
a 1500, con una diferencia de edad de unos treinta o cuarenta años entre ambos,
lo que no parece haber afectado su entendimiento mutuo, puesto que ella aprendió
a su lado y estuvo colaborando con él y, luego, representándolo y cuidándolo
hasta su muerte; cosa que no se hubiera producido de no existir un consenso en
la pareja y una adaptación de sus caracteres, indudablemente recios.
Ciertamente que hay otras posibilidades. Una, la expuesta por Dawd y otros
autores marroquíes, de que no fue ‘Alt AI-Mandá el marido de Sayyida al-Hurra,
sino un sucesor suyo del mismo nombre, tal vez un nieto. Otras, las que presumen
una ocupación del poder por un hecho defacto: “She came into power, managing
herhusband’s affairs in andaround 916/1510. Shoríly after she got heneifnomed
governor of that city-state”7. El académico Gozálbes Busto piensa, por el
contrario, que: “La Noble Dama estuvo casada con el genuino Mandan, el
fundador de Tetuán, Y no hubo másguerreros ni dirigentes con ese nombre en la
historia tetuaní’8 Y dice que: “En el niomento de su muerte Sidi Ah Al Mandan
llevaba muchos años inactivo delcampo de batalla y, probablemente, como rector
de los asuntos de la ciudad por élfundada. Su mujer, Sit Al Hurra bent RaSid
soportaba desde hacía tiempo el peso de aquellos asuntos internos que no
requerían una especial técnica o distinto saber del habitual Ú.) Por lo demás,
ella no figuró nominalmente como dirigente, sino cuando su marido, impotente
por la edad y la ceguera, quedó prácticamente arrinconado en su propia
senilidad’9
Lo cierto es que, en lomo a 1510-1520, la pareja casó a una hija de ambos
con un hijo de Hasan Hásim o quizás Há~im, granadino inmigrado procedente de
Baza y tal vez rival de AI-Mandrt en el gobierno de la ciudad, y Sayyida al-Hurra
estuvo apoyándose más o menos verbalmente en su yerno Ahmad para regir
Tetuán, aunque su sostén fundamental lo haya tenido, a partir de 1527, en su
hermano MawlAy Ibráhtm, que gobernaba en Fez como valido del sultán Ahmad
al-Wattast. Acaso fue en esos años cuando otra hija de la pareja se casó con un
tal Abu ‘Alt o Bu’alT, asimismo de origen granadino, vinculado a una familia que
más tarde intervendría activamente en la sucesión de Al-Mandil y de la propia
Sayyida al-Hurra. Y debió de ser igualmente en esa década cuando AI-Mandñ
tuvo que dejar los campos de batalla para cuidar de su salud, y Sayyida al-Hurra
se ocupó mucho más de todo lo referente a la ciudad, a su política y a su
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‘~z~[~E~5 BUSTO, op. cit. 468.
‘ Ibid 468-89.Sayyida al-Hurra 317
economía, seguramente sostenida por la presencia física y los consejos expertos
de su marido.
La inmigración granadina, como buena parte de la andalusí y de la morisca
posterior, se dedicaba de modo muy activo al corso, actividad oficialmente
permitida y alentada por los Estados, con la que sacaba riqueza y mermaba la
capacidad comercial, humana y militar de sus enemigos, en este caso los cristianos
peninsulares. AI-Mandñ y Sayyida al-Hurra sostuvieron y financiaron la
navegación corsaria, o la controlaron y abastecieron cuando no era propia,
aprovechando el excelente caladero del río, que estaba resguardado. “She then
made contact with the Turkish corsair Barbarosa, and assembled a fieet, then
launched intoprivateering in the western Mediterranean, becoming the undisputed
Queen of the Pirates in that region””0.
El empeño que puso Sayyida al-Hurra en proteger esta actividad concitó en
contra de ella muchas enemistades, tanto extranjeras como marroquíes, que
empezaron a pesar en su perjuicio, y en el del sultán, que lo consentía a pesar de
los acuerdos internacionales. No pareció importarle verdaderamente hasta 1539-
1540.
En 1539 murió Mawláy Ibráhim, el hermano uterino de Sayyida al-Hurra y
su protector, y se hizo cargo del gobierno de Chauen su hermanastro Sidi
Muhammad, con quien no se llevaba bien y que, a partir de esa fecha, intentó
intervenir en Tetuán. Gozálbes Busto cree que Al-Mandil continuó en vida hasta
1540: “Todavía suspiraba por España el viejo caudillo”’1, dice siguiendo un
testimonio contemporáneo; pero, de todas formas, murió en ese ano.
Muerto su marido, ella continuó rigiendo la ciudad con un asociado más o
menos ficticio, que fue su mismo yerno Ahmad, probablemente con menoscabo
para sta otro yerno Bu ‘Al?, lo que habría creado rivalidades entre sus dos hijas.
Sin embargo, dadas las dificultades que se le fueron acumulando, en 1541 dio un
vuelco a la situación, logrando que el propio sultán Ahmad al-Wattas¡ se casara
con ella. Con lo cual “prescinde evidentemente de todos los prejuicios y maneja
a su antojo los asuntos de la región”’2 “Afier the death of her husband, she
married the King ofMorocco, Ahmed a/-Wattasi. in order to show him that she
had no intention ofgiving up herpolitical role in the north, she requestedthat he
leave his capitol of Fez and come to Tetouanbr the ceremony. it was the only
time in the history of Morocco that a king was married awayfrom the capitol”’3
En esta boda real debemos ver, casi con toda seguridad, un interés para
ambas partes. El beneficio para Sayyida al-Hurra parece evidente: conseguir un
nuevo mantenedor político, el máximo, si no el mejor tal vez. El dividendo para
el sultán, independientementede la amistad que tuviera por su valido muerto, debe
haber sido muy importante como para ir a casarse a otra ciudad, que no era la
ww w-
,ííon,an-tirados –
corn/Bio2-html
‘‘Ibid 469,
‘2 Ibid. 470,
a, –
itorna n-tradcrs cornil)io2-
híml318 Rodolfo Gil Grimau
capital, con una súbdita suya; un dividendo político y el mantenimiento de una
prosapia que le garantizaba el orden y el vigor en el norte del país, dentro del
modernismo representado por los andalusíes.
Sin embargo, en 1451, el gobernador portugués de Ceuta cerró el puerto al
comercio de Tetuán, por causa del excesivo celo de la gobernadora en la
protección del corso y por el incumplimiento de los acuerdos. No sólo muchos
tetuanies, portugueses, españoles y otros se sintieron perjudicados con este cierre,
sino que el propio sultán se quejó y trató de intervenir diplomáticamente. Esto,
unido a las banderías interiores y a la mistna personalidad de al-Hurra, tal vez
muy exeluyente, precipitaron un final brusco.
El 22 de octubre de 1542, Hasan Hásim o HA~im, el consuegro de Sayyida
al-Hurra, viniendo de Fez con un grupo de jinetes y en connivencia con su hijo
Ahmad, y las facciones contrarias a la gobernadora, entró en Tetuán y dio un
golpe de poder destituyendo a Sayyida al-Hurra, expulsándola de la ciudad y
arrebatándole los bienes. “Sometime It wasn‘t until 949/1542 that she was
deposed, holding power in the region from Tetouan jor over thirtv years”’4.
Efectivamente, fue “Citalforra alcaidesa y senhora de dicha ciudad’ —como dicen
los Anais portugueses— durante más o menos treinta años. “Al-Hurra ibn Banu
Rashid al-Mandri al-Wattasi Hakima Taiwan was a Moroccan of Andalusian
Origin. The last one in Islam‘s History lo bear the tule al-Hurra”’5, resume su
vida el texto en inglés con el que aparece en las bases de datos informáticas
actuales.
Este ‘golpe de Estado’ queda muy oscuro. Parece ser que Há~im el viejo
salió de Fez porque había sido ofendido por el sultán, marido entonces de Sayyida
al-Hurra, aunque había ido con él después de la boda y era tratado como alcaide;
parece incluso que el sultán avisó a la Noble Dama, pero desconocemos por qué
ella no le hizo caso, y no sabemos en qué medida conspiraron las propias hijas de
ésta en contra de su madre y en favor de sus esposos, si bien parece que lo
hicieron. Ni sabemos si el sultán quedó hasta cierto punto complacido con este
final, puesto que tal vez contara con que los sucesores de la Noble Dama iban a
ser más fáciles que ella misma.
¿Qué fue de Sayyida al-Hurra después? No lo sabemos.
Parece del mismo modo que haya regresado a la casa paterna en Chauen, en
donde se aisló y en donde probablemente falleció, ignoramos en qué fecha. Está
enterrada cerca de esa casa, en la zñwiyya raisaniyya.
Una vez desaparecida de Tetuán, la ciudad fue gobernada por su yerno
Ahmad, y puede que por un hijo de éste, o sea un nieto de al-Mandrí y de
Sayyida al-Hurra, que tal vez adoptó el apellido AI-Mandrí, y en tal tiempo hubo
luchas entre los Hasim o Há~im y los Abíl ‘AlT, o sea guerras internas familiares
que implicaban a los grupos granadinos, hasta que un nuevo sultán hizo ocupar
‘ Ibid
Ibid.Sayyida al-Hurra 319
la ciudad por tropas en buena parte de origen morisco, en 1562.
¿Cuáles pueden ser las reflexiones que tengamos, y la valoración que
hagamos, acerca de esta mujer —la Noble Dama de cultura mixta— de su
personalidad, su carácter, sus acciones y su circunstancia?
Resulta muy difícil meterse en la interpretación de una persona como ésta
—así de contrastada entre luces y sombras— tanto más cuanto que no disponemos,
por ahora, de más material histórico que el analizado por los historiadores antes
dichos, ni de más fuentes. Tal vez convenga, no obstante, repasar los datos que
tenemos desde dentro, subjetivamente, empezando por la circunstancia, que por
supuesto es la de la etapa en la que vivió y fue protagonista de cosas.
Aquella fue una época en la que se re-equilibró prácticamente todo: las vías
comerciales, el concepto y la anchura del mundo, el concepto del Estado, la
ciencia y la invención, el ten con ten de las religiones, los bloques expansivos, la
emigración, el saber, los indices demográficos, la alimentación, los ejércitos, el
arte… y cuántos factores más! La gente que participó, dentro del área siempre
sensible y compleja del Estrecho de Gibraltar, lo hizo adecuándose a las nuevas
medidas sobre un tejido social muchas veces antiguo o pasado, no pudiendo
mantenerse en pie de cara a la ola por falta de un suelo estable. Es lo que
probablemente ocurrió con Sitt al-Hurra. Sin embargo, ella tuvo el coraje y la
inteligencia de ser una protagonista de la circunstancia.
Sus acciones fueron seguramente las adecuadas dentro de su entorno político
y social, dentro de su paisaje. Gobernó porque procedía de una familia de
gobernantes y estaba casada con un caudillo; el gobierno y la dirección eran su
ambiente desde niña y, en cuanto tuvo que hacerlo, o su marido le propuso que
lo hiciera, lo hizo, quizás con un endurecimiento y un exclusivismo progresivos
que terminaron por perjudicarle. No supo continuar siendo una mujer
extraordinaria apoyada en un hombre, en una sociedad de hombres, y quiso ser
ella misma el hombre con un comportamiento de tal y con desafio; lo cual, en
aquella época, era imposible de imponer y de mantener. El hecho de que nadie se
opusiera abiertamente a su caída, lo prueba.
Que tuvo un carácter serio, acaso minucioso y atento a todo, pero recio,
parecen probarlo su vida y sus acciones. Que utilizó a las personas que la
rodeaban, no dándoles la suficiente autonomía, posiblemente. Que amó la libertad
y la eficacia, también, y no sólo por sus hechos y por su lucha en contra de los
invasores enemigos, sino por un más que probable combate interior en contra de
la gente versátil, acomodaticia, vanamente ambiciosa o cerril que la debió rodear.
Y podemos suponer que sintió afectos fuertes: la amistad y la confianza con su
hermano uterino, y la deferencia, quizá la admiración y en todo caso la
colaboración respecto a su marido, pueden ser un testimonio.
Su personalidad parece haber estado muy marcada por la de su madre, una
mujer de otra cultura, o de cultura mixta, seguramente voluntariosa y adaptable.
Indudablemente lo estuvo por su padre, un constructor de Estados, un jefe. Y, sin
duda, por AI-Mandñ, su marido, tan parecido a su padre por la ocupación pero
también a su madre por el origen. No debió ser una mujer altiva, aunque si320 Rodolfo Gil Grimau
convencida de poder superar a todos, por lo que terminó pecando de confiada. Y,
por lo tanto, es posible que haya creído mucho en sí misma, siendo también una
buena creyente en Dios, que debió aceptar, sobre todo en la etapa silenciosa y
última de su vida, lo que el Altísimo le fue dando.

Rodolfo GIL GRíMAU
Instituto Cervantes de Lisboa

La Biblioteca de Alejandría

La Biblioteca de Alejandría constituye un evento que resulta extraño. Parece no encajar en un mundo sumido en las tinieblas. Y la historia que hay detrás es, en cierto modo, una romántica metáfora sobre los anhelos de conocimiento, los miedos a saber lo que no se debe saber, y los conflictos entre creencias, que poco o nada se conmueven ante las evidencias. A continuación, cinco cosas sobre este rara avis del conocimiento, también científico, en una época (fue fundada en 330 a. C.) donde la brutalidad se premiaba mucho más que saber leer.

alexandria history

1. Todo el conocimiento
Actualmente no existe equivalente físico a la Biblioteca de Alejandría. Sí, la Biblioteca Británica recibe un ejemplar de cada obra que se publica en inglés, pero no aspira a albergar una colección de manuscritos de todo el mundo ni contener la suma del conocimiento humano. Acaso el equivalente digital más próximo sea una mezcla de Wikipedia con Google.

2. El conocimiento no es de nadie
Con la misma ferocidad con la que Google intenta escanear todos los libros del mundo, hace más de dos mil años se intentó acaparar cada fragmento de información útil que se hallara por el mundo. No importaba quién lo había escrito. Lo importante era conservarlo y conectarlo al resto de información. Así que, tal y como explica Simon Garfield en su libro En el mapa:
Se confiscaron bibliotecas privadas por el bien común: los manuscritos que llegaban a la ciudad por mar se transcribían o traducían, y no siempre se devolvían: con frecuencia, los barcos se hacían a la mar con copias, en vez con los originales.

3. Papiro
La Biblioteca de Alejandría no tenía forma de digitalizar la información, de modo que necesitaba un soporte para conservarla. Ese soporte era el papiro. Tan importante se hizo el papiro en una época donde el papiro no era especialmente útil para nada, que Alejandría se convirtió en el mayor exportador de papiro a Europa.
Y de repente la oferta de papiro para la exportación se agotó. Algunos afirmaban que todo el papiro se empleaba para abastecer a la Gran Biblioteca, mientras que otros detectaron una trama destinada a impedir el desarrollo de colecciones rivales: elitismo, pasión y búsqueda que reconocerán todos los coleccionistas obsesivos de libros y mapas.

4. La primera universidad
La Biblioteca de Alejandría fue la primera universidad del mundo, un centro de investigación y diálogo, entre cuyos eruditos se encontraban el matemático Arquímedes y el poeta Apolonio. Allí se debatían los principios médicos y científicos, así como cuestiones de filosofía, literatura y administración política.
Aquí también fue donde se dibujaron los primeros mapas del mundo.

5. Alejandro
La creación de la Biblioteca se debe en gran parte a Alejandro Magno, que había estudiado con Aristóteles moral, poesía, biología, drama, lógica y estética. Tras sus conquistas, aspiró que su legado no fuera un símbolo de destrucción, sino de cultura. Un lugar donde la concepción helenística del mundo se difundiera por todo el imperio y más allá.

La Biblioteca se terminó varias décadas después de la muerte de Alejandro:

Si hoy diéramos un plano de la antigua Alejandría, veríamos un lugar metódico, un sistema reticular de bulevares y pasajes. Al este, un Barrio Judío densamente poblado, mientras que la Biblioteca y el Museo se hallan en el centro, en el Barrio Real. La ciuad está rodeada de agua, con el Gran Puerto (donde se hallan los palacios reales) en pequeñas islas, al norte. En el puerto se levanta el Faro, una de las Siete Maravillas del Mundo, de más de cien metros de altura, y sobre él arde una llama que, reflejada por un espejo, es visible a una distancia de 50 kilómetros mar adentro. Sería difícil no percibir la metáfora: Alejandría era una atalaya, un hito liberado y liberador en una ciudad que palpitaba con el pensamiento más avanzado.

IBN AL-ABBÂR | ابن العبار

Aunque tolerantes con las religiones y costumbres de su población, esta dinastía siempre miró con el máximo recelo a cuantos intelectuales procedentes de Oriente pudiesen inculcar a los andalusíes sus ideas más o menos heréticas: alíes, jariyíes u otras. 

Los omeyas orientales no habían reconocido a ‘Alî y tampoco lo hicieron los de al-Andalus, aunque la conciencia del pueblo, y sobre todo de los ulemas y alfaquíes, ya le reverenciaba como compañero dilecto del Profeta.

Las personas que viajaban a Oriente por motivos de peregrinación, comerciales u otros, frecuentemente volvían impregnados de una cultura superior, transmitiendo conocimientos científicos, costumbres o ideas políticas y filosóficas exóticas, como las de la shi’a.
Con ´Abd al-Rahmán II (822-852) entraron en al-Andalus la música, la administración y las modas cortesanas de Bagdad, pero siguió el silencio sobre los alíes.

Abd al-Rahmán III, sin embargo, se encontró con una situación nueva para el emirato de Córdoba: la doctrina shi’í, hasta entonces minoritaria aunque con oleadas de reclutamiento cada vez mayores, se había materializado por fin en un Estado: el de los fatimíes de Túnez, quienes a partir del año 909 someterían además amplias zonas del Magreb central y occidental. Anteriormente habían surgido en Bahreyn y el sur de Iraq los qármatas, grupo mas reducido y de ideas extremistas que sería desautorizado y combatido por los fatimíes. Estos últimos también intentaron infiltrarse en al-Andalus enviando propagandistas.
Tan grave amenaza llevó a Abd al-Rahmán a proclamarse heredero del califato omeya de Oriente (!!), y a iniciar una política expansiva en el norte de África, donde las campañas entre omeyas y fatimíes, apoyándose en las tribus interpuestas, se sucedieron sin fin durante todo su reinado. Pero al final de éste sólo Tánger y Ceuta le obedecían: la ofensiva de Ramiro II de León había desviado su atención. Entre tanto la dinastía oriental de los abbasíes era tutelada por los príncipes “buyíes”, shi’itas duodecimanos, que se apoderaron de Bagdad en 945 y controlaron la zona hasta 1055. Se trata de un siglo, pues, prácticamente tomado por el shi’ismo.

La salida de Túnez del cuarto califa Fatimí, y el desplazamiento de su capital a El Cairo, permitió a al-Hakam II retomar la iniciativa en el Magreb. Este califa ilustrado se dedicó a escribir sobre la shia para negar la legitimidad de la dinastía fatimí, al tiempo que se intensificaba la campaña contra la real o supuesta propaganda: en esta época se condena a muerte a Abû l-Jayr, un predicador heterodoxo supuestamente fatimí, sin darle opción a “ì´dâr” o autodefensa, lo que suscitó las protestas de algunos alfaquíes.
Al mismo tiempo los andalusíes pro-fatimíes optaban por abandonar al-Andalus; este es el caso de Ibn al-Hâni de Elvira, que se convirtió en el vate oficial del califa fatimí al Mu’îzz (m.975).
Tras la dictadura de Almanzor y el hundimiento de la dinastía omeya el año 1016, algunos grupos alíes como los beréberes hammûdíes toman el poder en Córdoba y otras provincias. En torno a ellos, poetas como Ibn Darraÿ al-Qashrallî expresan una oportunista devoción a la familia del Profeta, mientras los omeyas caen en la infamia más espantosa: citemos al poeta Ayyûb b. Sulaymân al-Suhayli, al que Avempace aconseja huir del país por ser de estirpe omeya.
Con los almorávides (1090-1145) y sobre todo con los almohades (1130-1223), que imitaron algunos principios y comportamientos shî ‘itas, se consolida y desarrolla esta línea literaria. La filosofía, la ciencia y la mística viven su mayor esplendor.
El poeta murciano Safwân b. Idris (1165-1201) cuenta cómo pasó de la alabanza a los príncipes a la de la familia del Profeta: el califa almohade, que le había negado la mano de su hija tuyo un sueño en el cual el Profeta le ordenaba concedérsela. (1) Nâhid al-Wâdi Âshi, (de Guadix, m. 1218) es autor de una casida muy afligida sobre Husayn:

“¡Ay del pueblo que le abandonó enrojecido por la sangre, extenuado y abatido; manchado de polvo, le dejaron los miembros cercenados, con cada espada india asesina.(a Yazid): ¿Acaso anhelas, desdichado de ti, la intercesión de su abuelo?
¡Quita allá! ¡No, por El que hace girar los cielos!” (2).

Paralelamente, tanto en al-Andalus como en el Magreb se desarrolla desde el siglo XIII el género de las mu’ashsharât o décimas en alabanza del Profeta, sus nombres y sus objetos, en las que el comienzo del verso ha de coincidir con el final, género que adquiere cada vez más complicación y amaneramiento. El famoso místico andalusí Muhyi l-din Ibn al-´Arabî (1164-1240) compuso una colección de poemas de este tipo, aunque no demuestra el dominio técnico que este género requiere. La poesía era para estos poetas un medio de lograr los favores divinos (3).
Muhammad ibn Faraÿ de Ceuta (segunda mitad del siglo XIII), además de componer, recogió los poemas del mismo estilo de Abû l-Rabî’ b. Sâlim al-Kilâ´i (m. 1237), discípulo de Safwân b. Idris y principal maestro de Ibn al-Abbâr, al que pudo transmitir las casidas husayníes de Safwân.

IBN AL-ABBAR

Abû ‘Abdallâh Muhammad ibn ‘Abdallâh (…) b. Abi Bakr al Qudâ ‘i, conocido por Ibn al-Abbâr, nació en Valencia en enero o febrero del año 1199. Al-Abbâr era el laqab o sobrenombre de su antepasado, acaso indicativo de su oficio: “fabricante de agujas”.
Los qudâ’íes constituían una familia yemení establecida desde antiguo en Onda, ciudad de la región de Valencia. El padre de nuestro autor era uno de esos poetas alfaquíes que entonces componían la élite de Valencia. Refiere Ibn al-Abbâr que recibió de él la mejor educación, y que le llevaba a las tertulias literarias a las que asistía. De Abû l-Rabí b. Sâlim y de Abû l-Jattâb b. W. aÿib al-Qaysi obtuvo su sólida formación de historiador, que le hizo uno de los más importantes de al-Andalus.
Según parece no tuvo hermanos varones, pues no los cita al hablar de su padre, ni al referir que heredó de él “todos sus libros”.
Tuvo una juventud alegre, cultivando la poesia e iniciando pronto la carrera administrativa. Viajó por todo al-Andalus para ampliar sus conocimientos del hadiz. Encontrándose en Badajoz en 1222, supo de la muerte de su padre, por lo que volvió a Valencia y quedó bajo la tutela de su maestro Abû l-Rabî b. Sâlim. Entonces entró al servicio del gobernador Abú Zayd como secretario. Por esa época debió unirse en matrimonio a la familia valenciana de Ibn al-Wazîr, originaria de Paterna.
En 1229, Abû Yamil b. Zayyân Mardânish, hijo del héroe local que se alzó contra los almorávides, protagoniza ahora el mismo papel contra los almohades. Abu Zayd huye con su secretario a tierras cristianas y se acoge a la protección de Jaime I de Aragón para que le ayude a recuperar Valencia. Como acabase haciéndose cristiano, Ibn al-Abbâr decidió abandonarle y volver a al Andalus. Tras una serie de peripecias lo hallamos de nuevo en Valencia en 1231, reconciliado con Ibn Mardânish, que en la época almohade había sido amigo y colaborador suyo y ahora le nombra su visir.
Tras la derrota de Las Navas de Tolosa en 1212 al-Andalus se había dividido en unas nuevas taifas, las terceras de su historia. El caudillo hispano-árabe Ibn Hûd fue aclamado en Murcia y casi toda Andalucía, e Ibn Mahfûz se apoderó de Niebla, pero nadie pudo impedir que Fernando III conquistase Córdoba en 1236.
Jaime I derrotó a los musulmanes en Pueyo de Cebolla en 1237, y un año después inicia el asedio de Valencia. Abû Yamil decidió enviar una embajada marítima a pedir socorro al emir hafsî de Túnez, poniendo al frente de ella a Ibn al-Abbâr. Allí recito su famosa casida en la que describe las trágicas circunstancias que atravesaba al-Andalus:
“Tabernas donde antes hubo lugares sagrados,
iglesias donde antes hubo mezquitas”.

Emocionado, el sultán resolvió ayudarles enviando doce naves con armas, pertrechos y dinero; pero al llegar a Valencia se encontraron el puerto bloqueado y tuvieron que desviarse a Denia. Cuando Ibn al-Abbâr llega a Valencia sus habitantes va se disponen a rendirse. El emir le elige mediador en las negociaciones y el 29 de septiembre de 1238 firman el acta de entrega.
De Valencia fueron a Denia, desde donde se les volvió a ex pulsar más tarde. Habiendo vuelto a acudir a Túnez en 1239, el qudâ’í regresó a Murcia con Abû Yamil en 1240, para poco después emigrar con su familia a Túnez, donde permanecería el resto de su vida.
El emir lo acogió excelentemente, haciéndole su panegirista y el escriba de su divisa en los documentos oficiales. Pero el hecho de ser sustituido en esta última función por un escriba oriental parece que fue la causa de que expresara sus protestas y el emir le desterrara a Bugía en 1248. Lo cierto es que Jbn al-Abbâr tenía ya algunos enemigos en la corte, como el envidioso visir Ibn Abi l-Husayn.
En Túnez había terminado de escribir su “Takmila li-Kitâb al Shia”, sobre biografías de sabios de al-Andalus . En Bugía terminará “al-Hullà l-siyarâ”, biografías de los príncipes-poetas que hubo en el Islam. Allí mismo escribe “I’tâb al-kurrâb” (Disculpa de los secretarios), en cuya introducción pide al emir y a su heredero que le perdonen.
Fue perdonado por Abû Zakariyyâ, pero éste murió poco después y le sucedió su hijo Abdallâh, más tarde llamado al-Mustansír bi l-Lâh, monarca cruel que durante su vida habría de sofocar constantes revueltas. Ibn al-Abbâr pasó a ser su consejero.
Los historiadores posteriores tienden a describir a nuestro autor como orgulloso y antipático, señalando que solía irritar al emir con su erudición y sus elogios a al Andalus. Es muy probable que su carácter se hubiera degradado desde que se exiliara de al Andalus, al perder amigos y recuerdos. Por otra parte la emigración andalusí había ido a parar mayoritariamente a Bugía y Túnez, en cuya administración se colocaron muchos de ellos, lo que provocó la hostilidad de los tunecinos.
No se sabe por qué, en 1252 al-Mustansir le destierra a Bugía como hiciera su padre antes, y allí escribe su “Durar al-simt fi ja bar al-sibt”; escribiendo además una obra análoga en verso hoy perdida.
Al extinguirse definitivamente el califato de Bagdad en 1258, al-Mustansir se proclamó califa, y las mismas Medina y La Meca le dieron su reconocimiento.
En 1259 Ibn al-Abbâr recibió una carta en la que se le comunicaba que había sido perdonado, pero un año más tarde sus enemigos urdieron contra él el peor complot, que desembocó en su condena a muerte. Se desconoce la causa exacta de su ejecución. pero se barajan varias: que hizo un horóscopo al príncipe heredero al-Wâthiq que desagradó a su padre, que se le acusé de practicar la astrología y de ser shiíta (¿acaso por su “Durar al-simt “?. que había hablado o escrito mal de su emir o que estaba implicado en una gran conspiración. El resultado es que el califa mandóhacer un registro de su casa a sus peores enemigos, que encontraron allí un verso en el que insultaba así a al-Mustansir:

“En Túnez reina un tirano
al que neciamente llaman califa”.

Ibn al-Abbâr murió alanceado el 6 de enero de 1260, y su cadáver y sus libros fueron quemados. Sin embargo hoy es famoso en todo el mundo árabe y recibe elogios de los historiadores europeos, sobre todo en su calidad de historiador.
Sabemos que tuvo hijas pues habla de ellas en una casida, y en otra de sus “niños” en general, pero no sabemos si dejó hijos varones. Conocemos siete u ocho de sus discípulos, entre ellos a Ibn Sâlih al-Kinâni, de Játiva (m. 1299), que transmitió su libro “Durar al-simt” al historiador y místico al-´Abdarî y a otros. Fue maestro de Abû l-Muhaymân al-Hadramî ; de Abû Isháq b. Abi l-Qâsim al-Tuÿinî (m. 1262), funcionario tunecino que le defendió entre sus compatriotas, y su hijo Abû l-Hasan b. ´Ali que recibió de Ibn Sâlih el “Durar al-simt”. Obra clave de el shi´ismo en Al-Andalus.

F: http://www.islamtimes.org/vdcao0n6.49ney1ghk4.html

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