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La Biblioteca de Alejandría

La Biblioteca de Alejandría constituye un evento que resulta extraño. Parece no encajar en un mundo sumido en las tinieblas. Y la historia que hay detrás es, en cierto modo, una romántica metáfora sobre los anhelos de conocimiento, los miedos a saber lo que no se debe saber, y los conflictos entre creencias, que poco o nada se conmueven ante las evidencias. A continuación, cinco cosas sobre este rara avis del conocimiento, también científico, en una época (fue fundada en 330 a. C.) donde la brutalidad se premiaba mucho más que saber leer.

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1. Todo el conocimiento
Actualmente no existe equivalente físico a la Biblioteca de Alejandría. Sí, la Biblioteca Británica recibe un ejemplar de cada obra que se publica en inglés, pero no aspira a albergar una colección de manuscritos de todo el mundo ni contener la suma del conocimiento humano. Acaso el equivalente digital más próximo sea una mezcla de Wikipedia con Google.

2. El conocimiento no es de nadie
Con la misma ferocidad con la que Google intenta escanear todos los libros del mundo, hace más de dos mil años se intentó acaparar cada fragmento de información útil que se hallara por el mundo. No importaba quién lo había escrito. Lo importante era conservarlo y conectarlo al resto de información. Así que, tal y como explica Simon Garfield en su libro En el mapa:
Se confiscaron bibliotecas privadas por el bien común: los manuscritos que llegaban a la ciudad por mar se transcribían o traducían, y no siempre se devolvían: con frecuencia, los barcos se hacían a la mar con copias, en vez con los originales.

3. Papiro
La Biblioteca de Alejandría no tenía forma de digitalizar la información, de modo que necesitaba un soporte para conservarla. Ese soporte era el papiro. Tan importante se hizo el papiro en una época donde el papiro no era especialmente útil para nada, que Alejandría se convirtió en el mayor exportador de papiro a Europa.
Y de repente la oferta de papiro para la exportación se agotó. Algunos afirmaban que todo el papiro se empleaba para abastecer a la Gran Biblioteca, mientras que otros detectaron una trama destinada a impedir el desarrollo de colecciones rivales: elitismo, pasión y búsqueda que reconocerán todos los coleccionistas obsesivos de libros y mapas.

4. La primera universidad
La Biblioteca de Alejandría fue la primera universidad del mundo, un centro de investigación y diálogo, entre cuyos eruditos se encontraban el matemático Arquímedes y el poeta Apolonio. Allí se debatían los principios médicos y científicos, así como cuestiones de filosofía, literatura y administración política.
Aquí también fue donde se dibujaron los primeros mapas del mundo.

5. Alejandro
La creación de la Biblioteca se debe en gran parte a Alejandro Magno, que había estudiado con Aristóteles moral, poesía, biología, drama, lógica y estética. Tras sus conquistas, aspiró que su legado no fuera un símbolo de destrucción, sino de cultura. Un lugar donde la concepción helenística del mundo se difundiera por todo el imperio y más allá.

La Biblioteca se terminó varias décadas después de la muerte de Alejandro:

Si hoy diéramos un plano de la antigua Alejandría, veríamos un lugar metódico, un sistema reticular de bulevares y pasajes. Al este, un Barrio Judío densamente poblado, mientras que la Biblioteca y el Museo se hallan en el centro, en el Barrio Real. La ciuad está rodeada de agua, con el Gran Puerto (donde se hallan los palacios reales) en pequeñas islas, al norte. En el puerto se levanta el Faro, una de las Siete Maravillas del Mundo, de más de cien metros de altura, y sobre él arde una llama que, reflejada por un espejo, es visible a una distancia de 50 kilómetros mar adentro. Sería difícil no percibir la metáfora: Alejandría era una atalaya, un hito liberado y liberador en una ciudad que palpitaba con el pensamiento más avanzado.

IBN AL-ABBÂR | ابن العبار

Aunque tolerantes con las religiones y costumbres de su población, esta dinastía siempre miró con el máximo recelo a cuantos intelectuales procedentes de Oriente pudiesen inculcar a los andalusíes sus ideas más o menos heréticas: alíes, jariyíes u otras. 

Los omeyas orientales no habían reconocido a ‘Alî y tampoco lo hicieron los de al-Andalus, aunque la conciencia del pueblo, y sobre todo de los ulemas y alfaquíes, ya le reverenciaba como compañero dilecto del Profeta.

Las personas que viajaban a Oriente por motivos de peregrinación, comerciales u otros, frecuentemente volvían impregnados de una cultura superior, transmitiendo conocimientos científicos, costumbres o ideas políticas y filosóficas exóticas, como las de la shi’a.
Con ´Abd al-Rahmán II (822-852) entraron en al-Andalus la música, la administración y las modas cortesanas de Bagdad, pero siguió el silencio sobre los alíes.

Abd al-Rahmán III, sin embargo, se encontró con una situación nueva para el emirato de Córdoba: la doctrina shi’í, hasta entonces minoritaria aunque con oleadas de reclutamiento cada vez mayores, se había materializado por fin en un Estado: el de los fatimíes de Túnez, quienes a partir del año 909 someterían además amplias zonas del Magreb central y occidental. Anteriormente habían surgido en Bahreyn y el sur de Iraq los qármatas, grupo mas reducido y de ideas extremistas que sería desautorizado y combatido por los fatimíes. Estos últimos también intentaron infiltrarse en al-Andalus enviando propagandistas.
Tan grave amenaza llevó a Abd al-Rahmán a proclamarse heredero del califato omeya de Oriente (!!), y a iniciar una política expansiva en el norte de África, donde las campañas entre omeyas y fatimíes, apoyándose en las tribus interpuestas, se sucedieron sin fin durante todo su reinado. Pero al final de éste sólo Tánger y Ceuta le obedecían: la ofensiva de Ramiro II de León había desviado su atención. Entre tanto la dinastía oriental de los abbasíes era tutelada por los príncipes “buyíes”, shi’itas duodecimanos, que se apoderaron de Bagdad en 945 y controlaron la zona hasta 1055. Se trata de un siglo, pues, prácticamente tomado por el shi’ismo.

La salida de Túnez del cuarto califa Fatimí, y el desplazamiento de su capital a El Cairo, permitió a al-Hakam II retomar la iniciativa en el Magreb. Este califa ilustrado se dedicó a escribir sobre la shia para negar la legitimidad de la dinastía fatimí, al tiempo que se intensificaba la campaña contra la real o supuesta propaganda: en esta época se condena a muerte a Abû l-Jayr, un predicador heterodoxo supuestamente fatimí, sin darle opción a “ì´dâr” o autodefensa, lo que suscitó las protestas de algunos alfaquíes.
Al mismo tiempo los andalusíes pro-fatimíes optaban por abandonar al-Andalus; este es el caso de Ibn al-Hâni de Elvira, que se convirtió en el vate oficial del califa fatimí al Mu’îzz (m.975).
Tras la dictadura de Almanzor y el hundimiento de la dinastía omeya el año 1016, algunos grupos alíes como los beréberes hammûdíes toman el poder en Córdoba y otras provincias. En torno a ellos, poetas como Ibn Darraÿ al-Qashrallî expresan una oportunista devoción a la familia del Profeta, mientras los omeyas caen en la infamia más espantosa: citemos al poeta Ayyûb b. Sulaymân al-Suhayli, al que Avempace aconseja huir del país por ser de estirpe omeya.
Con los almorávides (1090-1145) y sobre todo con los almohades (1130-1223), que imitaron algunos principios y comportamientos shî ‘itas, se consolida y desarrolla esta línea literaria. La filosofía, la ciencia y la mística viven su mayor esplendor.
El poeta murciano Safwân b. Idris (1165-1201) cuenta cómo pasó de la alabanza a los príncipes a la de la familia del Profeta: el califa almohade, que le había negado la mano de su hija tuyo un sueño en el cual el Profeta le ordenaba concedérsela. (1) Nâhid al-Wâdi Âshi, (de Guadix, m. 1218) es autor de una casida muy afligida sobre Husayn:

«¡Ay del pueblo que le abandonó enrojecido por la sangre, extenuado y abatido; manchado de polvo, le dejaron los miembros cercenados, con cada espada india asesina.(a Yazid): ¿Acaso anhelas, desdichado de ti, la intercesión de su abuelo?
¡Quita allá! ¡No, por El que hace girar los cielos!» (2).

Paralelamente, tanto en al-Andalus como en el Magreb se desarrolla desde el siglo XIII el género de las mu’ashsharât o décimas en alabanza del Profeta, sus nombres y sus objetos, en las que el comienzo del verso ha de coincidir con el final, género que adquiere cada vez más complicación y amaneramiento. El famoso místico andalusí Muhyi l-din Ibn al-´Arabî (1164-1240) compuso una colección de poemas de este tipo, aunque no demuestra el dominio técnico que este género requiere. La poesía era para estos poetas un medio de lograr los favores divinos (3).
Muhammad ibn Faraÿ de Ceuta (segunda mitad del siglo XIII), además de componer, recogió los poemas del mismo estilo de Abû l-Rabî’ b. Sâlim al-Kilâ´i (m. 1237), discípulo de Safwân b. Idris y principal maestro de Ibn al-Abbâr, al que pudo transmitir las casidas husayníes de Safwân.

IBN AL-ABBAR

Abû ‘Abdallâh Muhammad ibn ‘Abdallâh (…) b. Abi Bakr al Qudâ ‘i, conocido por Ibn al-Abbâr, nació en Valencia en enero o febrero del año 1199. Al-Abbâr era el laqab o sobrenombre de su antepasado, acaso indicativo de su oficio: «fabricante de agujas».
Los qudâ’íes constituían una familia yemení establecida desde antiguo en Onda, ciudad de la región de Valencia. El padre de nuestro autor era uno de esos poetas alfaquíes que entonces componían la élite de Valencia. Refiere Ibn al-Abbâr que recibió de él la mejor educación, y que le llevaba a las tertulias literarias a las que asistía. De Abû l-Rabí b. Sâlim y de Abû l-Jattâb b. W. aÿib al-Qaysi obtuvo su sólida formación de historiador, que le hizo uno de los más importantes de al-Andalus.
Según parece no tuvo hermanos varones, pues no los cita al hablar de su padre, ni al referir que heredó de él «todos sus libros».
Tuvo una juventud alegre, cultivando la poesia e iniciando pronto la carrera administrativa. Viajó por todo al-Andalus para ampliar sus conocimientos del hadiz. Encontrándose en Badajoz en 1222, supo de la muerte de su padre, por lo que volvió a Valencia y quedó bajo la tutela de su maestro Abû l-Rabî b. Sâlim. Entonces entró al servicio del gobernador Abú Zayd como secretario. Por esa época debió unirse en matrimonio a la familia valenciana de Ibn al-Wazîr, originaria de Paterna.
En 1229, Abû Yamil b. Zayyân Mardânish, hijo del héroe local que se alzó contra los almorávides, protagoniza ahora el mismo papel contra los almohades. Abu Zayd huye con su secretario a tierras cristianas y se acoge a la protección de Jaime I de Aragón para que le ayude a recuperar Valencia. Como acabase haciéndose cristiano, Ibn al-Abbâr decidió abandonarle y volver a al Andalus. Tras una serie de peripecias lo hallamos de nuevo en Valencia en 1231, reconciliado con Ibn Mardânish, que en la época almohade había sido amigo y colaborador suyo y ahora le nombra su visir.
Tras la derrota de Las Navas de Tolosa en 1212 al-Andalus se había dividido en unas nuevas taifas, las terceras de su historia. El caudillo hispano-árabe Ibn Hûd fue aclamado en Murcia y casi toda Andalucía, e Ibn Mahfûz se apoderó de Niebla, pero nadie pudo impedir que Fernando III conquistase Córdoba en 1236.
Jaime I derrotó a los musulmanes en Pueyo de Cebolla en 1237, y un año después inicia el asedio de Valencia. Abû Yamil decidió enviar una embajada marítima a pedir socorro al emir hafsî de Túnez, poniendo al frente de ella a Ibn al-Abbâr. Allí recito su famosa casida en la que describe las trágicas circunstancias que atravesaba al-Andalus:
«Tabernas donde antes hubo lugares sagrados,
iglesias donde antes hubo mezquitas».

Emocionado, el sultán resolvió ayudarles enviando doce naves con armas, pertrechos y dinero; pero al llegar a Valencia se encontraron el puerto bloqueado y tuvieron que desviarse a Denia. Cuando Ibn al-Abbâr llega a Valencia sus habitantes va se disponen a rendirse. El emir le elige mediador en las negociaciones y el 29 de septiembre de 1238 firman el acta de entrega.
De Valencia fueron a Denia, desde donde se les volvió a ex pulsar más tarde. Habiendo vuelto a acudir a Túnez en 1239, el qudâ’í regresó a Murcia con Abû Yamil en 1240, para poco después emigrar con su familia a Túnez, donde permanecería el resto de su vida.
El emir lo acogió excelentemente, haciéndole su panegirista y el escriba de su divisa en los documentos oficiales. Pero el hecho de ser sustituido en esta última función por un escriba oriental parece que fue la causa de que expresara sus protestas y el emir le desterrara a Bugía en 1248. Lo cierto es que Jbn al-Abbâr tenía ya algunos enemigos en la corte, como el envidioso visir Ibn Abi l-Husayn.
En Túnez había terminado de escribir su «Takmila li-Kitâb al Shia», sobre biografías de sabios de al-Andalus . En Bugía terminará «al-Hullà l-siyarâ», biografías de los príncipes-poetas que hubo en el Islam. Allí mismo escribe «I’tâb al-kurrâb» (Disculpa de los secretarios), en cuya introducción pide al emir y a su heredero que le perdonen.
Fue perdonado por Abû Zakariyyâ, pero éste murió poco después y le sucedió su hijo Abdallâh, más tarde llamado al-Mustansír bi l-Lâh, monarca cruel que durante su vida habría de sofocar constantes revueltas. Ibn al-Abbâr pasó a ser su consejero.
Los historiadores posteriores tienden a describir a nuestro autor como orgulloso y antipático, señalando que solía irritar al emir con su erudición y sus elogios a al Andalus. Es muy probable que su carácter se hubiera degradado desde que se exiliara de al Andalus, al perder amigos y recuerdos. Por otra parte la emigración andalusí había ido a parar mayoritariamente a Bugía y Túnez, en cuya administración se colocaron muchos de ellos, lo que provocó la hostilidad de los tunecinos.
No se sabe por qué, en 1252 al-Mustansir le destierra a Bugía como hiciera su padre antes, y allí escribe su «Durar al-simt fi ja bar al-sibt»; escribiendo además una obra análoga en verso hoy perdida.
Al extinguirse definitivamente el califato de Bagdad en 1258, al-Mustansir se proclamó califa, y las mismas Medina y La Meca le dieron su reconocimiento.
En 1259 Ibn al-Abbâr recibió una carta en la que se le comunicaba que había sido perdonado, pero un año más tarde sus enemigos urdieron contra él el peor complot, que desembocó en su condena a muerte. Se desconoce la causa exacta de su ejecución. pero se barajan varias: que hizo un horóscopo al príncipe heredero al-Wâthiq que desagradó a su padre, que se le acusé de practicar la astrología y de ser shiíta (¿acaso por su «Durar al-simt «?. que había hablado o escrito mal de su emir o que estaba implicado en una gran conspiración. El resultado es que el califa mandóhacer un registro de su casa a sus peores enemigos, que encontraron allí un verso en el que insultaba así a al-Mustansir:

«En Túnez reina un tirano
al que neciamente llaman califa».

Ibn al-Abbâr murió alanceado el 6 de enero de 1260, y su cadáver y sus libros fueron quemados. Sin embargo hoy es famoso en todo el mundo árabe y recibe elogios de los historiadores europeos, sobre todo en su calidad de historiador.
Sabemos que tuvo hijas pues habla de ellas en una casida, y en otra de sus «niños» en general, pero no sabemos si dejó hijos varones. Conocemos siete u ocho de sus discípulos, entre ellos a Ibn Sâlih al-Kinâni, de Játiva (m. 1299), que transmitió su libro «Durar al-simt» al historiador y místico al-´Abdarî y a otros. Fue maestro de Abû l-Muhaymân al-Hadramî ; de Abû Isháq b. Abi l-Qâsim al-Tuÿinî (m. 1262), funcionario tunecino que le defendió entre sus compatriotas, y su hijo Abû l-Hasan b. ´Ali que recibió de Ibn Sâlih el «Durar al-simt». Obra clave de el shi´ismo en Al-Andalus.

F: http://www.islamtimes.org/vdcao0n6.49ney1ghk4.html

EL FINAL DE LOS REINOS DE AL-ANDALUS

LA CONQUISTA DE GRANADA. EL FINAL DE LOS REINOS DE AL-ANDALUS La rendición de Granada supuso el fin del dominio árabe en la Península Ibérica. Las fuerzas que se enfrentaron, en una guerra que duró más de diez años (1.482-1.492), parecían recorrer trayectorias históricas opuestas. Por una parte estaban los reinos católicos, que unían sus intereses en alianzas, consolidadas a través de vínculos matrimoniales. Tal es el caso de las coronas de Castilla y Aragón, firmada con el matrimonio de sus monarcas, Isabel I y Fernando V.

Isabel I de Castilla y Fernando V de Aragón, conocidos como los Reyes Católicos

Los reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando V de Aragón.

Por otra, encontramos la corrosiva división y constantes intrigas palaciegas de las monarquías árabes, entregadas a luchas fratricidas y conspiraciones sangrientas entre diferentes dinastías. Padres e hijos rivalizan por el trono. Así sucedió con sus últimos monarcas, Muley Hasan y su hijo Muhammad XII, Boabdil.

Cuando las primeras oleadas norteafricanas llegan al territorio de la actual ciudad de Granada, ya existían en él asentamientos cuyos orígenes se remontan a la Prehistoria. En el actual barrio del Albaycín existía un importante núcleo de población tardo-romana y judía. En el año 1013, el caudillo fundador de la dinastía zirí norteafricana, Zawi ben Ziri, conquista la ciudad y la declara independiente. Hacia el año 1090 pasa a ser controlada por los almorávides, a quienes sucederán los almohades (1146). Estos últimos acudieron como aliados de los diferentes bandos que en ese momento luchaban por alzarse con el control político y militar. Terminaran por quedarse y consolidarse como los nuevos señores de la provincia.

Será en 1238 cuando llega a Granada Mohámed ben Yúsuf ben Nasri, llamado Alhamar El Rojo por el color de su barba. Crea la dinastía nazarí y reorganiza la taifa, de tal suerte, que es para algunos historiadores el verdadero artífice de lo que llegará a ser el Reino de Granada. De origen árabe, se someten a su sultanato (1232) las villas de Baza, Guadix, Jaén, Almería y Málaga, rindiendo él vasallaje a la ciudad de Córdoba. Durante el reinado de Muhammad V (1354) se produce un prolongado periodo de paz en el que las relaciones con Pedro I de Castilla eran fluidas y cordiales y así se mantendrán cuando sube al trono su hijo Yusuf II (1391).

A Pedro I le sucede su hijo Enrique III el Doliente, y a éste su primogénito Juan II. Hasta la mayoría de edad de Juan II asumió la regencia el hermano de Enrique III, el infante Fernando de Trastamara, también conocido como Fernando I el Humano. Durante su gobierno, las cortes plantearon la necesidad de reanudar las guerras con el reino de Granada, contando con el apoyo y la ayuda económica de los nobles. Fernando I tomará las plazas de Zahara de la Sirra y Pruna, siendo derrotado en Setenil quedando obligado a firmar una tregua con Yusuf III, heredero de Muhammad VII.

La conquista de la ciudad de Antequera dejó al descubierto la vulnerabilidad de la monarquía musulmana. Con Muhammad VII y su sucesor, Muhammad VIII se agudizan y perpetúan las luchas intestinas entre las dinastías hegemónicas de la aristocracia árabe en al-Andalus. En estas guerras civiles islámicas tendrán mucho que ver la familia de los abencerrajes. Sobre la forma en la que se acabó esta influencia devastadora ha quedado la leyenda de su masacre en las estancias próximas al patio de los leones de la Alhambra de Granada.

Matanza de nobles granadinos.

Durante el periodo del sultán Muley Hassan ( Abu-I-Hasan Ali ), se viven graves problemas de desequilibrio en el poder entre los grupos que gobiernan el territorio nazarí. Ascendió al trono en el año 1464 y fue determinante su férrea manera de ostentar el poder para conseguir estabilizar los pilares de su reino. Los abencerrajes sublevados en Málaga fueron derrotados y duramente reprimidos. Mantuvo los límites de sus fronteras y llegó a desafiar a los ejércitos cristianos llegando a adentrarse en sus tierras. En el año 1481 se conquista el castillo de Zahara, año en el que tenía que renegociar el tributo a pagar a los cristianos. Por su parte, los reinos de Aragón y Castilla preparaban con determinación el final de las guerras contra los moros. Ese proyecto ya estaba en la mente Isabel y Fernando desde el mismo momento en el que consolidaron la alianza de sus reinos a través del matrimonio. El enlace tiene lugar en el año 1469, tras vencer los impedimentos eclesiásticos falsificando la necesaria bula papal, ya que eran primos carnales.

A pasar de las luchas dinásticas en las que se verá envuelta la corona de Castilla, la tendencia de los reinos cristianos será unificadora, todo lo contrario de lo que sucede entre a nobleza árabe, que aparece enfrentada entre sí en su empeño por conseguir su ascenso al poder. Cuando por el tratado de Alcobendas (1479) se afianza Isabel I en el trono el principal objetivo de los Reyes Católicos será la conquista de Granada y el absoluto sometimiento de los musulmanes en la península. Un año después de haber perdido la plaza de Zahara toman Alhama iniciando así una serie de campañas militares que culminarían con la toma de la capital nazarí en 1492. Las cabalgadas desde los campamentos cristianos en la vega granadina devastaban los recursos psicológicos y económicos de los musulmanes, con el consiguiente empobrecimiento de la población.

Boadbil declara la guerra a los Reyes Católicos. José Segrelles

Ante esta situación el rey nazarita se vio obligado a subir los impuestos, lo que suscitó el descontento de sus súbditos. La ocasión la aprovecharon sus enemigos. Mientras combatía para recuperar Alhama, su esposa principal, Aïsha bin Muhammad ibn al-Ahmar, conocida como Aïsha al-Hurra (Aixa, la Honrada), también llamada Fátima por los musulmanes, encabeza una conspiración para destronarlo en favor de su hijo Boabdil. Desplazada en la corte por su rival Isabel de Solís (Zoraida), también desposada con Hassan, empleará todas su fuerza e influencia para que su hijo Boabdil ocupe el trono que su padre compartía con la cristiana. Será ayudada en su empeño por las poderosas familias abencerrajes. Abu ‘Abd Allāh Muhammad o Muhammad XII, nombrado Boabdil El Chico y también conocido como El Desdichado (Al – Zugabi), llega al poder tras la rebelión de los habitantes del Albaycín, bajo la hegemonía y la influencia de las familias abencerrajes, que le eran fieles. Se enfrentarán a los clanes zegríes, seguidores de
su padre, Abu Hassan. La causa se justificó por lo que entendieron como una subida desmesurada de los impuestos.

Las intrigas palaciegas y las luchas intestinas en los reinos árabes, cotribuyeron a su destrucción.

La reina Aixa, esposa de Muley Hassan, es informada del cautiverio de su hijo Boabdil.

Derrotado, Hassan tiene que huir al castillo de Mondújar, seguido de su hermano Abu Abd Allah Mamad (apodado El Zagal, que según algunas traducciones árabes significa El Valiente) , pero consigue derrotar a los usurpadores en la batalla de la Axarquía (1483). Sin embargo, el triunfo final será para Fátima y Boabdil, gracias a la ayuda que le prestan los Reyes Católicos. A cambio, el Rey Chico jurará vasallaje a los monarcas cristianos. Juramento que, por supuesto, incumpliría posteriormente.

Cuando Muley Hassan murió, el Reino se divide entre su hermano El Zagal (Región oriental) y su hijo Boabdil (Región occidental). Por su parte, los Reyes Católicos avanzan sus ejércitos por Málaga y Ronda. Abu Abd Allah Mamad, El Zagal, se rinde a ellos, prometiendo vasallaje y apoyo para la toma de Granada, a cambio de conservar sus tierras.

En la defensa de Loja, Boabdil será apresado y liberado posteriormente a cambio de rendir la capital y declararla tributaria de Castilla por el Tratado de Cordoba. Era esta una estrategia de los reyes cristianos para provocar la continuidad de las guerras fraticidas entre musulmanes. Boabdil nunca rendirá Granada, por lo que las tropas cristianas forman un campamento frente a la ciudad, al que pondrán el nombre de Santa Fe (1489). Desde allí, los reyes cristianos sitian Granada, que caerá finalmente en 1492.

Patio de los Leones de la Alhambra de Granada. Época nazarí.

Retrato de Boabdil y dibujo del Patio de los Leones en la Alhambra de Granada.

Durante el periodo de guerras entre padre e hijo, tío y sobrino, leoneses y castellanos aprovechan esta circunstancia, ayudando a unos y otros en función de sus propios intereses. Eso fue debilitando, poco a poco, el poder del ya agonizante mundo islámico peninsular. En el año 1486 la alianza de los reinos cristianos daba por terminada la conquista de la región occidental. Unos años después (1489) también la oriental, quedando sólo el reducto de la ciudad de Granada y la región montañosa de Las Alpujarras. El día 2 de Enero de 1942 el último rey nazarí entregará las llaves de la ciudad a los monarcas vencedores. Así describieron los cronistas el evento:

Al año siguiente, 1483, fue derrotado cerca de Lucena por las tropas castellanas del rey Fernando II el Católico, al mando de Diego III Fernández de Córdob»Fernando el Católico» pintado por Juan Antonio Moralesa, Alcaide de los Donceles, 2º Conde de Cabra, Señor de Lucena y, posteriormente, Marqués de Comares,»Isabel la Católica» pintada por Juan Antonio Morales recibiendo igualmente este último el privilegio de ostentar en su escudo la cabeza encadenada de un moro y las 22 banderas árabes capturadas.

En la batalla del arroyo Martín González, en los llanos de Campo de Aras, el regidor lucentino Martín Hurtado lo aprehendió entre sus zarzas. Boabdil fue capturado y estuvo preso, entre otros lugares, en el castillo de Lucena, en su torre octogonal del Moral. Mientras tanto, el trono de Granada fue ocupado de nuevo por su padre.

En 1486 Boabdil aceptó gobernar Granada como reino tributario de Castilla, sometiéndose a su vasallaje, por lo que Fernando el Católico le devolvió la libertad y restauró en el trono. Tuvo que firmar para ello el humillante pacto de Córdoba, por el cual se comprometía a entregar a Castilla la parte del territorio granadino en poder de Muley-Hacén.

Se vio obligado, asimismo, a luchar contra otro rival, su tío Abu Abd Allah Mamad (el Zagal) y contra los zegríes. Estas guerras civiles favorecieron el avance de los cristianos, que, tras diez años de acciones militares y diplomáticas, pusieron sitio a Granada en la primavera de 1491. A pesar de la defensa que de ella hicieron los musulmanes, Granada cayó el 2 de enero de 1492, víctima del empuje de las armas castellanas y la habilidad de Fernando el Católico para sembrar la discordia y las rivalidades en el reino granadino.

La ciudad estaba profundamente dividida sobre si debía o no rendirse, por lo que antes de la capitulación entraron en la ciudad tropas castellanas para evitar posibles revueltas. La capitulación se produjo, ante los Reyes Católicos, el 6 de enero del mismo año y significó el fin de la denominada Reconquista española, que había durado ocho siglos. Se permitió que Boabdil se retirase a la comarca granadina de las Alpujarras, siendo recompensado con el señorío de estas tierras, pero más tarde se trasladó a Fez (Marruecos), hasta su muerte.

Corona de la reina Isabel la Católica. Catedral de Granada.

Corona de Isabel la Católica conservada en la Capilla Real de Granada.

Detalle de las granadas.

Detalle de la empuñadura de la espada de Boabdil

Espada de Boabdil, último rey de Granada. Museo del Ejército.Madrid.

Empuñaduras de dos espadas de Boabdil.

(…)» El rey e la reina, vista la carta e enbaxada del rey Babdili, aderesçaronde ir a tomar el Alhambra; e partieron del real, lunes, dos días de henero, con grand hueste, muy ordenadas sus batallas; e llegando a cerca del Alhambra, salió el rey moro Muley Babdili, acompañado de muchos cavalleros moros, con las llaves en las manos, encima de un cavallo. E quísose apear a besar la mano del rey, e el rey no se lo consentió descavalgar del cavallo ni le quiso dar la mano; e el rey moro le besó en el braço, e le dió las llaves e dixo:

– Tomá, señor, las llaves de tu cibdad; que yo e los que estamos dentro somos tuyos.

E el rey don Fernando recibió las llaves e diólas a la reina, e la reina las dió al príncipe, e el príncipe las dió al conde de Tendilla; el cual, con el duque de Escalona marqués de Villena, e con otros muchos cavalleros, con tres mill de cavallo e dos mill espingarderos, enbió entrar en el Alhambra e se apoderar de ella. (…)

«The Farewell of King Boabdil» pintado por Alfred Dehodencq
La retirada del rey Boabdil de Granada.
Pintura de Alfred Dehodencq

E el rey moro Muley Babdili, con los cavalleros mayores de Granada e con otros muchos moros, salieron de la cibdad e se fueron, segund las condiciones del partido; muchos se fueron allende e otros lugares de los moros mudéjares ya ganados.

E el rey Muley Babdili se fué a vevir e reinar al Val de Purchena, ques en las tierras que el rey avía ganado cuando ganó a Vera, que era todo de mudéjares, donde el rey le dió señorío e renta en que viniesse e muchos vasallos, e le alçó la prisión que de antes le devía, e le dió sus rehenes, que le tenía desque le soltó sobre rehenes quando fué preso.»

REYES CATOLICOS REZANDO

La entrega simbólica de las llaves de Granada se produjo el día 2 de enero de 1492 en la Torre de Comares. Fueron dadas al Gran Comendador de León, Don Gutierre de Cárdenas. Acto seguido, las tropas cristianas entraron el la ciudad al mando del Conde de Tendilla. Los Reyes Católicos harán su entrada oficial en Granada el día 6 de enero de ese mismo año. Boabdil abandonó su reino de forma casi clandestina con rumbo a la Alpujarra, donde los monarcas vencedores le permitieron conservar un señorío. Finalmente será desterrado, obligado a cruzar a África, donde morirá después de pasar por tristes vicisitudes.

La guerra de Granada adquirió connotaciones internacionales, ya que todos los reinos del continente estaban pendiente de su desenlace. Así queda demostrado por las distintas crónicas de la época que encontramos en diferentes países. Participaron en el bando católico mil mercenarios de la infantería suiza, la mejor del momento; también voluntarios franceses, ingleses y alemanes, amén de aquellos cristianos que quisieron beneficiarse de la bula papal concedida a todo aquel que luchara contra los sarracenos, ya que Alejandro VI la había declarado como una cruzada contras los infieles. Cuando finalmente se obtuvo la victoria, toda la cristiandad lo celebró con júbilo ya que suponía una compensación por la pérdida de la ciudad de Constantinopla (1453) y un freno al avance del mundo islámico. El Papa, como reconocimiento a su defensa de la fe, concedió a Isabel y Fernando el título de Reyes Católicos, con el que serán conocidos en la posteridad.

Durante su último medio siglo de existencia, las monarquías árabes hispanas vivieron aisladas del resto de los estados musulmanes del norte de África, mientras que las cristianas se hacían fuertes con alianzas matrimoniales y pactos económicos. Podría decirse que el mundo islámico permaneció anclado en estrategias bélicas medievales mientras que el cristiano evolucionaba hacia las que serían utilizadas durante el Renacimiento. En esta contienda se forjará la idea de un ejército español que en tiempos del Imperio se consolidará como el mejor preparado de Europa. Por primera vez participan unidades de intendencia y sanitarias, creándose almacenes y hospitales en la retaguadia. Acompañan a los soldados artesanos armeros, carpinteros y de otros oficios afines a la guerra. La artillería y los animales de tiro para trasladar armamento y suministros fueron decisivos en la victoria. En muchas ocasiones se hizo necesario la construcción de caminos y calzadas para movilizar las pesadas piezas.

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