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La herencia de Sefarad en Andalucía

Jaén, Córdoba y Lucena: tres ciudades repletas de historia que encierran, también, una importante herencia judía. En la capital jiennense, la presencia judía se remonta al siglo VII: su antigua judería, estupendamente documentada, tenía su entrada en la Puerta de Baeza, que recuerda hoy una menorá gigante, y que abre el paso a un dédalo de calles donde destaca la capilla de San Andrés, que fue en tiempos una de las sinagogas de la ciudad. En el siglo XI, Córdoba se convirtió en el lugar más importante para los judíos en la península ibérica, hasta que las tropas de Fernando III el Santo conquistaron la ciudad. Su judería ha conservado su trazado típico, y en calle Judíos, blanca y muy estrecha, que discurre como una delgada línea en el tupido entramado urbano, está su sinagoga, y en plaza de Tiberiades se erige la estatua dedicada a Moises Ben Maimon, Maimónides, probablemente la figura hebrea más importante nacida en la península ibérica. Imprescindibles también es la Casa de Sefarad en la confluencia de la Calle Judíos con la calle Averroes. A Lucena, la antigua Eliossana, le adorna con justicia el sobrenombre de “Perla de Sefarad”: a su rico patrimonio árabe y cristiano se suma el judío, con la necrópolis, la más grande de Europa, como icono más importante, y la iglesia de San Mateo, el único recinto sacro en el interior de la medina que fue mezquita en el periodo de dominio almohade después de haber cumplido las funciones de sinagoga. En Lucena no dejes de visitar la Confitería Cañadas, la única que fabrica artesanalmente pasteles sefardíes desde 1913, y el restaurante Tres Culturas, con platos sefardíes como el timbal de rabo de toro al estilo sefardí o las berenjenas en varitas fritas con miel de caña. ¡Buen provecho!


Pocas comunidades judías establecidas en Al-Andalus, alcanzaron tan destacada fama como Lucena, conocida como la Perla de Sefarad, y cuyo esplendor cultural se puede comparar al que alcanzaron los círculos literarios hispanos-hebreo de Córdoba y Granada durante el Califato y los reinos de Taifas. Todos los cronistas judíos o musulmanes anteriores al Renacimiento europeo, califican a Lucena “Ciudad de los Judíos” durante los siglos IX-XII.

Los primeros datos documentales de Lucena datan de finales del siglo IX y es, a partir de este momento, cuando encontramos gran abundancia documental sobre la ciudad lucentina con información de carácter casi exclusivamente literario y poético. Lucena acogió entre sus muros la Academia de Estudios Talmúdicos, punto de reunión de grandes intelectuales, filósofos, poetas y médicos del momento. El célebre Jehudá ha Leví y Abraham Ibn Ezrá e incluso Maimónides, entre otros muchos poetas y rabinos vivieron en ella. Esta ciudad recibió una gran afluencia de hebreos huidos de las persecuciones de Granada y Córdoba a lo largo del siglo XI, lo que coincidió con el despegue económico y cultural de la ciudad, valiéndole el calificativo de Perla de Sefarad.

La ciudad judía de Lucena por los restos documentados desde la Delegación de Patrimonio Histórico, a través de las intervenciones arqueológica (seguimientos, excavaciones puntuales y controles de movimiento de tierras) se componía de recinto amurallado con medina al interior controlada con exclusividad por la población judía que la fundó en el siglo VIII d. C. Por otro lado, asociada a ésta se desarrolló en toda la zona sur, extramuros de la muralla, un extenso cementerio del que en 2007 se tuvo la oportunidad de excavar parcialmente en la zona de Ronda Sur.

No se puede considerar la existencia de barrio o alhama judía, tal y como se conoce actualmente el término, en nuestra población entre los siglos VIII y XII d. C., ya que la trama urbanística de la ciudad al interior de la muralla estaba exclusivamente ocupada por la comunidad judía. La misma, estaba gobernada por un rabino. Las casas, sinagogas y escuela talmúdica se desarrollaban intramuros, delimitados por las actuales calles Plaza Alta y Baja, Calle Las Tiendas, Calle Canalejas, Calle Las Torres y atravesaba la manzana del antiguo convento de Santa Clara en dirección oeste-este para unir y cerrar la cerca defensiva, de nuevo con la Plaza Alta y Baja.Al- Idrisi, en el siglo XII d. C. en sus comentarios sobre las ciudades que visita alude a la existencia de arrabales externos de población musulmana, la cual tenía vedada la entrada al interior del recinto amurallado de la medina.

La ciudad judía intramuros mantuvo si autonomía respecto al califato de Córdoba, el reino Zirí de Granada, o los gobernantes almorávides, y su desarrollo estuvo delimitado por la muralla, estructura que le permitió evitar los ataques de Omar-ben Hafsun.

Muestra del pasado judío de la Lucena, más conocida como perla de Sefarad, son la Iglesia de Santiago, a la que se llega a través de la calle Flores de Negrón ubicada en uno de los barrios más antiguos de la ciudad ‘el barrio de Santiago’, tradicional emplazamiento de la judería lucentina o posible arrabal de la época del esplendor de la Lucena judía. Barrio en el que, pasada la parroquia de Santiago, nos adentramos en el Llano de la Tinajerías, lugar donde estaban concentradas la mayoría de las alfarerías y tinajerías de Lucena. Allí podemos visitar algunas alfarerías artesanas, cuya tradición se pierde en el tiempo. Santiago fue construida con los restos desmontados en 1498 de la parroquia de San Mateo. Esta última era el único recinto sacro al interior de la medina y que en fase de dominio almohade fue mezquita (de la que conserva el yamur de su alminar), adaptada sobre la sinagoga primigenia. Las piezas que formaban los pilares se reaprovecharon en la construcción de la nueva iglesia de Santiago en 1503.

El Cementerio judío, del que se han documentado 346 tumbas excavadas en una superficie de 3.742,72 m2 que en el 2006, la construcción de la ronda de circunvalación de la zona sur de Lucena puso al descubierto de época medieval andalusí. Las tumbas que aparecieron se adaptaban a la topografía del terreno en las que el ritual de enterramiento utilizado fue la inhumación, en fosa simple o doble, a veces con nicho o covacha lateral tapada con lajas o tégulas romanas. Los restos óseos que determinaron un periodo altomedieval de entre los años 1000 y 1050 coincidían con las fechas de mayor esplendor de la Lucena judía.Incluso se halló una lápida funeraria con caracteres hebreos, con una cronología de entre los siglos VIII y IX por el tipo de letra, analizada por el doctor en Filología Semítica Jordi Casonovas.

Familias de judeoconversos, atraídas por la fama de Lucena en tiempos pretéritos y la añoranza de morar en la tierra de sus antepasados, durante el siglo XVI y en épocas anteriores se establecieron en Lucena, donde ya desde finales del Quinientos, principios del Seiscientos, ocupaban una buena parte de los puestos de importancia en la sociedad local, adquiriendo sus miembros cargos concejiles, escribanías, etc. Muchas familias de la élite lucentina de los siglos posteriores tienen su arranque en aquellos conversos. Vestigios de aquel poder son el edificio de la actual Biblioteca Pública Municipal, antiguo Palacio de los Condes de Hust, o el Centro de Interpretación de la Ciudad, antiguo Palacio de los Condes de Santa Ana.

En sus alrededores tuvo lugar la batalla del Arroyo del Martín González, dónde se apresó al último rey de Granada, Boabdil, que fue encerrado durante algún tiempo en la Torre del Homenaje del Castillo del Moral. Este monumento alberga el Museo Arqueológico y Etnológico de Lucena.

Fuente: historia y arqueologia | red juderias |

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