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La Ruta de Blas Infante

XP_blasEl Premio Joven Blas Infante y otras citas como jornadas gastronómicas o el Foro Infantiano completarán en 2016 una mayor oferta turística y cultural

La Ruta de Blas Infante continúa creciendo en torno a la figura del Padre de la Patria Andaluza. El próximo año 2016 verá llegar así nuevas propuestas resueltas tras la reunión mantenida en el Ayuntamiento de Coria del Río por los alcaldes de Coria, Archidona, Cantillana y Casares, además de concejales de Isla Cristina, Manilva y Peñaflor. Es el caso del Premio Joven Blas Infante o jornadas gastronómicas y culturales que, unidas, completarán el itinerario infantiano.

El cónclave sirve para retomar los trabajos de desarrollo de la Ruta Turística-Cultural de Blas Infante y ha servido para que la alcaldesa de Archidona, Mercedes Montero, tome la presidencia semestral de la propia Red de Municipios. En los próximos días, habrá una petición oficial de cita con el nuevo consejero de Turismo de la Junta de Andalucía, Francisco Javier Fernández. En la reunión mantenida en el Salón de Plenos del Ayuntamiento coriano también han estado presentes miembros de la cooperativa Atrapasueños.

El diseño del programa de actividades e iniciativas para el ejercicio 2016 ha centrado el trabajo a desarrollar. De este modo, en febrero se lanzará el Premio Joven Blas Infante. El reconocimiento será coordinado por el Ayuntamiento de Archidona y sus bases y jurado serán establecidos antes de que finalice el presente año.

Entre las citas programadas destaca el lanzamiento de unas jornadas técnicas para el sector hostelero y cultural de los municipios de la ruta. La idea es activar pronto una estrategia común de oferta turística y cultural que tiene como fecha prevista de arranque el mes de mayo en la localidad de Cantillana. La recuperación del Foro Infantiano es otra de las decisiones tomadas, con el que volverán a debatirse temas actuales de Andalucía. Será en Castro del Río, en octubre.

Se ha actualizado además la información para los ayuntamientos con nuevos equipos de Gobierno, en los que destaca la pluralidad política de los mismos, todos unidos con la idea de reivindicar la figura y obra de Blas Infante, ligado a un acercamiento cultural y turístico por los pueblos donde vivió. A finales del próximo año, una nueva reunión en Casares continuará con el trabajo de dinamización y proyección de la Ruta de Blas Infante. (Fuente)

Todo indica que Blas Infante es menos conocido de lo que debiera, sobre todo considerando el peso creciente que el sentimiento nacional –contranacional, o sea contra el supremacismo de la España una y no veintiuna- en Andalucía. Por supuesto hay biografías y un buen surtido de artículos que se pueden encontrar en la Red. Pero quizás sea más asequible hablar de su vida y de su obra a través de una película cuanto menos correcta, me refiero a Una pasión singular dirigida por Antonio Gonzalo y protagonizada por Daniel Freire, Marisol Membrillo, Juan Diego, María Galiana, Manuel Morón, que encarna al doctor Pedro Vallina, destacado anarquista andaluz. La película fue producida en 2003 por la Junta de Andalucía, pero ha sido mucho más olvida que lo fue, por citar un ejemplo, Companys, un procés a Catalunya (Josep Mª Forn, 1978) que, aunque ya olvidada, fue en su momento proyectada por los más variados y apartados pueblos catalanes.

Estábamos pues hablando de una película que contó con varios premios, con diversas ayudase de la Junta y de TV Sur, dirigida por el cineasta con un cierto historial, interpretada por lo más granado de los actores andaluces, aunque el rostro de Blas infante lo puso un buen actor argentino Daniel Freire. Fue rodada en espacios y escenarios familiares con un cierto presupuesto, y lo que es más importante: con un resultado bastante digno. Es sabido que el “biopic” es un general repleto de trampas, sobre todo cuando tiene que ser hagiográfico por narices, y que muy poco directores consiguen salvar el producto (Abraham Lincoln ha sido el más afortunado con John Ford y John Cromwell), pero hasta el mismísimo Roberto Rossellini la “cagó” literalmente cuando aceptó a realizar un film laudatorio de De Gaspari, el principal líder del partido más corrupto que recuerdan los anales: la Democracia Cristiana italiana.

Creo que Gonzalo ha aprendido la lección y su Blas Infante (magníficamente interpretado por Daniel Freire), es tan buena persona y tan bienintencionada como lo pudo ser en la realidad, pero no se ahorra las debidas pinceladas sobre su innegable ingenuidad mostrada por ejemplo cuando Vallina le comunica que Ramón Franco les tomó el pelo en la controvertida sublevación de Tablada. Gonzalo tampoco dice más de lo necesario sobre sus últimos momentos, cuando ya agonizando llama a la puerta de un convento cuya madre superiora le niega hasta el agua al tiempo que recuerda que en Osuna los franquistas han matado a un cura por corroer a los rojos.

La película es históricamente irreprochable, no hay ni un solo momento que no responda a los hechos, y en cuanto a la interpretación, pues está claro: los sublevados tenían como objetivo imponerse mediante el terror sin límites…

Es posible que sea esto lo que explique que la película haya sido ningueada hasta por la Junta de Andalucía. No estamos acostumbrados a que se diga la verdad sobre el holocausto español, y mucho menos que se escenifiquen la responsabilidades criminales con nombre y apellidos, todo lo contrario. Ya he explicado en alguna ocasión la cautela que el ayuntamiento socialista de Granada reclamó a un Congreso de historiadores reunidos en 1986 para debatir sobre la vida y la muerte de García Lorca. En este sentido, vale la pena citar la nota aparecida en El País (21-01-03), sobre la película: “Es agosto de 1936. Los españoles se dedican a matarse. Franquistas y republicanos culminan con un baño de sangre un largo enfrentamiento marcado por la intolerancia y el cerrilismo. Blas Infante (Casares, 1885-Sevilla, 1936) ha caído en poder de los rebeldes y va de prisión en prisión en un amargo recorrido que concluirá con su fusilamiento. Durante su dramático peregrinaje el notario que sentó las bases del andalucismo recuerda episodios de su vida…”

O sea tanto monta monta tanto. El gacetillero estaba perfectamente al tanto de cual era la línea de periódico, y habría memorizado los artículos de Santos Juliá y compañía, y vaya por dios., la película no dice ni sugiere nada parecido. A Blas Infante no le pudieron juzgar ni por matar una mosca, o mejor dicho lo mataron por eso, porque sabía demasiado y porque creía que la reforma agraria era una necesidad humana, social, económica, e incluso cristiana, o así al menos lo pensó hasta un ministro de la CEDA que se atrevió a citar un Encíclica a unos terratenientes, a lo que esto le respondieron: “Oiga, sí usted nos quiere quitar las tierras con Encíclicas, nos hacemos todos cismático”, lo que demuestra que por sí hacía falta que no pudo haber ni un solo cristiano de obras (o sea en la práctica, algo que no tiene nada que ver con las liturgias) entre los franquistas dispuestos a matar a sus parientes “que se lo habían buscado” por ponerse al lado de los pobres.

Hay un buen argumento y buen trabajo del guionista (no en vano el guión lo firma Antonio Onetti, un excelente escritor y autor de Padre Coraje, una película totalmente recomendable aunque imposible para un cineforum), esto por más que no se puede negar que la película encuentra dificultades para conectar coherentemente lo personal y lo histórico, quizás porque un proyecto tan ambicioso necesitaría otro formato más amplio. Se le puede objetar igualmente una excesiva pulcritud, una obsesión por subrayar las escenas, y los encadenados no siempre funcionan…Pero no es menos cierto que la ambientación es más que notable, que el elenco de actores brilla con fuerza a pesar de que muchos papeles no acaban por tener su tiempo para darse a conocer, y lo que no hay que olvidar, que estas es una película para verla más de una vez, para memorizarla porque Blas Infante es un trozo de nuestra historia, una película que la Junta de Andalucía tendría que llevar a las escuelas.

Es una apuesta por la verdad y por la recuperación de una historia sepultada por una montaña de cadáveres y por una maraña de mentiras.

No es de recibo que los catalanes de procedencia andaluza consienta que Blas Infante continúe siendo casi un “maldito”, un personaje al que se le otorga el título de “padre” de la patria andaluza, concepto aceptado hasta por el Partido Popular, aunque dicha aceptación sea todo lo profundamente hipócrita. La gente del pueblo no puede consentir esto y tendría que hacer todo lo posible por recuperar su propia historia. (Fuente)

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