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Nueva Zelanda | نيوزيلندا

Dos islas principales y una serie interminable de islas más pequeñas, islotes y grandes rocas aflorando del océano, con una naturaleza abrumadora y una organización social envidiable. En medio del Pacífico Sur, a 2.000 km de su vecino más cercano y a más de 10.300 de Buenos Aires, Nueva Zelanda se abre como un destino no tan conocido por los argentinos, pero cada vez más cercano desde hace un tiempo. Por ejemplo, desde que Los Pumas juegan el Rugby Championship o desde que, en diciembre del año pasado, Air New Zealand inauguró el vuelo directo, sin escalas, entre Buenos Aires y Auckland.

Así que, si planea ver algún partido de Los Pumas –el 10 de septiembre jugarán ante los All Blacks en Hamilton, 130 km al sur de Auckland, y una semana después en Perth, en la vecina Australia, frente a los Wallabies–, o simplemente si busca pasar unos días en un verdadero paraíso del sur de la Tierra, tome nota de lugares y experiencias que no debería perderse en Aotearoa, nombre maorí de estas islas, que significa “la tierra de la gran nube blanca”.

1- Auckland

La capital del país es Wellington, en el sur de la isla norte, pero el centro de atención es Auckland, principal ciudad neozelandesa y puerto de entrada para los argentinos. La visita a Auckland define de entrada una de las esencias de este país, uno de los de mejor calidad de vida en el mundo: ciudades a escala humana, nada de prisas, excelente infraestructura y una naturaleza impecable, que da un espectáculo a cada mirada.

Auckland tiene 1,5 millón de habitantes pero no lo parece: una tranquilidad de pueblo se derrama por su calles sin embotellamientos, y la ciudad convive sin conflictos con la naturaleza en parques y playas. La avenida principal es Queen Street, que poblada de tiendas y centros comerciales, termina en el puerto, desde donde zarpan ferries a otras zonas como Davenport o Rangitoto, nombre maorí que siginifca “cielo sangriento”. Rangitoto es una isla y reserva natural donde se puede pasar un día al aire libre, aunque los locales prefieren la isla Wahieke, con colinas, bosques, parques, campo de golf y 40 km de playas.

Un paseo imprescindible en la ciudad es el de la avenida Tamaki, que va zigzagueando junto al mar entre parques, pequeñas playas, yatch clubs, bares y restaurantes, al menos hasta Mission Bay, una acogedora playa con una buena movida. Los barrios comerciales que invitan a pasear y disfrutar de locales, tiendas de diseño y restos gourmet son varios, como Parnell, Devonport o Ponsonby, entre calles impecables, vistas al mar y pequeñas playas donde relajar los pies sobre la arena.

En toda la región de Auckland hay 48 conos volcánicos, y el más cercano al centro es el Mt Eden, de 196 metros y con una buena vista al downtown y la SkyTower, la torre más alta de la ciudad, que a 220 metros de altura tiene un restaurante panorámico y una propuesta de skyjump.

2- Naturaleza

Un tercio Nueva Zelanda está protegido por parques y reservas naturales, pero aún allí donde no lo está, lo parece, por la extraordinaria convivencia del mar con las montañas, de los bosques con los campos sembrados, de suaves colinas verdes salpicadas de ovejas con playas de arena rodeadas de viñedos trepando las laderas.

Parece un folleto publicitario pero no, es de verdad; por ello, una de las maneras más recomendables de recorrer el país es yendo de camping. Si usted es amante de la carpa, la casa rodante o el motor home, tiene aquí su paraíso. Y si nunca se animó, es la oportunidad: Nueva Zelanda ofrece una de las mejores infraestructuras del mundo para recorrer acampando, con cientos de lugares para dormir bajo un cielo estrellado en medio de las montañas, frente al mar, a orillas de un río cristalino o a la sombra de altísimos pinos californianos.

No hay muchos lugares en el mundo en los que, en un solo día, uno pueda pasar de admirar altas montañas a deslumbrarse con paisajes volcánicos, playas y una costa espectacular, que invita a disfrutar de ballenas, varias especies de delfines y tres de pingüinos que pueblan aguas y costas.

3- Aventura

Queenstown, al sur de la isla sur, es considerada la “capital de la aventura” de este país aventurero. Más allá de su alta densidad de bares, discos y restaurantes, en Queenstwon se instaló el primer bungee jumping comercial del mundo, sobre el río Kawaru, y cerca está el del río Nevis, que con 134 metros, es uno de los más altos del mundo. A esta altura, Nueva Zelanda bien podría ser declarada “capital mundial del bungee”, y ya no es extraño que muchos visitantes se lleguen hasta aquí para animarse a dar su primer salto.

Queenstwon está a orillas del enorme lago Wakatipu, en cuyo extremo norte está el pintoresco pueblo de Glenorchy, uno de los epicentros de la aventura sureña. Aquí una de las actividades principales es el jet boat por el río Dart, un bote que acelera como si quisiera levantar vuelo –llega a unos ventosos 90 km/h–, surfeando por distintos brazos en que se divide el río. Cada tanto se detiene como para tomar aire y admirar el valle rodeado de picos nevados donde se filmaron escenas de películas como El Señor de los Anillos, Límite Vertical, X-Men el origen y Narnia.

Pero la aventura no está sólo aquí en el sur, sino en todo el país. Sin ir más lejos, fue en Rotorua donde se creó, hace ya más de una década, el famoso OGO –también conocido como zorbing–, un juego que consiste en bajar rodando la ladera de una montaña dentro de una gran pelota inflable. Muy seguro y muy divertido.

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4- Cultura maorí

Dice la leyenda que hace unos mil años llegó desde Hawaiki, una mítica isla polinesia del Pacífico, un maorí llamado Kupe navegando en su waka hourua (canoa) y usando como guía las estrellas y las corrientes oceánicas. Desde entonces, el idioma y las tradiciones maoríes son una fuerte marca de identidad neozelandesa, y para los turistas, una buena razón de visita. Una inmersión por esta ancestral cultura podría comenzar, entre otros sitios, por Te Puia, un centro de cultura maorí ubicado en Rotorúa, 230 km al sur de Auckland, el sitio donde, dice la historia, se instalaron los primeros maoríes, aprovechando las aguas termales.

En Te Puia, que corre el riesgo de ser turístico en exceso, funciona una escuela de diseño y arte, se aprecia la arquitectura tradicional y “se entra como un turista y se sale como un miembro de la familia”, luego de ser admitido en la tradicional ceremonia manaakitanga. Se puede degustar un típico hangi –forma tradicional de cocina similar al curanto patagónico, con piedras calientes en un hoyo en la tierra–, ver danzas típicas y conocer un marea: complejo cercado de edificaciones y tierras pertenecientes a una iwi, o tribu, y un wharenui: la sede de reuniones, un edificio tallado en el que se representan danzas y música. Las mujeres son invitadas a bailar poi y los hombres, a representar el haka, la danza de guerra maorí, famosa en todo el mundo gracias a los All Blacks. Luego de la cena, puede saborear un chocolate caliente ante el escenario casi surrealista de aguas humeantes y piedras blanqueadas por los minerales expulsados en las erupciones del géiser pohutu.

También se aprende sobre el tatuaje tradicional maorí o ta moko, una forma de arte relacionado con identidades tribales, jerarquías sociales y otros significados en algunos casos secretos. Originalmente, los ta moko eran, literalmente, tallados en la piel; los hombres, en la cara, nalgas y muslos; las mujeres, en labios y barbilla. Hoy hay numerosas casas que ofrecen tatuajes tradicionales en las ciudades, y no pocos los turistas que se los llevan como recuerdo imborrable de su paso por tierras maoríes.

5- Campo geotermal

La ciudad de Rotorua se ubica unos 300 km al sur de Auckland, y es famosa no sólo por ser centro de la cultura maorí sino también por su olor a azufre y las grandes fumarolas que parecen surgir del centro mismo. Es el enorme campo geotermal Wai-O-Tapu (“agua sagrada” en maorí), un área geotermal de 18 km2 repleta de cráteres colapsados, piscinas de lodo y agua hirviendo y fumarolas, que recuerda que Nueva Zelanda es uno de los países atravesados por el famoso “Cinturón de Fuego del Pacífico”. Los senderos serpentean entre lagunas de colores surrealistas, como los tinteros del Diablo –pozos de lodo gris oscuro, por grafito y petróleo–, la Paleta del artista –una laguna de distintos colores, según el día– o la increíble Piscina del champán, de 65 metros de diámetro, 62 de profundidad y 70°C de temperatura, con todos los colores –verde, amarilla, roja, anaranjada–. Se recorre en unos 30 minutos por el sendero más corto, o casi dos horas por el más largo.

Cerca está el géiser Lady Knox, al que hacen erupcionar todas las mañanas a las 10.15 echándole jabón en polvo dentro para que los turistas sentados en gradas vean cómo de las entrañas de la tierra este pequeño géiser expulsa material a unos 20 metros de altura.

La mejora manera de terminar un “día termal” es en el Spa polinésico, con una serie de piscinas a distintas temperaturas. Las mejores, bajo las estrellas y a orillas del gran lago Rotorua.

6- La Tierra Media

Más de 150 sitios en todo el país atraen a los fanáticos de las zagas El Señor de los Anillos y El Hobbit, filmadas en Nueva Zelanda y dirigidas por un local: Peter Jackson. Los “tours por la Tierra Media” invitan a ver esos lugares ya míticos comenzando por Hobbiton, el pueblo de los hobbits, circuito que comienza en Bag End, la casa de Bilbo y Frodo, y recorre la colina, el pub Green Dragon y el Árbol de la Fiesta, entre otros sitios. Estos circuitos parten de Matamata, a medio camino entre Auckland y Rotorua, en la isla norte.

Además, en un extremo del lago Wakatipu, en la isla sur, está Glenorchy, donde se visita el valle de Isengard, el sitio de la batalla de los olifantes, las laderas del monte Earnslaw, de la secuencia inicial de Las dos torres, y Lothlórien, el bosque de hayas camino al Paraíso.

Otro destino cinematográfico es el antiguo pueblo minero de Arrowtown, muy cerca de Queenstown, que invita al Vado del Bruinen, en el río Arrow; en Wilcox Green se filmaron las escenas de los Campos Gladios, y desde la bodega Chard Farm se contempla Anduin y Argonath, aunque sin los Pilares de los Reyes, que fueron creados por computadora.

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7- Rugby y surf

Y sí, no puede faltar. Si a los extranjeros que llegan a la Argentina les recomiendan ver un Boca-River en la Bombonera, en Nueva Zelanda hay que ver un partido de rugby, la gran pasión nacional, y en lo posible el clásico All Blacks-Wallabies (Australia), ya que los hombres de negro son todo un emblema patrio, y sus vecinos, sus más clásicos rivales.

Si su visita no coincide con una presentación de los All Blacks, asómese a algún partido del Super Rugby, el principal torneo profesional del Hemisferio Sur, con equipos de Nueva Zelanda, Sudáfrica, Australia y a partir de este año, también de Argentina y Japón.

Otra pasión es el surf, ya que el país tiene más de 15.000 kilómetros de costas, para todos los gustos: al norte de la isla Norte, y sobre todo en el este, grandes playas de arena ideales para nadar, surfear, tomar sol, caminar. Del lado oeste, playas de arena oscura y más agrestes, como Baylys Beach, Mitimiti y la famosa Playa de las noventa millas, paraíso surfer. En el extremo norte, Giant Te Paki tiene grandes dunas, perfectas para el sandboard.

 


Nueva Zelanda, el país de los hobbits

Nueva Zelanda está lejos, a más de 19.000 Km de España en línea recta y 25 horas de viaje más escalas. Llegar ya es toda una aventura, pero vale la pena sin duda porque nos espera un país con unos paisajes abrumadores, una cultura mágica y gente abierta, amable y cosmopolita. Un “kiwi“, como se autodenominan los habitantes de Nueva Zelanda en referencia al ave típica del país, siempre podrá decirte dónde tomar el mejor café, la mejor hora para subir a la Sky Tower o la ruta más completa para visitar los fiordos.

Un país divido en dos islas por el estrecho de Cook. Un viaje desde la modernidad de la ciudad de Auckland, playas de arena dorada, bosques de cuento y paisajes volcánicos de la isla Norte, hasta la tierra de los fiordos, glaciares y nieves perpetuas de la isla Sur.

ISLA NORTE, AUCKLAND

La ciudad más conocida de Nueva Zelanda y la puerta de entrada al país. No puedes perderte el paseo marítimo Mission Bay, el jardín botánico o el mercado Victoria Park. También es interesante visitar el Museo de Auckland, con una amplia colección de arte y reliquias Maorí y Polinesias y el barrio de Parnell, uno de los más antiguos.

Por supuesto, hay que subir a la Sky Tower de 328 metros, con unas vistas panorámicas de la ciudad y la bahía excelentes. Y si eres valiente incluso puedes saltar en puenting desde 192 metros.

MATAMATA (o HOBBITON, EN LA TIERRA MEDIA)

A dos horas al sur de Auckland se encuentran las exuberantes tierras de la región de Waikato. Tras atravesar los verdes prados ondulantes llegaremos a la zona de Matamata y cerca de allí se encuentra Hobbiton, hogar de Bilbo y Frodo Bolsón en la famosa trilogía de El Señor de los Anillos y El Hobbit.

Vale la pena relizar el tour guiado por este auténtico set de rodaje, pasar por los 44 singulares agujeros de las casas de los hobbits y escuchar el fascinante relato sobre cómo se creó todo.

En ambas islas se encuentran multitud de escenarios naturales que Peter Jackson utilizó para sus películas, pero éste es el más singular.

ROTORUA

Rotorua se encuentra exactamente sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico, de modo que la actividad volcánica es parte del pasado y el presente de la ciudad.

El gran valle termal con géiseres y erupciones constantes, las piscinas de lodo hirviendo y placenteras terapias de spa inspiradas en los tratamientos ancestrales del pueblo maorí, son un punto fuerte de Rotorua.

Además, Rotorua es el centro de la cultura maorí. Lugares como Te Puia, Mitai Village y Tamaki Village ofrecen experiencias culturales que combinan representaciones espectaculares como canto, baile y haka (danza de guerra) con deliciosa comida maorí.

ISLA SUR, QUEENSTOWN

En la isla Sur y a orillas del lago Wakatipu entre montañas, a Queenstown se la conoce como la capital de los deportes de aventura. Se practica esquí en invierno y actividades como salto en bungy, paracaidismo, motos de agua, excursiones a caballo y descenso de ríos durante todo el año. Además, es el punto de partida para vivir la gran experiencia del fiordo Milford Sound.

FIORLAND, PARQUE NACIONAL DE LOS FIORDOS

Es una de las partes más espectaculares y hermosas de Nueva Zelanda: cascadas de cientos de metros, picos de granito, montañas, selvas y lagos conforman este impresionante conjunto de la naturaleza formado hace 100.000 años. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, incluye los estrechos de Milford, Dusky y Doubtful.

La mejor manera de admirar su grandeza es sobrevolándolos o realizando un crucero. Aunque existen tres senderos conocidos como “Great Walks” para los más deportistas si quieren recorrerlos a pie, entre 3 y 5 días.

WEST COAST

Con no más de 50 kilómetros de ancho, en todo el sector costero de la Isla Sur habitan solo 31.000 personas. Greymouth es el poblado más grande.

Los principales atractivos son los glaciares Franz Josef y Fox. Estos enormes ríos de hielo se abrieron camino entre los valles a solo 250 metros sobre el nivel del mar. El clima templado en esta altitud baja significa que estos glaciares están entre los más fáciles de visitar del mundo. Una maravilla imponente.

Además de los glaciares, algunos de los paisajes más famosos de West Coast son las Pancake Rocks y los géiseres marinos de Punakaiki.

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Nueva Zelanda, ese país ubicado bien al sur, lejos de todo y cerca de Australia, es un país de contrastes, misterios, y miles de lugares por conocer. Con un territorio relativamente pequeño, pero que cuenta con distintos paisajes en muy pocos kilómetros de diferencia, Nueva Zelanda es de esos lugares que no dejarán indiferente al turista.

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Hoy en Nuestro Rumbo vamos a mostrarte 4 cosas que no sabías sobre Nueva Zelanda. Lo que nadie te dice y lo que nadie te cuenta sobre este maravilloso lugar que espera a ser descubierto por turistas y viajeros en busca de nuevas experiencias.

1. Las ciudades de Nueva Zelanda son especiales para caminar

Desde Wellington hasta Auckland, todas tienen paseos, calles y museos que te harán realizar grandes y largas caminatas citadinas, con gran gusto y entusiasmo. La capital de Nueva Zelanda cuenta con una bella costa para disfrutar caminando bajo el sol, museos que son totalmente gratuitos, y esculturas y exposiciones de arte en el centro cívico, al aire libre.

2. El terremoto del 2010 generó una nueva clase de turismo

Turismo-terremoto podríamos llamarlo. Desde que un movimiento sísmico de 7.1 grados en la escala de Ritcher destruyera gran parte de la ciudad de Christchurch, miles de turistas han comenzado a llegar al lugar no solo para observar los daños causados por este terremoto, sino también para observar las tareas de construcción que se están realizando sobre más de 1.400 edificios que fueron afectados.

3. Nueva Zelanda tiene grandes opciones durante temporada baja

Seguro querrás saber cuándo es temporada baja allí, ¿cierto? Entonces debes saber que de abril a agosto podrás encontrar todos los precios de hospedajes, comidas y tours rebajados a más de la mitad de los valores de temporada alta. Y si eres amante del ski, mejor todavía. La mejor época para esquiar sin dudas es esta.

4. Practicar deportes es muy económico

Entre otras opciones podrás jugar al golf por tan solo 36 dólares, andar en yate por menos de 150 dólares, o esquiar en los mejores lugares por tan solo 120 dólares. No solo los precios son accesibles, sino que la variedad de deportes que existen para realizar en Nueva Zelanda son casi infinitos. Tampoco podemos dejar de lado al Rugby. Ver un partido te costará prácticamente nada.

Estas fueron 4 curiosidades sobre Nueva Zelanda que apostamos no sabías. ¿Conoces alguna otra? Déjanos un comentario para enterarnos.

Rotorua | Cultura maorí y lagos de azufre en la Isla Norte de Nueva Zelanda

Todo viaje a Nueva Zelanda debe incluir necesariamente una parada en Rotorua, una pequeña ciudad en el corazón de la Isla Norte que, a pesar de no tener mucho encanto en sí misma, constituye uno de los principales epicentros turísticos del país.

Y esto, ¿por qué? En primer lugar, en Rotorua se concentra un elevado número de población maorí, y por ello está considerado uno de los mejores lugares donde empaparse de la cultura nativa de Nueva Zelanda.

Por otra parte, la ciudad de Rotorua se asienta en una zona de gran actividad geotérmica y cuenta en sus alrededores con numerosas zonas de géiseres y lagos de azufre que, a pesar de su desagradable olor, atraen a numerosos turistas interesados en seguir un tratamiento en sus balnearios de aguas termales, o sencillamente, asistir a este espectáculo de la naturaleza.

Si disponéis de poco tiempo en el país, un día en Rotorua es más que suficiente para ver ambas cosas. Por la mañana podéis hacer una excursión a la reserva termal de Whakarewarewa, en cuyo pueblo habitan maoríes que han adaptado su modo de vida a la las condiciones de la zona donde se asientan, usando el agua de la tierra tanto para cocinar como para bañarse.

Entre las más de 500 fuentes y géiseres que se esparcen por la zona no perdáis de vista el famoso Pohutu, que entra en erupción veinte veces al día escupiendo una columna de agua caliente que puede llegar a alcanzar los 30 metros de altura.

Por la tarde, tras una visita al Museo de Rotorua, un paseo por el parque Kuirau, y tal vez disfrutar de una sesión de spa en algún balneario, se impone la visita a una “típica” aldea maorí.

Las dos opciones más conocidas son las aldeas de Tamaki y Mitai. Ambas, por un precio que suele rondar los 100 dólares kiwis (unos 65 euros) ofrecen un paquete que incluye transporte hasta la aldea, recorrido temático, espectáculo de danzas maoríes y un gran banquete hangi donde ponerse las botas con algunos alimentos cocinados al modo tradicional maorí… y otros que no guardan ninguna relación con la cultura aborigen del país.

Como podéis comprobar, todo en Rotorua está bastante enfocado al turismo, pero a pesar de ello la ciudad constituye una parada necesaria en vuestro viaje a Nueva Zelanda.

Si queréis acercaros un poquito al corazón de la cultura maorí, una visita a Rotorua puede ser considerada casi imprescindible. En un sólo día podéis ver todo lo que la ciudad ofrece y continuar vuestro camino a seguir descubriendo las maravillas de este fascinante país.

Para los lectores más atrevidos y a los que les guste practicar deportes de riesgo como el puenting, hoy están de enhorabuena, porque vamos a presentar el Puente Kawarau, que se encuentra localizado en Nueva Zelanda, y es el lugar en el que, en 1988, comenzó la historia del puenting.

Se encuentra localizado a apenas unos kilómetros de Queenstown, una de las ciudades más visitadas por los turistas de las islas de la zona sur.

La altura de este puente es de 43 metros, y en Nueva Zelanda se encuentra la mayor cantidad de practicantes de puenting, por lo que no es muy sorprendente que se trate del lugar de nacimiento de este deporte.

Este puente tan famoso fue construido en el año 1882, tomando el nombre del propio río, poco más de cien años antes de que se convirtiese un icono para los practicantes de este deporte.

Pese a la vetustez de su estructura, lo cierto es que cada año miles y miles de personas, tanto los lugareños como los nuevos turistas que aparecen por esos lares saltan de nuevo desde el puente. En la Oficina de Turismo de Queenstown se puede encontrar toda la información necesaria para poder practicar este divertido deporte en la zona, organizando excursiones que, si salimos de la ciudad, el transporte es gratuito.

En cuanto a los requisitos mínimos para poder saltar encontramos que hay que ser mayor de 10 años y pesar más de 35 Kilogramos. Pero eso no es todo, ya que nos encontramos con unos precios algo elevados para la práctica, ya que el coste del salto asciendo a $ 130 en el caso de los niños y de $ 180 en el caso de los padres. Si vamos con la familia (2 niños y dos adultos), podemos conseguir hacernos con la oferta y saltar los cuatro por $ 480.

Trabajar en Nueva zelanda

Cuenta la leyenda maorí que el joven Maui, un semi-dios con poderes mágicos que vivía en Hawaiiki (la mítica isla donde los polinesios sitúan su origen), fue a pescar escondido en la canoa (waka) de sus hermanos. Cuando éstos lo descubrieron se negaron a compartir su cebo. Maui optó entonces por utilizar su propia sangre como carnada sobre su anzuelo mágico y pescó con esfuerzo la Isla del Norte, en maorí Te Ika-a-Māui (el pescado de Maui). A raíz de esta historia la Isla del Sur es conocida como Te Waka un Maui (el waka o canoa de Maui), mientras que la pequeña Isla de Stewart, que se encuentra en la parte inferior de Nueva Zelanda, se conoce como Te Punga un Maui (ancla de Maui).

Nueva Zelanda es a menudo descrita como un mundo en miniatura, donde se pueden contemplar a la vez magníficos paisajes de costa e impresionantes montañas nevadas, fiordos espectaculares y densas selvas tropicales, así como una actividad geotérmica única.

Único es también en cuanto a su población, una sociedad que mantiene la herencia de los tiempos en los que fue colonia británica junto con el legado de la ancestral cultura maorí.

Viajes a nueva Zelanda

Especialista en Nueva Zelanda

Patrimonio y Cultura…

La cultura indígena maorí combinada con la de los colonizadores europeos hace de Nueva Zelanda un lugar muy especial. Actualmente el nombre de los lugares, el arte, la arquitectura y las historias reflejan lo que es este país, su origen y cómo se dio forma a su sociedad. No hay mejor manera de conocer realmente Nueva Zelanda que explorar su rico patrimonio y fascinante cultura.

Actividad Geotérmica…

Sorpréndase por la fuerza que emerge del interior de la Tierra. En Nueva Zelanda, tendrá la oportunidad de ver piscinas de lodo en ebullición, oír el silbido del vapor que escapa al exterior, volcanes activos, vuele sobre cráteres o aproveche para tomar un relajante baño termal. La región activa se extiende desde White Island (en la Bahía de Plenty) hasta las montañas del Parque Nacional de Tongariro en el centro de la Isla del Norte, con el centro de la actividad en la ciudad de Rotorua.

Senderismo…

Hay 14 Parques Nacionales (3 declarados Patrimonio de la Humanidad) y alrededor del 30% de Nueva Zelanda es territorio protegido con acceso al público, por lo que hay infinidad de pistas y caminos para escoger, con la posibilidad de realizar excursiones guiadas o por libre. La variedad del terreno permite visitar playas desiertas, exuberantes bosques nativos, valles abiertos, praderas alpinas, campos y zonas volcánicas activas, con rutas para todos los niveles: de itinerarios de varias jornadas a senderos de un día.

El Agua…

El agua es una parte importante del país. Además de su un amplio litoral dispone de un interior montañoso que ofrece cientos de ríos, lagos y canales. Hay islas, puertos, golfos, playas, ríos, lagos, fiordos y glaciares a la espera de ser explorados. La oferta de actividades relacionadas con el medio es muy amplia: relajados paseos en barca por ríos urbanos, alquiler de yates o veleros, rafting en aguas bravas, kayak por aguas cristalinas, buceo, snorkel, pescar e incluso remar en un Waka (canoa tradicional maorí).

El Cielo…

Nueva Zelanda ofrece una variada gama de actividades que sólo pueden tener lugar por encima de su espectacular paisaje. La magnitud de las montañas, lagos y ríos hace que la mejor manera de disfrutarlos sea a través de sus cielos. La oferta incluye paracaidismo en los Alpes del Sur, vuelos en ala delta en la Bahía de Hawke, vuelos escénicos en avioneta, helicóptero o en globo que proporcionan vistas maravillosas de los espectaculares paisajes naturales del país.

Gastronomía…

A la fama del marisco y el exquisito cordero, se le añade la reputación de sus vinos, entre los que sobresale su conocido Sauvignon Blanc y un cada vez más valorado Pinot Noir, a la vez que existen muchas otras variedades de uva adaptadas perfectamente a las condiciones climáticas y del suelo de cada zona vinícola. Existen muchas rutas gastronómicas y vinícolas para disfrutar! Por otro lado no olvide vivir la experiencia que supone degustar según el método Hangi, la forma tradicional maorí de cocinar los alimentos en un horno subterráneo.

Rutas y Tiempos de vuelo

Nueva Zelanda se encuentra, respecto a la Península Ibérica, justo al otro lado del globo, por lo

que se trata del lugar más alejado de nuestro hogar. Viajar desde España hasta Auckland supone en cualquier caso tomar al menos dos vuelos en cada sentido, para un total mínimo de casi 25 hora de vuelo.

Air New Zealand, la compañía nacional de Nueva Zelanda, ofrece desde Londres a Auckland un servicio diario vía Los Angeles y 5 vuelos por semana vía Hong Kong, permitiendo combinar ambas rutas y realizar por tanto la vuelta al mundo.

El tiempo de vuelo aproximado de las rutas desde España son:

Bacelona/Madrid – Londres – Los Angeles – Auckland

27h05m (31h40m con tiempos de conexión)

Bacelona/Madrid – Londres – Hong Kong– Auckland

24h30m (29h20m con tiempos de conexión)

Auckland y Tierras del Norte

Los amantes del mar encontrarán aquí todas las playas, barcos e islas que necesitan para la ser felices. En esta parte de la Isla del Norte se encuentran algunos de los lugares más emblemáticos de Nueva Zelanda (como los bosques de Sauri de Waipoua, el lugar donde se firmó el Tratado de Waitangi, la Isla de Waiheke, y el paisaje de lava negra de Rangitoto. También hay dos ciudades para visitar: Auckland, la mayor del país, y Whangarei, probablemente la más tranquila.

Centro de la Isla del Norte y Costa del Pacífico

La fascinación por lo único e inusual se descubre viajando a través del corazón de la Isla Norte: las cuevas de Waitomo, sorprendentes parques geotérmicos y la cultural maorí en Rotorua, pesca de la trucha en el Lago Taupo y los imponentes volcanes activos del Parque Nacional de Tongariro. En la costa del Pacífico se encuentra la Península de Coromandel, un paraíso de bosques y playas, donde incluso uno se puede cavar su propia piscina natural de hidromasaje. Desde Gisborne y la ciudad Art Déco de Napier parten rutas gastronómicas a través de viñedos y granjas de productos artesanales.

Wellington y Wairarapa

Wellington, la capital administrativa del país, ofrece al visitante museos, edificios históricos, teatro y música, todo en un bello entorno junto al mar, donde se llega a pie a todas partes. Más allá de la ciudad, los pueblos de la zona del Lago Wairarapa encantan con su oferta de rutas entre viñedos, alojamiento con encanto y sabrosas experiencias gastronómicas.

Oeste de la Isla del Norte

Grandes paisajes y hermosos jardines decoran está tranquila región, donde desde casi cualquier lugar se puede ver el perfecto cono nevado del monte Taranaki (2.518 m.), dominando el Parque Nacional Egmont. Seguir el curso del río Whanganui significa adentrarse en un mundo mágico de barrancos y bosques, y en el río Rangitikei se puede disfrutar de un emocionante rafting en sus bravas aguas.

Nelson y Marlborough

Aquí el paisaje es fuente de inspiración de los cientos de artistas y artesanos que habitan esta zona del país. También se pueden visitar las bodegas del lugar, donde reina su famoso Sauvignon Blanc, que combina a la perfección con las vieiras de Golden Bay. El capítulo de aventura está sobradamente cubierto explorando a pie o en kayak el Parque Nacional Abel Tasman, los lagos de Nelson Lagos y los fiordos de Marlborough.

Lagos y Fiordos del Sur

Wanaka y Queenstown están rodeadas por las grandes montañas, lagos y glaciares de los Alpes del Sur. Los deportes de nieve y cualquier tipo de actividad deportiva de riesgo se dan cita en este magnifico entorno natural. Aquí se encuentra Milford Sound, el más famoso de los fiordos, que puede disfrutarse (si el tiempo lo permite) a bordo de un crucero.

Canterbury y la Costa Oeste

La región de Canterbury cuenta con los pintorescos parques y la arquitectura histórica de Christchurch, el patrimonio francés de Akaroa, la posibilidad de avistar ballenas en Kaikoura y el impresionante Parque Nacional de Aoraki/Mount Cook, donde se encuentran las cumbres más altas del país. Al otro lado de las montañas, la costa oeste muestra un paraíso salvaje, azul y verde de bosques húmedos y paisajes marinos, con lugares sorprendentes como los glaciares Franz Josef y Fox, minas de oro y formaciones rocosas surrealistas.

Costa de Otago y Tierras del Sur

Las esféricas piedras de Moeraki, colonias de pingüinos y focas, un santuario de albatros y un bosque fosilizado son algunos de los lugares que se pueden ver recorriendo la denominada Ruta escénica del Sur que pasa por esta región. La costa salvaje y las tierras de cultivo contrastan aquí con el patrimonio local y la vistosa arquitectura Eduardiana y Victoriana de Dunedin y Invercargill. En el Parque Nacional de Rakiura en la Isla Stewart se puede ver el kivi, el ave nacional, en su entorno natural.

 

Isla del Norte (Te Ika-a-Maui)

La Isla del Norte esta compuesta mayoritariamente por tierras de cultivo, dominadas por un macizo central y una meseta volcánica, una zona de gran actividad geotérmica.

Auckland

Lago Taupo y P. N. Tongariro

Mt. Taranaki y P.N. Egmont

Wellington

Bahia de las Islas

Cuevas de Waitomo

Peninsula de Coromandel

White Island (Bay of Plenty)

Bahia de Hawke

Rotorua

 

Isla del Sur (Te Waka un Maui)

Desde las vastas llanuras de Canterbury hasta las impresionantes cumbres de los Alpes del Sur y los espectaculares Fiordos de la Costa Sur, este inmenso territorio cuenta con la tasa de densidad de población más baja del país.

Mount Cook y Glaciar Franz Josef

Lago Wanaka

Milford y Doubtful Sound (Tierra de los Fiordos)

Tierras de Sur y Stewart Island

Nelson y Marlborough

Kaikorua

Christchurch

Queenstown

Dunedin

 

Auckland

Ante todo, permitirnos que os demos la bienvenida a una nueva actualización de nuestra web viajes Oceanía, que, como su propio nombre indica, está dedicada a este maravilloso y no tan conocido continente, con todos sus lugares por descubrir. Siendo nuestra función contaros cosas sobre Oceanía, pero sobre todo descubriros nuevos lugares que visitar en ella, no podemos hacer menos que volver a escribir para vosotros con ganas, deseosos de haceros alguna nueva recomendación que, a ser posible, os sorprenda gratamente, y si es lo suficiente como para que os decidáis a planificar vuestro viaje por el continente en base a nuestras recomendaciones, nos hará más ilusión aún. Hoy hemos elegido para vosotros un destino que esperamos que os deje satisfechos, porque lo hemos hecho con todas las ganas del mundo. Nosotros, creemos que satisfará vuestras expectativas. Dicho esto, os vamos adelantando que, el destino de hoy, os va a llevar a un rincón de Nueva Zelanda.

Dicho lo anterior, también hemos de confesar que, nuestra intención antes de ponernos manos a la obra a la tarea de escribir nuestra recomendación turística de hoy, era centrarnos en algún lugar importante dentro de Nueva Zelanda, pero que, al mismo tiempo, tampoco queríamos caer en el tópico recurrente de hablar de una capital, porque, al fin y al cabo, es algo que es posible que ya sea conocido por la gente a pesar de que no hayan estado personalmente. Así pues, eso es lo que acaba de explicar nuestra elección concreta de hoy, que se trata de ni más ni menos que de Auckland, que si bien no es la capital del país, sí que puede decirse que, sin lugar a dudas, es la segunda ciudad más importante del mismo, amén de otras cosas que comenzaremos a ver a continuación si seguís con nosotros.

Conociendo y ubicando la ciudad de Auckland

Conocer la ubicación de los lugares que vamos a visitar es una gran idea y aunque no lleguemos a ir, nunca viene mal un poco de cultura general de geografía, especialmente al tratarse de lugares importantes. En el caso de Auckland, hay que decir que está al sur del Pacífico, concretamente en la isla norte de Nueva Zelanda. El área en el que se ubica Auckland, llamada de igual forma pero añadiendo el término inglés metropolitan area, es la más poblada de todo el país, acumulando más de un cuarto del total de habitantes.

Auckland es una ciudad de agradable clima, con veranos cálidos e inviernos no demasiado fríos. Además, también tenemos que añadir que estamos hablando de una ciudad que se considera la capital económica de Nueva Zelanda, y es que las grandes multinacionales tienen sede allí. Su peso financiero es importante. Culturalmente hablando, Auckland es un lugar donde confluyen varias culturas, mezclándose el origen europeo, el asiático y el de polinesia. Sin duda, todo esto es algo que enriquece la vida y la experiencia de pasar unos días viajando por el lugar, que además, goza de conexiones con otras islas a través de puentes.

Como es lógico, a estas alturas estaréis deseando ya que comencemos con alguna recomendación sobre algunos lugares que ver en Auckland, así que a ello vamos ahora mismo. La Queen Street es la calle principal, y en ella tenemos tanto los edificios históricos como una amplia gama de ocio. Las vistas panorámicas de la ciudad desde la Sky Tower y sus 328 metros, son todo un clásico del turismo local. El puente Harbour o Harbour Bridge, es un icono de Auckland que no debéis perderos. Si lo que queréis es ver viviendas, restaurantes y comercios de lujo, deberíais dejaros caer por Viaduct Basin.

 

 

Todos tenemos nuestras propias definiciones de belleza, relajación, aventura y bajo costo. ¿Acaso no es un lugar perfecto para vacacionar aquel que tenga todas esas cosas juntas? Si algo es seguro es que Nueva Zelanda superará todas tus expectativas en cuanto a vacaciones se refiere.

Puede ser la mayor aventura de tu vida. Pueden ser las vacaciones más relajantes, recuperadoras y tranquilas. Lo que sea que desees de tus vacaciones, seguramente lo encontrarás en la hermosa Nueva Zelanda. Escápate de las presiones del mundo real por algunos días y viaja a este lugar lleno de aventuras y relax.

Qué hay para conocer en Nueva Zelanda

Visitar los únicos paisajes del Parque Nacional Fiordland

Un mágico lugar en el que las montañas y los valles compiten por un espacio, en el que la escala está más allá de nuestra comprensión, la lluvia es medida en metros, y los escenarios nos generan la gama más amplia de emociones. La belleza de este sitio es algo que sólo encuentras en Nueva Zelanda y no vas a tener la experiencia completa de visitar este país sin haber visitado este parque.

Para sacar el mayor provecho a tu visita al parque, puedes disfrutar del paseo a través de la ruta escénica del sur (Southern Scenic Route), que une Te Anau con Invercargill. Recomendado tanto para ciclistas como para quienes van en coche. Párate donde te plazca y camina por los alrededores, permite que los paisajes te quiten el aliento. Esta ruta te lleva alrededor de la parte sur del país, brindando acceso a la zona Patrimonio de la Humanidad de Wahipounamu.

Aquí verás muchas estructuras históricas, y también podrás disfrutar de las más divertidas y aventureras actividades como pesca, paseos en bote, rafting, senderismo, bici de montaña, acampada y muchas más.

Las vistas y aventuras de este parque son realmente maravillosas y por sí solas harán que tu viaje valga la pena. Asegúrate de no perderte de visitar maravillas geológicas como el Lago Te Anau, el más grande de la isla Sur, y el segundo más grande de Nueva Zelanda.

El lago Manapouri, con sus 33 islas y playas de suaves arenas. También puedes tomar un crucero a través de los fiordos, sobre todo los de Milford y Doubtful te impresionarán con sus únicas vistas y su inmensa tranquilidad. Sin duda es uno de los lugares más hermosos y puros del planeta.

La historia de Nueva Zelanda: un sitio que te dejará pidiendo más

Ahora que tus pies tocan de nuevo el suelo, y has regresado a salvo de las mayores aventuras de este país, es tiempo de disfrutar de su historia. Comienza por visitar el único castillo de Nueva Zelanda, el Castillo de Larnach.

Es visualmente hermoso, y muy interesante históricamente, es una visita realmente recomendada. Lo mejor, ¡que puedes quedarte a dormir en él! Ha sido restaurado y funciona en parte como hotel, así que puedes deleitarte mientras pasas la noche paseando por sus elegantes pasillos y escaleras, y presenciando la espectacular salida del sol entre sus hermosos jardines.

Continúa con la vena histórica de tu paseo por Nueva Zelanda visitando las minas de oro de Otago. Uno de los sitios mineros más antiguos de Nueza Zelanda, aún preservan la pasión y vitalidad que tuvieron en sus días. Pasea a caballo por la zona y siéntete transportado en la Garganta del Kawarau a una era perdida.

Hay muchos lugares para ver y visitar en Nueva Zelanda, ya sea que quieras relajarte a la orilla de sus ríos, subir tu adrenalina haciendo rafting en sus rápidos o aprendiendo un poco de su historia visitando sus monumentos. Si estás planeando tus próximas vacaciones, definitivamente deberías considerar Nueva Zelanda.

 

Nueva Zelanda en 10 lagos

Los hay de origen glaciar. En las calderas de volcanes. Otros se han convertido en humedales. Los hay grandes y pequeños. De aguas negras y turquesas. Los lagos de Nueva Zelanda son una de sus muchas maravillas naturales. Aquí hay diez (quizá alguno más) para ir abriendo boca.

Texto: Patricia Osuna

Lago Taupo

En el centro de la Isla Norte, el Taupo es el lago más grande del país. Descansa en la caldera de un volcán formado hace 300.000 años, muy cerca de otra de las grandes atracciones de esta isla, el P.N. de Tongariro. Aunque el agua está helada, hay puntos donde la actividad geotérmica caldea ésta y permite el baño, como la Hot Water Beach. También se puede practicar la pesca de la trucha, deportes acuáticos, realizar cruceros de día… NO PERDERSE: La carretera SH1 bordea el flanco oriental del lago, con distintos miradores a lo largo de su orilla.

Lago Okarito

Sus 3.000 hectáreas le convierten en el mayor humedal natural del país. Aquí encontrará aguas poco profundas y llanuras expuestas a las mareas, rodeadas de bosque pluvial (o lo que es lo mismo, ejemplares de kahikatea y rimu -coníferas australes- que llegan a superar los 50 metros de altura). Además del senderismo y la observación de aves, se pueden alquilar kayak para internarse en el bosque. Si busca una inmersión total en la naturaleza, dispone de camping y dos albergues. NO PERDERSE: La ascensión de una hora le dejará sin aliento, pero suba hasta la plataforma Okarito Trig para contemplar a vista de pájaro los Alpes neozelandeses y la laguna de Okarito.

Lago Wombat

La excursión a este pequeño remanso de agua y tranquilidad es el complemento perfecto a la visita de los glaciares Fox y Franz Josef. Es posible que disfrute más con la ruta (alrededor de una hora ida y vuelta) que discurre por un bosque nativo que con la contemplación del lago, especialmente si ya ha visitado otros más grandes. El recorrido comienza en la Glacier Access Road. NO PERDERSE: Si al llegar al lago está solo (bastante probable), pare, tome asiento en el banco de la orilla y dedique 10 minutos a no hacer nada. La naturaleza se encarga del resto.

Lago Matheson

Aquí se encuentra la foto que todo aficionado y profesional busca con denuedo: la del Monte Cook reflejado en sus aguas. Claro que la misión ralla en lo imposible. Cuando no sopla el viento, los patos que habitan en el lago lo cruzan de un lado a otro rompiendo la superficie espejada con cientos de ondas. Una pasarela de madera rodea su orilla con distintos miradores para los que quieran intentarlo. NO PERDERSE: Junto al aparcamiento y con vistas al Monte Cook, la cafetería y tienda de souvenirs Matheson Café es un rincón para turistas nada turístico. Ya me entienden.

Lago Wakatipu

Otro lago que hace podio, al ser el tercero más grande del país. En él se da un fenómeno muy curioso, y es que la marea sube y baja varios centímetros cada cinco minutos, un fenómeno que se observa muy bien en la Bob’s Cove. La ciudad más importante a orillas del Wakatipu es Queenstown, cuna de los deportes extremos. Pero tampoco hay que desdeñar localidades más pequeñas como Glenorchy. La carretera que separa ambas poblaciones discurre a ras del lago y permite disfrutar de éste y de las montañas Thomson, casi al borde del agua. NO PERDERSE: La travesía por el lago a bordo del último barco de vapor de Nueva Zelanda, el histórico TSS Earnslaw. Parte de Queenstown varias veces al día.

Lago Wanaka

Tanto Wanaka como su gemelo, Hawea, son dos extensiones de agua dulce embutidas entre montañas y desfiladeros. La localidad epónima bulle de actividad durante todo el año, pues es lugar de paso para esquiadores y senderistas. Desde ella salen un par de paseos panorámicos que bordean el lago, el Waterfall Creek Fall (valga la redundancia) y el Outlet Track. Ambos discurren por la orilla y no revisten dificultad alguna. NO PERDERSE: Salga en kayak por el lago como hacen los locales y después dese un premio en uno de los cafés con vistas.

Lago Hawea

El gemelo del Wanaka. Otro hito natural de la Isla Sur con miradores donde suele congregarse algún que otro autobús de turistas orientales. Su paciencia tendrá recompensa, porque no tardará en quedarse con el lago para usted solo. Aquí también se pueden practicar todo tipo de deportes: rutas en bicicleta y quad, senderismo, excursiones en lancha, pesca… NO PERDERSE: Prepare el gran angular porque la foto panorámica de este lago será la reina de su álbum de Nueva Zelanda.

Lago Manapouri

De origen glaciar, este lago en Fiordland es la puerta de acceso al fiordo de Doubtful Sound. Ofrece las actividades acuáticas de rigor además de encantadoras rutas aptas para todas las edades y condiciones físicas: Frasers Beach, Circle Track, Stockyard Cove Track o el Monument Track (sólo accesible en barco). NO PERDERSE: Bajo las aguas del lago se construyó en los años 70 la mayor central eléctrica del país (bastante controvertida). Algunos cruceros a Doubtful Sound incluyen una rápida visita de 15 minutos. Curioso, cuanto menos.

Lagos de Mildford Highway

La carretera que une Te Anau con el fiordo de Milford Sound está escoltada a uno y otro lado por diversos lagos: el propio Te Anau, Gunn, Fergus, Marian, Howden… Algunos cuentan con alguna pasarela-mirador y otros requieren una inspección a las bravas, adentrándose a paso vivo en la maleza. NO PERDERSE: La ruta de tres horas Key Summit Track. Parte del aparcamiento The Divide.

Lagos Tekapo y Pukaki

Estos dos lagos comparten el azul. Turquesa, para más señas. Un color que se debe a la harina de roca, un sedimento de origen glaciar de cualidad lechosa que hace que los rayos de sol se refracten. Explicaciones científicas aparte, ambos lagos están a un paso de los Alpes neozelandeses (a 20 minutos de la estación de esquí de Roundhill, por ejemplo) y en verano son un destino familiar de manual. NO PERDERSE: además de miradores, los lagos cuentan con pequeños merenderos frente a las aguas turquesas. Para picnics improvisados (pero perfectos).

 

 

La Habana (PL) Los Maoríes poblaron Nueva Zelanda desde el siglo IX con un elevado nivel en la confección de tejidos, construcción de vivienda, buen manejo agrícola y respeto por el medioambiente.

Provenientes de las lejanas y dispersas islas de la Polinesia, ese grupo indígena llamó a su nuevo asentamiento “la tierra de la larga nube blanca” y desde entonces, se consideraron guardianes del entorno.

El país, anexado formalmente por el Imperio británico a partir de 1840 y dividido en dos grandes islas, la del Norte y la del Sur, es virtualmente único en el mundo por su flora y fauna debido sobre todo al aislamiento geográfico.

Tales condiciones motivaron a los colonizadores a realizar rápidas medidas para neutralizar la influencia maorí, discriminándolos social y culturalmente y llegando, incluso, a prohibir el idioma autóctono.

Esas decisiones se reflejaron a partir del llamado Tratado de Waitangi, firmado en el mismo año de 1840, bajo el cual se pretendió “oficializar” la anexión de los territorios originales de los indígenas.

En ese proceso de “asimilación”, según diversos historiadores y el sitio especializado Guía del Mundo, los colonizadores británicos emplearon métodos violentos de expropiación, en abierta contradicción con lo firmado en el mencionado Tratado.

“Fueron en esencia -relata una reseña de Guía- guerras por la soberanía y defensa de la tierra”, en la que se incluyeron el derecho a la explotación racional de los bosques y la pesca, entre otras actividades.

Para los maoríes, la dominación británica, fue el inicio del exterminio cultural junto a la arbitraria implantación del lenguaje, la religión y las constumbre europeas.

En el decursar del tiempo

A fines del Siglo XIX y a pesar del despojo de más de 25 millones de hectáreas que poseían en 1840, los maoríes reiniciaron la lucha, planteando una y otra vez el respeto al Tratado de Waitangi.

Para diversos estudiosos del tema neozelandés, el desarrollo alcanzado desde el punto de vista económico permitió lograr algunas concesiones a los pobladores autóctonos, entre ellos, el derecho al sufragio.

Sin embargo, no es hasta bien avanzado el siglo XX y tras la independencia de la nación en 1907, que se alcanzaron algunos criterios en la clase gobernante para reconocer jurídicamente legal al Tratado de Waitangi. Los sucesivos gobiernos liberales y laboristas prosiguieron las políticas de despojo de tierras a los maoríes y se vincularon en el plano polÃ�tico a la tendencia del Reino Unido y Estados Unidos.

De esa manera, Nueva Zelanda se alió a esas potencias durante la Segunda Guerra Mundial y en las sucesivas intervenciones militares de Occidente en Corea, Vietnam, Iraq y Afganistán.

Con tal panorama, la lucha de los maoríes no cejó y solamente entre los años 80 y 90 del siglo XX definieron con los diferentes gobiernos algunos reconocimientos a cláusulas del Tratado de Waitangi.

En pleno Siglo XXI, la situación actual de los habitantes originarios de Nueva Zelanda sigue siendo precaria, aún cuando cuentan con algo más de media docena de diputados en el Parlamento.

Para el año 2006, las autoridades neozelandesas aceptaron administrar junto a los maoríes, los recursos del río Waikato, el mayor del país, derecho que habían reclamado por más de 30 años.

La llamada “tierra de la larga nube blanca” es hoy, como en muchas otras partes del mundo, escenario del drama entre los pobladores autóctonos y quienes durante siglos colonizaron sus vidas.

 

Nueva Zelanda está de modo. Desde que Peter Jackson mostró al mundo el paisaje de este maravilloso país a través de “El señor de los anillos” muchos somos los que soñamos con viajar y conocer el destino. El problema es que desde este lado del mundo son muchas horas para llegar y el consiguiente dineral para comprar el billete de avión y luego costearte los servicios de hotel.

Pero hay una manera muy cómoda de viajar y que está en auge: alquilar una autocaravana y recorrer el país. El verano europeo coincide con el invierno nuevazelandés y aunque hace frío los precios son considerablemente económicos, incluso suelen incluir promociones de 7 días gratuitos de alquiler con un mínimo de 14 días pagados. A partir de finales de Octubre, primeros de noviembre los precios suben sustancialmente, comienza su buen tiempo.

Hay muchas compañias de autocaravanas que alquilan sus propios vehículos. Una de las más conocidas es la marca UNITED CAMPERVAN. Hay muchos modelos con capacidad para 2 3 o hasta 6 personas. Se alquila por kilometraje ilimitado y suele estar equipado con ducha, lavamanos, wc, microhondas y cocina de gas, nevera con congelador, agua caliente y fría, utensilios de cocina, toallas e incluso ropa de cama.

 

 

Los pingüinos son omnipresentes… en la Antártida: dos tercios de esta región son pingüinos. Pero que esta imagen no os confunda: también hay pingüinos que viven en selvas tropicales costeras, por los crestados de Fiordland, Nueva Zelanda, o en cuevas volcánicas tropicales, como los de las Galápagos. Sólo los pingüinos Adela y Emperador viven exclusivamente en la Antártida.

El más grande es el pájaro bobo emperador (Aptenodytes forsteri), que puede alcanzar más de 1,35 metros de altura. Bucea a más de 250 metros de profundidad. Mantiene la respiración durante 18 minutos. Cuando se sumerge, su consumo de oxígeno disminuye drásticamente, su ritmo cardíaco se reduce a tan sólo 15 o 20 latidos por minuto y dirige el flujo sanguíneo hacia los órganos vitales, lo que facilita inmersiones prolongadas.

Pero no es el pingüino más grande que ha existido: hace 40 millones de años existió una especie, la Anthropornis nordenskjoeldi, que medía alrededor de 1,70 metros.

El Emperador anida una vez por año. Forma colonias las cuales varían en tamaño desde 150 hasta 50.000 parejas. En 1975, la población total de estos pingüinos, estimada en 300 mil de ellos, anidaba en 23 de estas colonias. También se reproduce en un ambiente más frío que el de cualquier otra especie de ave: la temperatura ambiente es de -20 °C de media y puede llegar a -40 °C, y la velocidad del viento puede alcanzar los 144 km/h.

Los huevos son incubados entre las patas de los padres, mientras que las madres retornan al mar de inmediato. La incubación dura de 62 a 64 días. Los padres, habiendo perdido 40% de su peso durante los días que han pasado sin comer, son relevados por las madres que atienden a la cría por unos 24 días. Ambos padres continúan alternándose y alimentando a los pichones durante los próximos 100 días. Tanto los machos como las hembras pueden llegar a recorrer hasta 500 kilómetros desde sus colonias buscando comida para sus polluelos, cubriendo entre 82 y 1454 kilómetros por individuo y viaje.

Quizá os parezca un gran esfuerzo por conservar unos huevos, pero hubo tres personas que también las pasaron canutas a fin de conseguir unos cuantos de esos huevos. De hecho, esa expedición se conoce ya como el peor viaje de la historia. Y además no sirvió para absolutamente nada. Podéis lo que ocurrió en El peor viaje del mundo… para buscar un pájaro bobo.

El emperador se ha conseguido reproducir con éxito fuera de la Antártida en el SeaWorld San Diego (California), donde más de veinte individuos han incubado desde 1980. A través de unas imágenes tomadas por satélite en 2009, donde se apreciaron áreas del hielo manchado por excrementos lo bastante grandes como para ser visibles desde el espacio, científicos de la British Antarctic Survey pudieron descubrir diez colonias de pingüinos emperador antes desconocidas en Antártida.

 

El peor viaje del mundo

A veces a nivel colectivo, otras a nivel individual. Como el hundimiento del Titanic, o la expedición que decidió comerse a sus perros husky.

Pero probablemente el peor viaje de todos los tiempos sea la expedición llevada a cabo por tres hombres para encontrar especímenes de huevos de pájaro bobo emperador, allá por el 1911. Dichos hombres fueron Edward Wilson, Apsley Cherry-Garrard y “Birdie” Bowers. No en vano, el relato fue recogido en un libro titulado precisamente El peor viaje del mundo, editado en 2007 por Ediciones B, cuyo autor fue Cherry-Garrard.

En un agotador recorrido de ida y vuelta, de 214 km y 19 días de duración, a través de la oscuridad y las ventiscas del invierno antártico, desde el cabo Evans hasta el cabo Crozier, y retorno, los tres vivieron una experiencia que difícilmente olvidarían.

El viaje lo llevaban a cabo a temperaturas de hasta -60 ºC. Esa temperatura parece increíblemente baja, pero os garantizo que tratar de caminar cuando el mercurio ha bajado tanto es como reanimar un muerto. Para que os hagáis una idea, durante la noche los expedicionarios llegaban a temblar de una forma tan exagerada que temían que sus huesos se pudieran romper.

¿Valía la pena tamaño esfuerzo por un puñado de huevos? Bien, los pájaros bobos son preciosos, y francamente espectaculares en algunas de sus capacidades: pueden sumergirse hasta 250 metros y permanecer bajo el agua hasta 18 minutos. También se reproduce en un ambiente más frío que el de cualquier otra especie de ave: la temperatura ambiente es de -20 °C de media y puede llegar a -40 °C, y la velocidad del viento puede alcanzar los 144 km/h. El propio Apsley Cherry-Garrard admitiría más tarde: «En términos generales, no creo que haya nadie en la Tierra que lo pase peor que un pingüino emperador». Las principales colonias de cría están localizadas en cabo Washington (20 000–25 000 parejas), isla Coulman en Tierra Victoria (aproximadamente 22 000 parejas), bahía de Halley, Tierra de Coats (14 300–31 400 parejas) y la bahía Atka en la Tierra de la Reina Maud (16 000 parejas).

Pero la idea de Wilson iba más allá: creía que gracias a esos especímenes podría esclarecer que los pájaros bobos o pingüinos eran una especie de eslabón perdido entre los reptiles y las aves (actualmente se sostiene que las aves descienden de los dinosaurios).

Los expedicionarios, sin embargo, se encontraron con una desagradable sorpresa al encontrar al fin los huevos: que los machos eran los que los incubaban, tal y como explica Ian Crofton en La historia de la ciencia sin los trozos aburridos:

Y que algunos machos que no tenían huevo que incubar estaban tan desesperados para cumplir con su papel que modelaban burujos de hielo en unas formas ovoideas groseras, y se posaban sobre ellos. Después de haber recolectado tres huevos, los hombres retornaron a cabo Evans, pero apenas estaban vivos cuando consiguieron llegar al campamento base.

Wilson y Bowers, durante la misma expedición, se acabaron uniendo al viaje del capitán Scott al Polo Sur, pero murieron congelados. Sólo sobrevivió Cherry-Garrard que, al regresar a Londres para entregar sus tres huevos de pájaro bobo al Museo de Historia Natural, tuvo aún que soportar otro traspiés.

Le preguntaron: ¿quién es usted? ¿Qué quiere? Esto no es una tienda de huevos. Después le dejaron que esperara durante horas hasta que alguien se pudo molestar para darle un recibo. Y es que la biología había cambiado. Wilson había basado su corazonada en la doctrina de Ernst Haeckel de 1866 según la cual “la ontogenia recapitula la filogenia”, es decir, el desarrollo embrionario de un individuo recapitula el desarrollo evolutivo de su especie. Dicha teoría había caído en descrédito; además, a Cherry-Garrard se le dijo que los huevos añadían poca cosa a la embriología de los pájaros bobos que el museo ya conocía.

 

 

Mordor – Monte Ruapehu

En la Tierra Media, dirán los más listillos que lean el titular de este artículo. Sí, Mordor es una región ubicada en la ficticia Tierra Media que creó el escritor británico J. R. R. Tolkien para el universo de sus novelas de ‘El Señor de los Anillos’. Pero, ¿dónde está ubicado Mordor en nuestro mundo?

El director neozelandés Peter Jackson se llevó el rodaje de las películas de la saga ‘El Señor de los Anillos’ a su país, no en un acto de patriotismo desproporcionado sino porque realmente Nueva Zelanda es uno de los lugares preferidos por Hollywood por tener ofrecer en un espacio relativamente pequeño paisajes muy diversos.

Y para la ambientación de Mordor, el feudo del Señor Oscuro Sauron, necesitaban un paraje volcánico y árido que nos hiciese creernos que estábamos en el lugar más escalofriante del mundo. No sé yo si el Monte del Destino hubiese dado tanto miedo si estuviese ambientado en el Monte del Sombrero de Granada, por ejemplo. Así, el Parque Nacional de Tongariro fue el escenario perfecto para este oscuro lugar. Reconoceréis el Monte Ruapehu de la foto por la trilogía, que por cierto es un volcán activo.

Me imagino yo que no sería fácil para la producción de estas películas conseguir que les dejasen grabar ahí, ya que la zona está declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y siendo así no puedes meter las cámaras y los orcos por las buenas.

Que no le gusta los delfines? Estas criaturas amigables y dóciles que parecen estar sonriendo y bromeando todo el tiempo, despiertan la curiosidad y el cariño de mucha gente, incluyéndome a mí. Tanto es así que la natación con los delfines fue una experiencia que me apreciaba como un niño, pero aún no había tenido la oportunidad de actuar.

¿Por qué no está de acuerdo mucho con la forma en que esta actividad extendida y explotadas comercialmente en algunos de los parques temáticos más importantes de los EE.UU. y algunos lugares en el Caribe, se lleva a cabo, prefieren esperar hasta que una oportunidad más acorde con mis principios éticos en relación con el permiso sujeto la realización de este tipo de experiencia.

Esta experiencia se hizo realidad recientemente aquí en Nueva Zelanda, más precisamente en Kaikoura en la costa noreste de la isla del sur, donde tuvimos la oportunidad de nadar con una docena de delfines entrenados y confinado en una piscina para complacer a los turistas, pero con el cien delfines salvajes y libres en su medio natural. Y antes de seguir leyendo este post, le recomiendo que vea el video a continuación con algunos momentos increíbles de interacción que tuve con ellos bajo el agua.

Fantastic ¿no?! Y te lo advierto: El video no consigue transmitir o alrededor de una quinta parte de la emoción de estar nadando con los delfines en el océano. Cuando los científicos y los investigadores dicen que los delfines pueden ser considerados uno de los animales más inteligentes del reino animal, ahora tengo que concordar en género y número de grado. Una de las cosas más increíbles que nadan con delfines en Kaikoura, en mi opinión, fue darse cuenta de que establecer contacto visual, literalmente, mirando a los ojos, y casi hablando.

Debido a que son criaturas con una increíble sensibilidad al sonido, tratando de “hablar” con ellos o al menos hacen sonidos diferentes es sin duda una buena manera de llamar la atención e interactuar con ellos. Es una extraña experiencia a través, pero al mismo tiempo muy frío.

Aprovechando la visita de nuestros amigos que viven en Hawaii y vinieron a pasar unos días en Nueva Zelanda, fue a la Isla del Sur, se reunió con ellos y bucear con una de las mayores poblaciones de delfines salvajes en el mundo. Como nunca habían visitado la isla sur antes, decidió salir temprano, a principios de la semana con el fin de conocer a algunos de los muchos atractivos que la Isla del Sur tiene para ofrecer, incluyendo el Milford Sound, Doubtful Sound, Curio Bay y similares.

Una de las mejores maneras de disfrutar de la belleza natural de unos paisajes privilegiados país absolutamente increíble como es el caso de Nueva Zelanda, es viajar en tren. Mi primera experiencia de viaje por caminos aquí en la tierra de los kiwis y los Hobbits cruzaba casi toda la isla norte de norte a sur a bordo del Explorador del Norte entre Auckland y Wellington.

En ese momento me decidí a hacer frente a las casi 12 horas de viaje que separa las dos ciudades más grandes de Nueva Zelanda preparados para una potencialmente larga y agotadora jornada esperando lo peor. Pero a diferencia de algunas críticas antiguas que encontré en el Internet antes de viajar, yo estaba muy sorprendido con el tren (a estrenar), satisfecho de boquilla y, obviamente, la mirada a lo largo del viaje. Tanto que no podía esperar a hacer otro tren viaje aquí.

Esta vez, disfrutando de un viaje a la Isla del Sur durante las vacaciones de Pascua, la ruta elegida fue la Pacific Coastal entre Picton y Christchurch. Con 348 kilometros de largo, es el único de los tres ferrocarriles escénica Nueva Zelanda a una parte de la ruta de viaje (de hecho gran parte de ella), literalmente, por la costa.

Además de los incontables kilómetros de playas desiertas y espectaculares acantilados de rocas donde podemos divisar cientos de focas y delfines disfrutando los últimos momentos del verano, el Pacific Coastal también atraviesa numerosos viñedos, valles, ríos y granjas de horas que están enmarcadas por las montañas de los Alpes del Sur en una cara y / o el Océano Pacífico por el otro.

Cuando el tren Pacific Coastal sale muy temprano Christchurch, a las 7:00 am, simplemente coger un vuelo la noche anterior al viaje a Christchurch y pasó la noche allí para no perder el tren. Cuando nos registramos en el hotel, descubrimos que Kiwi Rail ofrece servicio de transporte gratuito desde casi todos los hoteles en la estación de Christchurch. Nos reservamos el transbordador y nos fuimos a dormir y las 06:00 de la mañana estábamos listos y ansiosos por el viaje.

Llegamos a la estación de Christchurch 20 minutos antes de la salida del tren, cambiamos nuestras reservas de billetes físicos y luego subimos. A medida que el tren no estaba muy lleno, todos los pasajeros que pudieran asignarse en el lado derecho del tren (el lado con las mejores vistas hacia Christchurch => Picton). Cuando dimos la vuelta antes de reservar nuestros asientos, nos dieron una mesa cerca del observatorio vagón (el mejor lugar para tomar fotos durante el viaje).

Nueva Zelanda es un país de la Polinesia que consta de dos islas grandes y una serie de otras más pequeñas, también es conocida como el “Reino de Nueva Zelanda”, siendo el país absorbido por las aguas azules del Pacífico, el paisaje paradisíaco de Nueva Zelanda la convierte en uno de los destinos turísticos más populares de la zona.

El territorio de Nueva Zelanda es la cuna de la cultura indígena y distinta que ahora se conoce como la comunidad maorí, que sin embargo de acuerdo con la población nativa de Nueva Zelanda es “Aotearoa”, o “la tierra de la larga nube blanca”.

Los primeros colonos humanos en Nueva Zelanda fueron los polinesios, que probablemente arribaron entre 800 dC y 1300 dC, en una serie de migraciones.

La primera llegada de los europeos tuvo lugar con la llegada del explorador neerlandés Abel Janszoon Tasman y su tripulación en 1642.

Aunque el viaje no dio los resultados que esperaban, éste allanó el camino para una serie de expediciones, siendo primer viaje con éxito en el país el del explorador británico James Cook en 1768-71. El viaje marcó el comienzo de la llegad de europeos y norteamericanos como los futuros comerciantes de Nueva Zelanda.

Como parte del imperio británico, Nueva Zelanda fue un participante activo en varias guerras como la Guerra de Boer, la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial al lado de la crisis de Suez.

Bajo el gobierno de la década de 1980, el país se desarrollado como una potencia económica, donde además la industria del cine se ha extendido notablemente, para los distintos films épicos de los últimos tiempos.

Nueva Zelanda es el otro gran país de Oceanía. Está situado a 1.600 kilómetros de Australia y consiste en dos islas de gran tamaño y otras cuantas pequeñas a su alrededor. Las dos grandes están situadas sobre fallas de placas tectónicas el movimiento de estas genera constantes terremotos en esa parte del mundo y ha formado volcanes activos y geisers

Gran Bretaña la anexionó en 1840 y desde entonces ha sido suya con diferentes grados de autonomía hasta 1947, año en el que consiguió la independencia. En la actualidad hay muchos más descendientes de inglaterra que maorís, indígenas naturales de la zona que aún conservan un idioma oficial y a los que el gobierno ha compensado en los últimos años por la pérdida de sus tierras tradicionales.

Si tenemos que destacar una urbe, además de Auckland, que es con un millón de habitantes la más grande del país, situada en un istmo entre dos bahías, podríamos quedarnos con Wellington, la capital del estado y el mayor centro financiero del mismo. Está situada en una gran bahía resguardada que no es otra cosa que el cráter sumergido de un antiguo volcán y está en la punta Sur de la Isla Norte de las dos grandes que componen el país, de las cuales es precisamente en esta en donde se concentran las infrastructuras modernas debido a que es más seca y fértil que la isla sur, en la que el clima es casi siempre frío y húmedo y cuyo interior es demasiado escarpado.

Los Europeos llegaron a Welligton en 1940 y trasladaron aquí la sede de su gobierno en 1865. Los principales edificios del gobierno y el barrio comercial tienen lugar cerca de la playa o en la playa misma y uno de los más bellos es el parlamento, al que se conoce como La Colmena y que fue diseñado por el británico Sir Basil Spencer en 1969 aunque no se terminó hasta 1980.

Ayer os dábamos algunas pinceladas sobre qué cosas ver en Nueva Zelanda y lo cierto es que nos centramos especialmente en la historia del lugar y en sus dos principales ciudades, Auckland, la más grande del país que tiene como dijimos un millón de habitantes, y Wellington, la capital administrativa y financiera del estado.

Hoy sin embargo queremos hacer mención a algunos de los lugares naturales que merece la pena visitar fuera de esas dos urbes y a una construcción hecha por el hombre que también es digna de ser visitada.

Nos referimos con eso de construcción a la Catedral de Christchurch, que es la ciudad más grande de la isla del sur y cuya plaza es el corazón de la ciudad.

En cuanto a los parajes naturales a los que hacíamos mención cabe destacar la costa suroeste de la propia isla del sur, que se caracteriza por sus profundos fiordos, como el espectacular Milford Sound.

Orto enclave fabuloso sería, también en la isla del sur, el glaciar Franz Josef, y también el glaciar Fox, que descienden ambos hasta las llanuras litorales.

Finalmente destacaremos como paisaje natural la zona de Rotorua, ya en la isla del norte, en la que la actividad geotérmica es enorme y hay bellísimos geiseres que seguro que te gustará contemplar.

Acabamos con una última recomendación: no te pierdas, si tienes ocasión, la danza tradicional de bienvenida maorí, también llamada powhiri, que puedes contemplar en tu visita a algunos templos. Es tremendamente artística y pone los pelos de punta.

Nueva Zelanda es el segundo país más grande de Oceanía, por detrás de Australia. Esto hace que, de vez en cuando, deje de brillar, y esté a la sombra de su hermana mayor. Sin embargo, cada país es distinto, por lo que no debemos compararlos a pesar de sus similitudes. Por eso escribimos este post, para que cuando vayamos a Nueva Zelanda podamos ver sus diferencias y sus peculiaridades. Así que si te interesa este tema, el de saber unas cuantas curiosidades sobre este país, no dudes en seguir leyendo. Te resultará muy curioso, y te entretendrás un rato. Adelante, las curiosidades te esperan.

Isla Norte de Nueva Zelanda

Viajar a Nueva Zelanda es algo que no todo el mundo hace, pero que a la mayoría le gustaría hacerlo. Así, es un lugar que tiene prácticamente de todo. A pesar de que la gente va hasta allí guiados por un turismo de playa, y de deportes acuáticos, son muchos los que van hasta este país, ávidos por aprender una cultura nueva, o adquirir o perfeccionar el inglés que se habla por esos lares. De todas formas, hay mucho más que todo eso, y son precisamente las pequeñas cosas las que componen ese todo que forma un país.

Normas sociales y comportamientos

Aunque no tengamos conocimientos sobre los estereotipos de los neozelandeses, los que escuches probablemente serán ciertos. La primera vez que vayas hasta este país, te darás cuenta de que la gente es de lo más amable, y con que te hayan visto un par de veces, lo más probable es que te terminen saludando el resto de tu estancia aquí. Es una costumbre social muy arraigada y extendida, que hace que uno se sienta casi como en su casa. Esta amabilidad, es innata, y te servirá al estar como turista, ya que si te pierdas, más de uno te brindará su ayuda, e incluso puede que te lleven hasta el lugar que quieras, sin esperar nada a cambio.

Aunque el tabaco y las bebidas alcohólicas están permitidas, es una sociedad bastante sana que apenas tiene vicio. Es mucho más evidente en el caso del tabaco, pues la tasa de fumadores es muy baja si la comparamos con Australia. Sin embargo, en cuanto a la bebida, no es tan chocante. Suelen beber menos que los europeos, sí, pero lo cierto es que adolescentes y personas mayores suelen ser los perfiles que más consumen, todo dentro de los limites normales. Esto tiene que ver, probablemente, con el estilo de vida activo que llevan los neozelandeses.

Mapa de Nueva Zelanda

Los neozelandeses son unas personas muy correctas, y por tanto, puntuales. Se dice mucho de la puntualidad inglesa y la suiza, pero los neozelandeses, si tienen un compromiso, intentan cumplirlo. Por lo general, son personas con gran sentido del deber, responsables y que quieren cumplir y hacer respetar las normas, por lo que se enfadarán si ven que un conocido las incumple, o si llega tarde. Se dice, aunque esto no es el todo cierto, que los neozelandeses no muestran sus emociones en público. Aquí ya depende del contexto, y de la persona, por supuesto, pero hasta se ha perdido el saludo, pues no se acostumbran a dar dos besos, y ni siquiera el apretón de manos.

Eso sí, los neozelandeses son gente muy activa, y les gustan mucho los deportes y las actividades al aire libre. De hecho, los deportes favoritos suelen ser el surf, y el rugby, pero también adoran la pesca, y otras actividades mucho más tranquilas, como pescar, o incluso la jardinería o el bricolaje. Todo es cuestión de gustos, pero lo cierto es que son personas que disfrutan respirando aire fresco.

Fox y Franz Josef, al oeste de la Isla Sur, son dos ríos de hielo únicos en el mundo por su proximidad al océano. Además, la visita a estos glaciares sirve de excusa para explorar solitarios bosques, lagos y playas.

La peculiaridad de los glaciares neozelandeses es que en ningún otro lugar del planeta, a esta latitud, se da este fenómeno tan cerca del océano. Y es que tanto Fox como Franz Josef Glacier se encuentran a apenas 20 kilómetros de la costa.

Fox fue bautizado en honor de Sir William Fox, primer ministro neozelandés a finales del siglo XIX. La cara terminal del glaciar se encuentra a unos 35 minutos a pie desde el aparcamiento. No se puede acceder a menos de 100 metros del hielo debido al desprendimiento de algunos bloques.

Entre los paseos por el glaciar figuran el Moraine Walk y el Minnehaha Walk. El River Walk se extiende hasta el Chalet Lookout Track y termina en un mirador. No obstante, debido a las lluvias y a las consiguientes crecidas de los arroyos que serpentean por estas laderas, es posible que no se pueda llegar hasta él.

Diversos ecosistemas se aglutinan en una secuencia ecológica interdependiente: desde playas a vistosos bosques de coníferas que llegan hasta las cumbres. Los distintos senderos que parten de la base de los glaciares brindan escenas naturales como esta.

El de Franz Josef fue explorado por primera vez en 1865 y el austriaco Julius Haast le dio el nombre de su emperador. Dado el peligro de desprendimientos, se recomienda apuntarse a un circuito guiado (de día entero o medio día) para poder acercarse a los glaciares sin riesgo.

Franz Josef dispone de excursiones de 20 minutos (Sentinel Rock o la Terrace Track), de una hora (los Hine Hukatere Walk y Douglas Walk), de cuatro horas (Callery-Waiho Walk) y de hasta ocho horas (la Alex Knob Track).

Los maoríes primitivos conocían a Franz Josef como Ka Roimata o Hine Hukatere (Lágrimas de la joven del alud). Según la leyenda, una joven perdió a su amante al caer desde uno de los picos y su torrente de lágrimas se congeló formando el glaciar.

Entre diciembre y febrero (temporada alta), los glaciares están a rebosar de visitantes. Para tener el privilegio de contemplar estos paisajes en solitario, hay que viajar de mayo a septiembre, cuando además los precios de los alojamientos circundantes (y las temperaturas) descienden.

Durante la última glaciación Franz Josef y Fox llegaban al mar. Con el deshielo pudieron haber retrocedido más allá de sus posiciones actuales para volver a avanzar y alcanzar su mayor extensión hacia 1750.

Vista del Fox Glacier desde la carretera que lleva al cercano lago Matheson. En los días despejados no sólo se obtiene esta vista, sino que se alcanzan a ver los montes Tasman y Cook (mejor a primera hora de la mañana o a media tarde, cuando el sol ya está bajo).

El lago Matheson con las cumbres más fotogénicas de Nueva Zelanda reflejadas en sus aguas. El lago se puede rodear por completo en algo menos de una hora gracias a una pasarela de madera con distintos miradores.

A 20 kilómetros del glaciar de Fox, la playa de Gillespies es un cementerio de árboles y sus impetuosas aguas desaconsejan el baño. Desde aquí se puede realizar una caminata de tres horas hasta la Galway Beach atravesando dunas.

Las profundas aguas y el incesante oleaje antártico convierten la orilla de Gillespies en el restaurante favorito de focas, aves y -aunque no siempre a la vista- ballenas.

En las inmediaciones de Gillespies desembocan distintos ríos y arroyos, como el Clearwater y el Waihapi. Muchos de ellos conservan en sus orillas los artefactos empleados por los pioneros durante la fiebre del oro.

La peculiaridad de los glaciares neozelandeses es que en ningún otro lugar del planeta, a esta latitud, se da este fenómeno tan cerca del océano. Y es que tanto Fox como Franz Josef Glacier se encuentran a apenas 20 kilómetros de la costa.

Nueva Zelanda, pero también hay viajes culturales, porque nos interesa aprender más sobre lo que tienen que ofrecer en ese país. También está el turismo rural, para que nos sintamos en armonía con la naturaleza, y también, entre otros muchos, están esas vacaciones que se hacen única y exclusivamente para practicar deporte, que es lo que nos gusta. Y hoy te vamos a explicar algo de ello.

Para algunas personas, es inconcebible irse de vacaciones para hacer deporte. Pero es que cada persona es un mundo, y cada deporte también. Es por eso que, cuando algo te apasiona, no debes dejar influirte por lo que digan los demás. Simplemente hay que hacer lo que sientas. Y si te apetece hacer surf, ¿por qué no elegir Nueva Zelanda para ello? Puede que no sea un lugar tan perfecto, pero se puede hacer, que es lo importante, y por eso, en este post, vamos a dedicar un poco unas palabras a las mejores playas para practicar este deporte. ¿Quieres saber más? Pues entonces, adelante.

Deportes acuáticos y más

Cuando hablamos de hacer surf y otros deportes acuáticos en Oceanía, normalmente pensamos en Australia. Porque con su clima y su gran variedad de paisajes marítimos, siempre encontraremos algo de lo que estábamos buscando, sí o sí. En cualquier caso, nunca debemos dejar de pensar en su hermana pequeña, Nueva Zelanda, que también tiene unos sitios espléndidos para la práctica de este deporte. O al menos algunos sitios que merecen la pena probar, aunque si algo falla aquí, son las condiciones favorables para practicar un buen surf.

Eso sí, si vas a hacer surf en las playas de aquí, tienes que tener cuidado con la hipotermia, pues la temperatura del agua es bastante baja, y no todo el mundo puede soportarla. Si aún así quieres intentarlo, lo que tienes que hacer es coger la tabla con un traje de neopreno adecuado, que nos cubra un poco el frío. Y aunque parezca exagerado, también nos referimos a guantes y demás accesorios que no es habitual usarlos, pero que en este caso sí que pueden hacerse verdaderamente necesarios, y puede que hasta vitales.

En la Isla Norte, destacan algunos lugares donde poder practicar este deporte. Así, destacan por ejemplo, las playas del norte de Auckland, como Ocean Beach y Mangawai, pero también hay lugares como Bailys Beach que están un poco más escondidos, pero también merecen la pena. Fuera de Auckland, también tenemos otros sitios, como Wellington, que aunque está dentro de una bahía, puede suponer una experiencia distinta porque básicamente no hay olas. Pero si vas hacia la zona de monte, hay una región donde hay grandes tempestades, y sí que se puede hacer surf. Aquí destaca Lyall Bay, pero te la puedes encontrar bastante llena.

En cambio, en la Isla Sur, no suele haber tanta gente practicando surf, y los sitios son menos, pero también menos concurridos. De aquí destacan por ejemplo, la zona de Dunedin, que abarca la costa de Christchurch, donde se puede hacer surf en playas como Aramoana, en la que, si tienes suerte, llegan a romper algunas olas espléndidas. Aunque la más famosa, y concurrida de esta región es St. Clair, pero te la puedes encontrar demasiado abarrotada. La cuestión es probar. ¿Y tú? ¿Te atreves a hacer surf en Nueva Zelanda? ¡Siempre hay que probar experiencias nuevas! Así que, ¿a qué esperas?

El Hobbiton, el set fílmico de “El Hobbit” atrajo en verano a más de mil visitantes por día y ha logrado que el 85 por ciento de los turistas que visitan Nueva Zelanda lo haga para conocerlo.

El set, antes de 1998, era una granja familiar con colinas, altos árboles, jardines de flores y senderos, ubicada a las afueras de Matamata en la región de Waikato de Nueva Zelanda.

En marzo de 1999, iniciaron las obras de construcción dentro de la granja para la filmación de la trilogía de “El Señor de los anillos”, se informó a través de un comunicado de prensa.

En 2011 el escenario fue reconstruido para la trilogía de “El Hobbit” y en la actualidad se ha convertido en el set de cine más famoso, el cual fue descubierto en septiembre de 1998 por el director Peter Jackson.

De nueva cuenta, la saga estrenará su segunda parte en México “El Hobbit: La desolación de Smaug” , el próximo fin de semana, en donde resaltará la naturaleza de Nueva Zelanda con iconos como las colinas, el lago, los pastos de hierba, hortalizas, árboles frutales, la agricultura del Kiwi y las casas Hobbit.

Desde la primera película “El Hobbit: Un viaje inesperado” , estiman que más de 150 mil personas han conocido la granja ahora convertida en icono del cine en Nueva Zelanda.

El día de hoy conoceremos vamos a conocer algunos destinos a donde conocer más sobre la fauna de Nueva Zelanda. Empecemos visitando el Zoológico de Wellington, ubicado en 200 Daniell St, Newtown, en el cinturón verde de Wellington. Este zoológico que tiene más de 100 años de antigüedad, es considerado como el más antiguo del país. El Zoológico de Wellington es el hogar de la fauna exótica de la nación, una buena manera de acercarnos a la vida salvaje local. Te interesará saber que el zoológico tiene una extensión de 13 hectáreas y que alberga a más de 100 especies distintas.

Es hora de visitar el Zoológico de Auckland, hogar de la mayor cantidad de animales de Nueva Zelanda. Este zoológico que tiene una extensión de 17 hectáreas se ubica en 99 Motions Rd, Western Springs, Auckland. Aquí tenemos la posibilidad de apreciar más de 179 especies diversas de animales. Vale la pena destacar que el zoológico abrió sus puertas en el año 1922.

Sigamos el recorrido en el Zoológico de Hamilton, ubicado en 183 Brymer Rd, Dinsdale, Hamilton. Este zoológico que tiene una extensión de 25 hectáreas, abre todos los días de 9 de la mañana a 5 de la tarde.

El Acuario de Vida Marina de Kelly Tarlton es un acuario ubicado en Auckland, específicamente en 23 Tamaki Dr, Orakei. Aquí tenemos la posibilidad de apreciar animales como tiburones, pingüinos y otras especies de los océanos de Nueva Zelanda y el Pacífico Sur. Vale la pena señalar que el acuario fue inaugurado en el año 1985.

Tras nuestro formidable e interesante recorrido por la ruta de los castillos del Loira y aprovechando que hace una semana que arrancamos 2014, quiero iniciar otra serie de entradas dedicadas a algunos de los destinos más recomendables para ir de aventura el presente año, con un buen número de lugares que nos proponen interesantes y apasionantes escapadas y actividades como nos ofrece el primero de los lugares recomendables para este año, Nueva Zelanda.

Nuestras antípodas nos proponen una fantástica selección de excusas para visitarla, mucho más allá que hacer la ruta de los lugares donde se rodaron las películas de la trilogía de El Señor de los Anillos o El Hobbit entre muchas otras producciones, algo que es fantástico, sobre todo para aquellos a los que les gusta este género de cine y también de los amplios espacios naturales.

Una de las ventajas que tiene viajar a Nueva Zelanda es que no hay que preocuparse en demasía por el alojamiento dado que en todo el país se permite la acampada libre, así que si os gusta la aventura siempre podéis ir de camping aunque también podéis alquilar una autocaravana y recorrer todo cuanto queramos de este impresionante destino.

Hablando de naturaleza, hay muchas cosas de las que podremos disfrutar como visitar las cascadas de Sutherland Falls, con casi 600 metros de altura, las brumas de la Isla Sur, conocer Fiorland, un fantástico mundo de helechos gigantes, visitar asentamientos maoríes y conocer más sobre su historia o su cultura o ir a una ruta de avistamiento de kiwis, pero no de fruta sino las tres aves que no vuelan que se encuentran exclusivamente en Nueva Zelanda y su archipiélago.

En cambio si queréis algo mucho más vibrante que os haga sentir cómo la adrenalina recorre vuestro cuerpo, podéis nadar entre tiburones en las inmediaciones de Poor Knights Islands, en la que seguramente será la experiencia más recalcitrante de vuestra vida, con estupendos rincones donde hacer inmersiones o hacer puenting desde diferentes alturas que pueden ir de los 43 metros sobre el puente en el río Kawarau hasta los 450 metros desde el Observatorio de Auckland. ¿Te atreverías con algo así?

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