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Salobreña es una hermosa y blanca ciudad en la costa tropical que Granada (en el sur de España) posee sobre el Mar Mediterráneo, donde el agua salada se contrapone con el azúcar de la caña que se cultiva en la zona.

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Las tierras que hoy ocupa Salobreña han estado habitadas desde al menos unos tres mil años antes de Cristo y hasta allí llegaron de manera consecutiva a lo largo de su historia los fenicios (que la llamaron Selambina), los cartagineses, los romanos (que la bautizan Segalvina) y luego los árabes que en su lengua le dieron un nombre fonéticamente similar al actual.

Influencia árabe

Desde lo alto del peñón, al cual se abraza, nos contempla vigilante un antiguo castillo árabe y en la lejanía la silueta de la Sierra Nevada domina el entorno con su presencia. En ella, a poco más de una hora de viaje, se puede disfrutar de la estación de esquí y a mitad de camino aparecen ante nuestros ojos la ciudad de Granada y su mágica Alhambra. En las cercanías se hallan los pueblos de las Alpujarras de donde provienen los mejores jamones serranos, el puerto pesquero de Motril, el Valle de Almuñecar y los Guájares, paseos imprescindibles de realizar.

Los turistas disfrutan caminar por el centro histórico de Salobreña, formado por varios barrios que fueron levantados en el interior de la muralla que la rodeaba durante la Edad Media; los más interesantes para recorrer son La Loma, La Fuente, el Albaycín y el Brocal que conservan intacta la estructura de aquel entonces con sus serpenteantes callejuelas.

Entre los edificios notables, aparte del castillo, están la Iglesia Mudéjar del Rosario y la Torre del Brocal; y para disfrutar del aire libre se opta por el Paseo de las Flores, el Parque de la Fuente, el Peñón de Salobreña, el Monte de los Almendros y el Paseo Marítimo.

Amplias playas y la mejor gastronomía

Amplias playas nos aguardan, como las del Peñón y la Charca, donde hay puestos de venta de pescados fritos, una de las especialidades culinarias de la zona; o la Playa de la Guardia, más tranquila y rodeada por plantaciones de caña de azúcar; también hay bellas calas naturales entre los acantilados, por ejemplo El Pargo o El Caletón.

La gastronomía se basa principalmente en el pescado; se preparan exquisitos escabeches con distintas variedades de los frutos del mar y las sardinas se montan en espetos para ser asadas; otra especialidad es el pulpo seco y hay muchos platos en base a mariscos.

Los numerosos productos de huerta se degustan en suculentos gazpachos y como en toda España no podían faltar las deliciosas tapas que se acompañan con un chispeante “vino de la costa” o un “aguardiente de caña”. Salobreña es una ciudad en la que nada falta para que disfrutemos de días inolvidables.