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Siria está atravesando un momento muy delicado, posiblemente uno de los momentos históricos más críticos de su historia. Debido a los enfrentamientos y atentados que están teniendo lugar en Siria, se está produciendo en los últimos meses un importante descenso del turismo en este país. Es lógico pensar que cuando la seguridad desciende también lo hace el turista. Es uno de los destinos de Oriente Medio poco seguros en estos momentos y por lo tanto es importante tenerlo en cuenta a la hora de viajar por esta zona del mundo.

siria

Aerolíneas cancelan vuelos a Siria

Son muchas las aerolíneas que a día de hoy están cancelando paulatinamente sus vuelos a Siria y lo hacen por dos motivos fundamentales. Un motivo es por la baja demanda de vuelos por parte de los turistas, lo que no permite a las aerolíneas sacar suficiente rentabilidad a las rutas con Siria y por lo tanto es una razón suficiente como para que las aerolíneas cancelen rutas con Siria. Por otro lado algunas aerolíneas están tomando la decisión de no volar a Siria por motivos de seguridad, al menos hasta que la situación no se calme en el futuro a medio plazo.

Una de las aerolíneas que acaba de anunciar la cancelación de vuelos por la baja demanda es Aeroflot, una compañía rusa que a partir del mes de agosto dejará de ofrecer a sus clientes vuelos a Siria. La seguridad es algo fundamental para las compañías, ya que arriesgarse a tener problemas a la hora de entrar en Siria no es precisamente la mejor opción y por ello es mejor una retirada a tiempo.

No parece que la situación pueda mejorar a corto plazo en la mayoría del territorio sirio y por lo tanto el turismo seguirá descendiendo a medida que el país se queda sin rutas turísticas. Por desgracia las noticias que llegan desde Siria no son precisamente muy alentadoras y de momento el nivel de seguridad sigue siendo muy escaso, en especial para los turistas extranjeros que quieran adentrarse en tierras sirias durante su viaje.

Turistas buscan destinos más seguros

Ante la baja seguridad de Siria los turistas que tenían en mente disfrutar de unas vacaciones en este exótico país de Oriente Medio, están pensando en optar por otros destinos de la zona que tengan mayor seguridad. Lo cierto es que estas últimas semanas la imagen internacional de Siria ha descendido mucho y esto está afectando mucho al sector turístico del país, que tardará mucho tiempo en recuperar la normalidad. Ahora es un buen momento para esperar acontecimientos y ver si la situación en Siria retoma los cauces normales, que sería lo deseable.

Los temas políticos suelen afectar mucho al turismo y muchos viajeros que tenían en mente realizar un viaje por Siria están esperando una mejor ocasión para descubrir todos los rincones que Siria ofrece a los viajeros. Desde hace algunos meses el descenso del turismo en Siria se ha notado bastante y en muchos casos los hoteles han obtenido unos datos realmente muy pobres en diferentes ciudades del país.

Lo más recomendable antes de viajar a Siria o cualquier otro lugar de Oriente Medio es conocer la situación exacta en la que se encuentra el país desde el punto de vista político y social, para decidir viajar a Siria o dejar el viaje para una mejor ocasión. Todavía tendrán que pasar muchos meses hasta que la situación en Siria sea más o menos normal y sea recomendable como destino turístico para todos los viajeros y turistas que quieran conocer este lugar de Oriente Medio.

 

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Considerada la ciudad más antigua del mundo ininterrumpidamente poblada, y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco,  la capital de Siria, Damasco, es de esas ciudades del mundo que poseen un valor histórico y artístico incalculable.

 

¿Dónde está Siria?

 

Siria, uno de los estados mediterráneos de Oriente Próximo, comparte la totalidad de su frontera septentrional con Turquía, mientras que la oriental forma parte de los límites de Iraq. Al sur, las tierras de Siria dejan paso a las de Jordania, y al oeste, el país participa de una estrecha franja de la frontera de Israel, y de la totalidad de la del Líbano, mientras que sus aguas se abren al Mediterráneo.

 

Damasco, Patrimonio de la Humanidad

 

La capital de Siria es considerada la ciudad más antigua del mundo ininterrumpidamente poblada, y es que en el lugar en el que en la actualidad se encuentra Damasco, ya había un emplazamiento habitado desde el año 5.000 a.C.

 

El legado artístico y cultural de Damasco adquiere tantas formas como monumentos, edificios, mezquitas, o museos, un crisol de  construcciones que supone contemplar la presencia y herencia de civilizaciones que en esta ciudad hubo, siendo la islámica la que más poso dejó, y la que más presencia tiene. En el año 1.979 la Unesco decidió incluirla en la Lista del Patrimonio de la Humanidad.

 

La Gran Mezquita de los Omeyas y la Capilla de Ananias

 

Damasco es una de las escasas ciudades islámicas del mundo en la que la religión islámica y cristiana han sabido convivir desde tiempos muy antiguos, siendo el mejor ejemplo un edificio en el que lo islámico y lo cristiano van de la mano, la Gran Mezquita de los Omeyas.

 

Es considerada el cuarto lugar santo del Islam, y es que la Gran Mezquita de los Omeyas tiene ese honor. Construida en el año 705 en el mismo lugar en el que se asentaba la Basílica de San Juan Bautista, en su interior se encuentra el sepulcro de este santo, que tiene la peculiaridad de que es profeta tanto para el cristianismo como para el islamismo.

 

Se dice que la cabeza de San Juan Bautista permanece en el interior del sepulcro. Y de uno de los sultanes más conocidos y de los que más veneración causa, Saladino, su tumba está en uno de los costados de la mezquita.

 

En el barrio cristiano del casco antiguo de la ciudad, está la Capilla de Ananias, un cristiano que ayudó a Saulo a recuperar su visión y posteriormente bautizarle para que se convirtiera en cristiano y pasara a ser el Apóstol San Pablo.

 

El Museo Nacional de Damasco

 

Como antesala de la historia, cultura, y arte, que la capital de Damasco tiene, el Museo Nacional de Damasco supone una parada obligatoria y un tiempo de dedicación a él. En su interior se encuentra una colección de escrituras del siglo XIV a.C., en las que se emplea el primer alfabeto conocido del planeta.

 

También se puede ver una colección de libros del Corán del siglo XIII, y una sala entera -de las más visitadas- que está decorada según el estilo del Palacio Azem, mansión que fue construida por uno de los gobernadores que la capital de Siria tuvo.

 

Después de una sesión de historia, cultura, y arte de incalculable valor como la que se recibe visitando el Museo Nacional de Damasco, que mejor que respirar e inmiscuirse en los bazares y mercaderes de la ciudad. En Damasco, eso se consigue en el Zoco Hamidiyé.

Viajar a Siria

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Palmira

En el centro del desierto sirio de Badiyah ash-Sham se encuentra una ciudad grecorromana perdida en el tiempo. Esta ciudad tuvo su esplendor entre los siglos I y III d.C. Hay archivos que hacen referencia a esta ciudad desde el 1100 a.C. Su nombre aparetemente se conviertió en “Palmira” la ciudad de los dátiles, cuando en el siglo IV a.C. entró en la esfera cultural helenística. Fue anexionada al imperio romano en tiempos del emperador Tiberio (14-37 d.C.).  Como comentaremos después la ciudad entró poco a poco en decadencia con el paso de los siglos y terminó sepultada por la arena del desierto. No fue hasta finales del siglo XIX cuando fue redescubierta.  Actualmente y debido al conflicto que está ocurriendo en Siria ha vuelto a quedar vetada al turismo pero espero que el país recupere la estabilidad política que sus habitantes se merecen,  y que se pueda volver a visitar esta maravilla de la arqueología.

Uno de los encantos de la ciudad es, como podéis ver en la foto, ver el antiguo castillo medieval arabe, de la época de las cruzadas, dominando todo el valle. Palmira surgió a partir de un manantial de agua sulfurosa situado a medio camino entre el río Éufrates y el mar mediterraneo y se encuentra en un enclave estratégico para dominar el comercio de las caravanas.

Las ruinas no están protegidas con vallas, de eso ya se encarga el desierto que la rodea en todas direcciones. Junto a las antiguas ruinas ha surgido una nueva población donde podremos encontrar hoteles y alojamientos a muy buen precio. Aunque por unos pocos euros más, la mejor opción es quedarse en alguno de los hoteles que están limítrofes a la antigua ciudad. Yo tuve la oportunidad de hacerlo y salir a correr entre las ruinas por las antiguas calzadas romanas por la noche. La experiencia running no es la óptima en una calzada romana, pero tener Palmira completamente vacía con las zonas principales iluminadas sólo para mi merece la pena.

Otra experiencia en Palmira fue vivir la puesta de sol al descender del castillo árabe medieval

 

La capital de la reina Zenobia- Palmira

Esta rica ciudad siria estuvo a punto de erigirse en capital de un gran Estado oriental de la mano de su culta y valerosa reina Zenobia, pero el emperador Aureliano la conquistó y la sometió de nuevo a Roma.

Dicen que era una belleza de piel morena y ojos penetrantes y una inteligencia fina y cultivada, capaz de entenderse con los filósofos en griego, con los juristas en latín y con los antiguos sacerdotes en sirio y egipcio. Se jactaba de proceder de la estirpe de los reyes helenísticos de Egipto y su familia había obtenido la ciudadanía romana hacía una generación. Tenía como consejero a un eminente filósofo y literato griego, Casio Longino. Y estaba dotada de una astucia política y capacidad de persuasión excepcionales. Así era Zenobia de Palmira, la reina que puso en jaque durante largo tiempo la soberanía de Roma sobre Oriente.

La ciudad de Zenobia, en el centro de la actual Siria, se alzaba en una encrucijada entre Occidente y Oriente, entre el mundo mediterráneo regido por Roma y los grandes imperios asiáticos. Incorporada a Roma a mediados del siglo I d.C., Palmira se convirtió en una floreciente ciudad enriquecida enormemente gracias al comercio que discurría por el Próximo Oriente. La «perla del desierto», como se la conocía, era punto neurálgico y parada obligada en la ruta de las caravanas que atravesaba los yermos de aquellos parajes. Surgida en torno a un oasis, la ciudad disponía de magníficas construcciones, como el templo de Bel o el teatro, muchas de las cuales han sobrevivido al naufragio de los siglos. La propia Zenobia era un producto de la mezcla cultural que caracterizaba la región. Su padre fue un gobernador romano de la ciudad, Julio Aurelio Zenobio, y ella misma se casó con Odenato, un árabe romanizado que también llegó a ser gobernador del lugar.

Muy pronto, Odenato y Zenobia se vieron directamente implicados en la defensa del Imperio en la frontera oriental. La persistente amenaza de los bárbaros junto al Éufrates hizo que en el año 260 el emperador Valeriano marchara en persona a la cabeza de un ejército contra los persas de Sapor I. Fue una expedición catastrófica. Derrotado estrepitosamente, el mismo Valeriano fue capturado, torturado y humillado. Durante muchos años los persas exhibieron como trofeo la piel del emperador –el primero en ser capturado por los bárbaros– y pudieron hacerse con el control de amplias zonas de Oriente y de ciudades estratégicas como Edesa.

El sueño de un imperio oriental

La reacción contra los persas estuvo encabezada por Odenato de Palmira, quien emprendió una exitosa campaña de venganza con el beneplácito del nuevo emperador de Roma, Galieno. Hasta dos veces quebró Odenato las fuerzas de Sapor, que tuvieron que adentrarse en territorio persa para escapar de las acometidas del valiente árabe. Al principio Odenato afirmó que actuaba en nombre de Roma, pero muy pronto quedó claro que tenía una ambición personal: establecerse como «monarca de todo el Oriente» y reinar desde su fastuosa capital. La opulenta Palmira tal vez estaba llamada a convertirse en una capital de un nuevo imperio, en una Roma del desierto.

Pero las ambiciones de Odenato se vieron frustradas por una intriga palaciega en 267. Al regreso de una campaña contra los godos en Capadocia, su orgulloso sobrino Meonio, para vengarse de un castigo, lo asesinó en su palacio junto a su hijo, fruto de un matrimonio anterior a Zenobia. Ella había tenido otro niño de Odenato, de nombre Vabalato, pero solo contaba con un año de edad, por lo que se declaró regente. A su mando quedaban Palmira y los territorios recién conquistados en Oriente, desde el Éufrates hasta Bitinia.

Tras ejecutar rápidamente a Meonio, Zenobia se apresuró a terminar con la ficción de la aparente sumisión de Palmira y sus dominios al emperador de Roma, Galieno. Poco a poco, en una inteligente política y al parecer aconsejada por el filósofo y sofista griego Longino, Zenobia fue dejando claro que su reino era totalmente independiente del Imperio. De este modo, a la vez que seguía manteniendo a raya a los persas, agregó a varios Estados vecinos, entre ellos a los árabes. Se atrevió incluso a conquistar Egipto, la provincia más rica de las sometidas a Roma, alegando que era heredera de la antigua dinastía de los Ptolomeos; continuadora, pues, de Cleopatra, una reina con la que a menudo fue comparada.

El implacable Aureliano

Zenobia supo aprovechar el momento de debilidad que atravesaba el Imperio romano, sometido a fuertes tensiones territoriales, desde la lejana Hispania hasta el Éufrates. La orgullosa reina se permitió despreciar a Galieno y a sus generales, cuyos ejércitos rechazó con contundencia. Y el siguiente emperador romano, Claudio II Gótico, empeñado en una guerra sin cuartel contra los godos y los alamanes que presionaban las fronteras septentrionales del Imperio, no tuvo más remedio que reconocer la soberanía de Zenobia de Palmira. Sin embargo, ésta pronto debería hacer frente a un adversario más temible que los anteriores: Aureliano, un curtido general al que sus legiones del alto Danubio proclamaron emperador en el año 270.

Lucio Domicio Aureliano era un personaje totalmente opuesto a la reina de Palmira por origen, formación y aspiraciones. A la inteligencia cultivada de la oriental Zenobia contraponía Aureliano una astucia innata y una rígida disciplina militar, forjada en las frías fronteras del Danubio y del Ilírico. Su fiereza en primera línea de combate era proverbial: se dice que en una sola jornada mató a cuarenta bárbaros y que en una campaña se cobró personalmente la vida de mil, hazaña que dio lugar a una canción entre sus legiones: «A mil, a mil, a mil ha matado» (mille, mille, mille occidit!). En los cuatro años escasos que duró el reinado de Aureliano, este duro militar no sólo culminó la guerra gótica de su antecesor con una victoria contra los alamanes y repelió la invasión bárbara del norte de Italia, sino que restauró el dominio de Roma sobre las díscolas provincias de la Galia, Britania e Hispania, que aún se hallaban bajo el mando del usurpador Tétrico. También recuperó el orgullo y la disciplina de las legiones romanas, imponiendo un severo código de conducta que prohibía el juego, la bebida y las artes de adivinación. Sus castigos eran tremendos y se jactaba de ser más temido por sus propios soldados que por sus enemigos. Era sólo cuestión de tiempo que Aureliano dirigiera su atención al creciente poder del imperio palmireno de Zenobia.

El emperador y sus legiones del Ilírico, de probado valor, marcharon sin dilación a restaurar el poder de Roma en Oriente. El propio Aureliano se encargó en persona del sometimiento de la altiva reina de Palmira. Zenobia fue poco a poco despojada de sus posesiones territoriales y perdió sus aliados a medida que avanzaban las legiones romanas. El último recurso de la reina fue encerrarse tras los muros de su espléndida capital y confiar en que sus arqueros y su caballería personales pudieran repeler a las legiones septentrionales.

No fue una campaña fácil para Aureliano, que tuvo que atravesar el desierto sirio hostigado por la táctica de guerrilla de los árabes de Zenobia. El romano no subestimaba a su enemigo, pese al desprecio de sus compatriotas por un ejército mandado por una mujer. Cuando al fin llegó ante los muros de Palmira, y tras ver rechazados sus ofrecimientos de una salida negociada, montó las máquinas de asediar y se dispuso para el largo sitio. Zenobia esperaba que los romanos desesperasen pronto por el hambre y las durezas del clima desértico, pero Aureliano organizó adecuadamente el abastecimiento de sus tropas, a la vez que privaba a Palmira de cualquier suministro o ayuda exterior. El emperador recibió también el refuerzo de su general de confianza, Probo, una vez concluida la sangrienta reconquista de Egipto –en la que se destruyó una parte de la célebre biblioteca de Alejandría–. La muerte de Sapor, que conmovió todo el Oriente, le permitió concentrarse plenamente en el sitio. Desesperada, la reina de Palmira intentó huir con sus veloces dromedarios hacia Persia, pero fue capturada cuando ya había alcanzado el Éufrates. La ciudad tardó poco en rendirse a los romanos, poniendo todos sus tesoros a sus pies.

Exhibida como botín de guerra

El duelo entre Zenobia de Palmira y el emperador Aureliano se saldó así con una escena final inesperada: una huida y un tesoro. Las crónicas relatan la escena de la rendición de la reina. Zenobia se postró ante su conquistador, y cuando éste le reprochó haberse sublevado contra Roma, ella repuso hábilmente que los emperadores anteriores habían sido indignos de su obediencia y, a la vez, culpó de su política antirromana a su consejero Longino, que fue ejecutado inmediatamente. Finalmente, parece que Zenobia fue llevada por Aureliano a Roma para celebrar allí un fastuoso triunfo, en el que la reina desfiló prisionera junto con el usurpador occidental Tétrico. Así restauraba Roma su soberanía perdida.

El destino posterior de Zenobia está menos claro. Hay quien dice que murió poco después de su llegada a Roma, bien por enfermedad o por decapitación. Otros refieren que Aureliano, impresionado por su belleza, la perdonó y le concedió un dorado exilio en una villa en Tívoli, donde vivió en el lujo el resto de sus días como una filósofa de la alta sociedad romana. Alguna inscripción siglos más tarde apunta a que su descendencia siguió contándose entre las familias nobles romanas. Comoquiera que fuese, la bella e inteligente Zenobia cautivaría la imaginación de historiadores, artistas y lectores que no se cansarían de evocar a aquella reina oriental que desafió a Roma.

Para saber más

Decadencia y caída del Imperio romano. Edward Gibbon. Atalanta, Gerona, 2011.

El imperio grecorromano. Paul Veyne. Akal, Madrid, 2009.

La prisionera de Roma. José Luis Corral. Planeta, Barcelona, 2011.

Por David Fernández de la Fuente. Escritor y profesor de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, Historia NG nº 111

 

 

Damasco, es una ciudad que evoca el nombre de ese fruto dulce y anaranjado que muchos hemos probado más de alguna vez. Pero Damasco no se trata de una fruta, sino de la capital de Siria, ubicada en el suroeste de ese país, es además la ciudad considerada como la ciudad más antigua que continúa habitada en el mundo.

Su importancia histórica ha llevado a que designen la ciudad vieja de Damasco como Patrimonio de la Humanidad. Los Occidentales se han enterado de la existencia de Damasco por la mención del apóstol Pablo, que fue bautizado en la Calle Recta. Aquí también se encuentra una de las mezquitas más antiguas del mundo.

En Damasco hay muchos lugares de culto, tales como numerosas mezquitas, iglesias y hasta un importante santuario chiíta.

Por tratarse esta de una ciudad con un amplio predominio de una arquitectura religiosa, vamos a ir mencionando cuales serían los sitios religiosos y sagrados más conocidos que deben conocer.

Uno que mencionamos hace un rato, es la Calle Recta, una calle que corre del oeste al este de la ciudad vieja de Damasco. Este lugar fue visitado por San Paul según consta en el libro de Hechos y mantiene varios lugares de interés que fueron construidos por los romanos, cristianos y islámicos en sus respectivos periodos.

Según dicen los griegos, la ciudad de Damasco fue diseñada en una cuadricula por Hippodamus. En virtud de la dominación romana, la Calle Recta se fue ampliando y se convirtió en una vía de columnas que pueden verse hasta el día de hoy, erigidas allí mismo donde estaban originalmente. El lugar es todo un espectáculo digno de ser fotografiado.

 

La Calle Recta, de la cuál hablábamos antes, está mencionada en la Biblia, porque es en ella donde el señor encarga al discípulo Pablo ir a buscar a otro personaje que deberá recuperar su vista a través de un milagro.

La Recta, en su trayecto final llega a la calle Bab Sharqui, la puerta romana del Sol. Al igual que otras monumentales puertas, esta puerta tiene un gran arco central y otros dos arcos más pequeños aparte del tiro. Los arcos más pequeños que hay a los lados son para que pasen los peatones. Encima del arco norte hay un minarete que fue construído en la época de Nuri Ed Din, por el siglo XIII.

En la época romana esta calle se encontraba revestida por ambas caras por pórticos que contenían tiendas. Unos 700 metros al oeste de Bab Sharqui hay un monumental arco romano que fue excavado y reconstruido en 1947 por el Departamento de Antigüedades de Siria. Es aquí donde se ha localizado la intersección de la recta y la calle de Cardo Máximo, en dirección norte a sur. En la antigüedad allí había una iglesia bizantina dedicada a la Virgen María, pero hoy en día hay allí una iglesia que sirve de sede del Patriarcado Ortodoxo Griego.

La sección oriental de la puerta de Bab Sharqui se llama Sharee al Mustaqueem, que en árabe significa “clara”, aunque también es conocida como Sut Et-Tawil que significa “el gran mercado”. Una vez que se pasa el arco y se llega al extremo oeste de la calle, se llega a Suq Madhat Pasha, bordeada de tiendas que venden textiles, algodón, artículos domésticos, especias, artículos importados y otros asuntos.

Unos 450 metros de la entrada oeste de Madhat Pasha Street, hay un tramo cubierto con una gran cúpula metálica, que es una pequeña mezquita con un balcón en forma de púlpito que sirve como un minarete, llamado Jeque Jakmat. Aquí es donde la tradición cristiana sitúa la casa de Judas. Hoy en día, cerca de la capilla Ananías se conmemora el evento.

En el extremo oeste de la Calle Recta está la Puerta del Agua, Bab Al-Jabiye, lugar donde alguna vez estuvo el Templo Romano de Júpiter. Apenas un poco más adelante se encuentra la Mezquita de Hisham. Se cree que el teatro construido por Herod the Great fue construido por esta zona.

Cerca se encuentra también la Capilla de St. Pablo, donde se dice que huyó St. Paul, cayendo desde una cesta a través de una ventana.

 

Situado en una elevación a 40 kilómetros al Oeste de Homs, en Siria,  se levanta el Krak de los Caballeros, según Lawrence de Arabia el castillo mejor conservado y más admirable del mundo que tuvo gran importancia durante las guerras entre los cruzados y los musulmanes. Precisamente los cruzados franceses tomaron este castillo en 1099 y comenzaron a reconstruirlo en el siglo XII.

Además de una fortaleza era una comunidad, abundaban las habitaciones para los caballeros y llegó a haber además un molino para moler trigo en su interior, un depósito de agua potable para abastecer a sus tropas y llenar las fosas e incluso un acueducto.

Finalmente este castillo cayó en manos del sultán Beibars en el año 1271, quien obligó a los cruzados a rendirse.

Este castillo estaba compuesto por muros dobles, es decir era un castillo concéntrico, hecho por dos anillos de edificios, uno dentro del otro para dificultar la tarea de tomar el castillo a los enemigos. Además, entre un anillo y otro había profundos fosos llenos de agua que hacía la tarea aún más ardua para quien quisiera hacerse con la fortaleza.

Había además numerosas torres para abarcar con la vista grandes superficies de terreno para estar siempre alerta de posibles ataques.

Dentro de la fortaleza podemos hallar una capilla, que tenía gran importancia dado el carácter religios de la orden de los Hospitalarios, que habitaron allí durante muchos años y un patio interior donde se llevaban a cabo algunas actividades sociales.

Otros puntos destacados eran la habitación del Señor, en una de las torres interiores, que era circular, abovedada, con un amplio ventanal y decorada con delicadas tallas en piedra que datan del siglo XIII como las del salón principal, que era usado como comedor principal y albergaba reuniones de caballeros.

La Mezquita de Umayyad o la Gran Mezquita de Damasco, es una de las mayores, más antiguas y sagradas mezquitas del mundo.

En un costado de la pared norte de la mezquita se encuentra la tumba de Saladino, además, la mezquita tiene un santuario que se dice contiene la cabeza de Juan Bautista, que es honrado como un profeta de los cristianos y musulmanes.

La Mezquita Umayyad se ubica en un suelo que ha considerado sagrado por más de 3.000 años. En una esquina de la mezquita se ha descubierto un basalto que representa a una esfinge y tiene una data del 1.000 antes de Cristo.

La Mezquita Umayyad de Damasco fue una estructura magnifica, que fue erigida con el trabajo de miles de artesanos que provenían de diferentes países. La Mezquita Umayyad contempla una sala de oración, un gran patio y cientos de habitaciones para los peregrinos que la visitan. El diseño de este lugar se basó en la Mezquita del Profeta en Medina.

La sala de oración consta de tres naves que miden 160 metros de largo, cubiertas con un techo y suelo revestido en baldosas y apoyado en columnas reutilizadas que se tomaron de templos romanos de la región, así como de la Iglesia María de Antioquía. La fachada del patio y sus arcadas se encuentran cubiertas de mármol de colores, además de oro y mosaicos de vidrio. La mezquita puede haber tenido el mayor mosaico de oro del mundo, cubriendo más de 4.000 metros cuadrados. La estructura del minarete de la mezquita se desarrollo a partir de la esquina de las torres de la antigua Roma Temenos.

La Mezquita Umayyad ha sido reconstruida varias veces, en tres ocasiones debido a incendios. Los paneles de mármol que tiene, datan de 1893, después del incendio que destruyo gran parte de los mosaicos. La primera vez que un Papa visitó esta mezquita fue en el 2001, cuando el Papa Juan Pablo II la visitó para ver las reliquias de Juan Bautista.

Suweda, situada a unos 90 kilómetros al sudeste de Damasco, en Siria, es bien conocida por sus abundantes viñedos. Se encuentra 1100 metros sobre el nivel del mar, y su nombre procede  de Suwada (ciudad poco negra) en el período nabateo, ya que fue construida con piedra volcánica negra. Los romanos, en el III siglo, consideraron que era una de las más importantes ciudades de la provincia de Arabia y la llamó Dioniso.

Detalle en interior de Mezquita en Siria, via flicker

Las ruinas de antiguas civilizaciones son numerosas pero muy dispersas, algunas de las más notables se encuentran en  una exquisita colección de mosaicos descubiertos en 1962, ahora ubicados en el Museo Sweida. Una parte de esta colección de mosaicos representa Artemisa, diosa de la castidad y la caza, rodeada de sus ninfas cuando ella es sorprendida por un cazador, mientras se baña. Este fino romano trabajo se remonta al siglo VI.

Otra escena representa el nacimiento de Venus y la boda de Tetis. Estatuas talladas en duro basalto muestran signos de una mezcla de influencias de los nabateos, griegos, romanos, bizantinos y árabes.

La Calle Recta, de la cuál hablábamos antes, está mencionada en la Biblia, porque es en ella donde el señor encarga al discípulo Pablo ir a buscar a otro personaje que deberá recuperar su vista a través de un milagro.

La Recta, en su trayecto final llega a la calle Bab Sharqui, la puerta romana del Sol. Al igual que otras monumentales puertas, esta puerta tiene un gran arco central y otros dos arcos más pequeños aparte del tiro. Los arcos más pequeños que hay a los lados son para que pasen los peatones. Encima del arco norte hay un minarete que fue construído en la época de Nuri Ed Din, por el siglo XIII.

En la época romana esta calle se encontraba revestida por ambas caras por pórticos que contenían tiendas. Unos 700 metros al oeste de Bab Sharqui hay un monumental arco romano que fue excavado y reconstruido en 1947 por el Departamento de Antigüedades de Siria. Es aquí donde se ha localizado la intersección de la recta y la calle de Cardo Máximo, en dirección norte a sur. En la antigüedad allí había una iglesia bizantina dedicada a la Virgen María, pero hoy en día hay allí una iglesia que sirve de sede del Patriarcado Ortodoxo Griego.

La sección oriental de la puerta de Bab Sharqui se llama Sharee al Mustaqueem, que en árabe significa “clara”, aunque también es conocida como Sut Et-Tawil que significa “el gran mercado”. Una vez que se pasa el arco y se llega al extremo oeste de la calle, se llega a Suq Madhat Pasha, bordeada de tiendas que venden textiles, algodón, artículos domésticos, especias, artículos importados y otros asuntos.

Unos 450 metros de la entrada oeste de Madhat Pasha Street, hay un tramo cubierto con una gran cúpula metálica, que es una pequeña mezquita con un balcón en forma de púlpito que sirve como un minarete, llamado Jeque Jakmat. Aquí es donde la tradición cristiana sitúa la casa de Judas. Hoy en día, cerca de la capilla Ananías se conmemora el evento.

En el extremo oeste de la Calle Recta está la Puerta del Agua, Bab Al-Jabiye, lugar donde alguna vez estuvo el Templo Romano de Júpiter. Apenas un poco más adelante se encuentra la Mezquita de Hisham. Se cree que el teatro construido por Herod the Great fue construido por esta zona.

Cerca se encuentra también la Capilla de St. Pablo, donde se dice que huyó St. Paul, cayendo desde una cesta a través de una ventana.

El castillo de Crac de los Caballeros, situado cerca de la frontera de Siria con Líbano, fue construido entre los años 1142 y 1271, siendo uno de los castillos de la época de las Cruzadas mejor conservados. Desde que comenzó la guerra en Siria, los rebeldes la utilizaron como centro militar hasta que hace pocos días el ejército de Bachar El Asad lo reconquistó.

Sede central de la Orden del Hospital de Juan de Jerusalén durante las Cruzadas, esta imponente fortaleza que consta de dos anillos amurallados concéntricos llegó a ser la mayor que hubo en Tierra Santa. Fue asediada hasta en doce ocasiones, siempre infructuosas, hasta que en el año 1271 fue tomada mediante una sibilina argucia que provocó la rendición de sus ocupantes. Una paloma mensajera llevó un falso mensaje del maestre de la Orden pidiendo la rendición de la guarnición ante la imposibilidad de recibir refuerzos.

Así pues, podría decirse que ha sido la primera vez que este castillo era tomado por la fuerza. Por fortuna, según muestran las imágenes de la televisión estatal Siria, el castillo no ha sufrido desperfectos irreparables, aunque sí diversos daños causados por morteros, cohetes y armas automáticas. La mítica fortaleza era antes de la guerra uno de los lugares turísticos más importantes de Siria, pero este conflicto bélico que ya va por su tercer año amenaza con dejar un país irreconocible, también en lo relativo a la herencia cultural del país.

Como ya ocurrió con el mercado medieval de la ciudad vieja de Alepo, que ardió en llamas en 2012, y sufriendo el mismo destino que los Budas de Bamiyán en 2001, destruidos con dinamita y proyectiles de tanques a manos del gobierno talibán, una vez más otro lugar Patrimonio Mundial UNESCO ha visto amenazada su integridad.

Por desgracia, la guerra y los grupos extremistas, así como factores puramente naturales, no entienden de cultura ni de arte, y muchos otros lugares que actualmente están en la lista de Patrimonio Mundial UNESCO se encuentran en peligro de deterioro o desaparición. Por eso, no dejes para mañana lo que puedas viajar hoy. Esperemos que la guerra acabe cuanto antes y tanto la vida de los sirios como su legado tengan el mejor futuro posible.