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Kirguistán

También conocido como Kirguizistán o Kirguisia, y oficialmente como República Kirguisa, es un país montañoso de Asia central, sin salida al mar y que comparte fronteras con la República Popular China, Kazajistán, Tayikistány Uzbekistán. Su capital es Biskek.

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Según descubrimientos recientes de historiadores chinos y kirguises, la historia del país se remonta al año 201 a. C. Los primeros descendientes del pueblo kirguís, que se cree fueron descendientes de los turcos, vivieron en la parte noreste de lo que es actualmente Mongolia. Posteriormente, algunas de estas tribus emigraron a la región que actualmente corresponde al sureste de Siberia y se asentaron a lo largo del río Yeniséi, donde vivieron desde el siglo VI hasta el siglo VIII. El origen siberiano indígena de la población kirguís es confirmado por estudios genéticos recientes.4

Ellos se esparcieron a través de lo que ahora es la región de Tuva de la Federación Rusa, permaneciendo en esa área hasta el ascenso del Imperio mongol en el siglo XIII, cuando los kirguises comenzaron la migración al sur. Al respecto el monje Juan del Plano Carpino nos relata en su libro de viajes que realizó a mediados del siglo XIII por tierras del Imperio mongol que “Estos hombres son paganos, no tienen pelos en la barba y tienen la costumbre siguiente: para expresar su dolor cuando alguien muere, y como signo de tristeza, se arrancan de la cara una tira de piel de oreja a oreja”. En el siglo XII, el Islam se convirtió en la religión dominante de la región. La mayor parte de la población kirguisa son musulmanes sunitas de la escuela Hanafí.

Durante los siglos XV y XVI, el pueblo kirguís se asentó en el territorio actualmente conocido como República de Kirguistán. A principios del siglo XIX, el sureste del territorio kirguís, cayó bajo el control del janato de Kokand, y el territorio fue formalmente incorporado al Imperio ruso en 1876.

El dominio ruso provocó numerosas revueltas en contra de la autoridad zarista. Por otra parte, algunos kirguises optaron por mudarse hacia las Montañas Pamir en Afganistán. La fallida rebelión de 1916 en Asia Central, hizo que numerosos kirguises emigraran a China.

El dominio soviético fue inicialmente establecido en la región en 1918, y en 1924, la región autónoma de Kara-Kyrgyz Oblast fue creada dentro de la URSS. El término Kara-kyrgyz fue usado hasta mediados de la década del 1920 por los rusos para distinguirlos de los kazajos, a quienes también se les consideró como parte de Kirguistán. En 1926, se convirtió en la República Autónoma Soviética de Kirguistán. El 5 de diciembre de 1936, se estableció la República Socialista Soviética de Kirguistán y en 1991, después de la disolución de la Unión Soviética, se estableció la república

Kirguistán es un país situado en Asia Central, bordeado por Kazakhstán, China, Tajikistán y Uzbekistán. La montañosa región del Tian Sian cubre 4 quintos del territorio (por ende Kirguistán es referido como “la Suiza de Asia Central en ocasiones) El lago Issyk-Kul es el mayor de Kirguistán y el segundo lago de montaña más grande del mundo después de Titicaca. Los puntos más altos están en el Kakshaal-Too, formando la frontera con China. El pico Jengish Chokusu, de 7,439 m, es el punto más alto y es considerado por los geólogos, como el pico superior a los 7.000 metros más septentrional del mundo. Las fuertes avalanchas en invierno causan severos daños.

Durante los viajes de larga duración es inevitable que todo viajero se encuentre siempre con el reto de cruzar alguna frontera para cambiar de un país al otro. Estos lugares son siempre especiales e incluso algo peligrosos, sin embargo, en ciertas ocasiones, cuando las fronteras tienen un sentido geográfico físico, pueden llegar a ser asombrosas.

Es el caso de la frontera entre Kirguistán y China, una frontera que se dibuja a través de la cordillera del Pamir y el Tian Shan. Los pasos fronterizos de la región quedaron señalados desde hace centenares de años en pocos pasos de montaña accesibles en ocasiones sólo durante el verano. El Paso de Irkeshtam es uno de estos pasos.

Se dice que este paso lleva siendo usado desde hace más de mil años y es que se tiene presencia escrita de éste en textos del siglo III a.C.. Sea como sea, el paso se popularizó con la Ruta de la Seda y unió definitivamente Europa con el lejano oriente asiático. A través de él fluyeron mercancías, materiales, culturas, personas e ideas.

Su situación a 3.005 metros de altitud lo convierten en un lugar apasionante en medio de las montañas. Se trata además, la ruta más frecuentada para cruzar de Kirguistán a China (y al revés) ya que presenta asfalto en algún tramo de la parte china. Su rival, el paso de Torugart, es probablemente una experiencia mucho más épica y evocadora pero tan sólo accesible si se viaja con una agencia de viajes.

Una de las maneras de hacer el cruce es tomando un autobús tortuoso y sólo apto para valientes que en aproximadamente unas 30 horas (pueden ser muchas más si se retrasa en los procedimientos fronterizos, yo estuve prácticamente dos días) enlaza las ciudades de Kashgar en China y Osh en Kirguistán. Dicho bus sale 3 veces por semana en ambas direcciones y cuesta unos 50 euros.

 

Tibet

Larung Gar, la academia budista más grande del mundo

La Academia Budista de Larung Gar, también conocido como el Instituto Budista Serthar, se encuentra a 4.000 metros de altitud en el Valle Larung, en el corazón del Tíbet. Fue fundada en 1980 en un valle totalmente deshabitado por Jigme Phuntsok, un influyente lama de la tradición Nyingma. Desde entonces este lugar ha crecido de manera espectacular para convertirse en el hogar de más de 40.000 monjes, monjas y alumnos.

Los extranjeros son bienvenidos, en especial aquellos que desean acercarse y conocer más sobre la religión budista. Eso sí, los visitantes, sobre todo los occidentales, deberán permanecer al otro lado del muro que divide la ciudad en dos: el lado laico y el lado religioso.

Uno de los aspectos más sorprendentes de Serthar es que más de la mitad de los que vienen a estudiar a su academia son mujeres, algo que no ocurre en los otros conventos de la región. Eso se debe al espíritu abierto del fundador. También llama la atención la cantidad de estudiantes que proceden de regiones muy alejadas de Asia: además de estudiantes tibetanos y de otras partes de China estudian y viven aquí jóvenes llegados de lugares como Taiwán, Hong Kong, Singapur y Malasia, que asisten a clases separadas que se imparten en idioma mandarín.

Eso sí, llegar a Larung Gar no es tarea fácil. Lo más fácil es viajar desde Chengdu, que está a 650 kilómetros de distancia. Se tarda 13 a 15 horas para llegar en vehículo a través de carreteras infernales, siempre que el gobierno no decida cerrar el acceso a los extranjeros, como sucede a menudo.

Desde Asia Viaje, llevamos un tiempo preparando guías de viaje. Esta que llega a continuación no se corresponde con ningún país en concreto, sino con una de las zonas más interesantes del mundo: El Tibet, una región que politicamente pertenece a China, pero que se corresponde también con territorios en Nepal y la India.

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Guía de viajes al Tibet, los aspectos más interesantes que debes conocer para tu viaje

El Tibet se encuentra en el suroeste de China, a lo largo de la meseta Qinhai-Tibet. Se le conoce como El Tercer Polo de la Tierra o el Techo del Mundo, y está aislado entre las fortalezas del Himalaya llegando a ser considerado como uno de los lugares más misteriosos del mundo.

El clima del Tibet es semiárido, con temperaturas frías y ventiscas todo el año en las montañas y mesetas. Los valles fluviales gozan de un clima más regular. Se recomienda llevar ropa de abrigo.

El idioma oficial es el mandarín, aunque hay muchos autóctonos que utilizan el tibetano.

La moneda es el yuan chino, aunque los dólares se pueden mover bien por las agencias bancarias (no en fines de semana). Las tarjetas de crédito y cheques de viajes no suelen ser aceptados en muchos sitios, así que mejor hacerse con dólares.

Es recomendable alojare en Lhassa, en la Ciudad Antigua. Puede ser interesante contratar un paquete turístico con alguna agencia de viajes que ofrezca paquetes vacacionales al Tibet, ya que las condiciones de visita a los turistas son bastante estrictas.

Los mejores momentos para conocer la zona son en primavera y otoño. Se recomienda buscar el viaje con anterioridad para conocer las mejores ofertas de viajes, pero además del billete en sí hay otros gastos que contemplar. Se estima que se ha de contar con un presupuesto cercano a los 2000 euros por persona en un viaje de 2 semanas.

Es necesario tener un permiso para acceder al Tibet, y por ello es por lo que es mejor contratar con una agencia de viajes, ya que aunque te digan que pudieron entrar sin ello lo cierto es que corres un riesgo si lo haces por tu cuenta sin conocer muy bien cómo van las cosas. Puede ser interesante intentar convencer a un gran grupo de personas para ir y así conseguir un mejor precio, ya que los tour suelen ser caros. Elige lo que quieres hacer y contrata varios presupuestos, siempre con antelación, y pide que te detallen lo que está incluido.

Las infraestructuras no son demasiado buenas y queda mucho por mejorar, pero es precisamente por ello por lo que merece la pena acercarse al Tibet, porque es una zona misteriosa que atrae a muchos pero pocos pueden concerla. Hay que ir preparados para todo, sabiendo que ni los hoteles son tan buenos como los de aquí ni las personas tienen nuestra mentalidad. Hay que ser abierto de mente y prepararse para la aventura de conocer un lugar muy distinto al que se conoce.

Qué conocer en Tibet

Algunos de los sitios más interesantes que ver en el Tibet son sus monasterios, muy conocidos que merece la pena conocer; Lhasa, buen sitio donde alojarse; Braktapur en un pequeño paseo; hacer una excursión por Pokhara; ver Kathmandu; contemplar el Everest; e incluso cruzar el Himalaya en 4×4 (los más aventureros).

La Historia del Tíbet se podría subdividir en las siguientes etapas:

Prehistoria

Según los restos arqueológicos encontrados en el Tíbet, se supone que sus primeros habitantes humanos aparecieron 10.000 años adC. Sin embargo, debido al carácter nómada de las tribus tibetanas, no es hasta hace 2.300 años cuando empiezan a tener una clara presencia en la historia de Asia. Es en aquél punto cuando aparece el rey Nyakhri Tsampo, que instaura una dinastía militar que se expande por la altiplanicie tibetana, entre los reinos de China, India, Nepal, Birmania y Bután. La religión chamánica, llamada “Bön” fue la primera religión practicada por los tibetanos antes de la llegada del budismo.

Dinastía de los 30 reyes

Esta dinastía se mantuvo hasta que, 30 reyes después, el mítico rey Songtsen Gampo (siglo VII) asumió el poder. Con este rey, el Tíbet llegó a su máxima expansión, logrando tener 40 millones de habitantes y expandiendo sus fronteras hasta entrar en China y tomar Chang’an (Xi’an) en el año 763. El rey Songtsen Gampo se casó con dos princesas budistas, una de origen chino y otra de origen indio. Esto le permitió conocer ambas civilizaciones y, también, el budismo Mahayana. El País de las Nieves, hasta entonces un estado feudal (17 feudos), fue convertido por este rey en una nación unificada y más pacífica. Envió estudiantes a India, donde aprendieron el sánscrito y empezaron a traducir al tibetano la vasta literatura budista. A finales del siglo VIII se invitó al maestro Padmasambhava (literalmente nacido del loto), también conocido en el Tíbet como Guru Rinpoché (maestro precioso), a enseñar la filosofía budista. Es gracias a estos dos personajes que se introdujo el budismo en el Tíbet. Los tibetanos consideran a Guru Rinpoché como el segundo Buda después de Shakyamuni, año 500 a. C.. El emperador Trisong Detsen y el maestro Padmasambhava construyeron templos como el Jokhang o Ramoche (ambos en Lhasa, nueva capital tibetana) así como numerosos monasterios. En el año 821, Tíbet firma un tratado de paz con China. El budismo es perseguido durante años y el rey Yeshe Oe es capturado para que abandone sus ideologías y enseñanzas. Éste rey estaba intentando convencer al maestro indio Atisha para que fuera al Tíbet. El sobrino del rey, Jangchub Oe, envió traductores y otras gentes hasta que lograron que Atisha visitara el Tíbet. En el Tíbet, Atisha compuso “Una luz en el camino”, obra de gran valor espiritual de la que deriva una tradición de enseñanzas muy importante. Bajo la influencia de Atisha (que vivió en el Tíbet entre 1042 y 1055), las enseñanzas volvieron a florecer, se construyeron más monasterios y se concluyó la traducción de textos budistas, dando paso a la producción de textos propiamente tibetanos. Gracias al peso de esta Política de la No-Violencia, se impidió el surgimiento de nuevas dinastías. Las instituciones monásticas empezaron a ganar poder mientras que las familias nobles que gobernaban lo iban perdiendo.

La llegada del imperio Mongol

En el siglo XIII el Tíbet fue dominado por el Imperio mongol, fundando las dinastías chinas Yuan y Ching, uniéndose a la dinastía autóctona Ming, fundada por los Han. Los gobernantes mongoles le dieron gran autonomía secular a la escuela de Sa-skya del budismo tibetano. Durante tres siglos el Tíbet siguió siendo gobernado por dinastías seculares. En el siglo XVI, Altan Khan, de la tribu mongol de Turnet, le dio respaldo al gobierno religioso del Dalái Lama, siendo el budismo la religión predominante entre mongoles y tibetanos. En el siglo XVII el jesuita Antonio de Andrade logró atravesar las montañas del Himalaya y penetrar en el Tíbet, convirtiéndose en el primer europeo en conseguirlo.

Tíbet bajo el Imperio Chino

Al principio del siglo XVIII China envió un comisionado chino a Lhasa para hacerse cargo del gobierno. Diferentes facciones tibetanas se rebelaron contra el comisionado, el cual fue asesinado. Posteriormente el ejército Qing invadió el Tíbet y derrotó a los rebeldes, reinstalando a otro comisionado. Dos mil soldados chinos permanecieron en el Tíbet y sus labores defensivas fueron apoyadas por fuerzas locales organizadas por el comisionado. En 1904 los británicos enviaron un fuerte contingente militar e invadieron Lhasa, forzando en esta forma la apertura de la frontera entre la India (entonces colonia inglesa) y el Tíbet. En 1906 los británicos firmaron un tratado con China por el cual el Tíbet se convertía en un protectorado británico. En 1907 se firmó un nuevo tratado entre Gran Bretaña, China y Rusia donde se le daba a China la soberanía sobre el Tíbet. En 1910 el poder central Qing ejerció por primera vez el gobierno directo sobre el Tíbet.

Tíbet independiente (1912-1950)

En 1911 se proclama la República en China lo que obligó a las tropas de este país estacionadas en el Tíbet a regresar, oportunidad que aprovechó el Dalai Lama para restablecer su control sobre el Tíbet. En 1913 el Tíbet y Mongolia firmaron un acuerdo reconociendo su mutua independencia de China. En 1914 se negoció un tratado entre China, Tíbet y Gran Bretaña denominado Convención de Simla. Durante esta convención los invasores británicos trataron de dividir al Tíbet en dos regiones, lo cual no prosperó. Sin embargo los representantes de Tíbet y de Gran Bretaña firmaron un acuerdo a espaldas de China, mediante el cual el Tíbet sería una región autónoma de China y los británicos se adjudicarían 90.000 kilómetros cuadrados de territorio tradicionalmente tibetano que corresponde al actual estado de Arunachal Pradesh. Después de declarada la independencia de India, esta nación consideró esta región como suya en función a la frontera establecida en el mencionado tratado. China, sin embargo, rechazó tal posición, indicando que dicho tratado no tenía ninguna validez ya que no fue firmado por ellos y el Tíbet no era una nación independiente, sino un protectorado de China. La disputa por esta región ocasionó la guerra entre China e India en 1962. Al estallar la Revolución de Xinhai y la Primera Guerra Mundial Tíbet perdió interés para las potencias occidentales y para China. En esa coyuntura el decimotercer Dalái Lama tomó el gobierno del Tíbet sin interferencia alguna de otros países.

Tíbet incorporado a la República Popular de China

En 1950 el ejército chino entró en el Tíbet, derrotando fácilmente al débil ejército tibetano. En 1951 se redactó el Plan para la Liberación Pacífica del Tíbet, el cual fue firmado por representantes del Dalai Lama y el Panchen Lama bajo la presión del gobierno chino. Este plan contemplaba la administración conjunta del gobierno chino con el gobierno del Tíbet. En aquella época la mayoría de los tibetanos vivían bajo un régimen de servidumbre por cuanto la mayor parte de la tierra era poseída por los lamas. El plan fue implantando pero no sobre todo el territorio, por cuanto las regiones de Kham Oriental y Amdo fueron consideradas como provincias chinas, llevándose a cabo una reforma radical de la tenencia de las tierras. En junio de 1956 y a consecuencia de esta reforma, estalló una rebelión en estas dos regiones, la cual, respaldada por la CIA estadounidense, se extendió hasta Lhasa.

El ejército chino logró doblegar la rebelión en 1959, en acciones militares que ocasionaron la muerte a miles de tibetanos. El decimocuarto Dalái Lama y sus principales colaboradores huyeron a la India, desde donde siguieron respaldando acciones rebeldes contra el ejército chino hasta 1969 cuando la CIA dejó de ayudarles y el resto de potencias occidenciales tampoco colaboraron. Aunque el Panchen Lama estaba virtualmente prisionero en Lhasa, los chinos lo mostraron como el jefe del gobierno del Tíbet en ausencia del Dalai Lama, quien tradicionalmente había sido el gobernante de la región. En 1965 China introdujo cambios sustanciales cuando desposeyeron de las tierras a los lamas e introdujeron la educación secular. Durante la Revolución Cultural en China el Tíbet sufrió serios daños a su patrimonio cultural, incluyendo su herencia budista. Miles de templos y monasterios budistas fueron destruidos y varios monjes fueron asesinados.

En 1979 se restableció la libertad religiosa (y miles de templos budistas volvieron a abrir sus puertas), aunque los condicionantes y limitaciones son importantes como la prohibición a los lamas de que cuestionen el derecho de China a gobernar al Tíbet. En 1989 el Panchen Lama falleció, y el Dalái Lama y el gobierno de China reconocieron diferentes reencarnaciones. Respetando la religión de los tibetanos, el gobierno de China reconoció oficialmente la reencarnación del Panchen Lama, de acuerdo con la tradición Vajrayāna budista. Para ello se valieron del procedimiento que se utilizó en la dinastía Qing mediante el cual el Panchen Lama era elegido en una especie de lotería utilizando una urna de oro donde el nombre de los posibles Panchen Lama estaban insertados en bolas de cebada. Por su parte el Dalai Lama nombró a Gedhun Choeky Nyima como el undécimo Pachen Lama, mientras que el gobierno chino eligió al niño llamado Gyancain Norbu. Gyancain fue criado en Pekín y aparece en público muy esporádicamente. Choeky y su familia, de acuerdo a los exiliados tibetanos, parecieran estar prisioneros. El gobierno chino afirma que está libre bajo una identidad falsa a fin de proteger su privacidad.

El techo de Asia, y del planeta, se encuentra en las alturas del Himalaya. También allí ha llegado el ser humano y ha construido grandes asentamientos, las ciudades más altas del mundo. Son Lhasa y Shigatse, y ambas se hallan en la región autónoma de Tíbet, bajo dominio chino.

Lhasa, La capital espiritual y política de los tibetanos, se ubica a una altitud de 3.600 metros sobre el nivel del mar, rodeada de poderosas cumbres. La parte sur de la ciudad está atravesada por el río Kyi (también llamado Kyi Chu), un afluente del Yarlung Zangbo, las “alegres olas azules”, como lo llaman por estas tierras.

shigatse 26 Lhasa y Shigatse, las ciudades más altas de Asia

Esta es la segunda ciudad más poblada en la meseta tibetana con una población de más de 550.000. Cuenta con numerosos lugares de importancia cultural del budismo tibetano como el Palacio Potala, el templo de Jokhang y los palacios de Norbulingka, muchos de los cuales están ubicados en el Distrito Chengguan, el más antiguo de la ciudad.

Shigatse tiene una población de 100.000 habitantes y se eleva a 3.840 metros, más de 200 metros por encima de Lhasa, en la confluencia de los ríos Yarlung Tsangpo y Nyang Chu, en la región del Tíbet occidental. Shigatse se extiende en una pequeña llanura rodeada de altas montañas. Fue la antigua capital de la provincia de Ü-Tsang, y en la actualidad es el centro administrativo de la prefectura moderna Shigatse.

China nos tiene acostumbrados a los records de construcciones titánicas. En esta ocasión el dato curioso viene de la apertura del aeropuerto de Changdu Bangda, que siatuado a la friolera altitud de 4.411 metros, es considerado el aeropuerto a mayor altitud del mundo.

El aeropuerto en cuestión se localiza en provincia tibetana de Sichuan. Supera en 253 metros de altitud al anterior aeropuerto que ostentaba el record.

Por ahora tan sólo existe un vuelo regular desde Chengdu, pero se preveé la aparición de algún otro vuelo doméstico adicional para el próximo año. Este vuelo ha permitido la reducción del tiempo de viaje desde la capital provincial, de dos días en autobús a una sola hora de vuelo.

Seguramente el aerpuerto vaya tener cierto movimiento en el futuro, porque además se encuentra muy cerca de la Reserva Natural de Yading, conocida como el último Shangri-La.

Sin duda existe cierta controversia por la inauguración de este aeropuerto, pues se detecta claramente el plan de China para incrementar el turismo en el Tibet. Si realmente fuese bueno para la comunidad local no habría nada que objetar. Sin embargo parece que el viajar despacio, como se hacía hasta hace pocas semanas, en un bus durante dos días, genera alergías absurdas.

Pasa el tiempo y cada vez es más complicado encontrar lugares dónde la esencia de las costumbres está preservada y no abierta a un turismo de masas que puede desgastar parte de una herencia cultural única.

Lhasa, 3650 metros de altitud, 400.000 habitantes, una cultura única, varios de los palacios, templos y monasterios más importantes del mundo, y decenas de miles de peregrinos que acuden al menos una vez en la vida a esta ciudad para dar muestra de su fe. Estamos en la capital y centro espiritual del mundo tibetano, un lugar que desprende misticismo por los cuatro costados.

La zona de Barkhor es la más interesante y auténtica, en el casco antiguo de la ciudad, donde la mayoría de los peregrinos se reúnen para llevar a cabo el circuito de la kora, consistente en caminar en el sentido de las agujas del reloj mientras rezan sus oraciones incansablemente, en una procesión interminable de fieles que nunca se interrumpe. Esto acontece alrededor del Templo Jokhang: el corazón del mundo espiritual tibetano.

En torno al Templo Jokhang fluyen sin cesar el humo del incienso, los peregrinos postrándose sin descanso, las ruedas de plegaria girando, los coloridos ropajes tradicionales y las caras de tibetanos cuya edad es imposible de adivinar, agrietadas por años de vientos helados y sol abrasador. Tal acto de fe sobrepasa el entendimiento, y su poderosa impresión plasma un recuerdo imborrable a todo el que lo siente desde dentro.

A su alrededor se monta un extraordinario mercado de objetos artesanales, entremezclados con ingentes cantidades de chatarra made in China. Aprender a diferenciarlos no siempre es sencillo, por lo que si no tienes mucho ojo y no quieres ser engañado, busca alguien que te merezca confianza para que te ayude. Importante: regatea. Sobre el primer precio que te digan, divídelo por tres e intenta negociar por esa cantidad, aunque te parezca demasiado poco.

Lo más conveniente es alojarte cerca de la zona de Barkhor (hay bastante donde elegir), pues el flujo de peregrinos tiene una magia especial de la que nunca te cansas y querrás volver una y otra vez. Cuando camines junto a ellos procura realizarlo igualmente en el sentido de las agujas del reloj, en señal de respeto. Algunos tibetanos tienen ciertos reparos a la hora de recibir fotografías, intenta ser discreto y respetuoso. También es merecedor de un paseo el barrio musulmán al Este de Barkhor.

El otro punto álgido de Lhasa es el Palacio de Potala, palacio de invierno del Dalai Lama. Es el buque insignia de la ciudad, y uno de los lugares sagrados más importantes del planeta. Cómo no, es Patrimonio Mundial UNESCO. A su alrededor también tiene lugar otra kora. Si no te atreves a pronunciar el mantra om mani padme hum, siempre puedes girar las ruedas de plegaria, que en teoría surten el mismo efecto que rezar las plegarias y acumularás así un poco de buen karma. Para llegar aquí puedes andar desde el Palacio de Jokhang, ya que hay solo un kilómetro y medio de distancia.

Para comer lo tendrás fácil, pues los restaurantes con precios asequibles abundan en las zonas principales de la ciudad. Platos tibetanos, nepalíes e indios conforman gran parte de los menús que te encontrarás. Recomiendo fervientemente el restaurante Tashi I, situado en la esquina entre la carretera principal (Beijing DongLu) y la calle que se dirige a la plaza de Barkhor. Delicioso y económico.

Unas ancianas giran las ruedas de plegaria mientras realizan la kora

Es posible moverse por Lhasa libremente, sin guía, aunque sí que dependes de uno para entrar a visitar los principales templos o palacios de la ciudad. Si vas en un tour, intenta llegar un día o dos antes de que éste comience, para deambular por la ciudad a tu ritmo. Para ello tendrás que informar a tu agencia de viajes de tus planes, pues el guía ha de ir a recogerte a la estación de tren o el aeropuerto.

Hay mucha presencia militar por doquier, no tomes fotografías de los soldados o te puedes meter rápidamente en líos. Algunos portan extintores, prevenidos ante los esporádicos intentos de monjes que se queman a lo bonzo. Ten precaución. No obstante, Tíbet no es peligroso y en general serás muy bien tratado tanto por unos como por otros.

El próximo domingo presentaremos una nueva entrada sobre Lhasa en la que daremos detalles sobre los principales monasterios que rodean la ciudad, el Palacio de Verano del Dalai Lama, así como otros consejos sobre cuándo es mejor visitar la ciudad y cómo moverse por ella. ¡Hasta pronto!