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محمد بن عباد المعتمد | Al-Mu’tamid

محمد بن عباد المعتمد | Al-Mu’tamid

Segundo hijo de al-Mutadid, se convirtió en heredero cuando su hermano mayor fue mandado ejecutar por su padre por supuesta traición. A los doce años, su padre lo envió a Silves, en el Algarve, para ser educado por el poeta Abu Bakr ibn Ammar (Ibn Ammar de Silves, el Abenámar de los cristianos), el cual se convertiría posteriormente en su favorito.

En el segundo año de su reino, al-Mutamid anexionó la taifa de Córdoba, a cuyo frente puso a uno de sus hijos. Esta anexión supuso una amenaza para la taifa de Toledo, cuyo rey, Al-Mamun apoyó a un aventurero, Ibn Ukkasha, que en 1075 se apoderó de la ciudad y ejecutó al joven príncipe. Al-Mamún de Toledo tomó posesión de la ciudad, en la que murió seis meses después. Durante tres años al-Mutamid trató de reconquistar Córdoba, lo cual consiguió en 1078, al tiempo que todas las posesiones del reino de Toledo situadas entre el Guadalquivir y el Guadiana pasaron a formar parte del reino de Sevilla.

Fado Al-Mu’tamid

Al llegar al trono, al-Mutamid nombró visir a su amigo y antiguo mentor Ibn Ammar. Su relación fue excelente durante los primeros años de reinado. Por ejemplo, se atribuye a su habilidad que una expedición de Alfonso VI de León contra Sevilla acabase pacíficamente mediante la aceptación del pago de un doble tributo (1078).

En cualquier caso, Ibn Ammar cayó en desgracia como resultado de su desastrosa gestión de la anexión de la taifa de Murcia. En 1078 Ibn Ammar acudió a Ramón Berenguer II, conde de Barcelona, y le pidió su ayuda para conquistar Murcia mediante el pago de diez mil dinares. Como prenda del pago del tributo, un hijo de al-Mutamid, al-Rashid, serviría de rehén, parece que sin el conocimiento de su padre. Cuando al-Mutamid descubrió el pacto, quiso recuperar a su hijo, cosa que sólo pudo conseguir mediante el pago de una suma tres veces mayor. Una vez conquistada la taifa de Murcia, Ibn Ammar fue nombrado gobernador, pero poco después conspiró para independizarse de la taifa de Sevilla. Descubiertas sus pretensiones tuvo que huir de Murcia. Refugiado en Zaragoza, intentó ayudar a los tuyibíes en una expedición contra la fortaleza de Segura, pero finalmente fue hecho prisionero y entregado a al-Mu‘tamid, quien, a pesar de los lazos de amistad que durante mucho tiempo los habían unido, lo mató con sus propias manos.

Al-Mu'tamid

Sintiéndose amenazado por León después de la conquista de la Toledo por Alfonso VI de León (1085), decidió pedir auxilio a los almorávides, a los que ayudó, junto con tropas de las taifas de Granada y Badajoz, a derrotar a los cristianos en Zalaca (1086). Sin embargo, el emir almorávide Yusuf ibn Tasufin, requerido en África, volvió a su reino. La ausencia almorávide contribuyó a que los reyes musulmanes siguiesen envueltos en sus disensiones, de forma que no pudieron evitar nuevos ataques cristianos. El rey Alfonso VI tomó el castillo de Aledo (en Murcia) en 1087, bloqueando las rutas entre Sevilla y las provincias orientales de al-Ándalus. Al-Mu‘tamid en persona se dirigió de nuevo a Marrakech para pedir a Yúsuf que acudiera en ayuda de los musulmanes en al-Ándalus. Los almorávides volvieron a la península (1088), pero esta vez no sólo combatieron a los cristianos, sino que fueron conquistando uno a uno todos los reinos de taifas. Al-Mu‘tamid fue depuesto por el emir almorávide en 1090 y desterrado a África, donde murió (Agmat, en las inmediaciones de Marrakech).

Al-Mu‘tamid fue un notable poeta y, durante su reinado, la cultura floreció en Sevilla. En su corte gozaron de favor los poetas y literatos, como el siciliano Ibn Hamdis, Ibn al-Labbana de Denia, Ibn Zaydún o el propio visir y poeta Ibn Ammar de Silves (1031-1086).

También la visitaron intelectuales como Ibn Hazm (994-1063), una de las figuras centrales de la cultura andalusí, el geógrafo Al-Bakrí y al astrónomo Azarquiel (Al-Zarkali).

Una mezquita perdida, un aljibe olvidado. La Casa de las Veletas, Museo de Cáceres.

Una mezquita perdida, un aljibe olvidado. La Casa de las Veletas, Museo de Cáceres.

Cuando llegué a casa, mi madre cantaba “Dos gardenias para ti”, lo recuerdo perfectamente. Yo tenía 10 años, regresaba feliz del colegio. Aquella mañana, el maestro, sin previo aviso, había decidido sacarnos de la escuela y llevarnos de excursión a un lugar fascinante. Se lo agradeceré siempre. Quizás la emoción intensa del descubrimiento y la pasión por la Arqueología, el Arte y la Historia se introdujeron en mí ese día, quizás el acceso a un mundo desconocido, sorprendente y misterioso despertó impulsos dormidos, o puede que, sin darme cuenta, se abriera una puerta que aún se mantiene de par en par, una puerta que permite el tránsito a mundos pasados pero todavía presentes en nosotros. Si alguien me hubiera dicho entonces que en el futuro realizaría en el aljibe de la Casa de las Veletas, en el Museo de Cáceres, un trabajo de investigación encargado por el Ministerio de Cultura, no lo habría creído. Así se construye la vida, ella teje sus hilos mientras nosotros hacemos otros planes. En 2003, la cantante brasileña Maria Rita, hija de Elis Regina, realizó una actualización electrónica de “Dos Gardenias para ti”, tema interpretado tantas veces por Machín y Omara Portuondo, entre otros. Iniciemos el post con ella, puede que no le guste esta versión a mi madre…

El casco histórico de Cáceres asombra por diversas razones. Algunas, como la espectacularidad del conjunto conservado, son obvias; otras, son menos conocidas pero igualmente sorprendentes. Entre estas últimas hay que señalar la escasez de estudios monográficos, tanto del núcleo intramuros, como de sus monumentos más destacados. ¿Cómo es posible que la “ciudad antigua”, la “Parte Antigua”, en expresión local, haya generado tan escasa literatura científica? Es una pregunta difícil de responder. Diversos motivos se entrelazan hasta configurar esta realidad, entre ellos habría que citar la escasísima o nula (dependiendo de los años) inversión pública en investigación, conservación y gestión de su Patrimonio, el incomprensible desinterés de la comunidad científica y el peso desmesurado de las opiniones vertidas por eruditos del pasado hasta condicionar no sólo el imaginario popular y sus “mitos” urbanos, sino también las líneas argumentales de los estudiosos, dedicados a caminar una y otra vez por los caminos ya andados sin plantearse si la senda es la correcta.

Fruto de la repetición constante de ideas preconcebidas, la mayoría no contrastadas o carentes de toda base científica, generación tras generación han sido elaboradas teorías variopintas, más o menos ingeniosas, con las que se ha pretendido explicar el origen y la evolución histórica de la ciudad, así como el significado y la funcionalidad de sus inmuebles más importantes.

Un edificio que ejemplifica como pocos lo dicho es la Casa de las Veletas, sede del Museo de Cáceres. En su subsuelo se ubica el archiconocido aljibe, adjetivado tradicionalmente como “hispanomusulmán”, epíteto poco adecuado que merecería una larga reflexión independiente en la que hoy no voy a adentrarme. Son tantas y tan poco afortunadas en su mayoría las cosas que se han dicho y que se siguen diciendo sobre el aljibe, en particular, y sobre el Palacio de las Veletas, en general, que intentar desmontarlas sobrepasaría con mucho los límites de este artículo; además, lo haría tan tedioso que pocos se atreverían a proseguir su lectura. Por ello voy a exponer de forma sucinta los datos disponibles gracias a la intervención efectuada sobre el aljibe que tuve la oportunidad de coordinar durante el año 2007. Dichos datos y las conclusiones a las que conducen no han sido aún publicados, su divulgación en este medio ayudará a hacer más comprensibles los resultados obtenidos y, espero, a evitar la propagación de ciertas ideas acientíficas nacidas del sueño de la razón (ese que según Goya produce monstruos) que generan confusión en la opinión pública.

El trabajo fue realizado por un amplio y cualificado equipo de profesionales de la empresa ARQVEOCHECK, que durante varios meses llevaron a cabo tareas tan diversas como: estudio del subsuelo y de los muros mediante georradar, análisis fisico-químico de muestras en laboratorio especializado, lectura estratigráfica paramental, investigación histórica, sondeo arqueológico en el patio y consulta archivística.

El georradar, que es una herramienta de prospección del subsuelo o de otras superficies mediante impulsos electromagnéticos, no invasiva ni destructiva, permitió determinar que la construcción no es subterránea y no se edificó sobre roca, como sucede con casi todos los aljibes, sino sobre unos rellenos de naturaleza antrópica superiores al metro de espesor. Asimismo facilitó la comprensión de los muros al poder “mirar” más allá de su piel exterior.

Fueron tomadas muestras para su análisis en laboratorio mediante diversos métodos tanto físicos como químicos, fruto de los cuales se puso de manifiesto que los morteros originales que revistieron la edificación carecen de las propiedades adecuadas para el almacenamiento de agua, siendo disgregados por su presencia continuada. Además, se detectaron pinturas solubles en agua de colores blanquecino y rojizo y, muy importante, restos de decoración aplicada mediante placas de cal sobre las enjutas y el intradós de los arcos, decoración totalmente degradada por la acción del agua hasta convertirla en una masa irreconocible formalmente. Por último se detectó la presencia de un acabado uniformador del conjunto fruto de las reformas contemporáneas.

La lectura estratigráfica muraria, o lectura de paramentos, es una técnica de investigación arqueológica utilizada para el estudio de la arquitectura. Su aplicación en el aljibe fue realmente complicada dado que el edificio está totalmente revestido. Pese a ello, pudieron definirse diversas técnicas y materiales que abrieron la posibilidad de establecer una secuencia de la evolución constructiva del inmueble que, grosso modo, se establece del siguiente modo:

– El edificio fue construido inicialmente sin bóvedas, o al menos con bóvedas diferentes a las que hoy pueden contemplarse (una huella que recorre la totalidad de los muros noroeste y sureste, por encima de la cota máxima de inundación, permite comprender la altura del edificio). El edificio primitivo fue dotado de decoración en los arcos, decoración aplicada de cal que confirma un uso no hidráulico de la construcción.

– Una gran reforma puso fin al uso para el que fue concebida la construcción inicial, siendo convertido en aljibe. En este momento (segunda mitad del siglo XII), se sellaron las juntas murarias (pared-pared y pared-suelo) mediante boceles; los lienzos noroeste y sureste fueron recrecidos y se alzaron las esbeltas bóvedas que hoy cubren las cinco naves con las que se corona el edificio.

– Tras años de abandono se recupera su uso como aljibe, siendo utilizado para abastecer la población a fines del siglo XV, momento en el que debió construirse, sobre los restos de la arruinada alcazaba almohade, una casa fuerte con autorización regia de Enrique IV.

– Entre los siglos XVI y XVIII, la antigua casa fuerte bajomedieval se convierte en palacio dando lugar a la actual Casa de las Veletas. Siguiendo la normativa real, los vecinos de Cáceres pudieron seguir abasteciéndose del aljibe, al que accedían por una puerta creada con tal fin, hoy desaparecida. En la esquina Norte del aljibe se construyó una pequeña estancia separada para separar el agua accesible al vecindario de la exclusiva de los propietarios de la casa.

– Después del “descubrimiento” de la edificación, pasado un largo tiempo de abandono, el aljibe fue sometido a diversas reparaciones y reformas fruto de las obras realizadas durante la primera mitad del siglo XX, algunas de ellas encaminadas a convertir la Casa de las Veletas en Museo Provincial. Se trata de reformas de carácter más “estético” que estructural, con las que se “homogeiniza” el aspecto general del conjunto dotándolo de una gama cromática acorde con lo esperado para un aljibe; se eliminó la estancia existente en la esquina norte y se dotó de un acceso escalonado que permitiera la bajada al inmueble.

– Durante la segunda mitad del siglo XX tuvieron lugar pequeñas reformas. Éstas se relacionan con reparaciones de escasa entidad en un intento por perpetuar y mantener el edificio en uso y apto para la visita.

La gran cantidad de datos novedosos obtenidos nos obligaron a replantearnos las hipótesis de trabajo iniciales, muchos de ellos enviaban directamente a la papelera las ideas que teníamos sobre el aljibe, ideas preconcebidas heredadas de la tradición. La información apuntaba en una dirección radicalmente nueva, revolucionaria, capaz de convertir el aljibe de las Veletas en algo muy diferente de lo que nos habían enseñado y repetido en tantas ocasiones. Por ello, apoyados en el amplio volumen de datos de carácter científico, objetivos, realizamos una reinterpretación de la construcción que ha dado lugar a una teoría bien aceptada en ámbitos académicos y, curiosamente, controvertida a nivel popular. La expongo rápidamente.

Durante época Omeya, posiblemente durante la fase emiral, se erigió una construcción hipóstila no vinculada a uso hidráulico, hecho que evidencian tanto las decoraciones de las que estuvieron dotados los arcos y el magnífico acabado constructivo, como algunas pinturas que cubrían los paramentos cuyos pigmentos son solubles en agua. La pregunta que ha de formularse es: ¿si no se trata de un aljibe, qué tipo de construcción fue?

Dada la disposición formal del edificio y el contexto temporal y espacial en el que fue levantado, no puede establecerse una funcionalidad distinta a la de mezquita, sus dimensiones y calidad constructiva sólo podrían relacionarla con una edificación de carácter áulico, de la que carecería Cáceres en ese momento histórico. La supuesta relación con unos baños, como han propuesto algunos, resulta inapropiada teniendo en cuenta que no hay elemento alguno que ayude a establecer esta vinculación. Así pues, tendríamos un edificio complejo del que, aunque muy transformado, ha llegado una de las estancias principales: la sala de oración. Esta sala se construyó de una sola vez y sin apariencias de haber sufrido ampliaciones, aunque sí numerosas modificaciones a posteriori. La edificación está orientada hacia el sureste, algo muy propio de las mezquitas del período Omeya en al-Andalus, situándose hacia esa dirección el muro de la qibla. En dicho muro se abriría el nicho (o se dispondría una placa) destinado a dirigir la oración, el mihrab, estructura no visible pues debió ser desmontada, sellándose su emplazamiento mediante un nuevo muro en el proceso de conversión del espacio en aljibe. Las cinco naves en que la construcción es fragmentada por las galerías arcuadas son perpendiculares a la qibla (algo muy característico en las mezquitas de al-Andalus), sobre ellas se dispondría una cubierta de madera, luego sustituida por el sistema de abovedamiento situado a una cota más elevada. Los cuatro arcos que formaban cada una de las arquerías, estarían decorados con placas realizadas mediante moldeado previo, placas que se adherirían sobre los morteros aún frescos. Desde la sala de oración debe accederse al sahn, patio que conecta ésta con el exterior, con la calle, quizás situado hacia el noroeste.

La siguiente pregunta a la que hay que responder es: ¿cómo una mezquita se convierte en aljibe? La historia del Cáceres islámico, hisn Qasr As, se divide en dos etapas perfectamente definidas: una larga primera fase extendida desde los tiempos de la invasión islámica hasta la conquista cristiana de Coria (1142); y una segunda dispuesta entre la toma de Coria y la anexión de la ciudad al reino de León (1229). A lo largo del primer período la población no pasaría de ser un emplazamiento fortificado más de los muchos existentes, por el contrario, la segunda etapa se correspondería con un momento de notable protagonismo del asentamiento en tanto que plaza fronteriza, perdidas ya Coria (Quriya), Plasencia (Ambroz) y otras poblaciones situadas al norte del río Tajo. Fruto precisamente de su posición en vanguardia, Cáceres es refortificada y dotada de un impresionante complejo defensivo que puede ser considerado como de los más avanzados desde el punto de vista poliorcético de su época.

Es en este momento de gran inestabilidad militar, de cercanía de la frontera con portugueses, leoneses y castellanos, cuando los almohades realizan enormes esfuerzos para convertir Cáceres en un bastión infranqueable, que frenara el avance cristiano hacia el Sur. Motivado por esas circunstancias, y en pleno proceso de reestructuración tanto de la muralla urbana como de la alcazaba, la antigua mezquita mayor fue totalmente reformada, siendo transformado su uso para convertirla en un aljibe. En primer lugar, en tanto que la orientación del templo no era canónica para los almohades, quienes derriban numerosas mezquitas en al-Andalus por tal motivo; en segundo lugar, por la necesidad de contar en la alcazaba con una cisterna suficientemente capaz de abastecer a la numerosa tropa que defendería la ciudad y a los que llegaban camino de las razzias a territorio cristiano.

La antigua mezquita, quizás maltrecha durante el breve período en que la población fue ocupada por tropas leonesas (entre 1170 y 1173), sufrió modificaciones estructurales y fue incorporada a la alcazaba, que ahora ocuparía una zona mayor a la inicial. Las cubiertas de madera, fueron sustituidas por esbeltas bóvedas en las que se abrieron luceras para permitir tanto la llegada del agua, proveniente de las cubiertas de los edificios vecinos, como para facilitar su acceso mediante cubos. Los muros testeros (SE y NO) fueron recrecidos y se sellarían el nicho del mihrab y la puerta de acceso al sahn; los paramentos perimetrales y la solería fueron impermeabilizados y boceles de media caña sellarían las juntas. También se construyó una escalera en la nave SW para facilitar el acceso desde la alcazaba. El edificio se llenó de agua y las galerías arcuadas fueron cubiertas, comenzando así el proceso de degradación de unas estructuras no adecuadas para estar en un medio líquido; especialmente la decoración aplicada sobre los revestimientos se adentró en un proceso de degeneración imparable hasta nuestros días que ha dejado irreconocibles los únicos restos supervivientes.

A pesar de los denodados esfuerzos almohades, la ciudad cayó en manos cristianas definitivamente en 1229. Es factible suponer que, fruto del conflicto, las defensas quedaran muy maltrechas, especialmente la alcazaba y su entorno inmediato, que debieron ser literalmente echados por tierra. El aljibe se salvaría del arrasamiento general en tanto que en este momento sería una estructura semisubterránea (recordemos que inicialmente se alzaría por encima de la cota de uso convencional del resto de la población, apreciándose, por tanto, un notable cambio en la topografía de la zona). No sería hasta dos siglos más tarde cuando el aljibe sería recuperado e integrado en nuevas construcciones, primero una casa fuerte, y más tarde un palacio, germen de la actual Casa de las Veletas, construcciones que perpetuarían su uso como aljibe y que llevarían a cabo sobre él intervenciones puntuales para mantenerlo en funcionamiento como contenedor de agua.

Toda la información, ampliamente desarrollada, formó parte del conjunto de estudios previos a las obras de restauración y reforma del Museo de Cáceres, tristemente paralizadas desde 2011. En ese año, falleció el arquitecto adjudicatario, dejando entregado un proyecto básico de obras y musealización. Durante estos tres años la Subdirección de Museos Estatales de la Dirección General de Bellas Artes no ha resuelto el problema legal derivado de una adjudicación a una persona fallecida, barajándose la posibilidad de realizar un nuevo concurso público. Desde entonces, la inversión planificada para las obras se ha congelado y el montante económico previsto se ha reducido a la mitad, de los 8.000.000 iniciales a 4.000.000 de €. En este tiempo se han completado la reforma del Museo Arqueológico Nacional y la ampliación del Reina Sofía, quizás con parte del dinero que debería haber llegado a Extremadura.

Mientras tanto, el Museo de Cáceres espera. Lleva décadas esperando. La paciencia parece que se ha convertido en una de las señas de identidad de una institución cuyas instalaciones claman por una mejora urgente. No sólo es que su magnífica colección arqueológica, etnográfica y artística requieran de un nuevo discurso museográfico, más acorde con las nuevas tecnologías que nuestros tiempos ofrecen, sino que el edificio adolece de problemas estructurales realmente graves, especialmente su mezquita-aljibe, problemas que precisan de una respuesta urgente. Repito, urgente.

El Museo de Cáceres guarda en su interior la memoria colectiva de nuestra tierra, es, por ello, uno de nuestros tesoros más preciados. Por sus salas deambulan cada año en torno a 160.000 visitantes, siendo uno de los atractivos más destacados de la región (es el segundo museo más visitado, después del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida). Pese a ser uno de nuestros principales escaparates, la ciudadanía siente que ha sido abandonado a su suerte. Es posible, en parte, que se haya llegado a esta situación por la complejidad del reparto deparado por el Estado de las Autonomías, pues si bien el Museo es de titularidad estatal y las obras le corresponden al Estado, su personal y el mantenimiento dependen del Gobierno de Extremadura. Unos por otros…

El Museo espera con la paciencia de atesorar un legado creado por los siglos; sin embargo, hasta el estoicismo más sereno tiene sus límites. En este caso las fronteras se han superado ampliamente. Las instituciones tienen que actuar ya, dejando la desidia a un lado, nuestra memoria está en juego, el aljibe requiere una intervención valiente e inmediata, los problemas de conservación son más que evidentes.

Fuente

Mezquita de Antequera

j022mu01 Una fundación comienza el proyecto de recuperación de la mayor mezquita rural de España y única en Andalucía, reconocida como BIC por la Junta en el año 2009

El inmueble se encuentra justo en el centro geográfico de Andalucía, a unos 24 kilómetros de Antequera

Una fundación recuperará la conocida como mezquita de Antequera, única rural de Andalucía y declara Bien de Interés Cultural en el año 2009 por la Junta de Andalucía. Este espacio, cuyas dimensiones sorprendieron desde el principio a los investigadores hace años, está en unos terrenos privados situados a unos 24 kilómetros de Antequera, estratégicamente cerca de Campillos, Sierra de Yeguas y Fuente de Piedra, en pleno centro de Andalucía.

El monumento ha estado durante años camuflado como un antiguo cortijo y fue descubierto de manera casual en 1982. Prácticamente desde entonces se ha ido deteriorando hasta encontrarse en un estado de abandono que preocupa a sus propietarios, que ahora afrontan con ilusión el proyecto de recuperar la que, por los siglos X y XI, fue una de las mezquitas de mayores dimensiones de Al Andalus. «La fundación llamada Facna está ya lista y hemos pedido presupuesto para la limpieza del lugar, quitar la broza y permitir después que se pueda investigar porque hay muchas cosas que explicar y descubrir de este lugar único», explica Trinidad Torreblanca, una de las propietarias del monumental inmueble y fundadora de Facna.

Las incógnitas sobre este espacio han despertado ya el interés de arqueólogos del lugar y también de expertos del ente autonómico, que ya en 2006 realizaron varios estudios y una publicación sobre los orígenes de esta mezquita rural, que formaría parte de una ciudad que nunca llegó a materializarse. «Todo apunta a que se trata de una mezquita fundacional, es decir, en torno a ella se quería construir una ciudad, especialmente porque está en un cruce de caminos», explica una de las arquitectas del equipo de Granada que redactará el proyecto, Elena Rivas, y que además han realizado un vídeo de presentación donde se hace una reconstrucción virtual de cómo sería la mezquita en su origen.

El asentamiento en su totalidad lo forman una mezquita, su patio y un potente muro rodeando todo el perímetro. Así, la mezquita ocuparía unos 840 metros cuadrados y está datada entre los siglos X y XI, aunque posteriormente fue transformada en vivienda de uso agrario. La mezquita mide en su conjunto 841 metros cuadrados y está formada por una sala de oración de 29 por 16 metros y de un patio de 29 por 13 metros, que tendría una capacidad de hasta 700 personas.

A pesar de su estado de deterioro, aún se mantienen muros de sillares de piedra de más de cuatro metros de altura y varios arcos de herradura totalmente íntegros y especialmente en lo que podría considerarse el acceso al haram. Este último espacio destaca por tener grandes naves separadas por pilares cuyos muros aún conservan los contrafuertes, de 40 ó 50 centímetros de ancho.

Proyecto de conservación

Los trabajos de limpieza comenzarán en los primeros meses del próximo año 2014, al igual que el proyecto de conservación que requerirá de varias fases importantes y muy costosas pero que esperan poder ir ejecutando. «Hay que limpiar y después fijar lo que hay para evitar que siga deteriorándose y desprendiéndose y después dejar que se intervenga en la zona para investigar y conocer más detalles del inmueble», asegura Rivas.

El sueño de los familiares propietarios de la mezquita es poner en valor este espacio y para ello se han puesto en contacto con la Universidad de Málaga, a la espera de una posible colaboración para desarrollar las investigaciones. Del mismo modo, desde la Delegación de Cultura de Málaga han mostrado su apoyo a que se comiencen a despejar los secretos hasta ahora escondidos de la que sería la única mezquita rural de Andalucía.

Preocupación por su estado de deterioro

El monumento ha estado durante años camuflado como un antiguo cortijo y fue descubierto de manera casual en 1982. Prácticamente desde entonces se ha ido deteriorando hasta encontrarse en un estado de abandono que preocupa a sus propietarios que afrontan con ilusión el proyecto de recuperarlo.

Descubrimiento casual de un edificio único en Andalucía

Fue en 1982 cuando Carlos Gozalbes Cravioto buscaba un yacimiento romano en Antequera para la publicación de un libro y encontró la conocida como Mezquita de Antequera. entonces el hallazgo fue calificado como «el descubrimiento más importante de la arqueología medieval en los últimos 50 años». Así, en plena Vega de Antequera, había un antiguo cortijo deshabitado que escondía una joya de los siglos X y XI, la que es hasta el momento la mezquita rural más importante y grande de España. El asentamiento está constituido por una mezquita, su patio y un muro rodeando todo el perímetro. Contaría, según los estudios realizados en 2008, con una capacidad para unas 700 personas. Destacan las tres naves, separadas por pilares, cuyos muros aún conservan los contrafuertes y los arcos de herradura.

Fuente

A veces pensamos que las formaciones naturales más impactantes están muy lejos de nuestro territorio. Así, por ejemplo, pensamos que paisajes cársticos como el Bosque de Piedra de China son cosa solo de la otra punta de mundo, pero resulta que son muy frecuentes en nuestro país. El más destacado de todos ellos es el Torcal de Antequera, una extensión de 20 km2 de curiosas formaciones rocosas que tienen su origen en el Jurásico.

“Antes todo esto de aquí era mar”, diría alguno de los extintos dinosaurios si hubiera llegado hasta nuestros días. Y es que este espacio natural malagueño se encontraba bajo las aguas del mar de Titon hace millones de años. Era, por tanto, parte de un fondo marino en el que se acumulaba una gran cantidad de sedimientos. No obstante, los movimientos tectónicos empujaron esta superficie rocosa hacia la superficie, en un proceso que aún dura a día de hoy. Las sucesivas lluvias, heladas y vientos erosionaron estas formaciones recién emergidas, y así se ha conformado el paisaje actual.

Quienes duden del origen de estas rocas encontrarán una prueba de su veracidad en el inmenso fósil del caparazón de un molusco, similar a un caracol marino, que aún pervive sobre una de las rocas. Este es sin duda uno de los atractivos del Torcal de Antequera, un espacio que hoy en día se considera Paraje Natural y que tiente todas las comodidades de acceso y vistas necesarias para una escapada perfecta.

De este modo, la accesibilidad al Torcal de Antequera está adaptada al gran público, e incluso pueden recorrerlo personas en silla de ruedas o con un carrito de bebé mediante dos senderos: el del Mirador de las Ventanillas y el del Monumento Natural del Tornillo. Además de los adaptados, existen otras dos rutas, la amarilla y la verde. Es bueno saber, además, que se ofrecen visitas guiadas para un mínimo de dos y un máximo de veinte personas, siempre con reserva previa en el apartado de Actividades de la web o por correo electrónico: grupos@torcaldeantequera.com.

Una buena visita al Torcal puede finalizar con un desayuno o merienda en la Cafetería Torcal Alto, un lugar perfecto para degustar la mejor gastronomía de la zona. También es posible dejarse caer por el observatorio astronómico, con actividades abiertas al público para grupos durante todo el año. Deben reservarse con antelación, puesto que es un centro dedicado a la investigación, y el precio de la entrada general es de 8 euros por persona.

Como ves, actividades no faltan en uno de los parajes naturales más impresionantes de nuestra geografía. Si te gusta el senderismo y te apetece una escapada al sur de España, no descartes esta oportunidad.

“Al-Ándalus… soy yo”

El maliense, exiliado de su país, custodia un archivo disperso que supone una relevante referencia historiográfica sobre la época andalusí Su familia tiene raíces cordobesas.

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Ismael Diadié, nacido en Tombuctú (Malí) en 1957, es el duodécimo patriarca de la familia Kati. Estudió Arte Dramático y Filosofía, ha publicado libros de poesía, historia y filosofía y desde los 25 años es propietario y responsable del Fondo Kati, que incluye casi 13.000 manuscritos fechados entre los siglos X y XIX y escritos en distintos idiomas. Su misión es gestionar y proteger esta codiciada biblioteca cuyos documentos, inéditos la mayoría de ellos, constituyen una fuente de información valiosísima sobre Al-Ándalus. Pero el Fondo Kati, dispersado entre la Biblioteca de Tombuctú y España, no alcanza la paz ni recibe el impulso institucional que le permita proyectarse en las mejores condiciones. En el exilio desde la caída de Tombuctú en manos yihadistas, Diadié ha pasado por Francia y Suiza y recientemente estuvo en Córdoba invitado por DKV Seguros. El maliense es descendiente de Mahmud Kati, que fue el creador de la biblioteca de los Fondos Kati a partir de la unión de los manuscritos de su tío y su padre. El sueño de Diadié es edificar sobre este archivo un proyecto de entendimiento cultural entre los dos continentes.

-¿Cuántos manuscritos permanecen en Malí?

-No entramos mucho en detalles sobre lo que hay porque Malí sigue siendo un país inestable. La biblioteca en total tiene 12.714 manuscritos, que están hoy por hoy dispersados. Los que hay en Andalucía están en vías de digitalización.

-¿Cuál es el futuro de estos manuscritos?

-Está en función de lo que la lucidez humana permita y lo que la ceguera quiera hacer de la biblioteca. Mi propósito ahora es seguir salvándola y contar con una sede en España para ir actuando entre dos aguas, con un pie en Europa y otro en África.

-En el sur de España, entendemos…

-Aquí ahora estamos trabajando con DKV Seguros de Jerez de la Frontera para ver qué futuro le podemos dar a la biblioteca.

-¿Hay posibilidad de que venga a Córdoba?

-Lo que mucha gente no sabe es que parte de nuestra familia estuvo aquí en el siglo X. Ali ben Ziyad al-Quti, que fue el gran historiador de la penetración del islam en la península ibérica, vivió entre Medina Azahara y Córdoba. También teníamos una parte de la familia en Sevilla y otra en Toledo. En el siglo XVII también hay un morisco cordobés que fue antepasado nuestro, y sus descendientes siguen ahí. Tenemos relaciones históricas muy fuertes con Córdoba.

-¿La Junta de Andalucía está implicada en su proyecto?

-Firmamos un convenio con la Junta, que ha construido el edificio actual de la biblioteca en Malí, pero la digitalización no se ha llevado a cabo. Es uno de los puntos flacos que hemos tenido en la gestión de este convenio. Si hubiéramos tenido digitalizado el archivo, hoy no estaríamos con esta angustia. El proyecto inmediato del Fondo Kati es la digitalización.

-¿Cómo es su relación actual con Malí?

-La relación intelectual de alguien con su país es siempre delicada. Yo soy apolítico; no pertenezco a ningún partido ni entro en guerra con nadie. Tengo relaciones buenas pero la realidad es que hoy por hoy es un país inseguro, y con esa inseguridad no podemos decir que el archivo esté en las mejores condiciones. De modo que el proyecto es tener una parte aquí, con la fundación, y otra allí, con la biblioteca. Y darle una mejor difusión en las dos áreas.

-¿Qué representa para usted Al-Ándalus?

-Al-Ándalus… soy yo. Es mi pasado, mi historia. La historia de Al-Ándalus nace con mi familia. Los godos ayudaron a los musulmanes a entrar y por eso acusaron a mi familia de traidores. Y desde entonces mi familia se pasó al islam, fue una de las primeras en convertirse. Y hasta el siglo XV estuvimos participando en términos intelectuales, sociales y políticos en la historia de este país.

-¿Qué supuso para usted el hallazgo de este legado documental?

-Por la tradición oral teníamos ya conocimiento de nuestra relación con la península ibérica, con Toledo, Sevilla, Córdoba y Granada, entre otras ciudades. Pero lo que supone la biblioteca es tanto la alegría de encontrarme a través de ella como el peso que representa para mis hombros.

-¿Cómo son actualmente desde su punto de vista las relaciones entre Europa y África?

-Yo creo que pueden vivir y convivir mejor, porque las relaciones entre ellas no han sido siempre de dominación y explotación. Europa puede aprender de África y viceversa: son continentes condenados a vivir juntos y a vivir mejor de lo que vemos en los inmigrantes que naufragan, en los países que están en guerra… Estamos condenados a pasar a otra etapa, a otro nivel de relación más humano, intelectual y cultural, porque África está a 14 kilómetros…

-Y en ese proceso de entendimiento mutuo, ¿qué puede aportar la biblioteca?

-El Fondo Kati es la única biblioteca euro-africana en África, la única biblioteca nacida en Europa y conservada en África. Una biblioteca en la que se puede encontrar la historia del sur de Francia, la de Portugal, España, Marruecos…, el mundo mediterráneo. Va a renovar todos los conocimientos que tenemos hoy en día sobre las relaciones entre Europa y África y va a conducir necesariamente a un conocerse mejor, porque sólo de esta manera se puede amar mejor y cambiar las relaciones. Los hombres de Europa y África han construido demasiados muros para separarse entre sí. Hace falta construir puentes, y el Fondo Kati es un puente.

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