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23 manuscritos del Fondo Kati regresarán a España

Comienza en Bamako la digitalización de la Biblioteca Andalusí de Tombuctú, Ocurrió el pasado viernes en Bamako, la capital de Malí. Los primeros 23 manuscritos del Fondo Kati, la famosa Biblioteca Andalusí de Tombuctú, fueron entregados a la asociación local Savama para su digitalización, un proceso que durará unos 25 días tras lo cual viajarán a España para participar en una exposición que tendrá lugar en 2017 y que conmemora el 550 aniversario de la salida de Toledo del juez musulmán Ali ben Ziyad al-Quti llevando consigo los primeros legajos que han dado origen a esta biblioteca. Continue Reading

“Al-Ándalus… soy yo”

El maliense, exiliado de su país, custodia un archivo disperso que supone una relevante referencia historiográfica sobre la época andalusí Su familia tiene raíces cordobesas.

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Ismael Diadié, nacido en Tombuctú (Malí) en 1957, es el duodécimo patriarca de la familia Kati. Estudió Arte Dramático y Filosofía, ha publicado libros de poesía, historia y filosofía y desde los 25 años es propietario y responsable del Fondo Kati, que incluye casi 13.000 manuscritos fechados entre los siglos X y XIX y escritos en distintos idiomas. Su misión es gestionar y proteger esta codiciada biblioteca cuyos documentos, inéditos la mayoría de ellos, constituyen una fuente de información valiosísima sobre Al-Ándalus. Pero el Fondo Kati, dispersado entre la Biblioteca de Tombuctú y España, no alcanza la paz ni recibe el impulso institucional que le permita proyectarse en las mejores condiciones. En el exilio desde la caída de Tombuctú en manos yihadistas, Diadié ha pasado por Francia y Suiza y recientemente estuvo en Córdoba invitado por DKV Seguros. El maliense es descendiente de Mahmud Kati, que fue el creador de la biblioteca de los Fondos Kati a partir de la unión de los manuscritos de su tío y su padre. El sueño de Diadié es edificar sobre este archivo un proyecto de entendimiento cultural entre los dos continentes.

-¿Cuántos manuscritos permanecen en Malí?

-No entramos mucho en detalles sobre lo que hay porque Malí sigue siendo un país inestable. La biblioteca en total tiene 12.714 manuscritos, que están hoy por hoy dispersados. Los que hay en Andalucía están en vías de digitalización.

-¿Cuál es el futuro de estos manuscritos?

-Está en función de lo que la lucidez humana permita y lo que la ceguera quiera hacer de la biblioteca. Mi propósito ahora es seguir salvándola y contar con una sede en España para ir actuando entre dos aguas, con un pie en Europa y otro en África.

-En el sur de España, entendemos…

-Aquí ahora estamos trabajando con DKV Seguros de Jerez de la Frontera para ver qué futuro le podemos dar a la biblioteca.

-¿Hay posibilidad de que venga a Córdoba?

-Lo que mucha gente no sabe es que parte de nuestra familia estuvo aquí en el siglo X. Ali ben Ziyad al-Quti, que fue el gran historiador de la penetración del islam en la península ibérica, vivió entre Medina Azahara y Córdoba. También teníamos una parte de la familia en Sevilla y otra en Toledo. En el siglo XVII también hay un morisco cordobés que fue antepasado nuestro, y sus descendientes siguen ahí. Tenemos relaciones históricas muy fuertes con Córdoba.

-¿La Junta de Andalucía está implicada en su proyecto?

-Firmamos un convenio con la Junta, que ha construido el edificio actual de la biblioteca en Malí, pero la digitalización no se ha llevado a cabo. Es uno de los puntos flacos que hemos tenido en la gestión de este convenio. Si hubiéramos tenido digitalizado el archivo, hoy no estaríamos con esta angustia. El proyecto inmediato del Fondo Kati es la digitalización.

-¿Cómo es su relación actual con Malí?

-La relación intelectual de alguien con su país es siempre delicada. Yo soy apolítico; no pertenezco a ningún partido ni entro en guerra con nadie. Tengo relaciones buenas pero la realidad es que hoy por hoy es un país inseguro, y con esa inseguridad no podemos decir que el archivo esté en las mejores condiciones. De modo que el proyecto es tener una parte aquí, con la fundación, y otra allí, con la biblioteca. Y darle una mejor difusión en las dos áreas.

-¿Qué representa para usted Al-Ándalus?

-Al-Ándalus… soy yo. Es mi pasado, mi historia. La historia de Al-Ándalus nace con mi familia. Los godos ayudaron a los musulmanes a entrar y por eso acusaron a mi familia de traidores. Y desde entonces mi familia se pasó al islam, fue una de las primeras en convertirse. Y hasta el siglo XV estuvimos participando en términos intelectuales, sociales y políticos en la historia de este país.

-¿Qué supuso para usted el hallazgo de este legado documental?

-Por la tradición oral teníamos ya conocimiento de nuestra relación con la península ibérica, con Toledo, Sevilla, Córdoba y Granada, entre otras ciudades. Pero lo que supone la biblioteca es tanto la alegría de encontrarme a través de ella como el peso que representa para mis hombros.

-¿Cómo son actualmente desde su punto de vista las relaciones entre Europa y África?

-Yo creo que pueden vivir y convivir mejor, porque las relaciones entre ellas no han sido siempre de dominación y explotación. Europa puede aprender de África y viceversa: son continentes condenados a vivir juntos y a vivir mejor de lo que vemos en los inmigrantes que naufragan, en los países que están en guerra… Estamos condenados a pasar a otra etapa, a otro nivel de relación más humano, intelectual y cultural, porque África está a 14 kilómetros…

-Y en ese proceso de entendimiento mutuo, ¿qué puede aportar la biblioteca?

-El Fondo Kati es la única biblioteca euro-africana en África, la única biblioteca nacida en Europa y conservada en África. Una biblioteca en la que se puede encontrar la historia del sur de Francia, la de Portugal, España, Marruecos…, el mundo mediterráneo. Va a renovar todos los conocimientos que tenemos hoy en día sobre las relaciones entre Europa y África y va a conducir necesariamente a un conocerse mejor, porque sólo de esta manera se puede amar mejor y cambiar las relaciones. Los hombres de Europa y África han construido demasiados muros para separarse entre sí. Hace falta construir puentes, y el Fondo Kati es un puente.

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