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#Tombuctú

Coincidiendo con la publicación de dos obras sobre el pasado de Tombuctú, Casa Árabe organizó el 31 de marzo, una mesa redonda sobre las relaciones entre al-Ándalus y Tombuctú. Continue Reading

Al Andalus huye de Tombuctú

El Fondo Kati, guardado en baúles en Malí y acosado por el extremismo, viajará a Tarifa, Jerez y Toledo

En 1467, Ali Ben Ziyad al-Quti partía de la ciudad de Toledo con su familia rumbo al exilio. No se iba con las manos vacías. Este noble musulmán, que finalmente se instaló en Tombuctú, se llevó una escogida selección de documentos escritos en hebreo, castellano y árabe, su biblioteca particular. Con los siglos y las generaciones, esta original colección en la que se recoge una parte de la historia de Al Andalus ha vivido numerosos avatares, uniéndose y disgregándose según soplara el viento de la historia, y aumentando de tamaño hasta llegar a los 12.714 manuscritos de los que se compone en la actualidad. Escondidos en baúles para escapar del extremismo religioso y de la violencia que sigue golpeando al norte de Malí, los papeles del Fondo Kati se preparan para un histórico viaje. A partir de este año y en lotes de varias decenas, los manuscritos harán un circuito entre Tombuctú, Jerez, Tarifa y Toledo, donde serán digitalizados con el objetivo de poder ser estudiados por los investigadores en España, para finalmente volver a su sede en África.

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Tarde del 2 de abril de 2012. Hace más de 24 horas que la histórica ciudad de Tombuctú, en el norte de Malí, ha caído en manos de varios grupos armados, entre ellos los islamistas radicales de Ansar Dine (Defensores de la Fe). Comercios, bancos, sedes de la Administración, farmacias, todo es pasto de robos y saqueos. Ismael Diadié Haidara, propietario del Fondo Kati, está sentado bajo un árbol con un amigo justo enfrente de la sede de la Biblioteca Andalusí cuando pasa por allí una pick up con cinco integristas a bordo. El coche para justo en la puerta y uno de los radicales se interesa por el edificio. “¿Qué hay ahí dentro?”, pregunta. “Libros y papeles, nada de valor”, responden los dos amigos. “¿Qué tipo de libros?”, insiste el recién llegado. “De historia, de religión, de todo”.

Aparentemente satisfechos con la respuesta, siguen su camino. Cincuenta metros más adelante frenan y dan marcha atrás. “¿Dónde está el propietario?”, preguntan. Diadié se queda callado. Entonces su amigo les responde que ha huido a Bamako y los integristas, tras mirarse unos a otros, hacen a ambos responsables de la Biblioteca. “Que nadie toque ni un solo papel de los que se guardan ahí dentro”, les dicen para luego continuar su marcha hacia el campo militar. Diadié respira aliviado. Ha logrado esquivar el primer golpe, pero sabe que vendrán más. “Tienes que irte de Tombuctú”, le dice su amigo. Pensativo, entra en la sede de la biblioteca. Para ese entonces, una parte de los papeles están ya guardados en baúles. El plan para salvar el Fondo Kati está en marcha.

“Tenemos 546 años de experiencia, 546 años huyendo y escondiendo esta biblioteca de fanatismos de todo tipo, dispersando y reunificando los manuscritos, algo de olfato genético ha ido pasando de generación en generación”, asegura Diadié, quien tres meses antes de la caída de Tombuctú en manos de estos grupos armados ya había convocado una reunión con notables de su gran familia para que todo estuviera dispuesto. “Sabíamos que algo podía ocurrir, la inestabilidad era enorme”. Una vez más, el fondo Kati debía desaparecer. Esfumarse.

Dos días después de su primera visita, Ansar Dine volvió. En esta ocasión eran cinco vehículos, una quincena de hombres armados. Querían ver el interior de la biblioteca, un pequeño inmueble de color salmón construido a principios de la década pasada con financiación de la Junta de Andalucía. Nadie pudo impedirles el paso. Diadié había decidido cortar la electricidad para evitar que pudieran ver bien, pero allí estaban todavía los manuscritos y aquellos misteriosos baúles. Con linternas, inspeccionaron todo. Recorrieron las dos plantas del edificio, husmearon en cada rincón y cuando todos se temían lo peor, el que parecía el jefe volvió a dar la misma instrucción: “Que nadie toque nada”. Y se fueron.

Media hora después, el teléfono de Diadié echaba humo. “Me llamaron de Bamako, de Francia, de España, de todos sitios, para decirme que me tenía que ir de Tombuctú”. Pero el dueño del Fondo Kati necesitaba aún un poco de tiempo más para hacer desaparecer los manuscritos, lo que ocurrió en los dos días siguientes. “Todo se llevó a cabo en pocas horas, protegidos de miradas indiscretas”, dice. Los baúles, una veintena aproximadamente, fueron sacados a escondidas y se llevaron a otras casas de la ciudad, “todo gente conocida, era la primera fase de la operación”, explica el propietario. En las semanas y meses posteriores, algunos baúles fueron alejados aún más y llevados en secreto a otros pueblos de la región e incluso, más allá, pero todos siguen en Malí. “Están en manos de miembros de la familia. Sé perfectamente dónde se encuentra cada baúl y cada día hablo con alguno de sus guardianes”, explica.

Durante casi dos años los viejos papeles han permanecido a salvo, dispersos, escondidos y guardados en baúles con plantas y hojas de tabaco que ahuyentan a las termitas. Todos, salvo una pequeña muestra que quedó en la sede de Tombuctú para dar la apariencia de que todo seguía igual. A su cargo quedó Baba Pascal Camara, chófer y amigo personal de Ismael Diadié, quien recibió la visita de los radicales hasta en cuatro ocasiones. Buscaban la “biblioteca judía”, así la llamaban, y tenían intención de causarle daño, como hicieron con 14 mausoleos de la ciudad y con varios miles de manuscritos del centro Ahmed Baba, a los que prendieron fuego. En cada ocasión, el chófer logró disuadir a los extremistas con evasivas y proteger la biblioteca, aunque el grueso de los papeles andalusíes ya no estaba allí.

Durante todo ese tiempo, Diadié, que se instaló unos meses en Bamako, previó incluso la salida de los manuscritos hacia otros países si las cosas se ponían aún peor. “Tenía preparada una red internacional de apoyo entre Burkina Faso, España, Sudáfrica y Francia”, añade. Aunque esto no fue necesario, tampoco se dan ahora las condiciones de seguridad para su regreso a Tombuctú. “Hay una enorme presencia militar en la ciudad, muchas armas circulando. Sigue habiendo riesgo de ataques en toda la Curva del Níger. Aún no es el momento”.

Ahora, todo está listo para hacer volver los manuscritos a España a tres años del 550º aniversario de la salida del Fondo Kati de Toledo. “No vienen para quedarse”, advierte Diadié, “porque la base principal de la biblioteca seguirá siendo Tombuctú, pero hemos alcanzado un acuerdo con tres ciudades, Toledo, Jerez y Tarifa, para que existan en ellas sedes en las que exponer una parte de los documentos, que irán circulando entre Malí y España”. El proyecto, que cuenta con la colaboración de DKV Seguros, que ha estado apoyando el mantenimiento del Fondo Kati desde 2012, y el impulso de Amparo Ferrando, diputada por Alicante, incluye la digitalización de los manuscritos. De esta manera se garantizaría la perdurabilidad de su contenido. El Fondo Kati, una vez más, se resiste a morir.

F: http://cultura.elpais.com/

“Al-Ándalus… soy yo”

El maliense, exiliado de su país, custodia un archivo disperso que supone una relevante referencia historiográfica sobre la época andalusí Su familia tiene raíces cordobesas.

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Ismael Diadié, nacido en Tombuctú (Malí) en 1957, es el duodécimo patriarca de la familia Kati. Estudió Arte Dramático y Filosofía, ha publicado libros de poesía, historia y filosofía y desde los 25 años es propietario y responsable del Fondo Kati, que incluye casi 13.000 manuscritos fechados entre los siglos X y XIX y escritos en distintos idiomas. Su misión es gestionar y proteger esta codiciada biblioteca cuyos documentos, inéditos la mayoría de ellos, constituyen una fuente de información valiosísima sobre Al-Ándalus. Pero el Fondo Kati, dispersado entre la Biblioteca de Tombuctú y España, no alcanza la paz ni recibe el impulso institucional que le permita proyectarse en las mejores condiciones. En el exilio desde la caída de Tombuctú en manos yihadistas, Diadié ha pasado por Francia y Suiza y recientemente estuvo en Córdoba invitado por DKV Seguros. El maliense es descendiente de Mahmud Kati, que fue el creador de la biblioteca de los Fondos Kati a partir de la unión de los manuscritos de su tío y su padre. El sueño de Diadié es edificar sobre este archivo un proyecto de entendimiento cultural entre los dos continentes.

-¿Cuántos manuscritos permanecen en Malí?

-No entramos mucho en detalles sobre lo que hay porque Malí sigue siendo un país inestable. La biblioteca en total tiene 12.714 manuscritos, que están hoy por hoy dispersados. Los que hay en Andalucía están en vías de digitalización.

-¿Cuál es el futuro de estos manuscritos?

-Está en función de lo que la lucidez humana permita y lo que la ceguera quiera hacer de la biblioteca. Mi propósito ahora es seguir salvándola y contar con una sede en España para ir actuando entre dos aguas, con un pie en Europa y otro en África.

-En el sur de España, entendemos…

-Aquí ahora estamos trabajando con DKV Seguros de Jerez de la Frontera para ver qué futuro le podemos dar a la biblioteca.

-¿Hay posibilidad de que venga a Córdoba?

-Lo que mucha gente no sabe es que parte de nuestra familia estuvo aquí en el siglo X. Ali ben Ziyad al-Quti, que fue el gran historiador de la penetración del islam en la península ibérica, vivió entre Medina Azahara y Córdoba. También teníamos una parte de la familia en Sevilla y otra en Toledo. En el siglo XVII también hay un morisco cordobés que fue antepasado nuestro, y sus descendientes siguen ahí. Tenemos relaciones históricas muy fuertes con Córdoba.

-¿La Junta de Andalucía está implicada en su proyecto?

-Firmamos un convenio con la Junta, que ha construido el edificio actual de la biblioteca en Malí, pero la digitalización no se ha llevado a cabo. Es uno de los puntos flacos que hemos tenido en la gestión de este convenio. Si hubiéramos tenido digitalizado el archivo, hoy no estaríamos con esta angustia. El proyecto inmediato del Fondo Kati es la digitalización.

-¿Cómo es su relación actual con Malí?

-La relación intelectual de alguien con su país es siempre delicada. Yo soy apolítico; no pertenezco a ningún partido ni entro en guerra con nadie. Tengo relaciones buenas pero la realidad es que hoy por hoy es un país inseguro, y con esa inseguridad no podemos decir que el archivo esté en las mejores condiciones. De modo que el proyecto es tener una parte aquí, con la fundación, y otra allí, con la biblioteca. Y darle una mejor difusión en las dos áreas.

-¿Qué representa para usted Al-Ándalus?

-Al-Ándalus… soy yo. Es mi pasado, mi historia. La historia de Al-Ándalus nace con mi familia. Los godos ayudaron a los musulmanes a entrar y por eso acusaron a mi familia de traidores. Y desde entonces mi familia se pasó al islam, fue una de las primeras en convertirse. Y hasta el siglo XV estuvimos participando en términos intelectuales, sociales y políticos en la historia de este país.

-¿Qué supuso para usted el hallazgo de este legado documental?

-Por la tradición oral teníamos ya conocimiento de nuestra relación con la península ibérica, con Toledo, Sevilla, Córdoba y Granada, entre otras ciudades. Pero lo que supone la biblioteca es tanto la alegría de encontrarme a través de ella como el peso que representa para mis hombros.

-¿Cómo son actualmente desde su punto de vista las relaciones entre Europa y África?

-Yo creo que pueden vivir y convivir mejor, porque las relaciones entre ellas no han sido siempre de dominación y explotación. Europa puede aprender de África y viceversa: son continentes condenados a vivir juntos y a vivir mejor de lo que vemos en los inmigrantes que naufragan, en los países que están en guerra… Estamos condenados a pasar a otra etapa, a otro nivel de relación más humano, intelectual y cultural, porque África está a 14 kilómetros…

-Y en ese proceso de entendimiento mutuo, ¿qué puede aportar la biblioteca?

-El Fondo Kati es la única biblioteca euro-africana en África, la única biblioteca nacida en Europa y conservada en África. Una biblioteca en la que se puede encontrar la historia del sur de Francia, la de Portugal, España, Marruecos…, el mundo mediterráneo. Va a renovar todos los conocimientos que tenemos hoy en día sobre las relaciones entre Europa y África y va a conducir necesariamente a un conocerse mejor, porque sólo de esta manera se puede amar mejor y cambiar las relaciones. Los hombres de Europa y África han construido demasiados muros para separarse entre sí. Hace falta construir puentes, y el Fondo Kati es un puente.

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