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Una mezquita perdida, un aljibe olvidado. La Casa de las Veletas, Museo de Cáceres.

Una mezquita perdida, un aljibe olvidado. La Casa de las Veletas, Museo de Cáceres.

Cuando llegué a casa, mi madre cantaba “Dos gardenias para ti”, lo recuerdo perfectamente. Yo tenía 10 años, regresaba feliz del colegio. Aquella mañana, el maestro, sin previo aviso, había decidido sacarnos de la escuela y llevarnos de excursión a un lugar fascinante. Se lo agradeceré siempre. Quizás la emoción intensa del descubrimiento y la pasión por la Arqueología, el Arte y la Historia se introdujeron en mí ese día, quizás el acceso a un mundo desconocido, sorprendente y misterioso despertó impulsos dormidos, o puede que, sin darme cuenta, se abriera una puerta que aún se mantiene de par en par, una puerta que permite el tránsito a mundos pasados pero todavía presentes en nosotros. Si alguien me hubiera dicho entonces que en el futuro realizaría en el aljibe de la Casa de las Veletas, en el Museo de Cáceres, un trabajo de investigación encargado por el Ministerio de Cultura, no lo habría creído. Así se construye la vida, ella teje sus hilos mientras nosotros hacemos otros planes. En 2003, la cantante brasileña Maria Rita, hija de Elis Regina, realizó una actualización electrónica de “Dos Gardenias para ti”, tema interpretado tantas veces por Machín y Omara Portuondo, entre otros. Iniciemos el post con ella, puede que no le guste esta versión a mi madre…

El casco histórico de Cáceres asombra por diversas razones. Algunas, como la espectacularidad del conjunto conservado, son obvias; otras, son menos conocidas pero igualmente sorprendentes. Entre estas últimas hay que señalar la escasez de estudios monográficos, tanto del núcleo intramuros, como de sus monumentos más destacados. ¿Cómo es posible que la “ciudad antigua”, la “Parte Antigua”, en expresión local, haya generado tan escasa literatura científica? Es una pregunta difícil de responder. Diversos motivos se entrelazan hasta configurar esta realidad, entre ellos habría que citar la escasísima o nula (dependiendo de los años) inversión pública en investigación, conservación y gestión de su Patrimonio, el incomprensible desinterés de la comunidad científica y el peso desmesurado de las opiniones vertidas por eruditos del pasado hasta condicionar no sólo el imaginario popular y sus “mitos” urbanos, sino también las líneas argumentales de los estudiosos, dedicados a caminar una y otra vez por los caminos ya andados sin plantearse si la senda es la correcta.

Fruto de la repetición constante de ideas preconcebidas, la mayoría no contrastadas o carentes de toda base científica, generación tras generación han sido elaboradas teorías variopintas, más o menos ingeniosas, con las que se ha pretendido explicar el origen y la evolución histórica de la ciudad, así como el significado y la funcionalidad de sus inmuebles más importantes.

Un edificio que ejemplifica como pocos lo dicho es la Casa de las Veletas, sede del Museo de Cáceres. En su subsuelo se ubica el archiconocido aljibe, adjetivado tradicionalmente como “hispanomusulmán”, epíteto poco adecuado que merecería una larga reflexión independiente en la que hoy no voy a adentrarme. Son tantas y tan poco afortunadas en su mayoría las cosas que se han dicho y que se siguen diciendo sobre el aljibe, en particular, y sobre el Palacio de las Veletas, en general, que intentar desmontarlas sobrepasaría con mucho los límites de este artículo; además, lo haría tan tedioso que pocos se atreverían a proseguir su lectura. Por ello voy a exponer de forma sucinta los datos disponibles gracias a la intervención efectuada sobre el aljibe que tuve la oportunidad de coordinar durante el año 2007. Dichos datos y las conclusiones a las que conducen no han sido aún publicados, su divulgación en este medio ayudará a hacer más comprensibles los resultados obtenidos y, espero, a evitar la propagación de ciertas ideas acientíficas nacidas del sueño de la razón (ese que según Goya produce monstruos) que generan confusión en la opinión pública.

El trabajo fue realizado por un amplio y cualificado equipo de profesionales de la empresa ARQVEOCHECK, que durante varios meses llevaron a cabo tareas tan diversas como: estudio del subsuelo y de los muros mediante georradar, análisis fisico-químico de muestras en laboratorio especializado, lectura estratigráfica paramental, investigación histórica, sondeo arqueológico en el patio y consulta archivística.

El georradar, que es una herramienta de prospección del subsuelo o de otras superficies mediante impulsos electromagnéticos, no invasiva ni destructiva, permitió determinar que la construcción no es subterránea y no se edificó sobre roca, como sucede con casi todos los aljibes, sino sobre unos rellenos de naturaleza antrópica superiores al metro de espesor. Asimismo facilitó la comprensión de los muros al poder “mirar” más allá de su piel exterior.

Fueron tomadas muestras para su análisis en laboratorio mediante diversos métodos tanto físicos como químicos, fruto de los cuales se puso de manifiesto que los morteros originales que revistieron la edificación carecen de las propiedades adecuadas para el almacenamiento de agua, siendo disgregados por su presencia continuada. Además, se detectaron pinturas solubles en agua de colores blanquecino y rojizo y, muy importante, restos de decoración aplicada mediante placas de cal sobre las enjutas y el intradós de los arcos, decoración totalmente degradada por la acción del agua hasta convertirla en una masa irreconocible formalmente. Por último se detectó la presencia de un acabado uniformador del conjunto fruto de las reformas contemporáneas.

La lectura estratigráfica muraria, o lectura de paramentos, es una técnica de investigación arqueológica utilizada para el estudio de la arquitectura. Su aplicación en el aljibe fue realmente complicada dado que el edificio está totalmente revestido. Pese a ello, pudieron definirse diversas técnicas y materiales que abrieron la posibilidad de establecer una secuencia de la evolución constructiva del inmueble que, grosso modo, se establece del siguiente modo:

– El edificio fue construido inicialmente sin bóvedas, o al menos con bóvedas diferentes a las que hoy pueden contemplarse (una huella que recorre la totalidad de los muros noroeste y sureste, por encima de la cota máxima de inundación, permite comprender la altura del edificio). El edificio primitivo fue dotado de decoración en los arcos, decoración aplicada de cal que confirma un uso no hidráulico de la construcción.

– Una gran reforma puso fin al uso para el que fue concebida la construcción inicial, siendo convertido en aljibe. En este momento (segunda mitad del siglo XII), se sellaron las juntas murarias (pared-pared y pared-suelo) mediante boceles; los lienzos noroeste y sureste fueron recrecidos y se alzaron las esbeltas bóvedas que hoy cubren las cinco naves con las que se corona el edificio.

– Tras años de abandono se recupera su uso como aljibe, siendo utilizado para abastecer la población a fines del siglo XV, momento en el que debió construirse, sobre los restos de la arruinada alcazaba almohade, una casa fuerte con autorización regia de Enrique IV.

– Entre los siglos XVI y XVIII, la antigua casa fuerte bajomedieval se convierte en palacio dando lugar a la actual Casa de las Veletas. Siguiendo la normativa real, los vecinos de Cáceres pudieron seguir abasteciéndose del aljibe, al que accedían por una puerta creada con tal fin, hoy desaparecida. En la esquina Norte del aljibe se construyó una pequeña estancia separada para separar el agua accesible al vecindario de la exclusiva de los propietarios de la casa.

– Después del “descubrimiento” de la edificación, pasado un largo tiempo de abandono, el aljibe fue sometido a diversas reparaciones y reformas fruto de las obras realizadas durante la primera mitad del siglo XX, algunas de ellas encaminadas a convertir la Casa de las Veletas en Museo Provincial. Se trata de reformas de carácter más “estético” que estructural, con las que se “homogeiniza” el aspecto general del conjunto dotándolo de una gama cromática acorde con lo esperado para un aljibe; se eliminó la estancia existente en la esquina norte y se dotó de un acceso escalonado que permitiera la bajada al inmueble.

– Durante la segunda mitad del siglo XX tuvieron lugar pequeñas reformas. Éstas se relacionan con reparaciones de escasa entidad en un intento por perpetuar y mantener el edificio en uso y apto para la visita.

La gran cantidad de datos novedosos obtenidos nos obligaron a replantearnos las hipótesis de trabajo iniciales, muchos de ellos enviaban directamente a la papelera las ideas que teníamos sobre el aljibe, ideas preconcebidas heredadas de la tradición. La información apuntaba en una dirección radicalmente nueva, revolucionaria, capaz de convertir el aljibe de las Veletas en algo muy diferente de lo que nos habían enseñado y repetido en tantas ocasiones. Por ello, apoyados en el amplio volumen de datos de carácter científico, objetivos, realizamos una reinterpretación de la construcción que ha dado lugar a una teoría bien aceptada en ámbitos académicos y, curiosamente, controvertida a nivel popular. La expongo rápidamente.

Durante época Omeya, posiblemente durante la fase emiral, se erigió una construcción hipóstila no vinculada a uso hidráulico, hecho que evidencian tanto las decoraciones de las que estuvieron dotados los arcos y el magnífico acabado constructivo, como algunas pinturas que cubrían los paramentos cuyos pigmentos son solubles en agua. La pregunta que ha de formularse es: ¿si no se trata de un aljibe, qué tipo de construcción fue?

Dada la disposición formal del edificio y el contexto temporal y espacial en el que fue levantado, no puede establecerse una funcionalidad distinta a la de mezquita, sus dimensiones y calidad constructiva sólo podrían relacionarla con una edificación de carácter áulico, de la que carecería Cáceres en ese momento histórico. La supuesta relación con unos baños, como han propuesto algunos, resulta inapropiada teniendo en cuenta que no hay elemento alguno que ayude a establecer esta vinculación. Así pues, tendríamos un edificio complejo del que, aunque muy transformado, ha llegado una de las estancias principales: la sala de oración. Esta sala se construyó de una sola vez y sin apariencias de haber sufrido ampliaciones, aunque sí numerosas modificaciones a posteriori. La edificación está orientada hacia el sureste, algo muy propio de las mezquitas del período Omeya en al-Andalus, situándose hacia esa dirección el muro de la qibla. En dicho muro se abriría el nicho (o se dispondría una placa) destinado a dirigir la oración, el mihrab, estructura no visible pues debió ser desmontada, sellándose su emplazamiento mediante un nuevo muro en el proceso de conversión del espacio en aljibe. Las cinco naves en que la construcción es fragmentada por las galerías arcuadas son perpendiculares a la qibla (algo muy característico en las mezquitas de al-Andalus), sobre ellas se dispondría una cubierta de madera, luego sustituida por el sistema de abovedamiento situado a una cota más elevada. Los cuatro arcos que formaban cada una de las arquerías, estarían decorados con placas realizadas mediante moldeado previo, placas que se adherirían sobre los morteros aún frescos. Desde la sala de oración debe accederse al sahn, patio que conecta ésta con el exterior, con la calle, quizás situado hacia el noroeste.

La siguiente pregunta a la que hay que responder es: ¿cómo una mezquita se convierte en aljibe? La historia del Cáceres islámico, hisn Qasr As, se divide en dos etapas perfectamente definidas: una larga primera fase extendida desde los tiempos de la invasión islámica hasta la conquista cristiana de Coria (1142); y una segunda dispuesta entre la toma de Coria y la anexión de la ciudad al reino de León (1229). A lo largo del primer período la población no pasaría de ser un emplazamiento fortificado más de los muchos existentes, por el contrario, la segunda etapa se correspondería con un momento de notable protagonismo del asentamiento en tanto que plaza fronteriza, perdidas ya Coria (Quriya), Plasencia (Ambroz) y otras poblaciones situadas al norte del río Tajo. Fruto precisamente de su posición en vanguardia, Cáceres es refortificada y dotada de un impresionante complejo defensivo que puede ser considerado como de los más avanzados desde el punto de vista poliorcético de su época.

Es en este momento de gran inestabilidad militar, de cercanía de la frontera con portugueses, leoneses y castellanos, cuando los almohades realizan enormes esfuerzos para convertir Cáceres en un bastión infranqueable, que frenara el avance cristiano hacia el Sur. Motivado por esas circunstancias, y en pleno proceso de reestructuración tanto de la muralla urbana como de la alcazaba, la antigua mezquita mayor fue totalmente reformada, siendo transformado su uso para convertirla en un aljibe. En primer lugar, en tanto que la orientación del templo no era canónica para los almohades, quienes derriban numerosas mezquitas en al-Andalus por tal motivo; en segundo lugar, por la necesidad de contar en la alcazaba con una cisterna suficientemente capaz de abastecer a la numerosa tropa que defendería la ciudad y a los que llegaban camino de las razzias a territorio cristiano.

La antigua mezquita, quizás maltrecha durante el breve período en que la población fue ocupada por tropas leonesas (entre 1170 y 1173), sufrió modificaciones estructurales y fue incorporada a la alcazaba, que ahora ocuparía una zona mayor a la inicial. Las cubiertas de madera, fueron sustituidas por esbeltas bóvedas en las que se abrieron luceras para permitir tanto la llegada del agua, proveniente de las cubiertas de los edificios vecinos, como para facilitar su acceso mediante cubos. Los muros testeros (SE y NO) fueron recrecidos y se sellarían el nicho del mihrab y la puerta de acceso al sahn; los paramentos perimetrales y la solería fueron impermeabilizados y boceles de media caña sellarían las juntas. También se construyó una escalera en la nave SW para facilitar el acceso desde la alcazaba. El edificio se llenó de agua y las galerías arcuadas fueron cubiertas, comenzando así el proceso de degradación de unas estructuras no adecuadas para estar en un medio líquido; especialmente la decoración aplicada sobre los revestimientos se adentró en un proceso de degeneración imparable hasta nuestros días que ha dejado irreconocibles los únicos restos supervivientes.

A pesar de los denodados esfuerzos almohades, la ciudad cayó en manos cristianas definitivamente en 1229. Es factible suponer que, fruto del conflicto, las defensas quedaran muy maltrechas, especialmente la alcazaba y su entorno inmediato, que debieron ser literalmente echados por tierra. El aljibe se salvaría del arrasamiento general en tanto que en este momento sería una estructura semisubterránea (recordemos que inicialmente se alzaría por encima de la cota de uso convencional del resto de la población, apreciándose, por tanto, un notable cambio en la topografía de la zona). No sería hasta dos siglos más tarde cuando el aljibe sería recuperado e integrado en nuevas construcciones, primero una casa fuerte, y más tarde un palacio, germen de la actual Casa de las Veletas, construcciones que perpetuarían su uso como aljibe y que llevarían a cabo sobre él intervenciones puntuales para mantenerlo en funcionamiento como contenedor de agua.

Toda la información, ampliamente desarrollada, formó parte del conjunto de estudios previos a las obras de restauración y reforma del Museo de Cáceres, tristemente paralizadas desde 2011. En ese año, falleció el arquitecto adjudicatario, dejando entregado un proyecto básico de obras y musealización. Durante estos tres años la Subdirección de Museos Estatales de la Dirección General de Bellas Artes no ha resuelto el problema legal derivado de una adjudicación a una persona fallecida, barajándose la posibilidad de realizar un nuevo concurso público. Desde entonces, la inversión planificada para las obras se ha congelado y el montante económico previsto se ha reducido a la mitad, de los 8.000.000 iniciales a 4.000.000 de €. En este tiempo se han completado la reforma del Museo Arqueológico Nacional y la ampliación del Reina Sofía, quizás con parte del dinero que debería haber llegado a Extremadura.

Mientras tanto, el Museo de Cáceres espera. Lleva décadas esperando. La paciencia parece que se ha convertido en una de las señas de identidad de una institución cuyas instalaciones claman por una mejora urgente. No sólo es que su magnífica colección arqueológica, etnográfica y artística requieran de un nuevo discurso museográfico, más acorde con las nuevas tecnologías que nuestros tiempos ofrecen, sino que el edificio adolece de problemas estructurales realmente graves, especialmente su mezquita-aljibe, problemas que precisan de una respuesta urgente. Repito, urgente.

El Museo de Cáceres guarda en su interior la memoria colectiva de nuestra tierra, es, por ello, uno de nuestros tesoros más preciados. Por sus salas deambulan cada año en torno a 160.000 visitantes, siendo uno de los atractivos más destacados de la región (es el segundo museo más visitado, después del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida). Pese a ser uno de nuestros principales escaparates, la ciudadanía siente que ha sido abandonado a su suerte. Es posible, en parte, que se haya llegado a esta situación por la complejidad del reparto deparado por el Estado de las Autonomías, pues si bien el Museo es de titularidad estatal y las obras le corresponden al Estado, su personal y el mantenimiento dependen del Gobierno de Extremadura. Unos por otros…

El Museo espera con la paciencia de atesorar un legado creado por los siglos; sin embargo, hasta el estoicismo más sereno tiene sus límites. En este caso las fronteras se han superado ampliamente. Las instituciones tienen que actuar ya, dejando la desidia a un lado, nuestra memoria está en juego, el aljibe requiere una intervención valiente e inmediata, los problemas de conservación son más que evidentes.

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