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SAYYIDA AL-HURRA

SAYYIDA AL-HURRA, MUJER MARROQU√ć DE ORIGEN ANDALUS√ć

La figura de Sitt al-~urra ‚ÄĒSayyida al-Hurra bint Mawl√°y ‚ÄėAlT ibn Ra~Td‚ÄĒ es,
tanto por sí misma como por lo que vino a significar en la historia del norte de

Marruecos, la de una de las más importantes personalidades femeninas del occidente islámico en la Edad Moderna, a la que en cierta medida, la vinculada al Estrecho de Gibraltar, resume dentro de los complicados cambios y trasvases de intereses, que se producen en los finales del siglo XV y comienzos del XVI en esta zona. Sitt al-Hurra pasa a ser una singularidad, una mezcla, un eje, en tomo a los cuales puede moverse nuestra reflexión cuando la centramos sobre aquella complicada sociedad, que existió por entonces a los dos lados del Estrecho.

En 1453, los turcos osmanlíes conquistan Constantinopla, con lo que se termina el Imperio Bizantino, heredero del Imperio Romano de Oriente, y comienza el Imperio Osmanlí u Otomano, que durará hasta comienzos del siglo pasado. Es un largo periodo de la Historia el que se acaba con el mutis de Constantinopla y el estreno de Istambul; toda unaparte de la Edad Antigua y toda la Edad Media completa. Y, sobre todo, un cambio de actitudes, de medios y de inversiones económicas, una alteración del equilibrio político, cultural y comercial, que había existido hasta entonces.

A partir de 1487, los portugueses, que ya hab√≠an explorado la costa occidental de √Āfrica y se hab√≠an asentado en el litoral marroqu√≠, descubren el camino mar√≠timo a la India, contorneando el Cabo de Buena Esperanza, y abren la nueva v√≠a mercantil de las riquezas de levante, que hasta entonces hab√≠a discurrido por el camino de los monzones, el Mar Rojo, Arabia y Medio Oriente. La alteraci√≥n del equilibrio anterior sufre en aquel momento un vuelco total. Puede decirse que es el per√≠odo en el que empieza Europa e, incluso, en el que comienzan la expansi√≥n y el ideario coloniales modernos.

El camino oriental de las especias ‚ÄĒy evidentemente el de otras muchas mercanc√≠as, bienes e influencias‚ÄĒ transcurri√≥ durante muchos siglos a trav√©s de la v√≠a regular de los vientos monzones entre la India, y su entorno, y el Golfo Ar√°bigo, sur de Arabia, y el Creciente F√©rtil (es decir, Mesopotamia, Palestina, Siria y Egipto), desde donde prosegu√≠a hacia Europa. Roma control√≥ en parte esta v√≠a y el Imperio Romano de Oriente, o Imperio bizantino, continuaron fiscaliz√ļndola en lucha contra los sas√°nidas, hasta la aparici√≥n del Islam, cuyos califatos y estados absorbieron la mayor parte del Imperio bizantino, el Imperio sas√°nida y la propia v√≠a en s√≠, que pas√≥ a ser su columna vertebral econ√≥mica.

Pero además del camino oriental de las especias, existía otro, de bastante
menor intensidad aunque muy importante, que era el camino occidental del oro y de la sal, y que iba desde el Golfo de Guinea a los reinos subsaharianos, Marruecos y AI-Andalus; y de aqu√≠ a Europa. Era un mercado del oro, el marfil, A ;√≠uquel de Estudios A ‚Äėo/ns- II-2cm>312 Rodolfo Gil Grimau las plumas de avestruz y los esclavos, fundamentalmente, a cambio de sal y de productos manufacturados. La v√≠a discurr√≠a por tierra, mediante caravanas.

Ambas v√≠as, ambos mercados, sufren el colapso causado por los descubrimientos mar√≠timos portugueses y naturalmente por el descubrimiento de Am√©rica. Se produce un vuelco, como acabo de decir, al comprobarse que los doscaminos se pueden hacer completos navegando, en r√©gimen de monopolio (durante bastante tiempo el monopolio es portugu√©s) y a menor coste, es decircon mayores beneficios, puesto queel n√ļmero de intermediarios disminuye considerablemente.

Los estados y territorios que habían sido los intermediarios habituales en ambas vías experimentan unos deterioros notables, tanto en sus haciendas como en sus culturas, sociedad y política, llegando varios de ellos perder la independencia. Este es el caso de Egipto y el caso de Granada, por ejemplo; uno en la vía oriental y la otra en la occidental. Egipto pasa a pertenecer al Imperio Otomano y Granada es conquistada por Castilla y Aragón.

M√°s adelante, algo m√°s adelante, el descubrimiento de Am√©rica y la prolongaci√≥n hacia ella del imperio iransmarino portugu√©s, as√≠ como la formaci√≥n del imperio espa√Īol, crean una nueva v√≠a, la del Nuevo Mundo, y provocan que varios estados europeos hagan todo lo posible por controlar alguna de esas v√≠as, los territorios en las que se asientan y sus materias primas, para pasar a las conquistas y a los colonialismos.

En estas circunstancias hist√≥ricas y econ√≥micas, Marruecos, que, durante los imperios almor√°vide y almohade hab√≠a sido el gran exponente del Islam occidental, sufre de todos los est√≠mulos negativos exteriores e interiores, y el imperio merin√≠, implicado en la pol√≠tica granadina -y‚ÄĒewtadeios rejitas- cristianos europeos durante la Guerra de los Cien A√Īos, ve mermar su capacidad pol√≠tica y su empuje; incluso su justificaci√≥n como potencia isl√°mica. En otro de mis trabajos he dicho, entre otras cosas, que: ‚ÄúSer los defensores del Ls/am andaluz, no teniendo la colaboraci√≥n entusiasta de los propios andalus√≠es, oblig√≥ a los merin√≠es a toda clase de compromisos t√°cticos y, en estas componendas, se vio el deseo de los granadinos por manejar ci reino merin√≠, y la atenci√≥n de Castilla Portugal por controlar el comercio africano procedente de Marruecos. No debemos olvidar tambi√©n que, en esa √©poca, los √°rabes Banu filIal y Maqil, procedentes de oriente, hab√≠an invadido el campo marroqu√≠; obligando, entre otros cosas, a que las estructuras bereberes se cerraran en s√≠ mismas por reacci√≥n y defensa, poniendo as√≠ de manifiesto la debilidad interna del majzen merin√≠. Este acentu√≥ su car√°cter urbano, reducido a unas ciudades en donde la influencia administrativa, cultural ymilitar, de los granadinos, o de los andalus√≠es e hispanos en general, cobr√≥ mayor importancia (…) En medio de la descomposici√≥n fueron los bur√≥cratas del majzen, especialmente los visiresSayyida al-Hurra 313 wattas√≠es, los que acabaron porgobernar el reino sustituyendo a los merin√≠es‚ÄĚ‚Äô.

Bajo los visires wattasies laintervenci√≥n pol√≠tica granadina disminuy√≥ mucho, en tanto que los avances portugueses en las costas marroqu√≠es progresaron, y as√≠ sigui√≥ la cosa hasta que, en 1471, los portugueses terminaron por apoderarse de Arcila ‚ÄĒhay que recordar que ya ten√≠an Ceuta desde 1415, aunque hab√≠an fracasado en T√°nger en 1437‚ÄĒ y el hasta hacia poco se√Īor de Arcila se transform√≥ en el primero de los sultanes wattas√≠es, inaugurando as√≠ una dinast√≠a que prolongaba la inestabilidad interior. En estascircunstancias, es cuando se producen las primeras resultas espec√≠ficas de la toma de Constantinopla y de las navegaciones portuguesas, y ser√° poco despu√©s cuando los reinos de Castilla y Arag√≥n, unidos, emprendan la conquista del reino de Granada.

Los reinos marroqu√≠ y granadino hab√≠an pasado a ser ‚Äúm√°s que nada, unos avisperos de luchas internas y de debilidades‚ÄĚ2 y los wattas√≠es no vinieron en ayuda de los granadinos cuando el √ļltimo estado andalus√≠ fue ‚Äúsiendo devoradopor fsabel de Castilla y Fernando de Arag√≥n. Mientras tanto, las plazas expugnadas por los portugueses se mantuvieron en un equilibrio c√≥modo, gracias a sus treguas, paces y tributos con el entorno, hasta que los jefes de guerra musulmanes ‚ÄĒcomo el granadino Sidi al-Mandri, en Tetu√°n, o su suegro Mawlay Ah ibn Rash√≠d, en Chefchauen‚ÄĒ no empezaron un hostigamiento en serio contra ellas. El anterior empe√Īo de los merin√≠es de pasar por campeones del Islam, unido a la anquilosada herencia wattas√≠ y a la posterior debilidad saad√≠, fue lo que potenci√≥ ypermiti√≥ el fen√≥meno de los jefes de guerra y el impulso de los morabitos. Hubo un abandono de lasfronteras por parte de los sultanes wattas √≠es.

Las plazas expugnadas por los cristianos peninsulares persistieron en su estado, no s√≥lo por la debilidad de wattas√≠es y saad√≠es, sino tambi√©n porque los soberanos de estas dinast√≠as mantuvieron ese statu-quo de ocupaci√≥n, con elfin de tenerlas como puntos de apoyo y ayuda para sus problemas sucesorios internos. La reconquista, el hostigamiento y la presi√≥n se los dejaron a los perif√©ricos; perif√©ricos que eran, en buena parte, andalus√≠es fuertemente influenciados por el √ļltimo Al-A ndalus: AI-Mandrifue, como todo el mundo sabe, un alcaide granadino inmigrado a Tetu√°n, junto con otrospatriotas, antes de la ca√≠da de Granada. Ellosfueron los que repoblaron y reconstruyeron la ciudad y AI-Mandri se cas√≥ con Sayyida al-Horra, hija de Mawlay > Ah ibn Ras/id y de La/la Zuhra, una mud√©jar de Vejer de la Frontera. Los tres habr√≠an de ser los campeones de la resistencia en el norte, en forma casi independiente del poder wattas√≠ central‚ÄĚ3.

El sistema de acrobacias y presiones m√ļltiples de los estados, tanto isl√°micos como cristianos, de la Baja Edad Media, se altera en beneficio de un GIL GRIMAU, Rodolfo, ‚ÄúCeuta y Meliiia en los sigios XV y XVI‚ÄĚ, Cuadernos del Archivo Municipal. Ceuta, La frontera sur de AI-Andatus, Estudios de africanismo espa√Īol y el Mogrib, Madrid, ¬°LE√≠, en prensa. 2 Ibtd Ibid. Hago unas peque√Īas conecciones al texto citado.314 Rodolfo Gil Grimau enfrentamiento ideol√≥gico y econ√≥mico de dos grandes bloques, uno de ellos el otomano y otro el espa√Īol imperial, en principio, ambos expansivos. Marruecos va a ser apetencia de ambos y terreno de disputa de los dos, y de los portugueses, sin que ninguna de estas fuerzas extra√Īas al pa√≠s consiga apoderarse de √©l. Y aqu√≠ entra la figura de Sayyida al-Hurra como la de uno de los protagonistas de la resistencia y de la mezcla de culturas de la √©poca, y sus formas de actuar.

En realidad, es poco lo que se sabe de la Noble Dama aunque haya bastantes
referencias hist√≥ricas respecto a ella, algunas europeas. Aqu√≠, yo no pretendo aportar nada nuevo a su estudio, sino s√≥lo unas reflexiones estimativas. Su historia ha sido estudiada, en lo que ha sido posible hasta cada momento, por tetuan√≠es e investigadores muy pr√≥ximos a Tetu√°n y a Chefchauen como Sidi MuhammadDawud, Abderrahim Yebbur Oddi, Sidi Muhammad Ibo ‚ÄėAzz√ļz Hak√≠m y Guillermo Goz√°lbes Busto4, independientemente de otros como Chantal de la Veronne o Roben Ricard, por ejemplo.

Conocida en la Historia como Sayyida al-Hurra, o Sitt al-Hurra, la Noble Dama pudo haber tenido o no el nombre propio de ‚ÄėAy~a, ajuicio o no de Dawud y de Ibn ‚ÄėAzz√ļz, en cuyo caso lo de al-Hurra ‚ÄĒla libre‚ÄĒ ser√≠a un apelativo que le fue dado cuando tom√≥ el gobierno de Tetu√°n. ‚ÄúIn 1515, upon the death of her husband, though already confirmed prefect of Tetouan, gained the title of al-Hurra, that is, a woman wielding sovereign powe?‚ÄĚ, dice un texto actual trasladando esa opini√≥n, aunque el apelativo de Sayyida al-Hurra viene a significar Noble Dama y lo han llevado varias notables mujeres musulmanas. Lo cierto es que fue hija de MawlAy ‚ÄėAlT ibn Ra~id, ~ar~descendientede Sidi ‚ÄėAbd al-Sal√°m Ibn Ma~i~, y de Lalla Zuhra Fern√°ndez, una mud√©jar o morisca de Vejer de la Frontera, cerca de C√°diz, o tal vez una elche.

El nombre propio de ‚ÄėAy~a, que a veces se le atribuye, puede venir de una identificaci√≥n de nuestra Sitt al-Hurra con otra piadosa y Noble Dama de ese nombre y tiempo, que fue la madre del cronista lbn Mkar. El padre de la nuestra, que seguramente habta combatido en las √ļltimas guerras de Granada a favor o en contra de los reinos cristianos peninsulares, se hab√≠a convertido en un pr√≠ncipe pr√°cticamente independiente de los wattas√≠es de Fez, formando un mini-estado en Beni ‚ÄėAr√ļs, Beni Husmar y eieb√°la, con capital en Chauen, ciudad que fund√≥ pobl√°ndola con gente de lacomarca y con andalus√≠es, especialmente los emigrados granadinos que escapaban del avance de los Reyes Cat√≥licos.

De su madre sabemos que ten√≠a un hermano, Mart√≠n Fern√°ndez, que islamiz√≥ igualmente, si es que no era ya musulm√°n, tomando el nombre de ‚ÄėAlT Fernando; 4MUHAMMADDAWUD, Tar,jTiswon, Titwan, 1959-1379. IBN ‚ÄėAZZUZI-IAK√ćM. Muhanimad, ‚ÄėSilta al-Hurra, princesa de Chafchauen‚ÄĚ, Cuadernos de la BibliotecaEspa√Īola de Tetu,ln, 15, Tetu√°n, 97-i15. YEBBUR 0DDi. Abden‚Äôahim, ‚ÄúLos Ben-Raehed de Chefchauen y su significaci√≥n en la Historia de Man-uccos septentrional‚ÄĚ, Tetu√°n, 1953. GOZ√ĀLBES BUSTOS (sic.), Guilienno, ‚ÄúSu al Hurra, gobernadora de Tetu√°n (sigio XVI)‚ÄĚ, .4aas delCongreso Internacional El Estrecho de Gibraltar 1987, UNED. 1988, Madrid.

www.ottoman-traderscomlBio2htmlSayyida al-Hurra 315

persona que debió tener puestos de responsabilidad en Tetuán y en la cora de Arcila.

‚ÄúDel matrimonio Ben Rasid Zuhra hubo doshijos. Un var√≥n Mawlay Ibrahim una hembra Sit al Hurra. El primero, probablemente el primog√©nito, alcanz√≥ las m√°s a/tas cimas de laj√°ma ydel poder entre sus contempor√°neos. Sucesor de su padre en los dominios de la monta√Īa, fue adem√°s, va/ido del sult√°n de Fez, el cual, por a√Īadidura le deb√≠a el trono (…) Su hermana, Sit al Hurra, no queda atr√°s en cuanto a fama y car√°cter Debi√≥ casarla su padre siendo a√ļn una tierna adolescente con el ex alcaide granadino, Ah al-Mandan, e/fundador de Tetu√°n‚ÄĚ6 ‚ÄėAlt al-Manzar?, probablemente con una ..W osca ~ de una localidad granadina llamada >kz.iI, fon√©ticamente transformado en ~.>.√°zJ > Al-Mandan> AI-Mandr√≠, apellido que aparece en documentos granadinos como AI-Manzar√≠ o AI-Manzir√≠, con ‚ÄĘ , y en documentos referentes a moriscos granadinos transcrito como Mandan, era procedente del Reino nazan√≠ de Granada, con cuya familia real estaba emparentado por su matrimonio con Lalla F√°tima, de quien seguramente tuvo hijos que debieron formar parte de la arisiocracia tetuanu.

Cabe la posibilidad de que haya conocido a lbn Ra√°td en las guerras de Granada, cuando √©l era alcaide de Pi√Īar, una fortaleza granadina que al parecer rindi√≥ a los Reyes Cat√≥licos, quiz√°s a instigaci√≥n de Boabdil, y que se haya venido a GebAla por invitaci√≥n de aqu√©l, asent√°ndose en la zona de Tetu√°n para establecer una ciudad fortificada, inmediata al r√≠o, que entonces era navegable y √ļtil para el corso, muy pr√≥xima a Ceuta, a la que pod√≠a controlar puesto que era plaza fuerte portuguesa. A los mug√°hid√≠n, como he dicho antes, compet√≠a vigilar y luchar contra la intervenci√≥n extranjera, ya que el poder central wattas√≠ era d√©bil, y eso era lo que se hab√≠an propuesto hacer Mawlay ‚ÄėAlt ibn Ra~id y sus aliados; tanto m√°s los granadinos inmigrantes, que esta manera continuaban su guerra.

Tetu√°n fue reconstruida por los granadinos en 1485 o 1486 y cabe suponer, tambi√©n, que en ese momento, AI-Mandr√≠ estar√≠a entre los treinta y los cuarenta a√Īos, dada su vida adulta anterior, las responsabilidades que hab√≠a desempe√Īado, la emigraci√≥n y el tiempo que tard√≥en construirse el blad, o n√ļcleo urbano inicial de la ciudad reedificada.

De 1485 a 1510, o 1512, a√Īo en el que Sayyida al-Hurra se hizo cargo del poder, en Tetu√°n, en nombre de su marido y tal vez por incapacidad de √©ste, que se hab√≠a ido quedando progresivamente ciego tal vez por una herida de guerra, hay unos veinticinco a√Īos en los que deben haberse producido el nacimiento de la misma Sayyida al-Hurra, su matrimonio, el nacimiento de sus hijos y su propio aprendizaje pol√≠tico. Es posible, sin embargo, que no se haya hecho cargo del poder en l5l0-1512, en nombre de su marido sino que haya habido un reparto de funciones, por decirlo de alg√ļn modo: el gobierno interno de la ciudad para ella e GOZ√ĀLBES BUSTO, op. cli, 463.316 Rodo/fo Gil Grimau y el campo de batalla para √©l, hasta que el guerrero se ve obligado a quedarse en casa alrededor de 1520.

Podr√≠amos pensar que nuestra Noble Dama naci√≥ en torno a 1485, algo despu√©s que su hermano Mawl√°y Ibr√°h¬°m, al mismo tiempo que nac√≠a Tetu√°n, y una vez que su padre estaba ya firmemente asentado en su estado de Chauen y de toda la regi√≥n. Podr√≠amos pensar, tambi√©n, que se cas√≥ con AI-Mandri en torno a 1500, con una diferencia de edad de unos treinta o cuarenta a√Īos entre ambos, lo que no parece haber afectado su entendimiento mutuo, puesto que ella aprendi√≥ a su lado y estuvo colaborando con √©l y, luego, represent√°ndolo y cuid√°ndolo hasta su muerte; cosa que no se hubiera producido de no existir un consenso en la pareja y una adaptaci√≥n de sus caracteres, indudablemente recios.

Ciertamente que hay otras posibilidades. Una, la expuesta por Dawd y otros autores marroqu√≠es, de que no fue ‚ÄėAlt AI-Mand√° el marido de Sayyida al-Hurra, sino un sucesor suyo del mismo nombre, tal vez un nieto. Otras, las que presumen una ocupaci√≥n del poder por un hecho defacto: ‚ÄúShe came into power, managing herhusband‚Äôs affairs in andaround 916/1510. Shor√≠ly after she got heneifnomed governor of that city-state‚ÄĚ7. El acad√©mico Goz√°lbes Busto piensa, por el contrario, que: ‚ÄúLa Noble Dama estuvo casada con el genuino Mandan, el fundador de Tetu√°n, Y no hubo m√°sguerreros ni dirigentes con ese nombre en la historia tetuan√≠‚Äô8 Y dice que: ‚ÄúEn el niomento de su muerte Sidi Ah Al Mandan llevaba muchos a√Īos inactivo delcampo de batalla y, probablemente, como rector de los asuntos de la ciudad por √©lfundada. Su mujer, Sit Al Hurra bent RaSid soportaba desde hac√≠a tiempo el peso de aquellos asuntos internos que no requer√≠an una especial t√©cnica o distinto saber del habitual √ö.) Por lo dem√°s, ella no figur√≥ nominalmente como dirigente, sino cuando su marido, impotente por la edad y la ceguera, qued√≥ pr√°cticamente arrinconado en su propia senilidad‚Äô9 Lo cierto es que, en lomo a 1510-1520, la pareja cas√≥ a una hija de ambos con un hijo de Hasan H√°sim o quiz√°s H√°~im, granadino inmigrado procedente de Baza y tal vez rival de AI-Mandrt en el gobierno de la ciudad, y Sayyida al-Hurra estuvo apoy√°ndose m√°s o menos verbalmente en su yerno Ahmad para regir Tetu√°n, aunque su sost√©n fundamental lo haya tenido, a partir de 1527, en su hermano MawlAy Ibr√°htm, que gobernaba en Fez como valido del sult√°n Ahmad al-Wattast. Acaso fue en esos a√Īos cuando otra hija de la pareja se cas√≥ con un tal Abu ‚ÄėAlt o Bu‚ÄôalT, asimismo de origen granadino, vinculado a una familia que m√°s tarde intervendr√≠a activamente en la sucesi√≥n de Al-Mandil y de la propia Sayyida al-Hurra. Y debi√≥ de ser igualmente en esa d√©cada cuando AI-Mand√Ī tuvo que dejar los campos de batalla para cuidar de su salud, y Sayyida al-Hurra se ocup√≥ mucho m√°s de todo lo referente a la ciudad, a su pol√≠tica y a su wwwotton,an-traderscom/Bio2l,tml ‚Äė~z~[~E~5 BUSTO, op. cit. 468.

Ibid 468-89.Sayyida al-Hurra 317 economía, seguramente sostenida por la presencia física y los consejos expertos de su marido.

La inmigraci√≥n granadina, como buena parte de la andalus√≠ y de la morisca posterior, se dedicaba de modo muy activo al corso, actividad oficialmente permitida y alentada por los Estados, con la que sacaba riqueza y mermaba la capacidad comercial, humana y militar de sus enemigos, en este caso los cristianos peninsulares. AI-Mand√Ī y Sayyida al-Hurra sostuvieron y financiaron la navegaci√≥n corsaria, o la controlaron y abastecieron cuando no era propia, aprovechando el excelente caladero del r√≠o, que estaba resguardado. ‚ÄúShe then made contact with the Turkish corsair Barbarosa, and assembled a fieet, then launched intoprivateering in the western Mediterranean, becoming the undisputed Queen of the Pirates in that region‚ÄĚ‚ÄĚ0. El empe√Īo que puso Sayyida al-Hurra en proteger esta actividad concit√≥ en contra de ella muchas enemistades, tanto extranjeras como marroqu√≠es, que empezaron a pesar en su perjuicio, y en el del sult√°n, que lo consent√≠a a pesar de los acuerdos internacionales. No pareci√≥ importarle verdaderamente hasta 1539-1540.

En 1539 muri√≥ Mawl√°y Ibr√°him, el hermano uterino de Sayyida al-Hurra y su protector, y se hizo cargo del gobierno de Chauen su hermanastro Sidi Muhammad, con quien no se llevaba bien y que, a partir de esa fecha, intent√≥ intervenir en Tetu√°n. Goz√°lbes Busto cree que Al-Mandil continu√≥ en vida hasta 1540: ‚ÄúTodav√≠a suspiraba por Espa√Īa el viejo caudillo‚ÄĚ‚Äô1, dice siguiendo un testimonio contempor√°neo; pero, de todas formas, muri√≥ en ese a√Īo.

Muerto su marido, ella continu√≥ rigiendo la ciudad con un asociado m√°s o menos ficticio, que fue su mismo yerno Ahmad, probablemente con menoscabo para sta otro yerno Bu ‚ÄėAl?, lo que habr√≠a creado rivalidades entre sus dos hijas.

Sin embargo, dadas las dificultades que se le fueron acumulando, en 1541 dio un vuelco a la situaci√≥n, logrando que el propio sult√°n Ahmad al-Wattas¬° se casara con ella. Con lo cual ‚Äúprescinde evidentemente de todos los prejuicios y maneja a su antojo los asuntos de la regi√≥n‚ÄĚ‚Äô2 ‚ÄúAfier the death of her husband, she married the King ofMorocco, Ahmed a/-Wattasi. in order to show him that shehad no intention ofgiving up herpolitical role in the north, she requestedthat he leave his capitol of Fez and come to Tetouanbr the ceremony. it was the onlytime in the history of Morocco that a king was married awayfrom the capitol‚ÄĚ‚Äô3 En esta boda real debemos ver, casi con toda seguridad, un inter√©s para ambas partes. El beneficio para Sayyida al-Hurra parece evidente: conseguir un nuevo mantenedor pol√≠tico, el m√°ximo, si no el mejor tal vez. El dividendo para el sult√°n, independientementede la amistad que tuviera por su valido muerto, debe haber sido muy importante como para ir a casarse a otra ciudad, que no era la www.√≠√≠on,an-tirados -corn/Bio2-html

‚Äė‚ÄėIbid 469, 2 Ibid. 470,a, -itorna n-tradcrs cornil)io2- h√≠ml318 Rodolfo Gil Grimau capital, con una s√ļbdita suya; un dividendo pol√≠tico y el mantenimiento de una prosapia que le garantizaba el orden y el vigor en el norte del pa√≠s, dentro del modernismo representado por los andalus√≠es.

Sin embargo, en 1451, el gobernador portugu√©s de Ceuta cerr√≥ el puerto al comercio de Tetu√°n, por causa del excesivo celo de la gobernadora en la protecci√≥n del corso y por el incumplimiento de los acuerdos. No s√≥lo muchos tetuanies, portugueses, espa√Īoles y otros se sintieron perjudicados con este cierre, sino que el propio sult√°n se quej√≥ y trat√≥ de intervenir diplom√°ticamente. Esto, unido a las bander√≠as interiores y a la mistna personalidad de al-Hurra, tal vez muy exeluyente, precipitaron un final brusco.

El 22 de octubre de 1542, Hasan H√°sim o HA~im, el consuegro de Sayyida al-Hurra, viniendo de Fez con un grupo de jinetes y en connivencia con su hijo Ahmad, y las facciones contrarias a la gobernadora, entr√≥ en Tetu√°n y dio un golpe de poder destituyendo a Sayyida al-Hurra, expuls√°ndola de la ciudad y arrebat√°ndole los bienes. ‚ÄúSometime It wasn‚Äėt until 949/1542 that she was deposed, holding power in the region from Tetouan jor over thirtv years‚ÄĚ‚Äô4. Efectivamente, fue ‚ÄúCitalforra alcaidesa y senhora de dicha ciudad‚Äô ‚ÄĒcomo dicen los Anais portugueses‚ÄĒ durante m√°s o menos treinta a√Īos. ‚ÄúAl-Hurra ibn Banu Rashid al-Mandri al-Wattasi Hakima Taiwan was a Moroccan of Andalusian Origin. The last one in Islam‚Äės History lo bear the tule al-Hurra‚ÄĚ‚Äô5, resume su vida el texto en ingl√©s con el que aparece en las bases de datos inform√°ticas actuales.

Este ‚Äėgolpe de Estado‚Äô queda muy oscuro. Parece ser que H√°~im el viejo sali√≥ de Fez porque hab√≠a sido ofendido por el sult√°n, marido entonces de Sayyida al-Hurra, aunque hab√≠a ido con √©l despu√©s de la boda y era tratado como alcaide; parece incluso que el sult√°n avis√≥ a la Noble Dama, pero desconocemos por qu√© ella no le hizo caso, y no sabemos en qu√© medida conspiraron las propias hijas de √©sta en contra de su madre y en favor de sus esposos, si bien parece que lo hicieron. Ni sabemos si el sult√°n qued√≥ hasta cierto punto complacido con este final, puesto que tal vez contara con que los sucesores de la Noble Dama iban a ser m√°s f√°ciles que ella misma.

¬ŅQu√© fue de Sayyida al-Hurra despu√©s? No lo sabemos.

Parece del mismo modo que haya regresado a la casa paterna en Chauen, en donde se aisl√≥ y en donde probablemente falleci√≥, ignoramos en qu√© fecha. Est√° enterrada cerca de esa casa, en la z√Īwiyya raisaniyya.

Una vez desaparecida de Tetu√°n, la ciudad fue gobernada por su yerno Ahmad, y puede que por un hijo de √©ste, o sea un nieto de al-Mandr√≠ y de Sayyida al-Hurra, que tal vez adopt√≥ el apellido AI-Mandr√≠, y en tal tiempo hubo luchas entre los Hasim o H√°~im y los Ab√≠l ‚ÄėAlT, o sea guerras internas familiares que implicaban a los grupos granadinos, hasta que un nuevo sult√°n hizo ocupar ‚Äė Ibid Ibid.Sayyida al-Hurra 319 la ciudad por tropas en buena parte de origen morisco, en 1562.

¬ŅCu√°les pueden ser las reflexiones que tengamos, y la valoraci√≥n que hagamos, acerca de esta mujer ‚ÄĒla Noble Dama de cultura mixta‚ÄĒ de su personalidad, su car√°cter, sus acciones y su circunstancia? Resulta muy dif√≠cil meterse en la interpretaci√≥n de una persona como √©sta as√≠ de contrastada entre luces y sombras‚ÄĒ tanto m√°s cuanto que no disponemos, por ahora, de m√°s material hist√≥rico que el analizado por los historiadores antes dichos, ni de m√°s fuentes. Tal vez convenga, no obstante, repasar los datos que tenemos desde dentro, subjetivamente, empezando por la circunstancia, que por supuesto es la de la etapa en la que vivi√≥ y fue protagonista de cosas.

Aquella fue una √©poca en la que se re-equilibr√≥ pr√°cticamente todo: las v√≠as comerciales, el concepto y la anchura del mundo, el concepto del Estado, la ciencia y la invenci√≥n, el ten con ten de las religiones, los bloques expansivos, la emigraci√≥n, el saber, los indices demogr√°ficos, la alimentaci√≥n, los ej√©rcitos, el arte… y cu√°ntos factores m√°s! La gente que particip√≥, dentro del √°rea siempre sensible y compleja del Estrecho de Gibraltar, lo hizo adecu√°ndose a las nuevas medidas sobre un tejido social muchas veces antiguo o pasado, no pudiendo mantenerse en pie de cara a la ola por falta de un suelo estable. Es lo que probablemente ocurri√≥ con Sitt al-Hurra. Sin embargo, ella tuvo el coraje y la inteligencia de ser una protagonista de la circunstancia.

Sus acciones fueron seguramente las adecuadas dentro de su entorno pol√≠tico y social, dentro de su paisaje. Gobern√≥ porque proced√≠a de una familia de gobernantes y estaba casada con un caudillo; el gobierno y la direcci√≥n eran su ambiente desde ni√Īa y, en cuanto tuvo que hacerlo, o su marido le propuso que lo hiciera, lo hizo, quiz√°s con un endurecimiento y un exclusivismo progresivos que terminaron por perjudicarle. No supo continuar siendo una mujer extraordinaria apoyada en un hombre, en una sociedad de hombres, y quiso ser ella misma el hombre con un comportamiento de tal y con desafio; lo cual, en aquella √©poca, era imposible de imponer y de mantener. El hecho de que nadie se opusiera abiertamente a su ca√≠da, lo prueba.

Que tuvo un carácter serio, acaso minucioso y atento a todo, pero recio, parecen probarlo su vida y sus acciones. Que utilizó a las personas que la rodeaban, no dándoles la suficiente autonomía, posiblemente. Que amó la libertad y la eficacia, también, y no sólo por sus hechos y por su lucha en contra de los invasores enemigos, sino por un más que probable combate interior en contra de la gente versátil, acomodaticia, vanamente ambiciosa o cerril que la debió rodear.

Y podemos suponer que sintió afectos fuertes: la amistad y la confianza con su hermano uterino, y la deferencia, quizá la admiración y en todo caso la colaboración respecto a su marido, pueden ser un testimonio.

Su personalidad parece haber estado muy marcada por la de su madre, una mujer de otra cultura, o de cultura mixta, seguramente voluntariosa y adaptable.

Indudablemente lo estuvo por su padre, un constructor de Estados, un jefe. Y, sin duda, por AI-Mand√Ī, su marido, tan parecido a su padre por la ocupaci√≥n pero tambi√©n a su madre por el origen. No debi√≥ ser una mujer altiva, aunque si320 Rodolfo Gil Grimau convencida de poder superar a todos, por lo que termin√≥ pecando de confiada. Y, por lo tanto, es posible que haya cre√≠do mucho en s√≠ misma, siendo tambi√©n una buena creyente en Dios, que debi√≥ aceptar, sobre todo en la etapa silenciosa y √ļltima de su vida, lo que el Alt√≠simo le fue dando.
SAYYIDA AL-HURRA, MUJER MARROQU√ć DE ORIGEN ANDALUS√ć
Rodolfo GIL GRíMAU

Instituto Cervantes de Lisboa

La figura de Sitt al-~urra ‚ÄĒSayyida al-Hurra bint Mawl√°y ‚ÄėAlT ibn Ra~Td‚ÄĒ es, tanto por s√≠ misma como por lo que vino a significar en la historia del norte de Marruecos, la de una de las m√°s importantes personalidades femeninas del occidente isl√°mico en la Edad Moderna, a la que en cierta medida, la vinculada al Estrecho de Gibraltar, resume dentro de los complicados cambios y trasvases de intereses, que se producen en los finales del siglo XV y comienzos del XVI en esta zona. Sitt al-Hurra pasa a ser una singularidad, una mezcla, un eje, en tomo a los cuales puede moverse nuestra reflexi√≥n cuando la centramos sobre aquella complicada sociedad, que existi√≥ por entonces a los dos lados del Estrecho.

En 1453, los turcos osmanlíes conquistan Constantinopla, con lo que se termina el Imperio Bizantino, heredero del Imperio Romano de Oriente, y comienza el Imperio Osmanlí u Otomano, que durará hasta comienzos del siglo pasado. Es un largo periodo de la Historia el que se acaba con el mutis de Constantinopla y el estreno de Istambul; toda unaparte de la Edad Antigua y toda la Edad Media completa. Y, sobre todo, un cambio de actitudes, de medios y de inversiones económicas, una alteración del equilibrio político, cultural y comercial, que había existido hasta entonces.

A partir de 1487, los portugueses, que ya hab√≠an explorado la costa occidental de √Āfrica y se hab√≠an asentado en el litoral marroqu√≠, descubren el camino mar√≠timo a la India, contorneando el Cabo de Buena Esperanza, y abren la nueva v√≠a mercantil de las riquezas de levante, que hasta entonces hab√≠a discurrido por el camino de los monzones, el Mar Rojo, Arabia y Medio Oriente. La alteraci√≥n del equilibrio anterior sufre en aquel momento un vuelco total. Puede decirse que es el per√≠odo en el que empieza Europa e, incluso, en el que comienzan la expansi√≥n y el ideario coloniales modernos.

El camino oriental de las especias ‚ÄĒy evidentemente el de otras muchas mercanc√≠as, bienes e influencias‚ÄĒ transcurri√≥ durante muchos siglos a trav√©s de la v√≠a regular de los vientos monzones entre la India, y su entorno, y el Golfo Ar√°bigo, sur de Arabia, y el Creciente F√©rtil (es decir, Mesopotamia, Palestina, Siria y Egipto), desde donde prosegu√≠a hacia Europa. Roma control√≥ en parte esta v√≠a y el Imperio Romano de Oriente, o Imperio bizantino, continuaron fiscaliz√ļndola en lucha contra los sas√°nidas, hasta la aparici√≥n del Islam, cuyos califatos y estados absorbieron la mayor parte del Imperio bizantino, el Imperio sas√°nida y la propia v√≠a en s√≠, que pas√≥ a ser su columna vertebral econ√≥mica.

Pero adem√°s del camino oriental de las especias, exist√≠a otro, de bastante menor intensidad aunque muy importante, que era el camino occidental del oro y de la sal, y que iba desde el Golfo de Guinea a los reinos subsaharianos, Marruecos y AI-Andalus; y de aqu√≠ a Europa. Era un mercado del oro, el marfil, A ;√≠uquel de Estudios A ‚Äėo/ns- II-2cm>312 Rodolfo Gil Grimau las plumas de avestruz y los esclavos, fundamentalmente, a cambio de sal y de productos manufacturados. La v√≠a discurr√≠a por tierra, mediante caravanas.

Ambas v√≠as, ambos mercados, sufren el colapso causado por los descubrimientos mar√≠timos portugueses y naturalmente por el descubrimiento de Am√©rica. Se produce un vuelco, como acabo de decir, al comprobarse que los dos caminos se pueden hacer completos navegando, en r√©gimen de monopolio (durante bastante tiempo el monopolio es portugu√©s) y a menor coste, es decircon mayores beneficios, puesto queel n√ļmero de intermediarios disminuye considerablemente.

Los estados y territorios que habían sido los intermediarios habituales en ambas vías experimentan unos deterioros notables, tanto en sus haciendas como en sus culturas, sociedad y política, llegando varios de ellos perder la independencia. Este es el caso de Egipto y el caso de Granada, por ejemplo; uno en la vía oriental y la otra en la occidental. Egipto pasa a pertenecer al Imperio Otomano y Granada es conquistada por Castilla y Aragón.

M√°s adelante, algo m√°s adelante, el descubrimiento de Am√©rica y la prolongaci√≥n hacia ella del imperio iransmarino portugu√©s, as√≠ como la formaci√≥n del imperio espa√Īol, crean una nueva v√≠a, la del Nuevo Mundo, y provocan que varios estados europeos hagan todo lo posible por controlar alguna de esas v√≠as, los territorios en las que se asientan y sus materias primas, para pasar a las conquistas y a los colonialismos.

En estas circunstancias hist√≥ricas y econ√≥micas, Marruecos, que, durante los imperios almor√°vide y almohade hab√≠a sido el gran exponente del Islam occidental, sufre de todos los est√≠mulos negativos exteriores e interiores, y el imperio merin√≠, implicado en la pol√≠tica granadina -y‚ÄĒewtadeios rejitas- cristianos europeos durante la Guerra de los Cien A√Īos, ve mermar su capacidad pol√≠tica y su empuje; incluso su justificaci√≥n como potencia isl√°mica. En otro de mis trabajos he dicho, entre otras cosas, que: ‚ÄúSer los defensores del Ls/am andaluz, no teniendo la colaboraci√≥n entusiasta de los propios andalus√≠es, oblig√≥ a los merin√≠es a toda clase de compromisos t√°cticos y, en estas componendas, se vio el deseo de los granadinos por manejar ci reino merin√≠, y la atenci√≥n de Castilla y Portugal por controlar el comercio africano procedente de Marruecos. No debemos olvidar tambi√©n que, en esa √©poca, los √°rabes Banu filIal y Maqil, procedentes de oriente, hab√≠an invadido el campo marroqu√≠; obligando, entre otros cosas, a que las estructuras bereberes se cerraran en s√≠ mismas por reacci√≥n y defensa, poniendo as√≠ de manifiesto la debilidad interna del majzen merin√≠. Este acentu√≥ su car√°cter urbano, reducido a unas ciudades en donde la influencia administrativa, cultural ymilitar, de los granadinos, o de los andalus√≠es e hispanos en general, cobr√≥ mayor importancia (…) En medio de la descomposici√≥n fueron los bur√≥cratas del majzen, especialmente los visiresSayyida al-Hurra 313 wattas√≠es, los que acabaron porgobernar el reino sustituyendo a los merin√≠es‚ÄĚ‚Äô.

Bajo los visires wattasies laintervenci√≥n pol√≠tica granadina disminuy√≥ mucho, en tanto que los avances portugueses en las costas marroqu√≠es progresaron, y as√≠ sigui√≥ la cosa hasta que, en 1471, los portugueses terminaron por apoderarse de Arcila ‚ÄĒhay que recordar que ya ten√≠an Ceuta desde 1415, aunque hab√≠an fracasado en T√°nger en 1437‚ÄĒ y el hasta hacia poco se√Īor de Arcila se transform√≥ en el primero de los sultanes wattas√≠es, inaugurando as√≠ una dinast√≠a que prolongaba la inestabilidad interior. En estascircunstancias, es cuando se producen las primeras resultas espec√≠ficas de la toma de Constantinopla y de las navegaciones portuguesas, y ser√° poco despu√©s cuando los reinos de Castilla y Arag√≥n, unidos, emprendan la conquista del reino de Granada.

Los reinos marroqu√≠ y granadino hab√≠an pasado a ser ‚Äúm√°s que nada, unos avisperos de luchas internas y de debilidades‚ÄĚ2 y los wattas√≠es no vinieron en ayuda de los granadinos cuando el √ļltimo estado andalus√≠ fue ‚Äúsiendo devorado por fsabel de Castilla y Fernando de Arag√≥n. Mientras tanto, las plazas expugnadas por los portugueses se mantuvieron en un equilibrio c√≥modo, gracias a sus treguas, paces y tributos con el entorno, hasta que los jefes de guerra musulmanes ‚ÄĒcomo el granadino Sidi al-Mandri, en Tetu√°n, o su suegro Mawlay Ah ibn Rash√≠d, en Chefchauen‚ÄĒ no empezaron un hostigamiento en serio contra ellas. El anterior empe√Īo de los merin√≠es de pasar por campeones del Islam, unido a la anquilosada herencia wattas√≠ y a la posterior debilidad saad√≠, fue lo que potenci√≥ ypermiti√≥ el fen√≥meno de los jefes de guerra y el impulso de los morabitos. Hubo un abandono de lasfronteras por parte de los sultanes wattas √≠es.

Las plazas expugnadas por los cristianos peninsulares persistieron en su estado,
no sólo por la debilidad de wattasíes y saadíes, sino también porque los
soberanos de estas dinastías mantuvieron ese statu-quo de ocupación, con elfin
de tenerlas como puntos de apoyo y ayuda para sus problemas sucesorios
internos. La reconquista, el hostigamiento y la presión se los dejaron a los
periféricos; periféricos que eran, en buena parte, andalusíes fuertemente
influenciados por el √ļltimo Al-A ndalus: AI-Mandrifue, como todo el mundo sabe,
un alcaide granadino inmigrado a Tetu√°n, junto con otrospatriotas, antes de la
caída de Granada. Ellosfueron los que repoblaron y reconstruyeron la ciudad y
AI-Mandri se casó con Sayyida al-Horra, hija de Mawlay > Ah ibn Ras/id y de
La/la Zuhra, una mudéjar de Vejer de la Frontera. Los tres habrían de ser los
campeones de la resistencia en el norte, en forma casi independiente del poder
wattas√≠ central‚ÄĚ3.
El sistema de acrobacias y presiones m√ļltiples de los estados, tanto isl√°micos
como cristianos, de la Baja Edad Media, se altera en beneficio de un
GIL GRIMAU, Rodolfo, ‚ÄúCeuta y Meliiia en los sigios XV y XVI‚ÄĚ, Cuadernos del Archivo
Municipal. Ceuta, La frontera sur de AI-Andatus, Estudios de africanismo espa√Īol y el Mogrib,
Madrid, ¡LEí, en prensa.
2 Ibtd
Ibid. Hago unas peque√Īas conecciones al texto citado.314 Rodolfo Gil Grimau
enfrentamiento ideológico y económico de dos grandes bloques, uno de ellos el
otomano y otro el espa√Īol imperial, en principio, ambos expansivos. Marruecos
va a ser apetencia de ambos y terreno de disputa de los dos, y de los portugueses,
sin que ninguna de estas fuerzas extra√Īas al pa√≠s consiga apoderarse de √©l. Y aqu√≠
entra la figura de Sayyida al-Hurra como la de uno de los protagonistas de la
resistencia y de la mezcla de culturas de la época, y sus formas de actuar.
En realidad, es poco lo que se sabe de la Noble Dama aunque haya bastantes
referencias históricas respecto a ella, algunas europeas. Aquí, yo no pretendo
aportar nada nuevo a su estudio, sino sólo unas reflexiones estimativas. Su historia
ha sido estudiada, en lo que ha sido posible hasta cada momento, por tetuaníes e
investigadores muy próximos a Tetuán y a Chefchauen como Sidi Muhammad
Dawud, Abderrahim Yebbur Oddi, Sidi Muhammad Ibo ‚ÄėAzz√ļz Hak√≠m y
Guillermo Goz√°lbes Busto4, independientemente de otros como Chantal de la
Veronne o Roben Ricard, por ejemplo.
Conocida en la Historia como Sayyida al-Hurra, o Sitt al-Hurra, la Noble
Dama pudo haber tenido o no el nombre propio de ‚ÄėAy~a, ajuicio o no de Dawud
y de Ibn ‚ÄėAzz√ļz, en cuyo caso lo de al-Hurra ‚ÄĒla libre‚ÄĒ ser√≠a un apelativo que le
fue dado cuando tomó el gobierno de Tetuán. “In 1515, upon the death of her
husband, though already confirmed prefect of Tetouan, gained the title of
al-Hurra, that is, a woman wielding sovereign powe?‚ÄĚ, dice un texto actual
trasladando esa opinión, aunque el apelativo de Sayyida al-Hurra viene a significar
Noble Dama y lo han llevado varias notables mujeres musulmanas. Lo cierto es
que fue hija de MawlAy ‚ÄėAlT ibn Ra~id, ~ar~descendientede Sidi ‚ÄėAbd al-Sal√°m
Ibn Ma~i~, y de Lalla Zuhra Fernández, una mudéjar o morisca de Vejer de la
Frontera, cerca de C√°diz, o tal vez una elche.
El nombre propio de ‚ÄėAy~a, que a veces se le atribuye, puede venir de una
identificación de nuestra Sitt al-Hurra con otra piadosa y Noble Dama de ese
nombre y tiempo, que fue la madre del cronista lbn Mkar. El padre de la nuestra,
que seguramente habta combatido en las √ļltimas guerras de Granada a favor o en
contra de los reinos cristianos peninsulares, se había convertido en un príncipe
prácticamente independiente de los wattasíes de Fez, formando un mini-estado en
Beni ‚ÄėAr√ļs, Beni Husmar y eieb√°la, con capital en Chauen, ciudad que fund√≥
poblándola con gente de lacomarca y con andalusíes, especialmente los emigrados
granadinos que escapaban del avance de los Reyes Católicos.
De su madre sabemos que tenía un hermano, Martín Fernández, que islamizó
igualmente, si es que no era ya musulm√°n, tomando el nombre de ‚ÄėAlT Fernando;
4MUHAMMADDAWUD, Tar,jTiswon, Titwan, 1959-1379. IBN ‚ÄėAZZUZI-IAK√ćM. Muhanimad,
‚ÄėSilta al-Hurra, princesa de Chafchauen‚ÄĚ, Cuadernos de la BibliotecaEspa√Īola de Tetu,ln, 15, Tetu√°n,
97-i15. YEBBUR 0DDi. Abden’ahim, “Los Ben-Raehed de Chefchauen y su significación en la
Historia de Man-uccos septentrional‚ÄĚ, Tetu√°n, 1953. GOZ√ĀLBES BUSTOS (sic.), Guilienno, ‚ÄúSu al
Hurra, gobernadora de Tetu√°n (sigio XVI)‚ÄĚ, .4aas delCongreso Internacional El Estrecho de Gibraltar
1987, UNED. 1988, Madrid.
– www.ottoman-traderscomlBio2htmlSayyida al-Hurra 315
persona que debió tener puestos de responsabilidad en Tetuán y en la cora de
Arcila.
“Del matrimonio Ben Rasid Zuhra hubo doshijos. Un varón Mawlay Ibrahim
una hembra Sit al Hurra. El primero, probablemente el primogénito, alcanzó las
m√°s a/tas cimas de laj√°ma ydel poder entre sus contempor√°neos. Sucesor de su
padre en los dominios de la monta√Īa, fue adem√°s, va/ido del sult√°n de Fez, el
cual, por a√Īadidura le deb√≠a el trono (…) Su hermana, Sit al Hurra, no queda
atr√°s en cuanto a fama y car√°cter Debi√≥ casarla su padre siendo a√ļn una tierna
adolescente con el ex alcaide granadino, Ah al-Mandan, e/fundador de Tetu√°n‚ÄĚ6
‚ÄėAlt al-Manzar?, probablemente con una ..W osca ~ de una localidad
granadina llamada >kz.iI, fonéticamente transformado en ~.>.ázJ >
Al-Mandan> AI-Mandrí, apellido que aparece en documentos granadinos como
AI-Manzar√≠ o AI-Manzir√≠, con ‚ÄĘ , y en documentos referentes a moriscos
granadinos transcrito como Mandan, era procedente del Reino nazaní de Granada,
con cuya familia real estaba emparentado por su matrimonio con Lalla F√°tima,
de quien seguramente tuvo hijos que debieron formar parte de la arisiocracia
tetuanu.
Cabe la posibilidad de que haya conocido a lbn Ra√°td en las guerras de
Granada, cuando √©l era alcaide de Pi√Īar, una fortaleza granadina que al parecer
rindió a los Reyes Católicos, quizás a instigación de Boabdil, y que se haya
venido a GebAla por invitación de aquél, asentándose en la zona de Tetuán para
establecer una ciudad fortificada, inmediata al río, que entonces era navegable y
√ļtil para el corso, muy pr√≥xima a Ceuta, a la que pod√≠a controlar puesto que era
plaza fuerte portuguesa. A los mugáhidín, como he dicho antes, competía vigilar
y luchar contra la intervención extranjera, ya que el poder central wattasí era
d√©bil, y eso era lo que se hab√≠an propuesto hacer Mawlay ‚ÄėAlt ibn Ra~id y sus
aliados; tanto m√°s los granadinos inmigrantes, que esta manera continuaban su
guerra.
Tetu√°n fue reconstruida por los granadinos en 1485 o 1486 y cabe suponer,
también, que en ese momento, AI-Mandrí estaría entre los treinta y los cuarenta
a√Īos, dada su vida adulta anterior, las responsabilidades que hab√≠a desempe√Īado,
la emigraci√≥n y el tiempo que tard√≥en construirse el blad, o n√ļcleo urbano inicial
de la ciudad reedificada.
De 1485 a 1510, o 1512, a√Īo en el que Sayyida al-Hurra se hizo cargo del
poder, en Tetuán, en nombre de su marido y tal vez por incapacidad de éste, que
se había ido quedando progresivamente ciego tal vez por una herida de guerra, hay
unos veinticinco a√Īos en los que deben haberse producido el nacimiento de la
misma Sayyida al-Hurra, su matrimonio, el nacimiento de sus hijos y su propio
aprendizaje político. Es posible, sin embargo, que no se haya hecho cargo del
poder en l5l0-1512, en nombre de su marido sino que haya habido un reparto
de funciones, por decirlo de alg√ļn modo: el gobierno interno de la ciudad para ella
e GOZ√ĀLBES BUSTO, op. cli, 463.316 Rodo/fo Gil Grimau
y el campo de batalla para él, hasta que el guerrero se ve obligado a quedarse en
casa alrededor de 1520.
Podríamos pensar que nuestra Noble Dama nació en torno a 1485, algo
después que su hermano Mawláy Ibráh¡m, al mismo tiempo que nacía Tetuán, y
una vez que su padre estaba ya firmemente asentado en su estado de Chauen y de
toda la región. Podríamos pensar, también, que se casó con AI-Mandri en torno
a 1500, con una diferencia de edad de unos treinta o cuarenta a√Īos entre ambos,
lo que no parece haber afectado su entendimiento mutuo, puesto que ella aprendió
a su lado y estuvo colaborando con él y, luego, representándolo y cuidándolo
hasta su muerte; cosa que no se hubiera producido de no existir un consenso en
la pareja y una adaptación de sus caracteres, indudablemente recios.
Ciertamente que hay otras posibilidades. Una, la expuesta por Dawd y otros
autores marroqu√≠es, de que no fue ‚ÄėAlt AI-Mand√° el marido de Sayyida al-Hurra,
sino un sucesor suyo del mismo nombre, tal vez un nieto. Otras, las que presumen
una ocupación del poder por un hecho defacto: “She came into power, managing
herhusband’s affairs in andaround 916/1510. Shoríly after she got heneifnomed
governor of that city-state‚ÄĚ7. El acad√©mico Goz√°lbes Busto piensa, por el
contrario, que: “La Noble Dama estuvo casada con el genuino Mandan, el
fundador de Tetu√°n, Y no hubo m√°sguerreros ni dirigentes con ese nombre en la
historia tetuaní’8 Y dice que: “En el niomento de su muerte Sidi Ah Al Mandan
llevaba muchos a√Īos inactivo delcampo de batalla y, probablemente, como rector
de los asuntos de la ciudad por élfundada. Su mujer, Sit Al Hurra bent RaSid
soportaba desde hacía tiempo el peso de aquellos asuntos internos que no
requerían una especial técnica o distinto saber del habitual Ú.) Por lo demás,
ella no figuró nominalmente como dirigente, sino cuando su marido, impotente
por la edad y la ceguera, quedó prácticamente arrinconado en su propia
senilidad’9
Lo cierto es que, en lomo a 1510-1520, la pareja casó a una hija de ambos
con un hijo de Hasan H√°sim o quiz√°s H√°~im, granadino inmigrado procedente de
Baza y tal vez rival de AI-Mandrt en el gobierno de la ciudad, y Sayyida al-Hurra
estuvo apoy√°ndose m√°s o menos verbalmente en su yerno Ahmad para regir
Tetuán, aunque su sostén fundamental lo haya tenido, a partir de 1527, en su
hermano MawlAy Ibr√°htm, que gobernaba en Fez como valido del sult√°n Ahmad
al-Wattast. Acaso fue en esos a√Īos cuando otra hija de la pareja se cas√≥ con un
tal Abu ‚ÄėAlt o Bu‚ÄôalT, asimismo de origen granadino, vinculado a una familia que
más tarde intervendría activamente en la sucesión de Al-Mandil y de la propia
Sayyida al-Hurra. Y debi√≥ de ser igualmente en esa d√©cada cuando AI-Mand√Ī
tuvo que dejar los campos de batalla para cuidar de su salud, y Sayyida al-Hurra
se ocupó mucho más de todo lo referente a la ciudad, a su política y a su
wwwotton,an-traderscom/Bio2l,tml
‚Äė~z~[~E~5 BUSTO, op. cit. 468.
‚Äė Ibid 468-89.Sayyida al-Hurra 317
economía, seguramente sostenida por la presencia física y los consejos expertos
de su marido.
La inmigración granadina, como buena parte de la andalusí y de la morisca
posterior, se dedicaba de modo muy activo al corso, actividad oficialmente
permitida y alentada por los Estados, con la que sacaba riqueza y mermaba la
capacidad comercial, humana y militar de sus enemigos, en este caso los cristianos
peninsulares. AI-Mand√Ī y Sayyida al-Hurra sostuvieron y financiaron la
navegación corsaria, o la controlaron y abastecieron cuando no era propia,
aprovechando el excelente caladero del río, que estaba resguardado. “She then
made contact with the Turkish corsair Barbarosa, and assembled a fieet, then
launched intoprivateering in the western Mediterranean, becoming the undisputed
Queen of the Pirates in that region‚ÄĚ‚ÄĚ0.
El empe√Īo que puso Sayyida al-Hurra en proteger esta actividad concit√≥ en
contra de ella muchas enemistades, tanto extranjeras como marroquíes, que
empezaron a pesar en su perjuicio, y en el del sultán, que lo consentía a pesar de
los acuerdos internacionales. No pareció importarle verdaderamente hasta 1539-
1540.
En 1539 murió Mawláy Ibráhim, el hermano uterino de Sayyida al-Hurra y
su protector, y se hizo cargo del gobierno de Chauen su hermanastro Sidi
Muhammad, con quien no se llevaba bien y que, a partir de esa fecha, intentó
intervenir en Tetuán. Gozálbes Busto cree que Al-Mandil continuó en vida hasta
1540: ‚ÄúTodav√≠a suspiraba por Espa√Īa el viejo caudillo‚ÄĚ‚Äô1, dice siguiendo un
testimonio contemporáneo; pero, de todas formas, murió en ese ano.
Muerto su marido, ella continuó rigiendo la ciudad con un asociado más o
menos ficticio, que fue su mismo yerno Ahmad, probablemente con menoscabo
para sta otro yerno Bu ‚ÄėAl?, lo que habr√≠a creado rivalidades entre sus dos hijas.
Sin embargo, dadas las dificultades que se le fueron acumulando, en 1541 dio un
vuelco a la situación, logrando que el propio sultán Ahmad al-Wattas¡ se casara
con ella. Con lo cual “prescinde evidentemente de todos los prejuicios y maneja
a su antojo los asuntos de la regi√≥n‚ÄĚ‚Äô2 ‚ÄúAfier the death of her husband, she
married the King ofMorocco, Ahmed a/-Wattasi. in order to show him that she
had no intention ofgiving up herpolitical role in the north, she requestedthat he
leave his capitol of Fez and come to Tetouanbr the ceremony. it was the only
time in the history of Morocco that a king was married awayfrom the capitol‚ÄĚ‚Äô3
En esta boda real debemos ver, casi con toda seguridad, un interés para
ambas partes. El beneficio para Sayyida al-Hurra parece evidente: conseguir un
nuevo mantenedor político, el máximo, si no el mejor tal vez. El dividendo para
el sult√°n, independientementede la amistad que tuviera por su valido muerto, debe
haber sido muy importante como para ir a casarse a otra ciudad, que no era la
ww w-
,√≠√≠on,an-tirados –
corn/Bio2-html
‚Äė‚ÄėIbid 469,
‚Äė2 Ibid. 470,
a, –
itorna n-tradcrs cornil)io2-
híml318 Rodolfo Gil Grimau
capital, con una s√ļbdita suya; un dividendo pol√≠tico y el mantenimiento de una
prosapia que le garantizaba el orden y el vigor en el norte del país, dentro del
modernismo representado por los andalusíes.
Sin embargo, en 1451, el gobernador portugués de Ceuta cerró el puerto al
comercio de Tetu√°n, por causa del excesivo celo de la gobernadora en la
protección del corso y por el incumplimiento de los acuerdos. No sólo muchos
tetuanies, portugueses, espa√Īoles y otros se sintieron perjudicados con este cierre,
sino que el propio sultán se quejó y trató de intervenir diplomáticamente. Esto,
unido a las banderías interiores y a la mistna personalidad de al-Hurra, tal vez
muy exeluyente, precipitaron un final brusco.
El 22 de octubre de 1542, Hasan H√°sim o HA~im, el consuegro de Sayyida
al-Hurra, viniendo de Fez con un grupo de jinetes y en connivencia con su hijo
Ahmad, y las facciones contrarias a la gobernadora, entró en Tetuán y dio un
golpe de poder destituyendo a Sayyida al-Hurra, expuls√°ndola de la ciudad y
arrebat√°ndole los bienes. ‚ÄúSometime It wasn‚Äėt until 949/1542 that she was
deposed, holding power in the region from Tetouan jor over thirtv years‚ÄĚ‚Äô4.
Efectivamente, fue ‚ÄúCitalforra alcaidesa y senhora de dicha ciudad‚Äô ‚ÄĒcomo dicen
los Anais portugueses‚ÄĒ durante m√°s o menos treinta a√Īos. ‚ÄúAl-Hurra ibn Banu
Rashid al-Mandri al-Wattasi Hakima Taiwan was a Moroccan of Andalusian
Origin. The last one in Islam‚Äės History lo bear the tule al-Hurra‚ÄĚ‚Äô5, resume su
vida el texto en inglés con el que aparece en las bases de datos informáticas
actuales.
Este ‚Äėgolpe de Estado‚Äô queda muy oscuro. Parece ser que H√°~im el viejo
salió de Fez porque había sido ofendido por el sultán, marido entonces de Sayyida
al-Hurra, aunque había ido con él después de la boda y era tratado como alcaide;
parece incluso que el sultán avisó a la Noble Dama, pero desconocemos por qué
ella no le hizo caso, y no sabemos en qué medida conspiraron las propias hijas de
ésta en contra de su madre y en favor de sus esposos, si bien parece que lo
hicieron. Ni sabemos si el sultán quedó hasta cierto punto complacido con este
final, puesto que tal vez contara con que los sucesores de la Noble Dama iban a
ser m√°s f√°ciles que ella misma.
¬ŅQu√© fue de Sayyida al-Hurra despu√©s? No lo sabemos.
Parece del mismo modo que haya regresado a la casa paterna en Chauen, en
donde se aisló y en donde probablemente falleció, ignoramos en qué fecha. Está
enterrada cerca de esa casa, en la z√Īwiyya raisaniyya.
Una vez desaparecida de Tetu√°n, la ciudad fue gobernada por su yerno
Ahmad, y puede que por un hijo de éste, o sea un nieto de al-Mandrí y de
Sayyida al-Hurra, que tal vez adoptó el apellido AI-Mandrí, y en tal tiempo hubo
luchas entre los Hasim o H√°~im y los Ab√≠l ‚ÄėAlT, o sea guerras internas familiares
que implicaban a los grupos granadinos, hasta que un nuevo sult√°n hizo ocupar
‚Äė Ibid
Ibid.Sayyida al-Hurra 319
la ciudad por tropas en buena parte de origen morisco, en 1562.
¬ŅCu√°les pueden ser las reflexiones que tengamos, y la valoraci√≥n que
hagamos, acerca de esta mujer ‚ÄĒla Noble Dama de cultura mixta‚ÄĒ de su
personalidad, su car√°cter, sus acciones y su circunstancia?
Resulta muy difícil meterse en la interpretación de una persona como ésta
‚ÄĒas√≠ de contrastada entre luces y sombras‚ÄĒ tanto m√°s cuanto que no disponemos,
por ahora, de más material histórico que el analizado por los historiadores antes
dichos, ni de m√°s fuentes. Tal vez convenga, no obstante, repasar los datos que
tenemos desde dentro, subjetivamente, empezando por la circunstancia, que por
supuesto es la de la etapa en la que vivió y fue protagonista de cosas.
Aquella fue una época en la que se re-equilibró prácticamente todo: las vías
comerciales, el concepto y la anchura del mundo, el concepto del Estado, la
ciencia y la invención, el ten con ten de las religiones, los bloques expansivos, la
emigración, el saber, los indices demográficos, la alimentación, los ejércitos, el
arte… y cu√°ntos factores m√°s! La gente que particip√≥, dentro del √°rea siempre
sensible y compleja del Estrecho de Gibraltar, lo hizo adecu√°ndose a las nuevas
medidas sobre un tejido social muchas veces antiguo o pasado, no pudiendo
mantenerse en pie de cara a la ola por falta de un suelo estable. Es lo que
probablemente ocurrió con Sitt al-Hurra. Sin embargo, ella tuvo el coraje y la
inteligencia de ser una protagonista de la circunstancia.
Sus acciones fueron seguramente las adecuadas dentro de su entorno político
y social, dentro de su paisaje. Gobernó porque procedía de una familia de
gobernantes y estaba casada con un caudillo; el gobierno y la dirección eran su
ambiente desde ni√Īa y, en cuanto tuvo que hacerlo, o su marido le propuso que
lo hiciera, lo hizo, quiz√°s con un endurecimiento y un exclusivismo progresivos
que terminaron por perjudicarle. No supo continuar siendo una mujer
extraordinaria apoyada en un hombre, en una sociedad de hombres, y quiso ser
ella misma el hombre con un comportamiento de tal y con desafio; lo cual, en
aquella época, era imposible de imponer y de mantener. El hecho de que nadie se
opusiera abiertamente a su caída, lo prueba.
Que tuvo un car√°cter serio, acaso minucioso y atento a todo, pero recio,
parecen probarlo su vida y sus acciones. Que utilizó a las personas que la
rodeaban, no dándoles la suficiente autonomía, posiblemente. Que amó la libertad
y la eficacia, también, y no sólo por sus hechos y por su lucha en contra de los
invasores enemigos, sino por un m√°s que probable combate interior en contra de
la gente versátil, acomodaticia, vanamente ambiciosa o cerril que la debió rodear.
Y podemos suponer que sintió afectos fuertes: la amistad y la confianza con su
hermano uterino, y la deferencia, quizá la admiración y en todo caso la
colaboración respecto a su marido, pueden ser un testimonio.
Su personalidad parece haber estado muy marcada por la de su madre, una
mujer de otra cultura, o de cultura mixta, seguramente voluntariosa y adaptable.
Indudablemente lo estuvo por su padre, un constructor de Estados, un jefe. Y, sin
duda, por AI-Mand√Ī, su marido, tan parecido a su padre por la ocupaci√≥n pero
también a su madre por el origen. No debió ser una mujer altiva, aunque si320 Rodolfo Gil Grimau
convencida de poder superar a todos, por lo que terminó pecando de confiada. Y,
por lo tanto, es posible que haya creído mucho en sí misma, siendo también una
buena creyente en Dios, que debió aceptar, sobre todo en la etapa silenciosa y
√ļltima de su vida, lo que el Alt√≠simo le fue dando.

Rodolfo GIL GRíMAU
Instituto Cervantes de Lisboa

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